Perdón 4

Perdón 4

Fic TWC de Vale_luna86

Temporada II Capítulo 4

Bill

Mis ojos se posaron en la imagen de baja calidad de David acorralando mi cuerpo contra la pared, en cómo su mano bajaba a mi entrepierna para manosearla y las cosas que susurraba en mi oído las escuchaba tan fuerte y claro como si estuviera en ese lugar y en ese momento.

Las arcadas que sentí antes se convirtieron en vómito en el lavabo de la cocina. Mi cuerpo se sentía como una gelatina y un dolor muy agudo que comenzaba en mi pecho se extendió por todo mi cuerpo haciendo que mis extremidades me fallaran y cayera al piso mientras intentaba que el aire entrara a mis pulmones sin éxito.

¿Acaso te excita que te escuchen gemir de placer Billy?, no sabía qué con esa carita serías tan sucio.”

Cállate, cállate, cállate, ¡¡¡¡cállate!!!!

Grita si quieres Bill, cuando tú querido hermano llegue a salvarte le mostraré tú vídeo gritando su nombre mientras disparas tu semen a tu lindo pecho desnudo.”

Las lágrimas no dejaban de salir, no veía nada, todo estaba muy oscuro, el oxígeno no llegaba a mis pulmones y menos a mí cerebro, solo imágenes de ese momento, podía sentir su tacto en mi piel y el rasgarla con mis uñas no me estaba sirviendo de nada.

¿Te excita que te escuchen, hmm?”

No me gusta, no me gusta, no me gusta… Por favor détente, no me toques, por favor…

Las palabras salían de mi boca entre llantos, sentía que me ahogaba, que me asfixiaba a mí mismo con el recuerdo tan vivido de David sobre mí, tocando, lamiendo, besando cada parte de mi cuerpo.

Basta, basta, basta . . .

Quiero morirme, quiero morirme, no aguanto más.

Mi cabeza comenzó a chocar contra el piso cada vez más fuerte hasta sentir un líquido tibio descender por mi frente para mezclarse con mis lágrimas. De repente me sentí mareado y como el corazón me latía tan fuerte en la caja torácica que me dolía.

Finalmente sentí como mi respiración disminuía y se me dificultaba tener los ojos abiertos, pero en medio de esa falta tranquilidad, la silueta borrosa de Tom se acercó a mí. No podía ver bien su rostro por las lágrimas y la sangre, pero sabía que era él, mi Tom.

Mi cuerpo flácido se elevó a su altura cuando me tomó en sus brazos fuertes y corrió por la casa.

—Me mentiste —logré susurrar antes de cerrar los ojos y sumergirme en un profundo sueño que tanta falta me hacía.

Sentía mis párpados pesados, pero de igual forma intenté abrirlos lentamente enfocando y acostumbrándome a la luz del lugar en donde estaba, que era mi habitación. Cerré los ojos nuevamente, sintiéndome muy cansado, cuando quise mover mi mano derecha un peso sobre ella lo evitó.

—Estas despierto —escuché a Tom hablar un poco adormilado.

—No te muevas, el doctor dijo que necesitabas descansar. Volví a mi posición sin lograr mirar a Tom a la cara, mi cabeza dolía y sentía un lugar de mi sien palpitar dolorosamente.

—¿Qué hora es?

—Las 5:45 pm Mierda, había dormido casi todo el día.

—Tengo que llamar al trabajo —suspiré mientras intentaba sentarme.

—Con cuidado —Tom me ayudó a sentarme— Ya he llamado diciendo que no te sentías bien, no te preocupes, además ayer fue tu evento, no hay nada que hacer en el trabajo.

—Eso tu no lo sabes —me quejé y aparté mi mano de la suya. Tom se dio cuenta de ello y una punzada de dolor le atravesó el rostro.

—Bill, tenemos que hablar —dijo calmado. Un nudo se formó en mi garganta y no sabía cómo actuar, me sentía débil y frágil como si en el primer suspiro que diera se fuera a escapar mi alma.

—Me mentiste Tom —dije sin mirarlo.

—No, Bill, no lo hice, te lo prometo —su mano volvió a tomar la mía de una manera fuerte para que no la pudiera apartar.

El tono de su voz me hizo recordar a aquella vez tan lejana en la que estuvo a mi lado en la clínica cuando tuve una sobredosis de drogas.

Asustado y desesperado.

De alguna forma irónica me sentía en la misma situación porque Tom nunca se mostraba así, siempre mantenía la calma para darme soporte y tener todo bajo control para que pudiera confiar en él.

—Entonces cómo explicas el vídeo —por fin pude encararlo lo cual tal vez no fue buena idea.

Su rostro estaba tenso, su mirada mostraba tanta angustia y desespero que me daban ganas de consolarlo.

—N-no, no lo sé Bill, pero te prometo que yo borré los vídeos cuando me lo pediste — comenzó a hablar de manera rápida y desesperada— Puedes revisar todo, mi laptop, mi correo, mi celular, ¡¡TODO!!

—Me duele —le dije al sentir como apretaba tan fuerte mi mano que logré escuchar como los huesos de esta crujían— Me estás lastimando —lágrimas se escaparon sin mi permiso.

No quería llorar ¿Por qué siempre terminaba llorando?

Parecía que la fuente de mis lágrimas era interminable, como si estuviera destinado a acabar de este modo. No quiero mostrarme vulnerable frente a nadie más, nunca, pero se supone que estoy frente a Tom.

Se supone que frente a él no tengo que fingir, que puedo ser yo mismo y puedo llorar sin tapujos porque no necesito ser fuerte frente a alguien quién solo me ama y me quiere cuidar.

—No llores —me limpió unas lágrimas de la mejilla— No me gusta verte llorar corazón.

Bajé mi mirada incapaz de hacerle caso, me dolía, me dolía mucho tener que estar pasando por todo esto.

¿Por qué simplemente no podía ser feliz y ya?

¿Acaso era este el precio por haberme enamorado de mi gemelo?

El peso de las consecuencias de ese amor me estaba aplastando todos los huesos de forma lenta y tortuosa. ¿Qué tipo de dolor me esperaba ahora? ¿Sería capaz de soportarlo?

De un momento a otro Tom me envolvió en sus brazos dejándome sentir el ligero temblor de su cuerpo y como su corazón latía desesperado, me abrazaba suave, pero de forma muy firme como si no quisiera que me escapase.

Escondí mi rostro en su pecho y dejé que las lágrimas mojaran su camiseta, había olvidado que, a diferencia de ese tiempo, ahora no estaba solo, ahora tenía a Tom para escapar de… ¿Tom?

Era estúpido, completamente delirante pensar siquiera en ello. Tom ya me había dicho que había borrado los vídeos, incluso podía revisar por mí mismo que así lo había hecho y yo le creo.

Nos quedamos abrazados por un largo tiempo hasta que la alarma de mi teléfono sonó avisándome que en una hora tenía mi cita con la psicóloga. Me removí un poco para que Tom me soltara a regañadientes.

Fui hasta el baño para arreglarme, aunque las ganas de maquillarme volvieron a desaparecer en mí, así que solo planché mi cabello, puse algo de rubor para darle vida a mi rostro, ricé mis pestañas y me puse vaselina en los labios. De ropa me decidí por un calentador negro sencillo, una camiseta blanca y un hoddie del mismo calentador.

Cuando salí de la habitación los gritos de Tom me hicieron asustar quedándome en el marco de la puerta, desde donde solo podía ver la espalda de Tom.

—Me importa una puta mierda como lo hagas —gritaba al teléfono— Quiero saber quién fue el puto responsable del vídeo que le llegó a Bill.

Mi corazón dio un vuelco ¿Con quién estaba hablando? Se lo escuchaba sumamente molesto. En un momento se dio la vuelta y se dio cuenta de mi presencia, despidiéndose y colgando la llamada.

—¿Estas listo? —me dijo demasiado calmado a comparación de cómo estaba antes.

Yo asentí —¿Con quién hablabas? A Tom se le tensaron todos los músculos de la cara y la mirada se le enfrió.

—Con un amigo, nada importante.

—Ah – no tenía más ganas de darle vuelta al asunto. Salimos del departamento camino a la oficina de mi psicóloga.

—Mándame un mensaje cuando termines, vendré a buscarte —dijo Tom mientras yo me desabrochaba el cinturón de seguridad

—Te amo. Posó su mano en mi muslo y buscó mi mirada.

—Lo sé —intenté sonreír y bajé del auto. Me dirigí a la oficina que también conocía ya y toqué la puerta antes de entrar.

Andrea estaba esperándome sentada en su gran sillón marrón de siempre.

—Bienvenido Bill —me sonrió— Toma asiento y cuéntame ¿Cómo has estado desde la última vez que nos vimos?

Le conté todo lo que había pasado en las más de las 24 últimas horas, como me sentí respecto al evento, el encuentro sexual el vestidor, el vídeo, el ataque de pánico, Tom.

—Bill, es difícil estar en una relación luego de haber pasado un abuso tan fuerte como el que tú pasaste —busco mi mirada que estaba puesta en mí manos— Tú estás procesando el trauma y es posible que en medio de ese proceso pienses que estar en lugar en donde no te sientes bien es el lugar en donde perteneces.

Fruncí el ceño.

—¿Me estás diciendo que termine con Tom?

—No Bill, yo no te puedo decir que debes o no hacer, yo solo quiero que entiendas e identifiques aquello que no te hace feliz en la vida.

Yo asentí muy lento tratando de procesar sus palabras.

—¿Tom es lo que realmente quieres para tu vida?

La sesión terminó con esa pregunta y varios ejercicios de relajación. Cuando iba bajando por el ascensor envié un mensaje a Tom de que ya había terminado, recibiendo de su parte un mensaje diciendo que llegaría en 5 minutos.

Me sentía en blanco, raro, como si mi realidad estuviera siendo distorsionada a la fuerza para que pensara que Tom no era lo que yo creía. Ya sentado en el auto junto con Tom me dediqué a mirar su rostro, cada pequeña línea, cada pestaña, lunar perfección o imperfección que tuviera.

—Una foto dura más —bromeó.

—Tom, ¿Por qué estás enamorado de mí? Sus manos se apretaron al volante

—¿Qué clase de pregunta es esa? ¿No es obvio? Yo negué, sin reír, ni cambiar mi expresión perdida. Tom detuvo el auto en el semáforo en rojo y se giró ligeramente para mirarme.

—Bill, hay más de ti en mí, que en mí mismo. No sé cuándo sucedió, pero mi carne, mi corazón y mi alma te pertenecen —acaricio mi muslo con los dedos— Puedes hacer de mi lo que tú quieras, si eso no es amor. Pues la gente descubrirá que esa es una nueva forma de amar.

El claxon del auto de atrás reventó de golpe la atmósfera en la que nos habíamos sumergido, me desabroché el cinturón de seguridad y me recosté poniendo mi cabeza en el regazo de Tom mientras esté conducía.

—¿Todo bien en tu cita con la psicóloga? –me volvió a preguntar nuevamente a pesar de que le había dicho que sí cuando llegó a recogerme.

—Sí — respondí en un susurro.

Las palabras de Tom habían hecho vibrar mi corazón, haciendo que el pensamiento de que él me ama más de lo que yo lo amo se me cruzará en la mente. De cierta forma eso me molestaba, solo por el simple hecho de que sabía que en lo profundo de mi corazón tenía miedo de que Tom me hiciera daño.

Cuando llegamos a la puerta de nuestro departamento Tom dijo que olvidó unas compras en el auto y que iría a verlas, en el momento que se cerró el ascensor en donde iba Tom, el otro se abrió dejando ver al repartidor.

—¿Bill Kaulitz? —se acercó a mí

—Soy yo.

Me entrego un paquete pequeño, justo como el que me había llegado esta mañana. Entré a la casa y lo revisé, no tenía remitente, dirección, ni nada. Volví a abrir la caja mirando un nuevo CD con el nombre grabado en rojo, sintiendo el corazón en la boca.

“Bill habitación número 2”

Continúa…

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por admin

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