Profesor 13

«Mi profesor de química» Temporada 2

& Capítulo 13 &

& Por Tom &

Miércoles. Me gustan los días miércoles, son la mitad de la semana. Sabes que estas cerca del lunes, pero también a centímetros del fin de semana. Los miércoles, son días más atareados en la oficina; hoy sobre todo. Los publicistas y accionistas conocerán mi nueva propuesta, y si todo marcha correctamente la línea de fragancias Small Destiny, podrá salir al mundo de una vez. Mi discurso será sencillo: Si quieres vivir, si quieres sentir, entonces hazle un pequeño desafío al Destino y verás, qué tiene resguardado para ti.

Tal vez, lo he tomado como algo personal pero lo cierto es que es inevitable. Imposible, le llamaría yo. Sientes como el aroma se instala en tu sistema poco a poco, carcomiéndote con lentitud; y tienes la seguridad de que posees un sentimiento latiendo dentro de tu pecho, y nadando en las profundidades de tu mente en forma de recuerdos.

Bill siempre ha sido mi inspiración a la hora de trabajar —si puedo considerar mi pasión científica como un arte—. Desde que le he conocido, todo aquello que hago, cada paso que doy es directa o indirectamente, fruto del amor que siento por él. Ahora, que le tengo cerca, que le tengo conmigo emocionalmente una vez más, ahora que hemos vencido al destino por segunda vez me pregunto: ¿Tendremos la felicidad al alcance de nuestras manos? ¿Podremos volver a tocar el cielo y sentir la magia de las nubes escurrirse por nuestros dedos? ¿Seremos sólo nosotros dos?

Y la respuesta es no. La serpiente del paraíso acaba de llegar, arrastrándose amenazante y venenosa, vestida de hombre y regalando una sonrisa de hipocresía y maldad. ¿Quién más que Nick de Imon? ¿Quién más que el puto, abusivo y ladrón?

Al adentrarme en mi despacho, por quinta vez en el día tomé mi móvil y marqué el número de mi departamento. Esperaba ansioso a cada tono, por oír su voz del otro lado, hasta que por fin lo hizo.

— ¿Hola? — Permanecí en silencio. Podía notar como intentaba retomar el ritmo de su respiración. Oí risitas a carcajadas de mis hijos, gritando y seguramente correteando, entonces comprendí que probablemente había jugado con ellos. — Diga.

— Soy yo otra vez — suspiré, y oí como me imitaba y emitía un largo y sonoro suspiro — ¿Cómo están todos?

— Los niños están bien, no tienes porque llamar cada diez minutos, Tom.— Estaba casi seguro, que del otro lado de la línea sonreía tímidamente. Lo sabía, porque lo sentía. — Y yo, estoy recuperándome de los golpes. Así que, ya deja de preocuparte.

— No llamo por eso — murmuré, joder pequeño. Me puedes tanto…— llamo para oírte a ti.
— Eres muy dulce, ¿sabes? — Sí, sólo porque tú siempre me lo has dicho. Y siempre moría lenta y gustosamente cuando lo susurrabas. — Tanto como tus besos.

— Ahora, estoy ansiando besarte. — Hablé por lo bajo y sentí como segundo a segundo, mi temperatura amenazaba con aumentar. — Pero tú eres como mis perfumes. Algún día dejaré que los huelas, verás las hermosas sensaciones que te producen.

— Ah, ¿sí? Pues con ser creados por ti bastarán para encantarme. — le agradecí el cumplido y cerré los ojos. Tenía demasiadas ganas, moría de deseo y hervía de cuánto anhelaba en esos momentos, sus labios — ¿Qué sensaciones podrían producirme, tus perfumes, Tom?

— Amor, mentiras, dolor, secretos y pasión — enumeré desordenadamente y ante su silencio sepulcral continué — Todas aquellos detalles de la vida que tú quieres recuperar.

— ¿Cómo sabes tú eso?— Me quedé perplejo ante su tono de voz enojado y molesto. Un nudo se formó en mi garganta y me acojoné. Me acojoné mucho ante la idea de perderle por un simple comentario así que miré a mi alrededor en busca de una excusa, que me haga pasar desapercibido. — ¿Qué sabes, tú de mi vida? ¿¡Qué sabes tú de mí!? ¡Habla! Joder… habla.

Nick. Le vi atravesar el pasillo con rapidez y pensé en voz alta:— Nick, tu vida con Nick.

— Ah — suspiró, y le comprendí. Bill temía que yo descubriese su falta de memoria, a pesar de no tener que ser mago ni adivino para poder hacerlo. No me revelaría su pasado, tal vez, se sentía frustrado por no poder conocer sus orígenes. Y le entendí… — Lo siento, yo… no quise tratarte de ese modo, es que…

— Tranquilo precioso, tú no me debes ninguna explicación — Necesitaba abrazarle, y repetirle por lo bajo que todo estaría bien. — Imagina que estoy abrazándote, ¿vale?

— Es lo que necesito — Su tono me transmitía un extraño dolor, aquel mísero punto de dolor que vive en tu pecho cuando sientes el deseo de llorar — Necesito estar entre tus brazos, y olvidar. Olvidarme de todo y de todos, excepto de ti.

Por un momento, sentí que aquellas palabras eran del pequeño. De mi pequeño. Pero caí en la cuenta que con quién estaba hablando era Bill, no mi pequeño. Dos toques a la puerta, interrumpieron nuestra charla, debía trabajar.

— Y yo de ti Bill, yo de ti — añadí con el corazón en un hilo — Debo dejarte mi vida, hoy comenzaremos a trabajar con la línea de fragancias.

— Te irá muy bien. No hay algo que tú no puedas hacer — Sí. Traer a mi pequeño de regreso, porque créeme que si en mis manos estuviese ya le tendría a mi lado desde hace mucho tiempo. — Nos vemos cuando llegues, te amo.

— Y yo a ti — sonreí de medio lado. Este Bill, me había devuelto las ganas de vivir, ahora faltaba que el pequeño me devolviese la vida entera — Adiós.

Al colgar, sólo conté hasta cinco repitiendo para mis adentros: Aguanta, resiste. Ese tipejo no merece que le apalees, ni siquiera merece tu odio. Tranquilo.

Tres toques más, y mis casillas se desencajaron por completo — ¡Que pases, que pases joder!

— Buenas tardes señor Kaulitz — Buenas noches Mr. Ironía. Sí, sólo lo pensé. Ojalá pudiera borrarle su sonrisa de un solo golpe y advertirle que se despida de su preciosa hilera de dientes blancos y perfectos — ¿Cómo está?

— ¿Usted cómo coño me ve? — le desafíe y le señalé la banqueta frente a mi escritorio. Acto seguido se desplomó sobre ella cruzando las piernas. — ¿Has realizado el presupuesto para las fragancias?

— Sí, y de hecho creo que no resultará ni con una publicidad de más de medio millón de euros. — Arqueé una ceja interrogante y sonrió de lado a lado — ¿Qué? ¡Pero Tom, tío te creía un tipo más inteligente! Esos simples perfumes no valen ni más de dos pavos.

Subestimaba mis sentimientos, mi recuerdo… subestimaba al puñetero destino.

— No me mires de ese modo, estoy siendo sincero. — Parpadeó acercando nuestros rostros, acortando la distancia hasta el límite de rozar nuestras narices — ¿No confías en tu fiel empleado, Tom?

— Deja de llamarme Tom, para ti seré Thomas. ¿Vale? — Me alejé con indiferencia y volteé mi silla dándole la espalda. ¿Qué si tenía razón? ¿Qué si mis productos eran una puta mierda? — Llama a Klerson, tal vez el diseño no sea llamativo.

— Llámalo tú — gruñí entre dientes y rió — De acuerdo, pero no olvides que más allá del envase nadie querrá perfumarse con cursilerías baratas, ni con la colonia de las abuelas.

— Vete a la mierda — resoplé, y como si cumpliera a mis órdenes la puerta se cerró y nuevamente la soledad y el silencio reaparecieron como mis fieles amigos. Suspiré dolorosamente. No quería cambiar el producto, no quería cambiar mis sentimientos.

Me giré sobre la silla y con los brazos sobre el escritorio me quedé absorto.

El pequeño niño estaba bailando y jugueteando en la pared, posando como modelo de revistas. Entonces, cogió en sus manos una bola imaginaria y la aventó contra mi cuerpo. De inmediato supe que se trataba de un recuerdo…

¿Siempre te dedicarás a enseñar? me preguntó dibujando imaginariamente sobre la tela de mi pantalón. Su cabeza descansaba sobre mis piernas, y yo me desperezaba sobre el sofá tomando entre mis dedos algunos de sus cabellos, acariciándole con suavidad — ¿O piensas que podrías no sé trabajar de otra cosa?

Pues me gusta mucho la docencia, amo tener un grupo de niños expectantes a mis palabras, pero definitivamente mi pasión más grande es la química — Sonreí. Siempre había imaginado cómo sería trabajar para la empresa de mi padre. Ser yo el Amo y señor, aunque sabía que eso jamás pasaría. Él no confiaba en mí desde que yo poseía uso de razón. Y podría realizar cualquier trabajo vinculado a ella.

Am. Entiendo. Pues yo, estoy jodidamente confundido rió— Me atrae la medicina, la literatura y tú. Pero, siempre me han enamorado los niños pequeños y el arte.

¿El arte? — ¡Si supiera cuán grande e indefinible es el arte! — ¿Qué ramas del arte?

La pintura, el dibujo y la televisión. También los diseños para publicidad No conocía el lado artístico de mi pequeño excepto el canto. Me gustaría trabajar algún día de eso, pero no sé si triunfaré. Por eso, creo que el camino más rápido son los niños. Andreas siempre me dice que escoja por los niños. Pero no lo sé.

Vale, estás enredado Volví a acariciarle el cabello. A veces, olvidaba que era un adolescente y que debía dejarle madurar solo. Pero creo que te confundes dos cosas, tal y como yo me las he confundido a tu edad.

A ver señor anciano. ¿Me quiere explicar? Le golpeé suavemente, a modo de broma y sonrió. Me enamoraba perdidamente su inocencia.

Bien, yo cuando terminé la preparatoria me planteé: ¿La docencia o la química? ¿Una u otra? Pero a diferencia de lo que a ti te gusta, pude complementarlas en una sola. ¿Pero qué sucede? La docencia siempre me ha gustado, es decir, como un trabajo fácil. Siento que así es como tú ves a dedicarte a los niños. Te gusta y no más de allí. Asintió y fijó su mirada en mí. Pero, la vocación es algo sumamente grande. Es aquello para lo que has nacido y que ni siquiera tú mismo puedes cambiar. Yo, he nacido para la química, ¿cierto? Pues tú, has nacido para el arte.

Entiendo, ¿entonces que debo hacer? besé sus labios en un corto y húmedo beso. Creo que dejar que seas mi orientador vocacional.

— No es mala idea…— bromeé. ¿Sería a caso Bill, mi pequeño artista?

Me quedé de a cuadros. Ahora recuerdo por qué aquella tarde que hicimos el amor por primera vez, le habían castigado en la clase de Arte. Se había cabreado porque le habían arruinado su dibujo. ¿Y qué peor que dañarle la obra a un artista, verdad? ¿Por qué después de cuatro años pequeños detalles se transforman en grandes ideas? Porque mi pequeño… también ha crecido.

De inmediato, tomé el teléfono y Lucy muy animada me contestó del otro lado:— Dime Tom.

— Tom — bromeé — Vale, Lucy debo pedirte un favor. Cancela mi reunión con los publicistas, creo que debo estrenar uno nuevo. Alguien puede hacer un mejor diseño, creo haber encontrado la persona perfecta para éste caso.

— ¿Quién? — Cuestionó curiosa — ¿Uno nuevo? ¡Tú! ¿Uno nuevo? No lo creo, definitivamente estás bromeando. ¡Pero si tú odias a gente nueva en la empresa!

— Debo recordarle a alguien, cuánto ha amado el arte.

& Por Bill &

— Hazme una casa

— No, a mi hazme una casa.

— ¡Que te jodan niña estúpida!

— ¡Eh, Bill! ¡Ritter me ha dicho que te jodan!

— Ya, cálmense — les ordené intentando contener la risa. Dejé reposar la charola de aluminio sobre la mesa y les invité a sentarse. Recogí uno a uno nuestros dibujos y me los guardé en la mochila. — Merienden o de lo contrario cuando venga su padre me dirá que yo no les alimento y me regañará.

— Papá jamás podría regañarte — Si supieran cuán dulce podía llegar a ser ese hombre.— ¿Papá te da besitos en la boca? ¿Es eso cierto?

— ¡Hey te he dicho que no le cuentes eso! — Comenzaron a discutir y yo, me sentí un niño completamente avergonzado ante los comentarios de dos criaturas que no superaban el metro del suelo. Aunque, ¿qué tenía de malo? Pues nada, a decir verdad no habría mejor sensación que los labios de Tom. — Bill..

Pero el móvil no dejaba de vibrar dentro de mi bolsillo. Miré la pantalla: Nick.

No puedo atenderte.

Enviar. Tragué saliva. Temía profundamente tener que volver a enfrentarme ante un Nick cabreado y fuera de control. A los pocos segundos, volvió a vibrar esta vez en dos cortos toques. Un mensaje nuevo. ¿Leer?

¿Dónde estás? Acabo de llegar y no te encuentro.

¡Me cago en la puta! Mi cuerpo temblaba de tan sólo tener que recordar cuán fuerte eran sus puños golpeándome saña por todas partes.

No te cabrees, no llegaré tarde. Estoy con unos niños.

Al enviarlo, sólo desee que me creyera o sino, tendría que juntar coraje y soportarle otra vez. Mis manos temblaron exageradamente cuando leí su nuevo mensaje.

Yo no me cabreo, tú me das motivo para alimentar mi mal humor. Te espero con la cena lista, y deja de evadirme como si fuera el villano de la película. Yo te amo Bill, ¿tú me amas?

Cerré la tapa del móvil y miré la pantalla. Una foto de ambos juntos, ¿por qué continuaba con él? ¿Sólo porque me había ayudado a caminar? Tampoco era la gran cosa… o sí, o no. ¡Joder!

La puerta de la sala se abrió, y mi superhéroe ingresó por ella. Me giré sonriente mientras sus hijos se trepaban por su cuerpo. Un beso, un abrazo. Eso necesitaba para alejar las condenadas confusiones de mi cabeza.

— Buenas noches — le saludé tímidamente y con Ritter y Lizzie aferrados a sus hombros se acercó a mi. Era muy graciosa la situación, tanto que me parecía tan… familiar. Algo así como cuando la esposa le ayuda con las tareas a sus hijos, y le espera a su marido con la cena lista para cuando llegue agotado de trabajar. Al quedar frente a frente, los niños nos miraron a uno y a otro, y sin esperar ni un segundo más fundimos nuestros labios en un romántico beso. Al cerrar los ojos, oí las risitas burlonas de los niños, festejando y se deslizaron hacia abajo. Así, Tom pudo rodear mi cuerpo con sus brazos brindándome el abrazo que tanto necesitaba.

— ¡Billy y Tomi se van a casar! — comenzaron a corear correteando alrededor de nosotros. Y nos separamos suspirando tibiamente. —¡Billy y Tomi se van a casar!

— Ya niños — rió él, relamiéndose los labios insistentemente — ¿Te quedas a cenar?

— Debo irme temprano… — Su expresión cambió radicalmente, sabía que le molestaba que obedeciera las reglas de Nick — Lo siento, el sábado cenaremos. No lo olvides.

— No, no lo olvido — Forzó una sonrisa y me miró de reojo — Como llevarte a tu casa no puedo, porque te negarás pregunto: ¿puedo acompañarte a tomar un taxi?

— Claro que puedes — respondí con calma y le tomé de su bello rostro con ambas manos — No te enojes conmigo, prometo que pronto se terminará todo eso. ¿Si?

— No duermas con él, no dejes que te acaricie, no dejes que te bese. ¿Vale? — asentí. Me derretía de ternura cuando se ponía en…plan de celoso. — Vamos.

— ¡Hey! No nos ignoren — se quejó Lizzie y nos volteamos hacia los niños — Queremos preguntarles algo.

— Sí, es cierto — agregó su hermano y Tom me cogió de la mano. Me sentí protegido tan sólo con su agarre, y al entrelazar nuestros dedos, mi corazón se encogió de felicidad.

— Pues dígannos — dijo mi superhéroe con impaciencia.

— Las preguntas son las siguientes:… — Lizzie sacó de su bolsillo un pequeño papel arrugado y leyó en voz alta — Uno: ¿Cuándo vendrá Bill a vivir con nosotros? Dos: ¿Cuándo dormirán en la misma cama? Tres: ¿Cuándo van a casarse? Cuatro: ¿Cuándo será por fin nuestra mamá-papá?

Tom y yo nos miramos. Todas eran muy complicadas, y difíciles de explicar.

— ¿Se te olvida algo? — bromeó Tom, y la pequeña asintió efusivamente.

— Cinco: ¿cuándo tendremos más hermanos?

Tom liberó mi mano y me atrajo por la cintura para luego decir claramente: Si fuera por mí, haría todo ya de ya. ¿Tú no, Bill?

Sonreí ruborizado y asentí. No recordaba a mi familia, ¿pero quién decía que no podía crear mi propia familia? ¿Y qué mejor marido, padre y amante que Tom?

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

Un comentario en «Profesor 13»

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