
«Porque eres mío» Fic de lyra
Capítulo 5: Pasión oculta
No sabía como consiguió dormir, pero al final el sueño le venció casi al amanecer y pudo descansar unas horas antes de levantarse de la cama para enfrentarse al nuevo día, y con él a Tom.
Tras darse una larga ducha caliente, se vistió con lo primero que pilló, sin importarle que no fuera la ropa adecuada. Antes de bajar a desayunar con los demás, cogió sus gafas de sol y cubrió con ellas sus marcadas ojeras suspirando, preguntándose si algún día volvería a ser el de antes.
Sin preocupaciones, sin miedo….¿sin ilusiones?
Entró en el ascensor agradecido de estar a solas y no haberse encontrado a nadie por el pasillo. Llegó a la recepción y se dirigió hasta el comedor, viendo que había poca gente que ocupada en llenar sus estómagos vacíos no levantaban la mirada de sus platos cuando pasó por su lado.
Encontró al resto del grupo sentado en una esquina y retirando una silla sin hacer ruido se sentó al lado del batería, quien le miraba y sonreía mientras le alcanzaba una taza de café.
—¿Todo bien?—preguntó con interés.
Asintió en silencio y comenzó a beber ese amargo café, sin ganas de protestar y pedir uno mejor mientras observaba como sus amigos comían como si no tuvieran ninguna preocupación que se lo impidiera.
No como él, que de solo pensar en mirar a su hermano a la cara hacía que se le revolviera el estómago.
—Ya has bajado—escuchó al productor a su espalda.
Tragó con dificultad y le vio sentarse enfrente con una carpeta amarilla fuertemente sujeta en las manos.
—¿Son mis resultados?—preguntó señalándola con su uña larga.
—Sí, cuando estemos a solas te lo explico—contestó carraspeando David.
—Da igual, hablemos ahora—murmuró Bill encogiéndose de hombros.
Sabía que en ellos no se reflejaría todo el miedo que estaba sintiendo, lo sucio que se sentía por saber que su propio hermano le había tocado y estado en su cuerpo.
—No es nada del otro mundo—empezó a decir David abriendo la carpeta—Las defensas bajas, algo de anemia,….
—Normal, si no comes casi nada—le riñó Georg con la boca llena.
—La tensión baja—continuó David fulminando con la mirada al bajista—Hay una anotación donde explica que sigas con el tratamiento que te ha mandado al menos una semana, y que visites a tu médico de cabecera cuando estés en casa.
—¿Qué te ha recetado?—se interesó Gustav.
—Unas vitaminas—explicó Bill en voz baja.
No quería dar explicaciones acerca de su estado de salud, en esos momentos se arrepentía de no haber esperado a estar a solas.
—La sesión de fotos ya estaba cancelada, y también la actuación de mañana. Nos quedaremos unos días en el hotel para que descanses—anunció David cerrando la carpeta.
—¿Y qué vamos a hacer?—preguntó Georg mirando a su alrededor—Estamos en temporada baja, la mitad del hotel está vacía y la otra llena de gente de la tercera edad….
—Es el primer hotel que encontramos, Bill necesitaba ir al hospital, no se pudo elegir uno mejor—explicó David con cansancio—Podéis visitar la ciudad mientras Bill se dedica como he dicho a descansar.
—¿Voy a estar encerrado?—preguntó Bill enfadado.
—Te han recetado descanso y relax, y lo harás aunque te tenga que atar a la cama—dijo David con firmez—Y nada de peleas con tu hermano, otro arrebato como el anterior….
—Se acabaron las peleas—escucharon la voz del que faltaba.
Todos se giraron para mirarle, menos Bill, quien gimiendo por lo bajo se levantó de un salto de su silla.
—Me voy—murmuró pasando a su lado.
Tom vio con dolor como ni le miraba a la cara, como echaba a correr hasta el ascensor, saliendo tras él y llegando a tiempo de colarse dentro.
No se esperaba que Tom le siguiera, y menos que hallarse con él encerrado en un habitáculo tan pequeño. Se alejó todo lo posible de su lado, quedándose en el rincón más alejado y levantando una mano.
—No te atrevas a tocarme—ordenó en un susurro.
—Bill…—llamó Tom dando un paso.
—¡No!—gritó Bill saltando—Me das miedo…..aléjate de mi….ni me mires
Las puertas se abrieron y aunque no era su planta, salió corriendo empujando a la gente que iba a entrar en el ascensor, huyendo de su hermano, sollozando por el camino sin poder evitarlo.
.
Tras encerrarse en su habitación y volver a su cama, en donde se tapó hasta la cabeza con las sábanas, pudo respirar tranquilo…y dejar de llorar.
Se secó las lágrimas que bañaban sus mejillas y se tumbó de espalda. No sabía cuanto tiempo había pasado desde que echó a correr por los pasillos del hotel, buscando su habitación sin encontrarla, soltando un gemido cuando sus pies tropezaron y le hicieron caer al suelo como a un niño.
Tras recuperar el aliento y algo de cordura, se puso en pie de nuevo y pudo hallar su habitación, en donde se encerró poniendo una silla contra el manillar por si acaso.
Escuchó que llamaban a la puerta y gimió con los ojos cerrados. No quería ver a nadie, hablar, respirar…
Pero los golpes siguieron y con ellos la voz de Gustav.
—Bill, somos nosotros—dijo una voz preocupada.
Sabiendo que ese “nosotros” no hacía referencia a Tom, se levantó con pereza y caminó hasta la puerta, que abrió mientras regresaba a su cama con paso lento.
—Venimos a hacerte compañía—explicó Gustav sonriendo.
—Si, aquí no hay nada que ver—dijo Georg sin pensar.
—Si buscáis diversión, habéis venido al lugar menos adecuado—gruñó Bill con voz ronca.
—No, venimos a hacerte compañía—repitió Gustav dando un codazo a su torpe compañero.
Se sentaron en la cama a su lado y esperaron a que destapase su cabeza para mirarle con sus cansados ojos.
—Lo siento, estoy pasando un mal momento—se excusó Bill sentándose en la cama.
—Lo sabemos, no te preocupes—sonrió Gustav tratando de animarle.
Antes de que pudieran seguir hablando, llamaron de nuevo a la puerta y Georg se levantó corriendo, dejando pasar a un preocupado productor.
—No quiero molestarte, pero la verdad, para que ocultarte algo que tarde o temprano verás—gruñó David dirigiéndose al cantante al tiempo que le tendía un periódico.
Bill lo cogió con temblorosas manos y lo extendió, gimiendo al verse ante sus ojos….y desnudo de nuevo…
—Era inevitable que se hiciera eco en las noticias—murmuró David suspirando.
—<I>“El mejor espectáculo de Tokio Hotel”</I>—leyó Bill el titular con desagrado.
—No les hagas caso—intervino Gustav arrebatándole el periódico de las manos.
Soltando un gemido frustrado, se echó de nuevo en la cama cubriéndose la cara con ambas manos.
—Ahora mismo me pongo manos a la obra—dijo David con firmeza—Haré unas llamadas y retiraran la foto, prohibiré que sea nuevamente publicada.
—No te molestes, está en Internet….quien quiera la puede ver….—gimió Bill tras sus manos.
—Algo se podrá hacer—insistió David sin muchas esperanzas.
Le hizo una señal a Gustav y salió de la habitación con él para hablar a solas en el pasillo.
—Quedaos con él, no quiero que esté a sola y haga una tontería—pidió en voz baja.
Gustav asintió con la cabeza y volvió a entrar en la habitación dejando que el productor se pelease con los de la prensa, pensando a que se refería con eso de “hacer una tontería”…. ¿a que se desnudara delante de ellos y les diera la exclusiva?
—¿Pedimos algo de comer?—preguntó Georg al verle.
—Será lo mejor, Bill ¿qué quieres?—preguntó Gustav a su vez tocándole el hombro al cantante.
—Nada—contestó Bill con un sollozo.
Decidieron ignorarle y cogiendo el teléfono pidió un menú para los tres, sabiendo que en esas circunstancias los hermanos debían estar separados, así no se pelearían y el cantante se relajaría.
Esperaron en silencio hasta que se lo subieron y tras dar una buena propina se sentaron a comer sin dejar de mirar al cantante, que continuaba echado en al cama y tapado con la manta.
—Come algo, lo necesitas—pidió Gustav preocupado.
Solo gruñó como respuesta y se acomodó mejor. Pero en el fondo sabía que tenía razón y que se estaba comportando como un niño pequeño con una rabieta. Se destapó y se levantó apartándose el pelo de la cara.
Tomó asiento al lado de sus amigos y comió sin ganas el plato de pasta que le habían pedido, sabiendo que era su comida favorita y así se animaría.
.
Terminaron de comer y se quedaron en silencio, viendo como el cantante se levantaba y abría el minibar de su habitación.
—Bill, no creo que sea una buena idea—apuntó al momento Gustav al adivinar sus intenciones.
—Necesito relajarme, y nada mejor que esto—dijo Bill cogiendo varias botellitas y sentándose en la cama con ellas.
—Te estás medicando—insistió Gustav.
—Solo son vitaminas….”para que me animen”—repitió Bill con sorna las palabras de la doctora—Esto si que me animará.
Antes de que nadie se lo pudiera impedir, abrió una de las botellas y se la terminó de un trago, para ponerse a toser y jadear a continuación.
—Sí, se te ve muy animado—replicó Gustav levantándose.
—Déjale, si así es feliz…..—le frenó Georg cogiéndole del brazo.
—David me pidió que le vigilásemos para que no hiciera tonterías—explicó Gustav en voz baja.
—Y eso hacemos, nos quedamos con él para recoger los pedazos…—susurró a su vez Georg.
—Si os molesta verme así os podéis ir, y dejar de cuchichear…ya os oí en el autobús—saltó Bill enfadado.
Se acomodó mejor en la cama mientras abría otra de sus preciadas botellas y tras secarse las lágrimas provocadas por la primera vació una segunda por su boca.
No les quedó más remedio que cruzarse de brazos y observar como su amigo arrasaba el minibar, viendo como cada vez se iba poniendo más contento y llegando incluso a sonreír.
Dieron un salto cuando llamaron a la puerta y Gustav se levantó corriendo a ver quien era, sabiendo que si era David le iba a caer una buena por haberle dejado beber. Pero resultó ser el miembro del grupo que faltaba.
—No puedes estar aquí, Bill necesita descansar—dijo Gustav negando con la cabeza sin dejarle pasar.
—Necesito hablar con él, ahora—insistió Tom abriendo más la puerta.
—No es un buen momento….se encuentra indispuesto….—gruñó Gustav tratando de impedírselo.
Pero Tom no hizo caso de sus palabras, le apartó con el brazo y entró del todo en la habitación de Bill, encontrándole sobre la cama en tal estado.
—¡Qué demonios ha pasado!—gritó sin poderlo evitar.
Miró primero a Bill, quien se retorcía de risa encima de la cama y luego a sus amigos, que no sabían donde meterse.
—Le estábamos ayudando—se defendió Georg.
—¿Cómo? ¿Abriendo las botellas por él para que no se rompiera una uña?—preguntó Tom con ironía.
Caminó hasta la cama y sin decir palabra le quitó de las manos la botella que casi rozaba los labios de su hermano.
—¡Hey!—protestó el cantante malhumorado.
Pero Tom le ignoró y le cogió de un brazo para ayudarle a levantarse, con intención de llevarle al baño y meter su cabeza bajo el grifo del agua fría.
—Suéltame…..ni se te ocurra volver a tocarme…en toda tu puta vida….—se resistió Bill arrastrando las palabras.
—Ya empezamos—murmuró Gustav al verlos discutir.
—Deja de decir gilipolleces—dijo Tom tirando más de su hermano.
Pero Bill sacó una fuerza que jamás creyó tener y se soltó de un tirón, encarándose con él.
—Ya no te tengo miedo—le escupió a la cara.
—Bill, que no sabes lo que dices—siseó Tom en voz baja.
— ¡Lo sé perfectamente!—gritó Bill sin querer contenerse—Tú….eres un……
Dejó de hablar, le costaba respirar y se estaba empezando a marear. Se llevó una mano a los labios y de repente sintió algo. Se miró los dedos y luego los labios de Tom. Había sentido o le había parecido sentir que se los había rozado alguna vez, tal vez cuando le sacó esa foto…tal vez le besó y no hizo nada más,….
Tal vez se lo estaba imaginando todo. Tom no se conformaría con un solo beso, él querría más. Lo había visto en plena acción, cuando delante de los demás y sin cortarse besaba a una chica y a la vez le metía mano.
¿Por qué iba a ser distinto con él? ¿Tal vez se dio cuenta de la manera en que le miraba cuando eso pasaba? Allí, solo, arrinconado viendo como disfrutaba en libertad, sin tener que esconderse como él por el miedo al que dirían.
Suspirando por ser como él…por estar con él….
Sacudió la cabeza. Él no pensaba esas cosas, no era como el enfermo de su hermano. Pero solo había una manera de demostrarlo. Sin dejar de acariciarse los labios, se acercó a Tom hasta quedar bien cerca, hasta rozarle sus labios con su cálido aliento.
—¿Qué estás haciendo?—preguntó Tom con voz ronca.
Pero Bill no le contestó, no le salían las palabras. Solo se le acercó más y tomando la cara entre sus manos empezó a besarle muy despacio, sin importarle que los demás les estuvieran mirando…
Solo concentrado en besar a su propio hermano, solo pensando en lo mucho que le estaba gustando.
Continúa.