Porque eres mío 3

Porque eres mío 3

«Porque eres mío» Fic de lyra

Capítulo 3: Tú me has obligado

No pudo hacer nada por evitar su caída. Le vio levantarse y caminar tambaleándose, pero solo llegó a dar dos pasos antes de que cayera al suelo desvanecido, mientras que él ahogaba un grito y se levantaba corriendo.

—¡Bill!—llamó David girándolo con cuidado.

Se arrodilló en el suelo y cogió en sus brazos el inconsciente cuerpo del cantante. Con una mano le retiró el pelo que le cubría la cara, mostrándole lo pálido que se había quedado y una nueva herida que tenía en su sien derecha.

—¿Qué ha pasado?—preguntó Georg arrodillándose a su lado.

Cuando David le pidió que le dejara hablar a solas con el cantante, subió las escaleras, pero la curiosidad pudo con él y sentado en el quinto escalón escuchaba a escondidas la privada conversación. Cuando escuchó el ruido de un cuerpo al caer, se levantó en el momento y corrió a ver que pasaba.

David frunció el ceño mientras daba suaves palmaditas en las pálidas mejillas del cantante mientras que Georg le cogía la muñeca con suavidad y le comprobaba el pulso.

—Es fuerte—anunció aliviado.

—¡Ya despierta!—casi gritó David.

Sintiendo como le palmeaban las mejillas, Bill frunció el ceño y lentamente fue abriendo los ojos hasta que su borrosa vista se volvió más clara y la enfocó en la persona en cuyos brazos descansaba.

—¿Qué…?—preguntó con voz ronca.

—Te has desmayado, respira hondo y no te alarmes—pidió David tratando de tranquilizarle.

No entendía de qué le habla, pero le obedeció. Cogió aire profundamente pensando en el motivo de su desmayo. No lograba recordar nada, ni siquiera como había regresado al autobús. Estaba muy confuso, su cerebro trabajaba muy deprisa en busca de los recuerdos perdidos.

Con sus ojos recorrió el autobús, buscando algo que le hiciera ver la luz. Miró fijamente la mesa que había a su izquierda, viendo sobre ella el portátil, recordando por fin el porque de su estado.

Arrugó la frente y de sus labios entre abiertos se escapó un débil sollozo.

—La foto… ¿quién pudo…?—preguntó en un susurro.

No terminó la frase, un nuevo sollozo se lo impidió. ¿Por qué preguntaba algo cuya respuesta ya sabía? Fue su propio hermano, él se la tomó y también la publicó, aparte de hacerle Dios sabe que…

—No pienses e eso ahora, o te pondrás peor—dijo David tratando de calmarle.

—Yo no fui—susurró Bill recordando de golpe la discusión que mantuvieron.

—Lo sé, te creo. Ayúdame a levantarle—le pidió David a Georg.

Poniendo los brazos bajo sus hombros, el cantante fue levantado con suavidad y puesto en pie mientras le sujetaban por la cintura por si volviera a caer.

—¿Cómo te sientes?—preguntó David muy preocupado.

—Un poco mareado, y con la cabeza a punto de estallar—explicó Bill llevándose una mano a la frente.

Sintió una punzada de dolor y retira la mano, acercando los dedos a sus ojos y viendo sangre en ellos.

—Es un corte muy pequeño—aseguró David—Te lo has hecho al caer.

—Es mejor que se acueste—dijo Georg sintiendo que estaba a punto de caer de nuevo.

David asintió y entre los dos le llevaron en volandas hacia las escaleras.

—No, él está arriba—susurró Bill con miedo.

—Dejad las peleas de una vez por todas—pidió David enfadado.

Haciendo caso omiso a sus protestas, le obligaron a subir las escaleras y una vez en el piso superior le tumbaron con cuidado en su litera.

Mientras Georg se encargaba de descalzarle, David bajó al baño y regresó con una gasa limpia y una toalla humedecida. Tras aplicar la gasa en la nueva herida y cortar la suave hemorragia, le puso la toalla sobre la frente, suspirando aliviado al ver como esbozaba una ligera sonrisa.

—¿Mejor?—preguntó sonriendo también.

—Si, esto me alivia—contestó Bill con los ojos cerrados.

—Con tantas voces no hay quien duerma—protestó Tom descorriendo la cortina de su litera.

—Bill se ha desmayado—le informó David ignorando su enfado.

Se incorporó corriendo de su cama y se acercó a la de Bill, observando lo pálido que se había quedado y sentándose a su lado.

—¿Ha sido por mi culpa?—preguntó casi sin voz cogiendo su mano.

—No, ha sido por otro motivo—explicó David por encima.

Sintió que le cogían la mano y abrió los ojos asustado, tratando de alejarse de esa persona que había dejado de ser su hermano.

—No me toques—susurró tratando de soltarse.

—Bill, tranquilo solo te quiere ayudar—calmó David.

—Que se vaya…ha sido él—susurró Bill entre sollozos.

Viendo que si no echaba a su hermano el cantante no se iba a tranquilizar, David le cogió del brazo y le obligó a levantarse.

—Está confuso, espera abajo mientras le calmo—ordenó empujándole con suavidad hacia las escaleras.

Estaba a punto de negarse, por mucho que se hubieran peleado y todo el daño que le había causado, seguía siendo su hermano y le correspondía estar a su lado en esos momentos.

Pero había visto algo en sus ojos que nunca antes había notado. Le miraba con miedo, incluso había sentido como su cuerpo se puso tenso a su contacto.

Asintió en silencio y bajó al piso inferior. Llegó a la parte que hacía de cocina y se preparó un vaso de agua que se bebió de un trago. Caminó hacia la mesa y se sentó, cogiendo sin darse cuenta el portátil que había sobre ella y abriéndolo.

Sus ojos se fijaron en la imagen que ocupaba la pantalla y ahogando una maldición la hizo desaparecer de inmediato. Se mordió los labios nervioso, no había salido como lo había planeado.

Le hizo esa foto una tarde que entró en su habitación para tratar de hablar con él. Entró sin llamar al ver que no contestaba, pensando que no estaba y encontrándoselo tan dispuesto.

Sabía que no debía estar allí, y menos cuando Bill descansaba si nada de ropa puesta, una manía que tenía a veces sin importarle que alguien pudiera verle. Pero aún sabiéndolo, se acercó a la cama y le observó más de cerca. Sus manos enseguida cogieron el móvil y antes de que se diera cuenta ya le había tomado una foto.

Se asustó al ver que se movía, viendo como se daba la vuelta suspirando en sueños y cambiando de posición, dándole la espalda y mostrándole sus blancas nalgas.

No lo pudo evitar y extendió una mano hasta acariciárselas, sintiendo una descarga nada más tocar su suave piel.

Es tu propio hermano, ¿qué estás haciendo?”—gritó una voz en su cabeza.

Tomar lo que me pertenece por derecho”—contestó con dolor.

Se separó con rapidez de la cama. Así no podía hacerlo, aprovecharse de que estaba durmiendo, forzarle a hacer algo que solo él deseaba. Se conformaría con ver la foto cuando lo necesitara, cada vez que Bill le mirara a la cara y se lo negara.

Y por eso la guardó en su ordenador, para verla todas las veces que le hiciera falta. Pero no contó con los celos traicioneros, y una noche tras una de las muchas fiestas a las que acudían, regresó al apartamento deshecho. Corrió a su habitación roto por dentro, encerrándose en ella para dar rienda suelta a sus lágrimas.

Encendió su ordenador mientras recordaba esa escena macabra. Bill besándose en los labios con otro chico. A él no le aceptaba, pero permitía que otro le tocara. Ni siquiera se buscaron un rincón solitario, se besaban con mucha pasión en medio del baño, sin importarles que alguien entrara y les pillara.

Como él había hecho. Abrió la puerta y se quedó paralizado al verles, sintiendo como su sueño se rompía en mil pedazos ante sus ojos.

Tras salir huyendo de la fiesta y encerrarse en su habitación, buscó esa foto que con tanto cuidado guardaba. Una loca idea tomó forma en su cabeza. No podía mostrar al mundo entero que Bill era gay, eso arruinaría su vida, además de que afectaría al grupo en gran medida.

Pero si podía mostrar su desnudez, fijo que eso haría que se hablara más del grupo y él obtendría su venganza. Bill iría a buscar consuelo en sus brazos, como si no le conociera. Cada vez que tenía un problema, era él la primera persona a la que acudía. De esta manera le bajaría los humos de estrellas y volvería a ser el hermano pequeño sumiso que siempre había sido.

Antes de arrepentirse, entró en una página de Internet y publicó bajo un pseudónimo falso la foto con una sonrisa en los labios y las mejillas bañadas por las lágrimas. Sentía mucho tener que hacerlo de esa manera, pero Bill no le había dado otra opción.

Era muy guapo, que todo el mundo le viera en su esplendor. Que suspirara por él de la misma manera que él lo hacía todas las noches en su solitaria habitación.

Continúa.

por lyra

Escritora del Fandom

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