
«Porque eres mío» Fic de lyra
Capitulo 1
Ya había perdido la cuenta de todos los conciertos que llevaban dados, creía que superaban la centena, ¿quién los contaba? Aparte de su hermano, claro.
Con una sonrisa en sus dulces labios, Bill Kaulitz anotaba en su libreta todas las impresiones que se llevaba de recuerdo de ese nuevo concierto que había terminado escasos minutos, bajo la atenta mirada de Tom, quien todavía con la guitarra en mano le miraba lanzando chispas por los ojos.
No se veía capaz de aportarlo, verle tan feliz mientras que él era desdichado. Por su culpa. ¿Tanto le costaba aceptarlo?
Le contó su secreto, que le amaba desde que eran pequeños, pero en vez de asustarse o hacerle el hombre más feliz del mundo diciéndole que él sentía lo mismo, le miró de arriba abajo y se rió en su cara.
—Vamos Tom, deja de bromear—dijo Bill entre carcajadas.
¿Creía que estaba bromeando? Pues se iba a enterar. Verían quien se reía entonces…
—Un concierto muy bueno—les felicitó David como siempre.
—Estupendo…maravilloso—dijo Bill sonriendo.
Suspiró y le dio la espalda. Bill a veces se pasaba, se le subían los humos de estrella que se daba y todo le parecía….maravilloso, había dicho.
“Yo te bajaré los humos, volverás a ser el hermano cariñoso que siempre fuiste, aunque te tenga que destruir por el camino”—pensó Tom con tristeza.
—¿Podemos irnos ya? Necesito descansar—preguntó Bill dirigiéndose al productor.
—Soportar el peso de una estrella cansa, ¿verdad?—no pudo evitar picarle Tom.
—Contigo no estaba hablando—murmuró Bill enfadado.
—Otra discusión no, por favor—pidió David desesperado—No sé que os pasa a los dos. Lleváis unos días muy raros, siempre peleados por todo.
—Ha empezado él—señaló con el dedo Bill.
—Chivato, solo te ha faltado llamar a mamá por teléfono—gritó Tom.
Sin que nadie pudiera impedirlo, Bill se lanzó a por el cuello de su hermano y al momento rodaban por el suelo, pegando patadas y puñetazos al aire.
—¡Lo que faltaba!—exclamó David corriendo a separarlos.
Entre él, Georg y Gustav lograron separar a los hermanos tras unos intensos minutos. Tom fue sujetado por sus dos amigos mientras que David cogió por la cintura al histérico cantante, sacándole de la habitación mientras gritaba a su hermano lo mucho que le odiaba y que no quería volver a verlo en la vida.
Consiguió llevarle a rastras hasta el baño, en el que se encerraron y le soltó apoyándose en la puerta para evitar que la echase abajo.
—¿Estás loco o que demonios te pasa?—le riñó David enojado—Pelearte con tu propio hermano, eso no va contigo.
—Me harté de oírle y decidí actuar—siseó Bill entre jadeos—Si, ser impulsivo no va conmigo, pero a partir de ahora las cosas cambiaran.
David se le quedó mirando y chasqueando la lengua metió mano en su bolsillo y le tendió su pañuelo.
—Tienes sangre en el labio—murmuró David preocupado.
Con un rápido movimiento, Bill cogió el pañuelo y se giró para mirarse al espejo, arrugando la frente al ver el corte que le recorría el labio inferior.
—¡Será cabrón!—maldijo Bill inclinándose en el lavabo.
Abrió el grifo y cogió agua con las manos, con la que se enjuagó la boca, escupiendo sangre que tiñó de escarlata el blanco lavabo. Apretó el pañuelo contra el labio y gimió al notar un latigazo.
—Quédate hasta que deje de sangrar, voy a ver que tal está Tom, y a por una aspirina…entre los dos me estáis haciendo la vida imposible—gruñó David resoplando.
Sin esperar su confirmación, salió del baño y caminó hasta donde había dejado al otro furioso hermano, encontrándoselo reclinado en el sofá y a Georg ayudándole a parar la sangre que manaba de su magullada nariz.
—Esto se nos escapa de las manos—dijo Gustav en voz baja—Así no podemos seguir.
—Lo sé, mañana había una sesión de fotos que tendré que cancelar. El cantante con el labio partido y su hermano con la nariz hinchada. ¡Menuda fotos saldrían!—rió David a su pesar.
Gustav le imitó, solo imaginárselo…pagaría por verlo.
Esforzándose por no echarse a reír en su cara, David se sentó al lado del guitarrista y observó mejor su herida.
—Vivirás—dijo con ironía.
Recibió un gruñido como respuesta y sonrió al escucharlo. Se puso de pie y cogiendo el móvil hizo las llamadas necesarias para cancelar la sesión de fotos, aludiendo una ligera indigestión por parte de la mitad del grupo. Tras disculparse colgó el teléfono y se lo quedó mirando, dudando de llamar o no a la madre de los gemelos.
Estaban a su cargo, pero si pasaba algún problema debía de comunicárselo de inmediato. Decidió esperar hasta ver si las cosas e solucionaban por sí solas, de lo contrario los mandaría a casa en el primer avión que saliera para Alemania, o si no de una patada en sus duros traseros.
—Si ya no hay más heridos, podemos ir saliendo—dijo tratando de calmar el ambiente.
Georg ayudó a incorporarse a su amigo, comprobando que ya no salía más sangre. Le hizo una señal afirmativa a David y se levantaron para recoger sus cosas y subir al autobús, que ya les esperaba con el motor en marcha.
Gustav cogió la bolsa que el cantante tiró al suelo cuando sufrió su repentino ataque y la libreta en la que estaba escribiendo, pasando unas páginas sin poder evitar leer lo que había escrito, arrugando la frente preocupado al leer unas antiguas anotaciones.
“No deja de mirarme, me siento acosado. No puedo pedir ayuda a nadie, estoy solo en esto…ya no puedo contar con él para nada…”
—¿Gustav?—llamó David.
—Voy—contestó metiendo la libreta en la bolsa.
Caminó despacio pensando de quien estaba hablando su amigo, y porque le tenía tanto miedo…
.
Camino de la salida, pasaron por el baño y apoyado en la puerta el cantante miró malhumorado a Tom sin apartar el pañuelo de su herida.
—Me has roto el labio—murmuró enojado.
“Y tú a mí el corazón, ¿no te jode?”—no pudo evitar pensar Tom sin mirarle.
—Ya vale, que no es para tanto—dijo David poniéndose en medio.
—¿Qué no es para tanto?—gritó Bill histérico—¿Y las fotos de mañana? No puedo salir con la cara hinchada.
—Ya las he suspendido, y tranquilo, que la cara no se te va a hinchar—explicó David tratándole de calmar.
Gustav se acercó y le tendió su cazadora y la bolsa con sus pertenencias. Estudió cada movimiento suyo, pero no vio nada raro en ellos, solo la mirada cargada de odio que dirigió a la espalda de Tom, quien caminó hacia la salida como si no hubiera pasado nada.
Llegaron al autobús y procuraron separar a los hermanos. Gustav se llevó a arriba a Tom al ver que la nariz le volvía a sangrar ligeramente, dejando que el hambriento Georg se quedase abajo escuchando las protestas el cantante.
—Túmbate un rato, se cortará enseguida—dijo a su amigo ayudándole a sentarse en la cama.
—Gracias por preocuparte, no como otros….—empezó a gruñir Tom.
—¡Otra vez no, por favor!—cortó Gustav resoplando.
Estaba ya harto de los dos. Solo deseaba echarse a dormir un rato sin tener que oír más gritos ni entrar a separarlos de una nueva pelea. Le ayudó a acostarse y le tendió una gasa limpia para que taponase su herida.
—Estoy en mi cama, avisa si necesitas algo—murmuró corriendo su cortina.
Nada más apoyar la cabeza en la almohada, Gustav se quedó dormido de inmediato. Si se querían matar entre ellos, que lo hicieran sin despertarle…
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—¿Pero lo has visto? Casi no puedo ni hablar, y menos cantar—se quejaba Bill a su amigo.
“Pues no has callado ni un maldito segundo”—pensó Georg con una sonrisa.
Tratando de no hacerle caso, conectó el portátil y enseguida se puso a navegar buscando fotos que le hicieran pasar un buen rato. Mientras iba buscando página tras página, el cantante sentado a su lado miraba por la ventanilla sin dejar de quejarse del estúpido de su hermano.
—Siempre se mete conmigo, me recuerda que es el mayor…. ¡diez minutos, joder! Lo que tarda en tirarse a una chica….
No pudo evitar soltar una carcajada. Bill siempre hacía unas comparaciones muy constructivas. Suspiró y salió de la página en la que se había metido, tras guardar unas cuantas fotos en su carpeta de archivos personales.
Continuó su búsqueda con cansancio, no era divertido si tenías al lado a una persona que no dejaba de hablar y hablar, aunque fuera consigo mismo, porque estaba claro que él no le estaba escuchando. Solo soltaba algún que otro “si” o “ajá”, hasta que de repente una maldición se escapó de sus labios.
—¡JODER!—gritó sin querer.
—¿Qué?—preguntó Bill saltando asustado.
—Nada—contestó Georg cerrando de golpe el portátil.
—¿Qué has visto?—preguntó Bill señalándolo con un dedo.
—Nada—repitió Georg poniendo las manos encima.
—Vamos, yo también quiero verla, seguro que tenía unas buenas tetas y te has asustado—rió Bill apartándole.
—Bill…eres pequeño para ver esto…suelta…—murmuró Georg forcejeando con el cantante.
—Si vuelves a llamarme pequeño te parto la cara—amenazó Bill muy enfadado.
—Tú mismo, pero luego no llores—dijo Georg dándose por vencido.
Tirando con fuerza del portátil, Bill lo abrió de golpe y esperó impaciente a que la pantalla mostrase la foto que tanto asustó a su amigo. Poco a poco la imagen fue apareciendo ante sus ojos, que se acercaron cada vez más y más hasta que su nariz tocó la pantalla.
Un gemido salió de sus labios mientras que, como ya pronosticó con certeza su amigo, los ojos se le llenaron de lágrimas.
—¿Soy…soy yo…?—logró decir tras tragar saliva con esfuerzo.
—Si—contestó Georg cruzándose de brazos.
—Pero… ¡si estoy desnudo!—gritó Bill sin poder evitarlo.
—¡SI!—confirmó Georg riendo.
Continúa.