Profesor 12

«Mi profesor de química» Temporada 2

& Capítulo 12 &

& Por Bill &

Hace días me había preguntado: ¿Y el color de rosa? ¿Y las mariposas en el estómago? ¿Por qué no me siento especial o importante para la vida de otra persona? ¿Por qué no me siento flotar? ¿Por qué no me pierdo del mundo con una sonrisa de oreja a oreja? ¿Los nervios, las risas tontas y las miradas insostenibles dónde están? ¿Dónde están esas sensaciones que produce ese tal sentimiento denominado amor? ¿Por qué no puedo sentirlas o por qué nadie puede dármelas? ¿Por qué ni siquiera puedo recordarlo? Claro está, porque la respuesta más acertada podría ser: Bill aún no conoces el amor.

— ¿Podrías besarme? — pregunté luego de ese debate mental al sentir como mi cuerpo adolorido se estremecía ante las caricias que las suaves manos de Tom me brindaban, paseándose por mi espalda. Se quedó estático con los ojos muy abiertos ante mi pregunta y me acerqué a sus labios buscando ese beso que las circunstancias nos habían negado, y pensé: es ahora o nunca — ¿Quieres…

No me dejó continuar, y unió nuestras bocas de un suave movimiento. Un solo paso, el paso de ser dos desconocidos a compartir algo, lo cual dejaré en manos de la Vida para que decida que será. Ambos permanecimos quietos, pero la sensación fue instantánea. Apenas sentí el roce de sus labios sobre los míos, mi corazón se disparó acelerando y emitiendo latidos desesperados. Sentía un extraño deseo de abrazarle, así que no lo dudé ni un minuto más y, mis manos rodearon su cuello tironeando de sus trenzas. Iba a separarme por aire, cuando él ladeó la cabeza y delineó mi labio inferior con su lengua. Mi cuerpo sufrió un temblor de tal magnitud que mis piernas comenzaron a sentirse flojas de puros nervios, y por ello expulsé el aire que contenía en mi pecho por mi nariz, respirando con suavidad sobre su rostro. Mientras sus manos sujetaban con suavidad ambos lados de mi cara, tirándome el cabello hacia atrás, nuestras lenguas se encontraron y lo que sucedió fue increíble. No, sumamente increíble; casi mágico. Mi corazón estaba experimentando algo desconocido, que me recordaba vagamente a una síncopa musical. Primero comenzó débil, nervioso, con temor; y luego del beso latía tan fuerte que podría haberme dado algo —un paro cardíaco quizás— y haber muerto allí mismo. Pero no lo hice. No lo hice porque era él quien ahora, me transmitía ganas de vivir y amar.

Nos separamos lentamente y la humedad de nuestros labios causó que un sonido gracioso nos arrebatase un suspiro. Abrí con lentitud mis ojos, sintiendo como mis mejillas ardían y le miré. Estaba sonriendo ampliamente aún con los ojos cerrados, sin soltarme de la cintura. Con el corazón en un hilo de tantas emociones juntas volví a acercarme y le abracé. Caí en la cuenta, de que mi mente y mi corazón se cuestionaban cosas totalmente diferentes enfrentándose en un juicio único: Mi amor y Tom. Mi mente, agobiada y confundida por no poder recordar me acusaba de regalado, de promiscuo, de sucio —tal y como Nick lo había hecho mientras abusaba sexualmente de mí—. Mi mente me señalaba por entregar mis labios a un tipo que apenas conocía y no dejaba de repetirme: ¿Qué estás haciendo Bill? Tom… Tom es un desconocido. Porque eso es lo que es en tu vida, ¿cierto?

Pero mi corazón, alegaba lo contrario y no dejaba de discutirle a mi cabeza que el tiempo y la memoria no eran prioridad para enamorarme. Además, de sentir que mi corazón y el de él siempre han estado unidos, ligados y fundidos en un mismo sentimiento. Siempre he querido saber quién era Thomas, cuatro años de búsqueda implacable y ahora le tengo ante mí. ¿Hacerle caso a mi mente cuando no me ha ayudado en nada? El juicio de mi vida ha finalizado, a la mierda los recuerdos, a la mierda mi memoria. Quiero a Tom, le quiero a él. Caso cerrado.

— Me estoy enamorando de ti — le susurré al oído y nuestras miradas se cruzaron. Cerré los ojos esperando sentir sus labios una vez más, listo, para perderme en sus besos. Y cuando lo hizo no lo dudé ni un segundo, le llevé hasta el sofá entre besos y risas nerviosas y caímos sin separarnos. — Gracias por ser tan bueno conmigo.

— No me agradezcas peq…— su sonrisa se esfumó y calló de inmediato, pero ante mi expresión seria continuó hablando como si nada le hubiese perturbado — precioso.

— Tom — le hablé por lo bajo — ¿Tus hijos? Creí que bajarían pronto.

Me tomó de la mano reincorporándonos y cogí mi camiseta. El calor del departamento era tan acogedor, tanto como la protección que sentía cuando permanecía a su lado. Subimos las escaleras casi en puntillas, conteniendo el deseo de descojonarnos de la risa. Cualquiera diría que éramos un par de adolescentes que huían de su casa a medianoche sin permiso de sus padres. Miré el pasillo y noté que la decoración era preciosa. Un corto pero ancho pasillo, portador de cuatro puertas y fotos colgando por doquier. No quería mirar, o más bien sentía temor. Esperaba toparme con una fotografía de la ex mujer, pero no. Sólo él, él y sus mascotas, él y su guitarra, él y su…

— ¿Bill? — me llamó por lo bajo, pero mi mirada estaba fija en una fotografía — ¿Q-qué sucede?

— Este traje — contesté mirándole, como si realmente necesitara de una explicación — Olvídalo, estoy confundido. Sentí que antes te he visto vestido de ese modo.

Se acercó a mi silencioso, me tomó del mentón y coló rápidamente su lengua en busca de la mía y otra vez. Ese pasillo fue testigo del modo en que mi corazón acalló a mi mente e incluso, al separarse y susurrarme lo que deseaba, necesitaba y quería oír:— Te amo. ¿Estás bien?

Asentí, y abrimos juntos la puerta que estaba a nuestro lado, encontrándonos con una escena tan tierna que me fue imposible no gemir de dulzura. Ritter abrazaba a su pequeña hermana dormida y le cantaba una canción de cuna sin soltarle de la mano. Al vernos, nos hizo un gesto de silencio con sus manos y sonreímos obedeciéndole.

Todo fue bonito, hasta que lo que sucedió luego me dejó de a cuadros. Con sus pequeños labios dejó un beso en la frente de la niña, luego en su nariz y posteriormente… en sus labios — Descansa Lizzie.

Miré a Tom repetidamente, pero al parecer no le resultó nada extraño ya que cerró la puerta de la habitación suspirando feliz. ¿Debía decirle que era… raro? Joder, eran hermanos y, ¿se daban besos en los labios? ¿Qué quedaba para cuando crecieran?

— Tom… — le llamé y se volteó sonriéndome — ¿Has visto lo que ha hecho Ritter?

— Arropar a su hermana — contestó de modo natural — Oh, lo dices por el beso de buenas noches. Siempre es así, sólo quiere cuidarla. ¿Por qué?

— Hm., bueno yo no tengo hermanos pero nunca he visto que los hermanos se despidan de ese modo — Mi comentario pareció molestarle, porque carraspeó incómodo — Sé que son niños, ¿pero si se gustan?

— ¿Y qué hay? — alcé una ceja sin dar crédito a lo que mis oídos estaban oyendo — Joder, sé que no es común ver eso, ¿vale? ¿Pero qué tiene de malo? Si juzgamos por leyes naturales, entonces tú y yo también cometemos un pecado, un error, algo antinatural al besarnos, ¿verdad? El amor no tiene límites, Bill. El amor no se limita a la religión, la ciudadanía, las apariencias, la edad, la sangre o el sexo. ¿Quién determina que una persona deba amar a otra?

Sus palabras me conmovieron, realmente aclararon partes de mi corazón y miré en dirección a las escaleras. Suspiré y volví mi mirada hacia él: No lo sé, ¿quién?

Se acercó a mi, nuevamente sereno y sonriente. Tomó mi mano y la apoyó sobre su pecho, ejerciendo una considerable presión que pude sentir los latidos de su corazón — Él, siéntelo. ¿Lo sientes? Pues él nos dice a quién amar, cómo hacerlo, con cuánta intensidad. Únicamente el corazón establece las normas del amor. Así que cuando alguien se meta contigo, deja que te juzgue. Sólo de ese modo sabrás quién tiene corazón, y quién no.

— Yo lo tengo — sonreí. Definitivamente Tom, es el ser más dulce que existe sobre la faz de la tierra — Y quiero que tú cuides de él.

— Si me dejas, lo haré con gusto — Y otro beso más. ¿Puedo vivir en sus besos? — Ven, los chocolates se han enfriado ¿no importa?

Negué con la cabeza, y miré el reloj.

— Debo irme, va a llegar a casa — se relamió los labios y bebió un poco de su tazón — Perdóname Tom, no quiero que vuelva a cabrearse conmigo.

— Escúchame…— resopló, y me cogió por los hombros— Si te hace algo, no dudes en llamarme por favor. Ten, toma mi número y mándame un mensaje de texto cuando llegues, o si me necesitas. No podré estar calmado sabiendo que estás bajo el mismo techo que ese monstruo.

Cogí la tarjeta y asentí. Claro que lo haría, no resistiría estar fuera de contacto.

— Te llevo — añadió rápidamente y me puse de pie, cogí mi abrigo y mi bufanda.

— No, no está bien — Pero insistió, y yo comenzaba a alterarme ante la idea de un Nick fuera de sí — Por favor… tomaré un taxi en la esquina ¿de acuerdo?

— Déjame acompañarte — Y como un enamorado sin remedio, dejé que me abrigara y caminara a mi lado. Deseaba más que nada en este momento quedarme en su casa, dejar que me abrazara, sanara mis heridas, me besara sin control… pero Nick. Él prometió no volver a golpearme y yo… ¡Qué va! Le creo. ¿Por qué mentiría? Soy un idiota, lo sé. Pero prefiero ser un imbécil, antes que un mal agradecido.

— Bill, ¿quieres ir el sábado a cenar conmigo?— cuestionó de repente, inquieto acariciando mi mano con sus dedos en un suave movimiento. ¿Una cena? La verdad, necesitaba salir un poco. — Aún no sé dónde, pero si aceptas prometo encontrar rápidamente el lugar adecuado a tu belleza.

— Oh, ¿qué dices? — me ruboricé de sobremanera. — Y sí, acepto. ¡Claro! A los niños les encantará. Me han tomado mucho cariño tanto como yo a…

— No, sólo tú y yo — me interrumpió y dejamos de caminar. Me atrajo por la cintura y su espalda dio contra la pared de un edificio — Solos. Solitos los dos…

Nuestros cálidos alientos se transformaron en vaho producido por el frío del atardecer. Al verme en medio de sus piernas, el calor que trepó por mi cuerpo me dio una dosis de inmunidad contra el frío y ataqué sus labios sin piedad, dejando atrás mis golpes y mis heridas.

— ¡Un taxi! — Gritó de repente rompiendo nuestro beso y corrimos hacia la esquina entre risas — Dame un toque cuando llegues o no dormiré tranquilo.

— No te preocupes, estaré bien — me abrió la puerta trasera de aquel transporte y luego fundió nuestros labios una vez más — Hasta pronto Tom.

— Hasta pronto precioso…

A cada centímetro que me alejaba de él, sabía que en casa me esperaba el martirio, el dolor y la soledad. ¿Acaso una prueba de supervivencia? Vamos destino, desafíame. Ahora sé cual es la cura a mi enfermedad. Sí, ¿quién más que Tom? Ahora veremos si puedes contra él. Mi superhéroe.

& Por Tom &


El pequeño reloj de mi escritorio marcaba las tres de la madrugada y yo, continuaba sin poder pegar un ojo. Todo se sentía tan bien de la noche a la mañana, que no podría ser real. O más bien… no podía durar como yo deseaba. ¿Qué te traes villano? ¿Por qué ahora me regalas una pizca de felicidad? ¿Estarás planeando tu próxima coartada? ¿O estás entretenido en busca de otra víctima? ¿Tan pronto he dejado de ser tu blanco? Confiesa capullo…

Tenía ante mí cinco sustancias terminadas. Todas con un nombre general poco creativo: Small. Tomé la sustancia de color verde, cerré los ojos y dejé que el perfume penetrase en mi nariz y que el primer recuerdo se instalara en mi mente…

Sí existe — su seguridad me aterró, y carraspeó un poco — quiero decir, alguien en todo este planeta en este mismo momento puede estar esperándote y hasta incluso amándote…en silencio.

¿Tú crees?

Asentí y escribí: Secrets.

Luego cogí el perfume violeta, y lo llevé hasta mi nariz. Inhalé y cerré los ojos…

No me interesa cuantas reglas rompa al estar contigo, no me importa cuantas faltas saque en este juego llamado vida, si al estar contigo tengo la ficha más bonita de todas, la ficha del amor.

Tomé el bolígrafo y noté como mis manos temblaban, del mismo modo que una extraña sensación penetraba en mi pecho inquietando a mi corazón. Respiré profundo y anoté: Love.

¿Te gusta lo que te hago? ¿Quieres que deje de tocarte así?
— No — gimió, tanteé su entrada por sobre el boxer otra vez — No dejes de hacerlo…

Una lágrima rodó por mi mejilla: Passion.

Nunca dejes que nadie te toque, sé que siempre te lo he dicho. Pero sólo yo debo tener este tipo de acceso a ti — sonrió asintiendo, únicamente mío.
¿Qué he hecho? ¿Por qué me has jugado tan sucio pequeño? ¡No tienes una puta idea de cómo me has roto! No te imaginas cómo la vida se me ha ido en un segundo, como los deseos de estar contigo para siempre titubean.

Lo que hacía minutos había sido una lágrima, ahora era un llanto imparable: Lies

¡Bill! ¡Pequeño! Mi amor no. No, no, no… 

Cerré los frascos, les alejé de mí y le di el nombre al último: Pain.

Entonces lo comprendí. Todos los sentimientos dependen del Destino, la vida depende del destino. Pero mi pequeño y yo, siempre hemos sido sus prisioneros favoritos. Tomé el informe y borré el nombre de la línea, para cambiarlo por: Small destiny.

¿Qué sucedería si un día Bill lo recordase todo? ¿Qué haría yo, si él me odiara por ser el responsable de su estado? ¿Si me culpaba? ¿Si me aborrecía hasta odiarme? ¿Qué iba a hacer? ¿Sufrir más de lo que pude sufrir más de lo que he sufrido cuatro largos años? Definitivamente no sería capaz de resistir. ¿Y si era capaz de perdonar a Nick, y a mí no?

— ¡Ah! — Grité dando un bote, arrojando todos los papeles sobre mi escritorio — ¡Maldita sea la hora en la que apareciste en nuestras vidas, capullo hijo de puta!

¿Hasta cuándo? Dime, hasta cuándo tendré que vivir en la tortura. Quiero estar con él en paz, quiero que me recuerde. Quiero… quiero volver a ser feliz.

No quiero un Bill que no sabe si quiera qué es lo que siento por él, quiero a mi pequeño. A mi pequeño de regreso. Quiero al niño que correteaba en los recesos, quiero al niño que discutía en clase, quiero a ese niño con aires de inocente pero atrevido que me enloquecía, quiero a ese niño que se ruborizaba con un beso pero, que a la hora de hacer el amor se tragaba su timidez y dejaba que reine la pasión. Ese niño. ¿Dónde está mi pequeño? No puedo llamarle pequeño, a un desconocido que ocupa el cuerpo de mi niño…

— Papá — murmuró Lizzie, y me di la vuelta — Ya vi cómo estabas llorando eh.

— Déjame solo princesa — pero no me obedeció, se acercó hasta mí y me abrazó — ¿Quieres a Bill? ¿Lo quieres mucho?

— Sí…—suspiró— pero lo quiero para ti.

— Yo también — agregué abatido — Y no soportaría que me odiase. Prefiero morirme, antes que volver a perderle.

Alcé la vista, y no supe si lo que vi fue real o producto de mi imaginación. El pequeño lloraba frente a la ventana, estirando sus brazos para alcanzar una estrella. Me puse de pie y caminé sigiloso pero al detenerme a su lado y cuando fui a dársela, se evaporó. Y nuevamente, esa pregunta se adentró en mi pecho: ¿Dónde esta mi pequeño? ¿Por qué no permanece junto a mí?

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

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