
Fic TWC de lyra
Capítulo 2. No sin ti
Sintió que se le secaba la garganta y no podía respirar, ni moverse de donde estaba. Ni se tiraba al suelo obedeciendo, ni buscaba refugio alguno. Simplemente, permanecía de pies jadeando sin poder evitarlo.
Entonces alguien le cogió con firmeza por la muñeca y le obligó a tirarse al suelo. Separó los labios por instinto, pero una mano se los cubrió con dureza y le obligó a mantener silencio.
Cuando puede volver a respirar con normalidad, enfocó la vista en la persona que tenía a su lado y suspiró aliviado al ver al productor de rodillas bien cerca de él.
—No digas nada—susurró David sin retirar aún la mano.
Asintió sin con la respiración entrecortada. Nunca antes habían estado tan cerca y menos aún de esa manera. Sentía los labios resecos contra la palma de la mano del productor, pero no se atrevía ni a pasarse la lengua por ellos.
Sentía como su otra mano le sujetaba con firmeza el estómago para que no se moviera de donde estaba. Le había subido la camiseta y sentía la punta de sus dedos presionar su piel, provocándole miles de escalofríos que le recorrían el cuerpo por dentro.
Mientras Bill deliraba y suspiraba, a su alrededor se había desatado el caos. La chica que se encontraba en la caja había sido obligada a abrirla y meter todo el dinero en una bolsa de papel que los atracadores llevaban. Luego al hicieron salir de detrás del mostrador y sentarse en el suelo con los demás clientes.
Entre ellos estaban los 3 chicos que asustados se miraban entre sí y se preguntaban donde estarían el productor y su otro compañero.
—Solo son dos—susurró David de nuevo.
Se había asomado al pasillo y había visto como empujaban a la cajera tras darle todo el dinero de la caja. Luego se fijó en los secuestradores, eran dos y estaban ataviados con monos oscuros y pasamontañas del mismo color. Apuntaban al suelo con sus dos armas, dos escopetas de cañón recortado además de una pistola que uno de ellos llevaba en su cadera derecha.
—Vamos a pasar cierto tiempo juntos—explicó uno de los atracadores en voz alta—Si nadie hace alguna tontería, nos iremos cada uno a su casa cuanto antes.
—Queremos todos los móviles—exigió el otro atracador—Obedeced de inmediato y no habrá heridos.
Todos acataron su orden sin demora. Sacaron sus móviles y los dejaron a los pies de uno de los atracadores, que de una patada los metió debajo de una estantería y se puso a hablar en voz baja con su compañero.
—Tenemos que movernos—susurró David mirando al cantante fijamente—Estoy seguro de que en el almacén habrá una puerta de servicio. Quiero que sin levantarte del suelo vayas hacia ella y escapes de la tienda.
Comenzó a negar con la cabeza, separando los labios dispuesto a decir algo, pero David hizo más presión con la mano y se lo impidió.
—Obedéceme, sal de la tienda y echa a correr hacia el autobús—le ordenó con firmeza—No sé dónde estará el chófer, enciérrate y usa tu móvil. Llama a la policía y cuéntales lo que está pasando.
Negó de nuevo, y levantando una mano cogió la de David y la retiró de sus labios antes de hablar, sin soltarla…
—No pienso irme sin ti—logró decir en un hilo de voz.
—Tengo que quedarme, tu hermano y los demás me pueden necesitar—explicó David tratando de no elevar la voz.
—Si mi hermano se queda, yo también—afirmó Bill cambiando la excusa.
Sabiendo que era imposible hacerle cambiar de opinión, y que no podía cogerle a la fuerza y echarle él mismo de la tienda, resopló dándose por vencido.
Quitando la mano que aún mantenía con firmeza sobre su estómago y soltando la que el cantante le tenía aferrada, sacó el móvil del bolsillo interno de su cazadora y llamó él mismo a la policía desde la tienda, asomándose de nuevo a ver que estaba sucediendo.
Solo veía a uno de los secuestradores, supuso que el otro estaría tras el mostrador, pero un ahogado gemido a su espalda le dijo todo lo contrario.
Se volvió con rapidez, viendo como el joven cantante tenía el cañón de una escopeta apoyado en su sien derecha. Sus miradas se cruzan, viendo en sus ojos un miedo intenso que poco a poco fue creciendo.
—Tira el móvil al suelo—le ordenó a David uno de los secuestradores.
Lo cerró de golpe y le obedeció de inmediato, poniéndose de pie y levantando las dos manos. El secuestrador se inclinó y cogiendo del brazo con firmeza al cantante le obligó también a levantarse.
Pero una vez de pie, no le soltó. Le cogió con más fuerza poniendo un brazo alrededor de su cuello y le hizo una señal con la cabeza al productor para que se moviera.
Comenzaron a andar hacia la entrada, donde se encontraban los demás, que les miraron asombrados cuando el productor se sentó a su lado.
—Mira lo que me he encontrado—dijo el secuestrador que aún mantenía cogido al cantante—Estaban llamando a la poli, pero les he quitado el móvil.
— ¿Te has asegurado de que no tienen más? —preguntó su compañero.
Negó con la cabeza, y sonriendo bajo el pasamontañas que escondía la expresión de su cara bajó la escopeta recortada con la que seguía amenazando al tembloroso cantante.
La dejó sobre el mostrador fuera de su alcance y sin dejar de sujetarle por el cuello bajó una mano a lo largo de su cuerpo, quien se puso tenso ante su contacto.
Llegó hasta el bolsillo trasero de sus ajustados pantalones y chasqueó la lengua frustrado por haber encontrado el móvil tan rápido. Pero no se dio prisa en cogerlo. Metió del todo la mano en el bolsillo y comenzó a acariciarle por encima de la tela, acercándose a su oído y gimiendo muy bajito, echándole su apestoso aliento en el cuello….
Continúa…
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