Perdón FIN

Perdón FIN

Fic TWC de Vale_luna86

Temporada II Final

Tom

Bill se había desmayado en mis brazos, su rostro estaba pálido y círculos morados alrededor de sus ojos lo hacían ver como un adorable panda. Acaricié su linda piel incluido su labio roto por la fuerza que utilizó al intentar soportar el dolor sin éxito al parecer.

Lo besé antes de levantarme del suelo sosteniéndolo contra mi pecho, caminé a nuestra habitación y lo deposite en la cama en lo que yo iba por el kit de emergencia que teníamos en el baño, vi el desastre que había dejado en el mismo y como luego tendría que limpiar todo eso y también comprar otro espejo.

Me arrodillé en el suelo al lado de la cama donde Bill todavía se desangraba, rápidamente limpié la zona donde se había hecho el corte que, para mí suerte no había sido profundo así que no había necesidad de llevarlo al hospital. Vendé su muñeca y partes de su brazo en donde se había lastimado.

Cuando acabé mis manos estaban estúpidamente ensangrentadas, las observé por un momento antes de cerrar los ojos y llevármelas al rostro, manchando mi piel con la sangre de Bill. Me monte encima de su cuerpo inerte sentándome a ahorcadas en sus muslos, toque su piel porcelana que se teñía del rojo que pintaban mis manos.

Lo besé, su cien, sus ojos, sus mejillas pálidas, sus labios partidos, su cuello frágil, lo besé con muchas ganas y delicadeza a la vez. Tomé su muñeca vendada y aplasté la herida tan fuerte hasta que la venda se volvió a manchar de sangre, un gemido lastimero acompañado de una mueca de dolor se dibujó en el rostro de Bill.

—Te duele cariño? —dije besando su muñeca. Me recosté sobre su pecho inhalando su aroma y sintiendo mi polla endurecerse, me reí bajo por tener aquella reacción tan inmoral.

—A mí también me duele Bill —susurré contra sus labios. Alcé su camiseta hasta sacarla por su cabeza y comencé a besar su torso lechoso y frío.

Mis manos recorrían sus piernas y sus muslos mientras me restregaba contra su sexo que naturalmente se endurecía contra el mío. Me aparté un poco para quitarle su bóxer y comenzar a besar su pelvis, su miembro y su apretado agujero rosa que tanto me gustaba.

Mi erección dolía terrible así que me erguí arrodillándome frente a Bill, me quedé mirando su entrada y mi punta chorreante mojarla, mordí mi labio inferior y junté sus piernas para llevarlas a uno de mis hombros, entre sus muslos deslicé mi polla y comencé a dar rápidas estocadas.

Sus muslos se sentían tan suaves casi como su propio interior, mi pene rozaba el suyo creando una fricción que me estaba llevando demasiado rápido al orgasmo, acaricie sus pantorrillas y sus delicados pies mientras dejaba salir todo mi semen caliente sobre él.

Solté sus piernas y las bajé con cuidado dejándolas abiertas sobre la cama, tomé su polla y comencé a masturbarlo, su rostro seguía inconsciente al igual que su cuerpo que no reaccionaba a mis caricias retorciéndose o gimiendo, solo de forma natural por estar tocándolo terminó eyaculando.

Con mi dedo anular mezclé nuestro semen que yacía sobre su vientre y me acosté a su lado descansando mi cabeza sobre su pecho plano.

—Lo siento Bill —hablé mientras me abrazaba a él —Lo siento, por favor no te vayas, no me dejes nunca por favor, no te vayas cariño.

Mis lágrimas cayeron sobre su pecho haciéndolo mojado y resbaladizo, cerré mis ojos, nos tapé con la sábana blanca de nuestra cama e intenté dormir un rato.

Mientras dormitaba podía escuchar los débiles latidos de Bill unirse en una suave balada junto a los míos que resonaban por toda la habitación.

Una hora después me levanté para ir a llenar la bañera, una vez lista tomé a Bill en brazos y lo llevé hasta la tina, nos metí juntos en el agua caliente y lavé su cuerpo con cuidado, repasé con espuma las marcas que Bill se dejaba cada vez que se duchaba, tal vez él no sabía que yo me daba cuenta de la fuerza tan absurda que utilizaba para limpiarse a sí mismo.

Yo lo veía por las cámaras de seguridad, como tallaba y tallaba su cuerpo para de alguna forma quitarse la sensación de suciedad que sentía en su piel, muchas veces lo escuché llorar, reprocharse su existencia y terminar de manera deplorable llorando en el mármol frío del baño.

Así que esto era lo único que podía hacer por él, tocarlo delicadamente para que su cuerpo entendiera que no todo tacto con un hombre era doloroso. Lo seque y puse un pijama para llevarlo a la cama para que descansará lo que tuviera que descansar, mientras tanto yo tenía que hacerme cargo de unas cosas que tenía pendiente por terminar, más ahora que le había dicho la verdad a Bill.

Le había dicho una mentira con la verdad de lo que había sucedido, entonces ya era tiempo de terminar todo lo nuevo que había comenzado.

Abrí la laptop para enviarle un correo a la psicóloga de Bill pues ya no necesitaba que lo convenciera de que la vida que llevaba conmigo era lo que necesitaba, pero ahora que lo recuerdo debía darle un extra por cumplir con su parte de hacerlo dudar de su relación conmigo.

Estaba seguro de que Bill no volvería a ir al psicólogo nunca más o por lo menos no por mucho tiempo. También llamé a la agencia de entrega para decirles que iría a recoger todas las cajas que había enviado hace algún tiempo y que estaban programadas para ser entregadas paulatinamente, ya no las necesitaba tampoco.

En lo que hacía eso recibí un correo de Alex, el muy imbécil quería tener sexo con Bill y me estaba ofreciendo una ridícula cantidad de 10 mil dólares, los asquerosos magnates pagaron hasta un 1 millón de dólares por tener a Bill y este piensa que lo dejaré tenerlo por esa miserable cantidad, eso me pasaba por haberle dado una pequeña probada de Bill aquel día.

Más le valía no comenzar a acosar a Bill en el trabajo porque si no tendría que pensar en algo para que no me jodiera la puta existencia. El pequeño quejido a mi lado hizo que cerrara la laptop de golpe y pusiera toda mi atención en Bill, toque su mejilla delicadamente.

—Hey cariño ¿Cómo te sientes mi amor? —dije muy bajo cerca de su rostro.

Bill se retorció ligeramente como si le doliera respirar.

—Me duele —tartamudeo.

—Lo sé cariño, lo sé —Acaricie su cabello que desprendía el olor del shampoo de vainilla que le había puesto.

—¿Quieres que te lleve al hospital corazón?

—Mmg —gimió de forma dolorosa arrugando su frente —No, no quiero— hipó comenzando a sollozar.

Lo atraje hasta mi pecho y lo abracé con cuidado de no hacerle daño.

—Tranquilo corazón, no pasa nada, nos quedaremos en casa, pero si veo que algo anda mal te llevaré enseguida al hospital —soltó un sollozo— Así que solo descansa y recupérate ¿Ok?

—Me duele Tom —sollozaba mojando mi pecho.

—Shhh, todo va a estar bien —seguí acariciando su cabello— Lo prometo corazón, por favor, ya no llores más.

Su llanto se fue apagando de a poco hasta que se quedó completamente dormido, enseguida me levanté y llamé a un doctor para que viniera a chequearlo. Una raíz dolorosamente puntiaguda se daba paso entre los tejidos de mi corazón, provocándome toda clase de náuseas y miedo, mucho miedo. Si algo le llevaba a pasar a Bill, yo. . .

Me sostuve del marco de la puerta incapaz de recibir el aire correctamente en mis pulmones, llorando como un niño pequeño al que separaban de su madre, un sentimiento de miedo se instaló en mis huesos, taladrando mis entrañas.

Tomé mi celular y le marqué al mejor médico de LA, le conté lo que había sucedido y que trajera todo lo necesario para estabilizar a Bill y que por nada del mundo este llegara a perder la vida.

Los siguientes treinta minutos me la pase al lado de Bill, sosteniendo su mano tan fuerte que a veces se ponía morada por la falta de circulación que ocasionaba mi agarre. Cuando llegó el médico trajo consigo a dos enfermeras y varios instrumentos y artefactos que montaron en la habitación que ahora parecía un cuarto de hospital.

El corazón se me arrugó cual bola de papel lanzada al fuego, consumiéndose lenta y tortuosamente, me quemaba, el respirar me ardía y las arcadas me obligaron a correr hacia el baño para vomitar bilis.

Bill.

Mí Bill.

Si algo te llega a pasar yo . . . yo.

¿Qué caso tendría seguir respirando?

Salí lentamente del baño y observe desde el marco como el médico y las enfermeras revisaban a Bill y como esa maldita maquina atada a sus venas nuevamente inundaba mis oídos con su estúpido pitido que me decía que él aún seguía con vida, pero el más mínimo desliz, el más mínimo error, ese sonido se apagaría para siempre, llevándoselo todo, separando nuestros destinos eternamente.

Llevándose a Bill al cielo y dejándome a mí en el infierno. Mucha gente pensaba que el infierno era un lugar caliente, lleno de llamas ardientes que te quemaban la piel y demonios que se dedicaban a atormentarte hasta el fin de los tiempos, pero estaban equivocados, porque el infierno es la ausencia de Dios en la vida.

No soy creyente, pero sí que he sentido lo que es vivir en el infierno, vivir en un lugar en donde sientes tanto frío que se te cala en la médula, vivir en completa oscuridad sin sentir un rayo de sol alcanzar tu piel, un lugar en donde todo el mundo parece estar felizmente acompañado, aunque estén caminado solos.

Pero un día la existencia de Bill se convirtió en mi cielo, el mismísimo paraíso al que no tenía permitido pasar pero que no pude evitar la tentación de entrar a la fuerza costara lo que me costara, sabía que yo no pertenecía ahí, a su lado, sabía que ese lugar era un lugar prohibido del cual había codiciado durante tantos años y, cuando lo probé, cuando sentí lo que era no sentirse solo, lo que era que el día se viera luminoso y no en un eterno azul invierno, cuando comencé a vivir mis días entre un eterno verano caluroso y una primavera que hacía florecer todo tipo de sentimiento en mí, simplemente no me pude ir, no fui capaz dejarlo allí en su hogar para que floreciera feliz, no pude dejarlo.

Aunque no lo dijera en voz alta sabía que el haberme quedado se sentía como si hubiera arrancado la flor más bella del paraíso y que ponerla en agua no fuera suficiente porque aun así se marchitaba, se sentía como si al ángel más bello le hubieran cortado sus alas y llorara desesperadamente en mi pecho sin ver que mis manos estaban llenas de su sangre y que incluso cuando lo tocaba ensuciándolo en el proceso, ese tacto lo quemara, pero aun así se dejaba consolar de mí porque para él no había nadie más que los dos.

Sin Bill, este paraíso al que me había colado ya no tendría gracia, no tendría sentido que siguiera aquí y mucho menos que siguiera existiendo este lugar, así que lo quemaría todo, cada uno de los rincones donde el mundo presencio mi amor retorcido por él, cada rincón que me recordara que Bill existió y que yo lo perdí.

Mi amado gemelo era un ángel atrapado en las manos de un despiadado pecador y no me importaba, porque aquí en el infierno en donde irremediablemente lo había arrastrado, haría cualquier cosa para hacerlo sentir como en su hogar, al que jamás le permitiría regresar.

—Señor Kaulitz —el médico me sacó de mis pensamientos— Hemos estabilizado al paciente, hicimos tres transfusiones de pintas de sangre equivalente a toda la que había perdido.

Asentí con total seriedad.

—Ahora lo que le queda es descansar y… —hizo una pausa como si buscara las palabras adecuadas— El paciente presenta signos de autolesiones en la parte de los brazos y muslos internos, le recomiendo que visite a un psiquiatra lo antes posible para evitar cualquier desgracia.

Sonreí arrogante para volver a asentir. —Sí, gracias. Lo tendré en cuenta —saqué un fajo dinero y se lo extendí.

El viejo doctor suspiro, tomó el dinero y junto con sus enfermeras caminó hasta la salida para desaparecer para siempre.

No entre en la habitación durante aproximadamente 2 horas en las que me dediqué a limpiar, ordenar y cocinar comida ligera para cuando Bill se despertara. Cuando termine fui al baño de la habitación para contemplar el desastre de hace unas horas atrás.

Vidrios rotos por todo el mármol frío del piso, machas de sangre seca y el espejo de la pared destrozado. Me puse unos guantes para no cortarme al recoger los pedazos filosos, luego de unos 45 minutos tratando de limpiar la sangre del lavabo finalmente todo quedó como si nada hubiera pasado.

El estómago me dolía por todas las horas en las que no le había dado nada para que lo consumiera, así que después de comerme un sándwich fui a ducharme a la habitación.

Cerré mis ojos dejando que el agua caliente me cayera en la cara mientras mis sentidos se enfocaban en el sonido del agua corriendo, mezclándose con el pitido del electrocardiograma de Bill y el constante golpeteo de mi corazón en mi caja torácica, quería ignorar a toda costa este sentimiento que se formaba en mi interior, era demasiado hipócrita de mi parte siquiera sentirlo solo tenía que recordarme una y otra vez a mí mismo que no me arrepentía de nada, no podía hacerlo.

Salí del baño con unos pantalones de calentador y una camiseta blanca, deje mis largas rastas sueltas para que se secaran con el ambiente, pesaban un montón cuando se mojaban, tal vez tenía que hacerle caso a Bill y hacer un cambio de look no me caería mal, le preguntaría cuando se recuperase de esta situación.

Me senté en la cama a lado de su cuerpo dormido volviendo mi mirada a hacía su rostro perfecto que ahora ya se teñía de un ligero color cereza en sus mejillas y labios, se veía vivo, pero solo por la sangre que corría en sus venas porque en su rostro se pintaban líneas de dolor que demostraban lo mucho que estaba sufriendo.

Dejé salir todo el aire que había acumulado y abrí mi laptop para que revisar las cintas de las cámaras de seguridad que teníamos en casa, necesitaba sacar uno que otro vídeo de Bill para editarlo y subirlo al blog secreto que tenía sobre él, además tenía que pensar sobre qué hacer con el video en donde sale junto a Alex ya que tenía pensando vendérselo por una buena cantidad de dinero, pero como me ha estado jodiendo la existencia no se lo daría tan fácil, así que tal vez editar un pequeño PV de menos de un minuto para vendérselo y ver cuanto podía ofrecerme por el video completo no sería una mala idea.

Comencé con la edición de dicho video y muchas veces me encontré a mí mismo mirando embobado el gesto tan lujurioso de Bill en la pantalla, en cómo sus ojos me miraban con un deseo e inocencia que hacían derretir y encender la polla a cualquiera en un segundo.

Nuevamente esa punzada en mi interior me obligó a respirar profundamente y detenerme de todo lo que hacía.

—No seas estúpido Tom — me dije a mi mismo echándole una mirada a Bill y luego a la pantalla donde también estaba Bill, pero en brazos de alguien más, drogado, haciendo algo del que no era consciente.

No lo podía evitar, me gustaba mucho más verlo roto, su dolor me causaba algún tipo de placer mórbido del cual no me podía deshacer.

Sí, me gustaba su dolor.

Traté de pensar en ello una y otra vez para que esa estúpida sensación en mi pecho se largara de una puta vez. No tenía ningún tipo de derecho a sentir culpa, no después de todo lo que había hecho, hasta a donde había llegado para estar aquí, no podía sentirme mal por ello.

—Mmhg— el pequeño quejido de Bill hizo que cerrara la laptop y me levantara para ponerme a su lado de rodillas en el piso. Acaricié su cabeza con mucha suavidad.

—Hey, precioso— dije en voz baja.

Los ojos de Bill se abrieron lentamente enfocando al techo y enseguida a los delgados tubos que se perdían junto a una larga aguja en sus venas. El pitido del electrocardiograma se intensificó junto a su respiración errática.

—Tranquilo Bill —lo tomé suavemente de los brazos para evitar que se levantara.

—¿Dónde estamos? No quiero estar en el hospital, no me gustan los hospitales —su voz era asustada y quebradiza— Vámonos Tom.

—No estamos en un hospital cariño, estamos en casa —besé su palma y puse su mano en mi rostro— Todo está bien Bill, tranquilo.

Su mano se estremeció ligeramente en mi rostro y sus ojos se fijaron en los míos, su respiración se fue regularizando al igual que el sonido de sus latidos en el electrocardiograma.

Le expliqué que la razón de todos esos aparatos allí y lo que el doctor había dicho, exceptuando el hecho de que se estaba autolesionando y que debería ir al psiquiatra, eso era un tema delicado que no quería tocar, no por ahora.

Me senté atrás de Bill recostando mi espalda en el respaldar de la cama y su espalda descansando en mi pecho mientras mis brazos rodeaban todo su cuerpo. Ambos estábamos en silencio escuchando el pitido de sus latidos.

—Tom —la voz de Bill salió temblorosa.

—Sí, cariño.

—Yo —dudaba al momento de hablar, acaricié sus brazos y besé su coronilla para hacerle saber que no tenía nada de qué temer— Yo, tengo miedo. Mi cuerpo se tensó al escucharlo

—¿De qué tienes miedo corazón? — traté de mantenerme sereno, tranquilo ante el torbellino de angustia que se formaba en la boca de mi estómago.

—De todo —dijo con su voz temblorosa— Te he estado mintiendo Tommy. Apreté la mandíbula al escuchar sus palabras

—¿Sí? —traté de mantenerme tranquilo pero mi voz sonó fría. —Cada vez que me preguntabas si estaba bien, mentía. —me quedé callado en señal de que siguiera hablando— Cuando me tomas de la mano con suavidad, cuando besas mi mejilla o mi mano, cuando me abrazas firmemente por la espalda . . .no me gusta.

Mi cuerpo tembló un poco por sus palabras, me quedé petrificado en mi lugar siendo incapaz de mover mi cuerpo lejos de él

—Bill, yo . . .

—Hay muchas cosas que odio hacer porque la mayoría del tiempo solo quiero estar en la habitación encerrado llorando, no quiero salir, no quiero comer, no quiero interactuar con nadie, no quiero que nadie me vea ni me hable, quiero desaparecer para siempre, me odio a mí mismo Tom y me siento mal por ello.

Bill comenzó a llorar y la raíz que se había estado formando en mi corazón comenzó a crecer demasiado rápido a cada segundo.

—No dije nada porque no quiero que me odies, no quiero que te des cuenta de lo aburrido y tedioso que es estar conmigo, porque sé perfectamente que otra persona sería más divertida, con otra persona tendrías más cosas de las qué hablar, con otra persona podrías ir a visitar todos los lugares que quisieras, con otra persona no tendrías que preocuparte siempre de si está bien, de si está comiendo, de si no se está autolesionando . . . con otra persona podrías ser feliz.

—No digas tonterías Bill —apreté su cuerpo.

—Me siento tan insuficiente a tu lado Tom . . . que hago todo lo que quieres para que no me dejes, incluso cuando no me pides nada, asumo aquello que te haría feliz y lo hago solo para sentir que te alegra estar conmigo, pero realmente no me siento feliz haciendo nada de eso, me siento ansioso.

No sabía que decir con exactitud, era como si Bill estuviera desnudando toda su alma frente a mí y yo tengo miedo de mancharlo con mi tacto.

—Me siento ansioso porque no dejo de pensar en que estarías mejor con alguien más, con alguien que no estuviera sucio como yo. . .

—Bill, basta, detente por favor —escondí mi rostro en el hueco de su cuello y al inhalar su aroma comencé a sollozar.

—Me siento sucio Tom, siento que no valgo nada ni merezco nada, todas las noches mi cuerpo me recuerda las incontables veces que lo tocaron, mi mente me recrimina el cómo mi cuerpo reaccionaba ante los actos de esas personas y una voz en mi cabeza me dice que realmente me gustaba lo que me hacían porque nunca me quejé, porque nunca dije nada, porque nunca pedí ayuda pero no me gustaba Tom, no me gustaba— Su llanto inundaba toda la maldita habitación, su dolor era tan palpable que no podía seguir engañándome a mí mismo. —Yo solo tenía miedo Tommy, tenía miedo de David, de cada vez que me llegaba un mensaje suyo a mi celular, de cada ocasión en la que teníamos que ir al estudio o una entrevista, tenía miedo de verlo otra vez y cada que pensaba en contarte lo que pasaba sentía vergüenza . . . vergüenza por haber sido abusado.

El cuello de Bill estaba empapado de mis lágrimas, era totalmente patético el como no podía hacer nada más que llorar mientras lo sostenía entre mis brazos. Ya no podía negarlo más, me sentía jodidamente culpable, la culpa que había estado acumulándose en mi interior desde aquella vez en la que lleve a Bill a emergencias por una sobredosis hasta el día de hoy, toda esa culpa se había desparramado en mí.

Sabía a la perfección que todo lo que estaba haciendo era una completa estupidez, todo el daño y dolor que le provocaba a Bill solo para que tenerlo a mi lado para siempre era la barbaridad más absurda y bizarra que podría haber hecho nunca, lo sabía, maldita sea lo sabía, pero no me podía detener.

Sabía que lo más sensato era hacer las cosas de manera correcta, sabía que debía haber luchado por su amor, haberlo enamorado día con día para darle la seguridad y confianza para que eligiera estar conmigo, pero, así como me podía haber elegido a mí, pudo haber elegido a otro y eso me desquiciaba.

Y era totalmente absurdo porque sabía que Bill me quería a mí, sabía que me amaba incluso antes de que él mismo lo supiera, pero tenía miedo de que aun así se fuera.

Tenía miedo de que me abandonase como los hicieron las dos personas más importantes en mi vida, aquellas personas que aun así no sintieran amor tenían que haberse quedado a mi lado y no lo hicieron, me dejaron, no me eligieron, pero Bill, él siempre me eligió, él siempre me tuvo en cuenta y me amo incluso cuando ni yo mismo lo hacía.

Al parecer mi querido gemelo me había llenado tanto de su amor que se había quedado sin nada para él.

Y yo, como el imbécil que soy no pude darle ni la mitad del amor que me ofreció alguna vez, Bill que se merecía todo el puto universo solo recibió dolor y era toda mi culpa.

Bill merecía algo mejor, alguien que lo cuidase, que lo protegiera y lo amara todos los días de su vida hasta su último aliento, merecía alguien que lo dejara florecer libremente en el jardín del edén donde él pertenecía y de donde yo lo había robado. Y esa persona no era yo.

Pero no podía dejarlo, no quería que se fuera, pero tampoco podía dejar de hacerle daño, siempre que intentaba hacer las cosas bien un sentimiento asqueroso de inseguridad y miedo al abandono me inundaban hasta el punto que seguía haciendo cosas para herirlo porque pensaba que jamás se iría, hiciera lo que hiciera.

Porque cada vez que Bill se rompía un poco más se veía completamente hermoso, era como una obra de arte a la cual no quería enseñar al mundo, lo quería para mí, en mis brazos para toda la vida.

Pensé que nunca me dejaría, pero entre perderlo para siempre o verlo con otra persona prefiero morirme primero para que no tenga un estorbo en su vida.

Bill seguía llorando muy desconsoladamente, lo tomé de la cintura y lo alcé lo suficiente para hacer que se siente en una de mis piernas y que su torso se gire para poder verlo a la cara

—Perdón Bill— Tomé sus manos y las besé mojándolas con mis lágrimas. —No te puedo prometer que borrare ese dolor que sientes porque no puedo hacer que se vaya, pero te puedo prometer que no hay nadie en el universo a quien ame como a ti — acuné su rostro lloroso en mis manos— No me importa si tengo que pasar la vida entera aquí encerrado contigo, no me importa limpiar tus lágrimas una y mil veces, no me importa vivir en abstinencia por el resto de mi vida, no mi importa si allá afuera hay siquiera una persona que se crea más interesante que tú, toda mi indigna existencia se resume en ti.

Sus ojos llorosos que hacían ver sus iris en un tono de los más finos y caros de whisky me miraron y el mundo entero se me vino abajo porque entendí que no sabía amar a Bill como él se merecía, pero tampoco era capaz de dejarlo.

—Bill, tú no lo puedes ver, pero eres la persona más increíble y maravillosa que hay en este mundo —sequé sus lágrimas— Soy yo el que no te merece, soy yo el que debería pedirte perdón y sé que esta vida no me sería suficiente para pedírtelo y redimirme a pesar de que no lo merezco.

Sus labios se curvaron por un milisegundo en una sonrisa.

—Déjame llenarte de mi amor hasta que puedas hacerlo por ti mismo y escoger tu camino.

—Tú siempre serás mi camino Tommy —se apresuró a decir jadeando a causa de todo el llanto que tuvo hace minutos.

Yo le sonreí triste y melancólicamente

—Y tú el mío Billy, pero está bien si algún día cambias de opinión. Esas palabras me rasgaron el esófago tan fuerte que podía jurar que sentía la sangre acumularse en mi boca.

—Eso nunca pasará —sus ojos me miraban serios y no pude evitar desear creerle de verdad.

Lo abracé contra mi pecho y volví a llorar como si fuera un niño pequeño, como no había llorado nunca, lo hice entre sus brazos porque ahora era él el que me sostenía y no yo, lloré porque era un asco de persona, por todo lo que le había hecho a Bill y sobre todo lloré porque una parte de mi seguía pensando en que repetiría la historia una y otra vez solo para tenerlo entre mis brazos.

Perdón.

Perdón Bill, pero creo que nunca sabré amarte como te mereces y eso no es tu culpa corazón, es solo mía.

—Perdóname Billy —sentí como acarició mi cabeza con amor.

Solo soy un puto egoísta que no puede dejarte ir.

F I N

OMG que final. Nos queda el epílogo, así que estás invitad@ a seguir 😉

por admin

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Un comentario en «Perdón FIN»

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