
«Porque eres mío» Fic de lyra
Capítulo 8: Respuestas
No sabía que podía hacer por su compañero. Tras ser relegado a su cuidado, le siguió hasta el bar del hotel, viéndole beber sin control, rezando para que no se comportara igual que el hermano y le quisiera besar en los labios.
—¿No tienes nada mejor que hacer que verme beber?—gruñó Tom sin mirar a su amigo.
Georg se acomodó mejor en su taburete. No sabía que pintaba allí, no se le daba bien acarrear con sus propios problemas, y menos aún con los de los demás. No sabía que decirle ni como actuar.
Tom le ignoró y siguió bebiendo. Si Bill encontró así las respuestas que buscaba, él también lo haría. Porque el beso fue una señal clara, y lo que pasó a continuación lo corroboró.
Sentía algo por él, eso lo había dejado bien claro. Y se lo estaba pidiendo a gritos. Que pasara una noche con él, que estuviera en su interior…
Gimió y tras apurar su bebida levantó una mano y pidió otra más, perdiendo ya la cuenta de las que llevaba. Pero el camarero sí las había contado y negó con firmeza con la cabeza.
—Eres menor, se me puede caer el pelo por haberte servido—murmuró quitándole el vaso vacío de las manos.
No se pudo negar al verle llegar en ese estado, como si le hubiera pasado algo trágico y necesitara algo fuerte para recuperarse, pero tras cuatro copas creía que ya había cumplido y se negaba a servirle otra más.
Maldiciendo por lo bajo, Tom dio las gracias al camarero y sacó la cartera para pagar. Se levantó tras echar un par de billetes sobre la barra y sin esperar el cambio echó a andar hacia el ascensor, sabiendo que su amigo le seguía bien cerca pisándole los talones.
—No hace falta que te quedes conmigo, no voy a hacer ninguna tontería como Bill—gruñó mientras esperaba al ascensor.
—Me quedo solo por si quieres hablar—murmuró Georg.
—No tengo ganas de hablar, solo quiero estar solo y pensar—gimió Tom frotándose la frente.
Casi saltó de alegría cuando las puertas se abrieron y pudo entrar en el ascensor, quedándose apoyado en la pared y dejando que su compañero pulsara el botón. Se metió las manos en los bolsillos de la sudadera mientras pensaba en la manera de deshacerse de él, y también de Gustav.
Necesitaba estar a solas con Bill para poder aclarar ciertas cosas. Contaba con que se le hubiera pasado algo la borrachera y le pudiera escuchar atentamente. Era cierto que le había besado bajo los efectos del alcohol, pero algo le dijo que en el fondo lo hizo porque lo deseaba.
Y luego en el baño…sentir como le tocaba de esa manera, ver como le había llegado a poner… Estaba claro que sentía algo por él, pero estaba confuso y no se aclaraba. Tenía que hablar seriamente con él, sacarle de sus dudas de la única manera que conocía. Dejando atrás el dolor que sintió cuando le vio en brazos de otro, recibiendo ese beso que estaba destinado a dárselo él.
—¿No sales?—preguntó Georg sujetando las puertas.
Pestañeó y vio que habían llegado a su planta. Echó a andar y antes de dar dos pasos se encontraron con el productor.
—Me gustaría poder dar la malas noticias solo una vez—suspiró David al verlos.
—¿Ha pasado algo más?—no pudo evitar preguntó Georg.
David se le quedó mirando sin entender, viendo como el guitarrista le dio un ligero codazo en las costillas para que no siguiera hablando.
—No sé que os traéis entre manos, y la verdad prefiero no saberlo—dijo David pasando por alto ese gesto—Solo os pido que seáis más discretos, con un escándalo ya es suficiente.
—¿No has conseguido arreglarlo?—preguntó Tom sabiendo que se refería a la famosa foto publicada.
—Resumiendo: la discográfica se lava las manos en este asunto. Quiere que tu hermano se enfrente a la prensa, que dé una explicación y se disculpe, lo que sea y que jure no volver a comportarse de esa manera. Y esto va para todos—estalló David ya enfadado—No podéis hacer lo que os de la gana sin pensar en las consecuencias, más si afecta al grupo.
—¿Cuándo será la rueda de prensa?—preguntó Tom .
—Mañana a las 11. Os quiero ver puntuales, y sobrios si no es mucho pedir—apuntó David, observando que ambos hermanos parecían pensar que en la bebida estaba la solución a sus problemas.
Tras esas palabras se despidió con una inclinación de la cabeza y entrando en el ascensor les dejó a solas.
—Tengo que hablar con mi hermano ahora mismo—dijo Tom con firmeza.
Echó a andar hacia su habitación sin escuchar las sugerencias de su amigo.
—¿No es mejor dejarle descansar?—preguntó Georg corriendo tras él.
—Tengo que aclarar cierto tema—murmuró Tom sin volverse.
—Solo fue un simple beso producto del alcohol. Olvídalo, nosotros ya lo hemos hecho—afirmó Georg hablando por su otro compañero.
Pero Tom no podía olvidarlo. Por mucho que se esforzara, esa manera en la que Bill se apoderó de sus labios…y no fue un simple beso como sus amigos creían. No se conformó con rozarle los labios, le exploró la boca con la lengua, sintió como su cuerpo se estremeció cuando le tomó por la cintura y comenzó a frotarle contra el suyo, lo que dio lugar a esa erección que orgullosamente le enseñó.
No, no podía olvidarlo tan fácilmente como sus amigos le sugerían…porque no quería hacerlo, se negaba en rotundo.
Ignorando las súplicas de su amigo echó a correr por el pasillo y se paró ante la puerta de la habitación de Bill aporreándola sin parar hasta que la abrió un asustado Gustav.
—¡¿Qué pasa?!—preguntó al verle en ese estado.
—Largo—siseó Tom como única respuesta.
Viendo que no se movía de la puerta, le cogió del brazo con fuerza y lo sacó a rastras al pasillo, cerrando la puerta tras de sí. Sabiendo que Bill estaría en la cama pasando la borrachera se dirigió hacia ella con paso decidido.
Le vio tumbado, dándole la espalda. Rodeó la cama y vio que estaba con los ojos fuertemente cerrados y que una expresión de dolor le recorría la cara. Odiaba tener que molestarle en esos momentos, pero tenía que aclarar las cosas antes de la rueda de prensa, así podría acudir a ella sabiendo el porqué de su “traición”.
Se sentó en el borde de la cama, pero Bill ni se movió. Se le quedó observando dormitar, aguantándose las ganas de levantar una mano y retirar ese mechón que le cubría parte de la cara para rozarle la mejilla con la punta de los dedos.
Decidió despertarle antes de que hiciera caso a sus sentimientos y se abalanzara sobre él sin tener en cuenta su dolor.
—Mírame, por favor—pidió con suavidad.
Pero Bill reconoció su voz y abriendo los ojos de golpe rodó por la cama tratando de huir de él.
—¡No me toques!—casi gritó Bill cuando sintió que le cogía del brazo.
Pero Tom le ignoró y tiró con suavidad de él para que se acostara de nuevo, levantándose él de la cama para que viera que no le iba a forzar a nada.
—Ponte cómodo mientras hablamos—pidió sentándose él en una de las butacas.
—Ni quiero hablar contigo ni quiero ponerme cómodo—negó Bill incorporándose en la cama.
—Quiero disculparme—soltó Tom sin aliento antes de que se levantara de nuevo.
—¿No crees que ya es tarde?—preguntó Bill dejándose caer—Además, no te mereces mi perdón.
—Lo sé, pero al menos déjame darte una explicación—suplicó Tom.
—¿Qué vas a hacer? ¿Darme detalles?—rio Bill con fría voz.
Tom le mira sin comprender. ¿Detalles? Solo le hizo una foto que un momento de rabia colgó en Internet,…bueno, y le acarició la mejilla por unos segundos tras hacerla…¿qué pensaba que pasó?
Abrió los ojo como platos cuando una idea cruzó por su mente…¿es que pensaba que se aprovechó de él en ese momento?
—No puedo creer que pienses eso…—susurró con dolor.
—Déjalo, no quiero escucharte—cortó Bill dándole la espalda—No quiero saber lo que pasó por tu retorcida mente ese día.
Pero Tom no se dio por vencido. Le contaría la verdad aunque tuviera que atarle a la cama para conseguir su atención.
Se levantó de golpe y antes de que reaccionase ya se ha tumbado sobre él, cogiéndole las muñecas con ambas manos ignorando sus insultos.
—¡Suéltame, estás loco!—gritó Bill retorciéndose desesperado bajo él.
—No hasta que me hayas escuchado—dijo Tom con firmeza.
Le dejó que tratase de luchar contra él, que malgaste sus fuerzas cuando sabía que era más fuerte y nunca podría con él. Al cabo de unos minutos sintió que se daba por vencido y dejaba de moverse mientras trataba de recuperar el aliento.
—¿Por qué tienes que conseguirlo todo a la fuerza?—preguntó Bill entre jadeos.
—Porque no me dejas de otra manera—contestó Tom sin pensar.
Vio como los ojos de Bill se iban llenando de lágrimas que dejaba resbalar por sus mejillas sin poder hacer nada por secarlas. Sin pensarlo le soltó una mano y le acarició la mejilla limpiándosela se lágrimas.
Suspiró y se quitó de encima, sentándose a su lado sin dejar de mirarlo.
Aprovechando ese momento de “debilidad”, Bill se incorporó de inmediato, pero no se levantó de la cama. Había visto algo en sus ojos que le hizo creer que no le haría daño escuchar sus palabras, que debía escucharlo, que tal vez había exagerado.
—¿Por qué lo hiciste?—preguntó en un susurro.
Tom le miró asombrado por su cambio. Antes parecía no querer escucharle y en ese momento era todo oídos.
“Es la oportunidad que esperabas, no la cagues”—le aconsejó una voz en su cabeza.
—Porque era la única manera de tenerte—contestó también en un susurro—Sabía que era imposible de otra manera, que sólo te podía tener en mis locas fantasías. Esa tarde necesitaba hablar contigo y al verte así no pude desaprovechar la oportunidad.
Bill se quedó en silencio estudiando las palabras, llegando incluso a darle la razón. Quizás él actuaría de la misma manera si se diera el caso, tener ante sus ojos aquello que tanto deseaba y “cogerlo” a la fuerza, por decirlo de alguna manera.
—Puedo comprender que actuaras así—dijo tras meditarlo—Pero no que colgaras la foto en Internet. ¿Tanto daño me querías hacer?
—¡No!…Eso nunca—dijo Tom con firmeza poniéndose enfrente de él.
Bill le miró en silencio, esperando esa explicación que antes se negó a escuchar cuando pensaba que tras la foto hubo algo más. Quizás que en su momento lo pensara, cuando tras escuchar esa confesión en la que le declaraba su profundo amor comenzara a actuar con miedo a su posible reacción.
Si Tom le miraba, pensaba que lo hacía como si le desnudara con la mirada. Si le sonreía, creía que lo hacía al imaginárselo desnudo bajo su cuerpo…
Era normal que pensara así, pero no debió hacerlo. Era su hermano. Hasta el momento no le había dado motivos para desconfiar de sus miradas o sonrisas.
—Lo hice movido por los celos—dijo Tom sacándole de sus pensamientos.
—¿Celos?—repitió Bill como si no le hubiera oído.
—Fue tras una fiesta—explicó Tom por fin—Entré en el baño y te pillé dándote el lote, besándote con mucha pasión con un chico al que no conocías de nada. La rabia me cegó y los celos me traicionaron, porque veía que te había perdido sin haber llegado a tenerte.
Esas palabras le hicieron ponerse tenso. Ahí estaban otra vez esos sentimientos. Pensaba que se conformaría con la foto, pero su enfermiza mente iba más allá, pensando que un buen día le iba a conseguir.
Se cubrió la cara con las manos y gimió contra ellas desesperado. Tom nunca conseguiría olvidarlo, y eso se estaba convirtiendo en un grave problema…más que nada porque él también comenzaba a sentir lo mismo…
—Bill…por favor…—suplicó Tom cogiéndole las manos entre las suyas.
Dejó que le descubriera la cara, que viera todo el daño que se estaba haciendo a sí mismo.
—Tom, esto no puede ser…—empezó a decir Bill tratando de que no le delatase la voz.
—¡Sí!—cortó Tom acercándose más a su cuerpo—Si puede ser, esta tarde me los has demostrado.
—Estaba borracho cuando te besé—dijo Bill a modo de disculpa.
—¿Y lo de baño? Te me ofreciste, enseñándome lo preparado que estabas—recordó Tom con una sonrisa.
Poco a poco Bill fue recordando esa parte, maldiciéndose por ser tan débil, por reaccionar de esa manera cuando no debiera…por darle falsas esperanzas al trastornado de su hermano…
—Pero no quise hacerlo—continuó explicando Tom emocionado—Tomarte así en tu estado, sabiendo que no te entregabas por propia voluntad…
—Tom, para…no sigas por ahí—suplicó Bill casi sin voz.
—Quería esperar, que nuestra primera vez fuera muy especial—siguió diciendo Tom como si no le hubiera escuchado—Con los dos esperando con ansias ese momento tan deseado…
—¡BASTA!—gritó Bill sin poder evitarlo—Deja de imaginar algo que jamás va a pasar.
—¡Pasará!—gritó Tom también con firmeza—Seré el primero en probar tu cuerpo, porque me lo merezco…porque eres mío y nunca dejarás de serlo…
—¡Ni siquiera soy virgen!—saltó Bill fuera de sí.
La bofetada no se hizo esperar. Fue escuchar la confesión de sus labios y abofetearle sin pensarlo, enojado porque hubiera permitido que otro se le hubiera adelantado.
Continúa.