
Notas de la administración: Esta entrega es muy especial, tienen que leerla con mucho detalle, para que disfruten cada momento, en especial el final. Besos y gracias por venir.
«Mi profesor de química» Temporada 2
& Capítulo 11 &
& Por Bill &
Entonces era cierto. Nick tenía razón, los superhéroes no existen.
Seis días que no veo a mi superhéroe, seis días que no tengo junto a mí su cercanía, su dulce mirada ni siquiera la melodía de su voz. Seis días en los que muero lentamente encerrado entre las cuatro paredes del departamento, siendo abusado por Nick —quien ahora no es más que un demente desconocido o al menos eso prefiero pensar antes que creer que la persona que ha estado a mi lado es un puto abusivo y yo haya sido un ciego—, seis días que se burla de cada vez que me golpea y me lo hace sin piedad. Mi dolor físico me impide respirar, caminar, comer, moverme, ducharme y hasta beber. Las heridas en mi piel aún están moradas y enrojecidas; mi labio inferior ligeramente morado e inflamado y un corte a lo largo de mi mejilla provocado por su anillo —al golpearme de una bofetada cuando intenté liberarme— adorna mi rostro y me produce comezón. Seis días de querer morirme y no conseguir hacerlo. Seis días sobreviviendo sin saber siquiera que me ayuda a hacerlo.
Y todo parece ser obra del destino. Jamás he hablado sobre él, porque ni siquiera recuerdo si alguna vez ha hecho algo bueno por mí, pero… ¿Cómo puede ser que todo esté tan bien armado? ¿Es posible que el destino sea un vil desalmado que juguetee con las personas como si fuésemos sus fichas de tablero? Nick es el hijo de la directora del jardín de infantes donde yo trabajo, él le dijo que yo estaba gravemente enfermo y que busquen un reemplazo hasta nuevo aviso. A su vez, es empleado de Tom… y el muy listo ha dado parte de enfermo para evadir a sus preguntas. ¿Por qué? ¿Por qué no tengo como comunicarme con aquel hombre? ¿Por qué me sucede esto a mí?
Hace dos noches esperé a que saliera luego de destrozarme. Apenas oí el golpe de la puerta, respirando con dificultad me puse de pie y caminé hasta la cocina sosteniéndome de las paredes. Abrí el segundo cajón y de él saqué una filosa amiguita… recuerdo cuando mi labio inferior comenzó a temblar con ligereza y una lágrima cayó sobre su plateada y afilada hoja. Arremangué las mangas de mi camiseta, la misma que llevaba puesta hace seis días y apoyé el filo sobre mi piel; mi piel la que si rasgaba hasta llegar a mis vasos sanguíneos me dividía entre la línea de la vida y la muerte. ¿Mi piel, la puerta a otro mundo? Exageradamente cierto. ¿Realmente quería morir? ¿Realmente merecía la pena morir? ¿Qué sentido tendría apostar al suicidio después de haber peleado meses y meses en estado de coma? Ninguno… dejé caer aquella arma cortante, al mismo tiempo que me desplomaba sobre el suelo limpiando la suciedad de mi cuerpo, con mis lágrimas. Sucio, estaba sucio y me sentía impuro. Entonces lo recordé…
Era otra de las rehabilitaciones terapéuticas, esta vez psicológica. Ante mí, tenía un psiquiatra que se mostraba neutro y tranquilo. Tendría unos cuarenta años y ya era calvo. Siempre me repetía que era un caso especial, un milagro. Sonreía cada vez que me decía que mi vida merecía la pena pero, me reveló algo que jamás creí que iba a oír.
— Antes de despertar, Bill tú llamabas a alguien — Claramente, yo no podría recordarlo pero asentí incentivándole a que continuara lo que quería comunicarme — Creemos que el nombre de esa persona ha sido la responsable de que lucharas. Ahora dime, ¿qué o quién crees tú que te ha incentivado a luchar?
No lo pensé dos veces, y desde mi corazón se expulsó la respuesta:— El amor, el amor sin lugar a dudas.
Miré mi cuerpo y lo decidí: sobreviviría para hallar el amor que me había salvado una vez. Sobreviviría porque ahora necesitaba conocer de Tom, y por sobre todo, porque quería ayudarle, quería ser su compañía si realmente necesitaba de alguien a su lado. Me puse de pie, caminé hasta la cama y me dejé caer rendido de dolor.
Dos días después Nick me pidió disculpas pero no le dirigí la palabra. No tenía fuerzas para hablar. Le pedí con un gesto que se marchara y sin decir más lo hizo sin más rodeos. Tomé una toalla, ropa limpia y unas vendas del botiquín que conservaba aún dentro de una de mis maletas. Me adentré en el baño y atemorizado, le eché el cerrojo a la puerta. Me desnudé lentamente, temblando ante los roces con las heridas de mi cuerpo y abrí el grifo de la ducha. ¿Había algo más doloroso que los golpes en mi cuerpo? Sí, el de mi alma, el de mi corazón. ¿Había posibilidades de sanarles? Probablemente, pero el salvador no estaba a mi alcance. No sabía siquiera donde encontrarle.
Dejé que el agua calmara uno a uno mis poros, brindándoles tibieza y humedad. Ardía y escocía como la puta hostia pero necesitaba relajarme y huir… Lavé mi cabello y al sentir como el agua caliente se acababa cerré el grifo y salí. Con calma y tranquilidad me vestí, recogí mis rastas y me calcé unos zapatos. A los pocos segundos, me quedé estático frente a la ventana de la habitación algo pensativo. Miré a lo lejos, a través del cristal. El viento era algo fuerte, podía sentir algo de frío desde aquí dentro por lo que cogí mi abrigo, una bufanda, unos guantes y seguidamente, abrí la puerta después de seis días hallándome nuevamente ante la libertad y el aire puro.
Sin rumbo comencé a caminar, mis piernas pesaban un poco y aún conservaba ese nudo en la garganta anunciando un llanto que no llegaba; estoy seguro de que cuando lo haga nada ni nadie podrá acallarlo. Suspiré y relamí mis heridos labios, luego cogí la bufanda y con ella me oculté mis heridas del mentón y mi boca. Tuve una verdadera suerte, de que en medio de tantos golpes no me haya roto un diente, o me haya bajado todos.
Debo confesar algo. Sí, ¿para qué negarlo? No sé si antes he creído o no, pero al menos ahora tengo fe en el amor a primera vista. Cada vez que me sentía mal, herido y solo me bastaba —y me basta— con recordar aquel acercamiento entre el padre de Ritter y Lizzie, y yo. Sólo bastaba con que cerrara mis ojos llenos de lágrimas de desesperación e imaginara esos brazos apretujándome y brindándome protección. Imagino que me besa y me repite: ‘todo estará bien’ entonces puedo descansar al menos un momento y creer que realmente, todo estará bien.
Me detuve ante un parque de niños, frío y solitario. Como yo. Miré al cielo, en cualquier momento comenzaría a nevar… Caminé entre los columpios y al llegar a una banqueta me senté sobre ella dejando descansar mi espalda sobre su respaldo, cerrando los ojos respirando por fin un poco más tranquilo dejando de pensar en lo sucedido…
Una pequeña y fría bolita cayó sobre mi nariz a los pocos segundos. La tomé entre mis dedos: nieve. Sonreí de medio lado y al mirar al frente vi un auto muy familiar.
La ventanilla de una de sus puertas se deslizó lentamente hacia abajo, y vi como Tom dejaba a sus niños mientras se disponía a bajar. Me iba a ver. ¿Iba a dejar que me vea en este estado? No, claro que no. ¡Le espantaría! No, no puedo dejarlo no…
— ¡Bill! — me llamó caminando hasta mí, pero automáticamente eché a correr cerrando los ojos y llorando como el estúpido que era. Le quería, necesitaba de él pero no permitiría que me viese en este estado — ¡Bill espera!
Pero mis fuerzas no eran suficientes, pronto tendría que detenerme en busca de aire. Seguí corriendo hasta que tropecé y me fui de boca al suelo. Tan torpe como siempre. Me giré y eché a llorar con fuerza ocultándome el rostro con las manos, a su vez cubierta por el calor de los guantes de lana.
— Bill, Bill, Bill — repitió cogiéndome de los brazos, reincorporándome apenas sobre el suelo. — Bill…
Abrí los ojos y me encontré con su mirada apenada:— ¿Qué te han hecho, precioso?
Acarició las heridas de mi rostro con el revés de su mano. ¿Cómo es posible que la mano de un hombre pueda golpear y la mano de otro pueda sanar? Gritos lastimeros escaparon de mi garganta, ese llanto del que había hablado —y necesitaba salir— ahora era expulsado con todo su potencial. Me tomó entre sus brazos y me abrazó dejando que escondiera mi cabeza en su pecho.
— Tranquilo, tranquilo — susurró mientras yo temblaba y sollozaba en sus brazos; con la nieve comenzando a cubrirnos a los dos — Llora todo lo que necesites. Aquí me tienes todo para ti.
— No me sueltes Tom… — le miré apretando el agarre — No me sueltes, no me sueltes por favor.
Entonces delineó mis labios con su dedo y se acercó a ellos con los suyos… sé que esperábamos un beso, pero volví a esconderme, esta vez en su cuello. No era el momento. Besé la piel de su cuello a modo de disculpas, y le oí a suspirar. Allí fue cuando le oí lo que necesitaba oír…
— Todo estará bien, te lo prometo — Y la calma reinó en mi alma tras seis días de constante dolor.
& Por Tom &
— Pasa Bill — le susurré mientras los cuatro ingresábamos en el departamento. Bill y yo, cubiertos de nieve. Le tomé del brazo con suavidad y le saqué lentamente el abrigo y la bufanda. Volví a acariciarle sus heridas, y le senté sobre el sofá — Niños, quédense con Bill. Encenderé la calefacción y prepararé chocolate caliente para todos.
Él me miró atemorizado, rogándome con la mirada que no le dejara solo y mi interior se quebró de pena:— Volveré enseguida— entonces su expresión se relajó, y sonrió a duras penas.
Millones de hipótesis se me cruzaron por la cabeza. Una pelea callejera, una discusión que se fue de las manos o Nick. ¿Cuál sería la más acertada? Hace casi una semana, luego de vernos por segunda vez al horario de salida de mis hijos casi nos habíamos besado, casi de no ser por la directora apareciera y le llamara; como ya he dicho antes. Luego, nada. Él desapareció de la faz de la tierra y la explicación que les dieron a los niños de su clase fue que estaba muy enfermo. Pero lo cierto, es que el estado de Bill no parecía muy enfermo, sí podría considerarse algo deprimido. Por otra parte, había una extraña coincidencia… Nick de Imon había dado parte de enfermo en la empresa, y mi padre me había dicho que no él no había entregado ningún informe que informara sobre su paradero, ni domicilio, ni número telefónico. ¿Sería posible que se haya enterado y se haya cabreado hasta irse de las manos y golpearle? Eso sólo podría decírmelo mi pequeño. Coloqué la leche al fuego, y eché un vistazo. Mis hijos veían televisión abrazados en el suelo, despatarrados sobre la alfombra, mientras Bill se quitaba vendas de sus brazos y pequeñas lágrimas silenciosas corrían por sus mejillas. Estaba… joder, estaba completamente herido. Giró su cabeza, al sentirse observado y nuestras miradas se encontraron. Negué con la cabeza y suspiró, puse mi mano a la altura de mi corazón y le sonreí consiguiendo que él también lo hiciera. Luego, imité como si tomara mi corazón entre mis manos, y soplé suavemente. Río tranquilo y tomó aquel corazón imaginario para apretarlo contra su pecho y cerrar los ojos hasta que se fundiera con el suyo. Le hice un gesto que me esperase, la leche estaba lista así que me apresuré en preparar el chocolate, tomar unas galletas de vainilla del frasco y colocarlo todo en una charola.
— ¡Hey, trío de niños! — al oírme decir esto, creí que había metido la pata hasta el fondo por llamarle niño, pero no dijo nada. Claro no recordaba. Sonrió ruborizado y me senté a su lado. — Ustedes dos, mientras se les enfría un poco van a su habitación, se ponen los pijamas, se lavan las manos y regresan.
— Aaaaah, pero quería comer galletas — se quejó Ritter— ¿qué importan los microbios?
— Niño imbécil — río mi princesa, y nos miró a ambos para luego tomarle de la mano a su hermano — ¿No ves que se quieren quedar solitos los dos?
Ambos se rieron, mientras me removí sobre el sofá algo inquieto. Negué riendo viendo como desaparecieran rumbo a sus habitaciones, y luego miré a mi pequeño a los ojos.
Su mirada lucía tan igual y diferente a años atrás. Igual a cuando me miraba arrobado, pero diferente porque necesitaba su luz particular. Repentinamente se puso de pie y se quitó la camiseta mordiéndose el labio inferior entre avergonzado por su casi desnudez y… por los moretones en su piel.
— Joder — murmuré y le miré de inmediato, pasando por alto que ahora llevaba un arete en su pezón — ¿Qui-quién ha sido el animal?
Sollozó en silencio, y corrí hasta el baño en busca de alguna crema. Tomé la primera que estuvo a mi alcance y al regresar noté heridas en su espalda también. Destapé aquel frasco elaborado por mí y le obligué a permanecer de pie, mientras yo sentado le esparcía la sustancia por su cuerpo.
— Aug, está fría — le entregué el frasco, y lo miró girándolo en sus manos — Elaborado por ¿ti?
— Sí — mi mano se paseó por sus hombros lentamente, masajeando sin dañarle más —si es que se podía—.
— Si es elaboración tuya, me hará bien — sonreí ante el cumplido y untando un poco más, bajé por su espalda. A cada centímetro expulsaba un quejido de dolor de su garganta, quejándose ante la frialdad de la crema que no tardaba en entibiarse ante mis masajes — Lo haces bien, está pasando…
— ¿Quién te ha hecho esto, Bill? — se giró y comencé a masajear con mi mano cremosa, por todo su pecho. Bajó la mirada siguiendo el recorrido de mi mano con su vista — ¿Ha sido el tipo con el que vives, cierto? ¿Ese que no has querido mencionarme aquella vez, verdad? Él me conoce, y lo sabías. ¿Nick te ha golpeado?
— Sí — genial, la ira se me trepó por todo mi cuerpo y me puse de pie dispuesto a coger las llaves y devolverle los golpes multiplicado por diez. — ¿Dónde vas?
— ¡A romperle la cara a ese tío! — grité sobresaltándole e intenté conservar la calma, probablemente ya estaba lo suficientemente asustado. — No te mereces lo que te ha hecho. ¡Te ha golpeado!
— No vayas, no estará — regresé hasta donde él estaba, y tomándole del mentón le obligué a mirarme — Además, no sólo me ha golpeado.
Sin comprender, me quedé mirándole con atención. ¿No sólo le había golpeado? Claro, probablemente le habría gritado, insultado y hasta quizás humillado.
— ¿Me abrazas? — susurró, y no lo dudé ni un instante. En medio del abrazo, temblequeó un poco y lo comprendí. Volví a separarme y le miré interrogante, alcé una ceja y asintió — Estos últimos seis días, me ha golpeado, humillado, insultado, gritado y… violado.
Me quedé absolutamente sorprendido. Mi pequeño, mío. Quien me había encargado de cuidar durante mucho tiempo, a quien había amado con locura todos estos años siendo poseído en contra de su voluntad por otra persona. Se me llenaron los ojos de lágrimas, con imaginarlo destrozado rogando que parase y se me revolvieron las entrañas. ¿Puede existir tanta escoria humana? Lo mataré… Acuérdate Nick de Imon. Te buscaré, te encontraré y cuando lo haga… te mataré.
— Es una basura — susurré abrazándole por la cintura, y borré sus lágrimas. Él hizo lo mismo con las mías y sonrió — Lo mataré.
— Ahora no deseo que lo mates — miró en dirección a las escaleras, y al voltear su vista dijo algo que no creí que iba a oír jamás — Sé que estoy feo, el maquillaje no ha logrado tapar totalmente las heridas de mi rostro. Bueno, supongo que sanaré pronto ¿no?
— Eres bonito de todas las maneras existentes, incluso si un tren te pasara por encima serías jodidamente hermoso — Se rió sonoramente ante la ocurrencia y me contagió la gracia — ¿Por qué lo dices?
— ¿Podrías besarme? — preguntó en voz baja acercando sus labios a los míos. Una llama de calor me quemó por completo, sentí como un fuerte calor me azotaba de pie a cabeza. — ¿Quieres…
Y le callé. Fundí nuestros labios como tanto había deseado. Me quedé quieto, la emoción que latía en mi interior era demasiado fuerte como para moverme, quería inmortalizar aquel momento. Sus manos me rodearon por el cuello tironeando sin querer de algunas de mis finas trenzas azabache, y le sujeté de la nuca con suavidad al mismo tiempo que ladeaba la cabeza profundizando el beso. Mi cuerpo tembló, era increíble lo intenso que podía llegar a ser… mucho más de lo que mi imaginación había alcanzado a soñar. Nuestras lenguas se encontraron y sentí como me derretía y me fundía para siempre a él en esa mágica humedad. Después de cuatro años, mi mente, mi cuerpo y mi alma recordaban una de las experiencias más hermosas que había vivido, y que hoy vencía al Destino y la volvía a vivir: besar los suaves y dulces labios de Bill.
Thomas dos — Destino uno. ¿Quién es el superhéroe y vencedor ahora?
Continúa…