Perdón Epílogo 1

Perdón Epílogo 1

Fic TWC de Vale_luna86

Temporada II Epílogo

Bill

1 año después

Era nuestro cumpleaños número 19, el sonido del horno me alertó que el pollo que estaba horneando está listo, tomé unos guantes de cocina y fui hasta el para poder sacarlo, el olor era impresionante y sabía con exactitud que a Tom le encantaría, aunque bueno, según él todo lo que preparo es delicioso.

Pero sé que miente, por lo menos cuando estaba aprendiendo a cocinar la mayoría de la comida que hacía se me quemaba, la salaba o la dejaba totalmente simple, pero Tom siempre se la terminaba toda sin ninguna queja.

Una sonrisa de satisfacción se me cruzó en el rostro porque ahora sí que cocinaba bien, ya era casi un año desde que decidí simplemente quedarme en casa, dejar mi trabajo, la psicóloga y mi vida en general. . .

Porque de repente los días tormentosos se repetían todas las semanas sin falta, cada día el dolor en mi alma aumentaba un poco más y me era casi imposible no recurrir al daño físico para aliviar aquel dolor.

Tom dijo que sería necesario sucumbir en el hoyo más profundo, oscuro y lleno de tristeza para luego simplemente volver a resurgir y en todo ese tiempo que para mí fue tan corto, Tom estuvo a mi lado, a veces dándome apoyo, otras simplemente sentándose conmigo en el suelo sosteniendo mi mano mientras yo lloraba desesperadamente deseando morir.

En ningún momento me dejó solo y cuando no estaba a mi lado un vacío enorme se sentía en mi vida.

Lo necesitaba.

Me había dado cuenta de que Tom era todo lo que tenía en esta vida, porque mamá no estaba, no tenía amigos, los G’s vivían en Alemania, yo no salía . . .y a donde quiera que alzara mi mirada allí estaba Tom, siempre.

El sonido de la puerta abriéndose seguido de una voz varonil me sacó de mis pensamientos.

—Estoy en casa cariño —Tom caminó hacia mí con su familiar sonrisa.

—Holaa —lo saludé enredando mis brazos en su cuello para que él me abrazara por la cintura.

—Holaa— me devolvió el saludo junto con un beso.

Acaricié su cabello que ahora eran unas trenzas africanas que lo hacían ver más maduro y su incipiente barba me hacía ligeras cosquillas en la mejilla y quijada.

Tom tomó mi muñeca que se encontraba en su hombro, me miró fijamente para luego cerrar sus ojos mientras besaba aquella cicatriz blanquecina pero sobresaliente de mi muñeca.

Mi otra mano bajó por su pecho justo donde él también tenía esa cicatriz y lo besé sobre la ropa. El lugar se inundó de una intimidad tan fuerte que nos encerró a ambos en una burbuja donde solo ambos existíamos, donde solo ambos nos entendíamos, donde solo ambos importábamos.

Nuestras miradas se volvieron a unir y no importaba decir absolutamente nada porque nuestras almas eran las que se hablaban en ese momento, solo mirarnos bastaba.

Sus manos acariciaban la piel de mi cintura y recorrían un camino lento hacia mi espalda de ida y vuelta, por mi parte recostaba mi cabeza en su pecho, cerraba mis ojos y dejaba que su corazón latiente acelerará mi corazón también.

La vida se sentía extraña.

Era como si estuviera viviendo una realidad actuada donde una parte de mí, por pequeña que fuera, sabía que no pertenecía ahí, que no tenía que estar aquí, que allá afuera, fuera de estas cuatro paredes, fuera de los brazos de Tom había un mundo entero esperando por hacerme feliz.

Lo sentía así, pero también sentía el calor envolvente del cuerpo de Tom contra mi piel, como aquella calidez se calaba hasta la médula de mis huesos y mi corazón se sentía tan extraño que me drenaba todas las fuerzas y solo podía quedarme ahí, entre sus brazos fuertes que conocía tan bien y descansar mi cabeza en su pecho tal y como lo estaba haciendo ahora.

—¿Estás bien? —me susurró.

Yo asentí lento, mintiendo.

Sus manos se deslizaron por mi trasero hasta mis muslos para cargarme y ponerme encima del mesón de la cocina, no despegue mi rostro ni un segundo de su pecho, en cambio me aferré a él con mis piernas en su cintura quedándome prendado como una garrapata.

—Sigues siendo un pésimo mentiroso —besó mi oreja y sus manos fueron a mi cintura para sostenerme mientras me levantaba del mesón y caminaba conmigo por nuestro departamento.

Sentí como se sentaba y por consecuencia yo lo hacía en su regazo, acarició mi espalda en tranquilizadores círculos y segundos después el melodioso sonido de las teclas del piano llenó nuestra pequeña burbuja reventándola.

Is there anybody out there walking alone? —comenzó a cantar— Is there anybody out there out in the cold?

El corazón me dio un vuelco tan fuerte que pensé que se me iba a salir

—One heartbeat lost in the crowd— siguió cantando al mismo tiempo que tocaba el piano. Sentí un ligero tembleque recorrerme las venas, me aferré un momento a su camiseta para tomar fuerzas y alzar finalmente mi rostro lejos de su pecho para que nuestras miradas se encontrasen. —I feel you, don’t look away —canté con él.

Una muy pequeña sonrisa se dibujó en sus labios haciendo que yo también sonriera y se me quebrara la voz al instante.

—Zoom into me —sus ojos miraban a los míos. —Zoom into me— y yo sentía que me ahogaba gustoso en los de él. —I know you’re scared —juntó su frente a la mía, las ganas de llorar me invadieron por lo que dejé de cantar —When you can’t breathe, I will be there— volví a esconder mi rostro, solo que esta vez en su cuello entonces él pegó su mejilla a mi cabeza y susurró a mi oído —Zoom into me.

Recuerdo la primera vez que leí la letra de esa canción en aquel lejano día que me encontraba en su habitación abandonada buscando la razón de su partida, siendo incapaz de dejar de llorar por el dolor que me causaba su ausencia.

Recuerdo que la letra estaba incompleta a comparación de ahora y que solo aquellas tres oraciones que había encontrado en ese pedazo de papel me dieron el coraje para terminar con todo lo que estaba viviendo y buscar a Tom para confesarle mis sentimientos. Sí, lo recuerdo muy bien. . .

El haber salido de casa con la certeza de que mandaría a la mierda a David y haber terminado confesando mis sentimientos a Tom de la manera más humillante posible. En ese momento pensé que ya no tenía nada que perder, porque incluso ya había perdido a Tom, nunca pensé que él correspondería a mis sentimientos y muchas veces creí que lo había hecho por simple pena por haberme encontrado en esa situación.

Ya no importaba, ahora estaba aquí entre sus brazos.

De alguna forma el vínculo que teníamos como hermanos se había roto y uno más fuerte y nuevo se había creado entre nosotros. Estaba atado a él y de alguna forma él estaba atado a mí.

Como si una soga atada a nuestros cuellos fuera jalada por cada uno de nosotros, ambos teníamos el poder de asfixiar al otro hasta la muerte, solo que yo estaba tan acostumbrado al dolor que solo podía reaccionar cuando el aire dejaba de llegar a mi cerebro y me desmayaba.

Entonces aun si ahora mismo Tom me estuviera ahorcando lo suficientemente fuerte como para inmovilizarme, pero no para morir, para mi estaría bien. Porque que de alguna forma ahora solo podía sentir que existía cuando me dolía.

El dolor era mi recordatorio de que estaba vivo, de que podía hablar, de que respiraba, de que podía sentir.

«Porque solo existo cuando sufro»

Había leído esa frase en algún libro de la pequeña biblioteca que teníamos en casa y nunca me había sentido tan comprendido.

Esto que tenía con Tom . . .era amor, a su manera, y eso me bastaba.

La suave melodía de las teclas, el calor que emanaba su cuerpo, su voz varonil intentando cantar para tranquilizarme, su corazón comunicándose con el mío con latidos, sus labios rozando mi piel amorosamente.

Era amor.

Para mí, era amor . . .

El que conocía, el que extrañaba siempre, el que llenaba mis venas de sangre, uno muy encantador y dolorosamente agridulce amor.

.

Pov Tom

—Cantas como la mierda —dijo Bill en un pequeño tono de burla.

Yo me reí y dejé de tocar para abrazarlo e inhalar el aroma de su cuerpo, como siempre su olor era tan agradable y tranquilizador para mí corazón.

—Los chicos llegarán en una hora y media aproximadamente —me despegue de él y acune su rostro en mis manos.

—Bien, la comida está lista y solo debo arreglarme.

Acaricié su mejilla con mi pulgar

—No debes estar triste en tu cumpleaños.

Posó su mirada en el suelo y su cuerpo se relajó de mala gana, como si hubiera descubierto algo que no quería que supiera.

—Georg y Gustav nos visitan nuevamente, no quiero que estés así cariño —alcé su rostro para que pudiera verme —quieres que lo cancele?

Bill negó —No, solo me puse algo sentimental, estoy bien.

—Quiero que hoy estés muy feliz corazón —pegué mi frente a su cien y besé su mejilla, cerca de su pómulo.

—Lo estaré —hizo una pequeña pausa —si estás conmigo puedo ser feliz.

Tensé mi mandíbula al igual que mi corazón lo hizo, lo abracé muy fuerte contra mi pecho para que pudiera escuchar mi corazón latir como loco más de cerca.

Si tan solo pudiera arrancarme el corazón y dárselo.

Sí tan solo pudiera aliviar todo su dolor.

Sí tan solo pudiera hacerlo feliz de verdad.

Sí tan solo pudiera morir para darle otra vida.

Lo haría todo sin pensarlo.

—Dime, ¿siempre has sido así de lindo Billy? —hablé con los labios pegados a su cabello. Lo escuché reír bajito

—Sí, creo que siempre lo he sido— respondió en ese tono odioso que me encantaba.

Lo abracé aún más fuerte porque nunca era suficiente solo sentirlo entre mis brazos. Podía sentir sus delicadas manos transmitir todo su calor en mi piel, aun así, estuviera tocándome sobre la ropa el tacto de Bill siempre lograba estremecer mi piel y llegar a mi corazón.

Di un suspiro antes de separarme de su cuerpo —Ve a arreglarte cariño, yo terminaré de decorar la casa, ¿ok?

Le di un beso tierno en sus suaves labios y lo dejé ir a la habitación, yo comencé a limpiar y decorar el departamento con globos de helio y guirnaldas con las que Pumba jugaba a cada rato, me quedaban un poco de tiempo antes de que los G’s llegaran a la casa así que fui a ducharme mientras Bill se maquillaba, justo cuando terminaba de vestirme sonó el timbre.

Abrí la puerta sin preguntar o ver quién era porque ya lo sabía muy bien, abracé a mis dos amigos y los invité a pasar al living. Ambos traían bolsas grandes de regalos y botellas de champagne favorito de Bill.

—Y Bill? —preguntó Georg. —Todavía está arreglándose.

—Así que sigue demorando mil horas para arreglarse —se burló.

—Pues la perfección toma tiempo, alguien de los cuatro debe verse perfecto y no andrajoso como nosotros.

Los tres nos reímos luego de asentir ante mi respuesta, Bill siempre se veía perfecto se arreglará o no, siempre era hermoso. Justo después de eso Bill salió de la habitación vistiendo ropa monocromática, con su maquillaje que resaltaba sus facciones y todo uniéndose para darle un aire andrógino que siempre me volvía loco.

Extendí mi mano hacia él y le di un beso en su mejilla, después de que él saludara a los chicos todos nos sentamos a la mesa para cenar e igual todos elogiamos lo deliciosa que estaba la comida.

Mi mano permanecía en la rodilla de Bill bajo la mesa apretando su mano para brindarle soporte, sé que se sentía un poco avergonzado y cohibido por la presencia de los G’s, a pesar de que ellos sabían de nuestra relación sé que era un poco incómodo para él.

No lo culpo, después de todo, el día en que los G’s presenciaron el abuso de Bill también escucharon la extraña y patética confesión de amor de Bill hacia mí. No lo tomaron mal, fue extraño para ellos, pero no nos juzgaron, si hubiera sido así no los hubiera permitido estar en la vida de Bill como lo estaban ahora.

—Bien, quiero abrir mis regalos —saltó Bill de la mesa junto con su copa de champagne.

La mayoría de regalos eran para él a pesar de que era el cumpleaños de ambos. Primero abrió los regalos de los chicos que eran básicamente joyería cara o alguno que otro vinilo exclusivo de su artista favorito.

En medio de la algarabía me acerqué a él y le entregué unos documentos, Bill los tomó extrañado mientras levantaba una ceja curiosa también. Lo abrió frente a todos y sacó lo varios papeles para comenzar a leerlos, a medida que lo iba a haciendo sus cejas se iban uniendo cada vez más.

—¿Ya no somos hermanos? —preguntó desconcertado.

Todas las miradas se posaron en mí y yo solo pude reír mientras miraba al piso algo nervioso.

—Así es, no más Tom Kaulitz —le sonreí mientras caminaba hacia él.

Me volví a reír cuando extendí mi mano hacia él y Bill cruzó sus brazos hacia su pecho haciendo un puchero.

—No te enfades cariño, tenía que hacerlo —metí mis manos en mis bolsillos sintiendo el corazón latirme en todas las venas.

—Vaya regalo Tom Trumper, nada me gusta más que saber que mi hermano ya no es mi hermano –dijo sarcástico.

—Eso es solo una muy pequeña parte de mi regalo…Qué más que un regalo para ti, lo es para mí.

—No entiendo nada de lo que dices Tom. Bill estaba confundido y los G’s miraban todo con curiosidad y diversión. Dejé escapar todo el aire que llevaba dentro y final miré a Bill a los ojos.

Me arrodillé frente a él y saqué la pequeña caja de terciopelo negro que al abrirla dejaba ver el anillo de diamantes de Swarovsky, Bill se llevó las manos a su boca ahogando un sollozo, volví mi mirada hacia él nuevamente.

—Hemos estado toda una vida juntos, ambos hemos visto crecer al otro y ambos hemos ido cambiando nuestros sentimientos hasta transformarlo en lo que ahora tenemos.

Mientras hablaba no pude evitar recordar todas aquellas noches en las que los ojos de Bill se irritaban por todo el llanto, en como su cuerpo tan frágil se desfallecía a mi lado o en mi regazo. No pude evitar sentir una punzada en mi corazón cuando recordaba sus palabras.

«Perdón Tommy»

No lo sientas cariño, eso me hace sentir lamentable, así que por favor solo date prisa, mátame y vete, solo mírame por última vez, vuelve a sonreír como si nada malo pasara.

Y vete . . .

Ojalá hubiera sido capaz de decirle eso, ojalá hubiera tenido el coraje para alejarme de él, mi egoísmo que no podía dejarlo ir se convirtió en una obsesión que lo encarceló.

Te lastimaste por mi culpa, lo sé.

Sin embargo, sigo siendo un tonto, un idiota que no ha experimentado las consecuencias de sus actos y en una desesperada locura de intentar redimirse haciéndote feliz, estoy aquí, arrodillado frente a ti.

—No te merezco Bill, esta vida jamás me será suficiente para darte toda la felicidad y amor que mereces —los ojos de Bill se llenaron de lágrimas— Ni siquiera en otras diez más, sería capaz de llenarte de todo el amor que tú me has dado a pesar de las circunstancias.

Me levanté, di un paso hacia él y tomé su mano.

—No te puedo prometer que todo siempre irá bien, que no habrá días malos o que no pelearemos —besé el dorso de su mano— Pero puedo prometer que al final de cada día te recordare que el amor que te tengo nunca se desvanece incluso en los peores momentos —limpié sus lágrimas— Puedo prometer que te haré feliz incluso si eso significa que me tenga que ir —sonreí amargamente cuando Bill me llamó estúpido por decir eso— No te merezco Bill. —lo miré a los ojos fijamente.

Sé que dije que me iría si así lo quiere Bill, pero ojalá nunca llegue ese momento.

—Soy yo el que no puede vivir sin ti, a pesar de que tú sola existencia me trae tranquilidad, quiero tenerte entre mis brazos siempre, quiero jurar amarte hasta la muerte e incluso después de muerto amarte más.

Di un suspiro nervioso. —¿Me dejarías casarme contigo?

Sus lágrimas se hicieron un llanto descontrolado mientras asentía y yo solo podía abrazarlo en toda su fragilidad. Los muchachos aplaudieron y se unieron a nosotros en un abrazo mientras lloraban, al separarnos tomé su mano y coloqué el anillo en el dedo anular de su mano izquierda, besando su dorso nuevamente.

—Hasta que la muerte nos separé —dije agarrándolo de la cintura y pegándolo a mí para besar sus labios.

—Hasta que la muerte nos separe Tommy.

Fin ☆

Y aún tenemos más, se trata de un epílogo alternativo 😉

por admin

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Un comentario en «Perdón Epílogo 1»

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