Profesor 14

«Mi profesor de química» Temporada 2

& Capítulo 14 &

& Por Tom &

El frío acunaba a la ciudad y el viento le daba el toque fantasmal, cantándole a la soledad de la noche. Bill se estremecía ante la falta de calor y mis brazos intentaban transmitirle la máxima protección y cobija. Ambos permanecíamos en silencio, avanzando a través de las solitarias calles en busca de un taxi y yo, sólo dejaba que mi cabeza trabajara por sí sola como una máquina automática sin cansancio. 


Le tenía ante mí y estaba feliz por ello, pero no por completo y eso, eso dolía. Dolía no ser reconocido, dolía no poder tocarle sin detenerme a pensar que Bill era tan sólo el envase exterior de mi pequeño. Dolía y confundía. Y en ese instante, que por mí mismo podía comprobar que vivía, sentía, respiraba, caminaba y sonreía, es cuando me pregunto: ¿Tan mal agradecido soy ante la nueva oportunidad? ¿Por qué insisto e insisto? ¿Por qué necesito de mi pequeño? ¿Por qué no puedo conformarme con lo que se me ha devuelto? ¿Por qué continuo irritado contra el Destino? Por la sencilla razón de que el dueño de mi corazón no es Bill a secas, sino aquel jovencito de diecisiete años que me cautivó y enamoró con su forma de ser, con su personalidad, con su inocencia y picardía. 


— ¿En qué piensas? — susurró de repente, y nos detuvimos. En el centro de mi pecho, una extraña y horrible sensación me invadía. Sí, sentía una opresión que me cortaba la respiración y me impedía hablar con tranquilidad, sin titubear. — ¿Tom?


Le miré. Sus ojos brillando de preocupación y su mirada fija en mí intentando leer más allá de mi alma, me inmovilizaron. Le acaricié la mejilla con el revés de mi mano y acerqué nuestros labios anhelando el contacto. Sabía a los labios de mi pequeño, el sabor era el mismo. Incluso la forma de besar era la misma, pero algo funcionaba mal. El responsable de enviar información a mi corazón para hacerle latir como un loco desquiciado, se olvidaba la correspondencia. Latía, sí fuerte. Muy fuerte quizás, pero no me sentía un idiota sin cabeza completamente entregado a él. Y eso, me preocupaba. Le oía, le tocaba, le sentía, le veía y hasta —incluso— podía olerle. Todo tenía aspecto de Bill, pero la esencia del pequeño no estaba. Tenía que regresar, yo le estaba esperando con las puertas de mi corazón abiertas de par en par y con mi amor intacto, fuerte para dárselo una vez más.


— En nada — mentí. Le abracé con fuerza, rogando porque muy pronto me dijera:— Eres tú mi amor, te he extrañado. Y si el secreto a ésta amarga situación es tan sólo esperar, lo haré gustoso. — En quién te espera. Pero olvida mis celos, soy un grandísimo imbécil.
— Es que tú no entiendes, no es fácil — Al oír sus palabras se me desencajó la mandíbula. ¿Fácil? ¿¡No es fácil!? ¿Y quién dice que para mí las cosas han sido fáciles? ¿Quién ha dicho que es fácil tener a tu lado al amor de tu vida, y que él no tenga la seguridad de que eres el suyo? — No es únicamente decirle: adiós Nick, lo nuestro ha acabado.
— Él te golpeó y abuso de ti. — le interrumpí y clavó sus ojos sobre el suelo. — No es que quiera recordarte todo el daño que te ha hecho, sólo que entres en razón.
— Sí, lo ha hecho — admitió y resoplé. Que tío tan ciego. — Pero también ha dicho que no volverá a hacerlo. Y no sé, pero le creo. Yo quiero creerle. ¿Vale? No quiero pensar que he estado cuatro años junto a un tipo tan vil, tan hijo de perra.

— Déjale Bill… ¿Por qué no lo dejas? — Mi tono sonó a súplica, a ruego. Pero no era yo, sino mi corazón quién le rogaba amor. — Él te ha dicho que no volverá a hacerlo, ¿pero qué garantías tienes de que no lo hará otra vez? 

— ¿Qué garantías tienes tú para demostrarme lo contrario o para ofrecerme? — Le tomé del rostro y me quedó mirando perplejo sin parpadear. — Mencióname tan sólo una, y así terminarás de enamorarme.

— Mi amor, el amor que siento por ti es la garantía. Y puedes respirar tranquilo, porque ésta garantía no tiene plazo de vencimiento, dado que pienso amarte toda mi puta vida. — Susurré entreabriendo sus labios con los míos, y mordiéndolos con suavidad — ¿Te basta con eso?

En respuesta, atrapó aún más mis labios con tanta intensidad que el corazón subió a mi garganta bombeando con fuerza. Bajo una farola, sin romper el beso, le tomé de la cintura y le apegué a mí tanto que pude sentir cada rincón de su cuerpo. Pero no le molestó, sólo permaneció fundido contra mí y ese pequeño momento me resultó maravilloso.
Pero, el pequeño que descansaba en mis recuerdos estaba celoso y no dejaba de mirarme con lágrimas en los ojos reclamando un poco de atención. Entonces, recordé que debía hacerle una propuesta.

— Oye, precioso — hable por lo bajo, aún con nuestros rostros lo más cerca posible — ¿Quieres trabajar en mi empresa?

Me miró con cara de ‘¿qué coño me estás contando?’ y me reí repartiendo cortos besos por su mejilla y su cuello.

— Necesito de alguien que realice la publicidad de mis perfumes, alguien que sepa dibujar y diseñar — entrecerró los ojos sin dejar de gemir débilmente ante mis besos — ¿Y quién mejor que tú? Los niños me han dicho que dibujas en tu tiempo libre y no sé tal vez quieras…

— No — añadió de inmediato — Me cuesta hacerlo, me tiembla el cuerpo.
No fue gran trabajo relacionar sus temblores al accidente, pero me tocó los huevos que abandonara su vocación por el puñetero pasado.

— ¿Y eso qué? — Negó con la cabeza efusivamente, pero no dejaría de insistirle — ¿Te rindes? Sí, te rindes a lo que amas sólo por requerir más tiempo en hacerlo.
— No digas chorradas — murmuró y retomó su andar sobre la calle — Lo siento Tom, no soy publicista.


— Pero eres muy bueno en los diseños. — alegué y rió negando nuevamente. — y mis perfumes necesitan de un buen diseño para llegar a captar la atención del mercado.
— Gracias, pero soy maestro. — caminé hasta a su lado. ¡Antes muerto que rendirme! — ya tengo un empleo.

— ¿Por qué no aceptas? — Cuestioné y luego, me miró entornando los ojos — ¡Estoy dándote un trabajo extra! 

— Porque no tengo paciencia para el arte. — Definitivamente, necesito a mi pequeño de vuelta. — Porque como quién diría ‘No es lo mío’, ¿entiendes?


¿Cómo puñetas decirle que sí, sin que sospeche? Joder…


— ¡Inténtalo! — Sonreí ampliamente. — lo intentas, y descubres qué bien podrás hacerlo.
— Nick dice que el arte, es para los muertos de hambre. — Otra vez el chulo.

— Nick es un puto cabrón al cual un día le bajaré los dientes. — Se río ante mis tan notorios celos y junté mis manos como si fuese a rezar — ¿Aceptas? Vamos… hazlo por mí por fis.

— Pero…— no le dejé hablar, me arrodillé ante él con expresión de cordero degollado — Uf, Tom levántate del suelo.

— ¿Por fis? — insistí y tras hacerle ‘ojitos’ repetidamente se cruzó de brazos. — Por fis Bill.
— Es que tú no entiendes que…

—Por fis, por fis. ¿Por fis? — repetí.

— Yaaaaaaaaaaaaa, está bien. Acepto, pero ya levántate. No seas payaso. — Pegué un bote lanzándome sobre él, llenándole el rostro de besos y, robándole risas a carcajadas. — Eres un chantajista, no podría resistirme a esa carita.
— Si fuese por mí, le vendería hielos a un esquimal — y tomándole de la mano continuamos el rumbo.


— Y el príncipe atravesó todos los obstáculos y después de muchos años besó a la princesa y juntos vivieron felices por siempre. Fin — leí en voz alta ante la mirada expectante de mis hijos— Bien, ahora a dormir escuincles.

— Tengo una duda — me interrumpió Lizzie gateando hasta quedar junto a su hermano. Gruñí a modo de respuesta y se rascó la cabeza pensativa — ¿Por qué coño el príncipe ha tardado tanto en ir a buscarle? Podrían haber sido felices desde el principio si no se tardaba, ¿verdad?

— ¡Oh! Ha dicho coño — bromeó Ritter — Pero tiene razón, es como tú y mamipá Bill.
Sonreí ante la comparación. Hm, Bill princesa.

La idea de compararle con una mujer no me resultaba muy agradable, pero en este caso el toque inocente de mis hijos me resultaba tierno, sensible y hasta dulce.
— Déjense de hablar sobre nosotros y duérmanse — les tapé a ambos, y dejé sobre sus mejillas un sonoro beso — Que sueñen bonito.

— Soñaré que tú y Bill se casan. — Mi pequeña hija cerró los ojos tras decir eso, y negué con la cabeza riendo ante su ocurrencia. — Que él lleva un bonito traje blanco y dicen: sí, queremos.
— Yo soñaré que los dos nos cuentan un cuento, luego se dan besitos por el pasillo y… — ellos comenzaron a descojonarse de la risa, pero a mí se me puso el corazón a mil. La versión infantil de Ritter apareció en mi mente algo más…atrevida. — Se acuestan juntitos abrazados, y duermen.

Duermen, claro dormir. Sacudí la cabeza repetidamente y terminé de arroparles.
— Buenas noches pequeños demonios — caminé hasta el umbral de la puerta y les miré— Lizzie, ¿dejo encendida la luz del pasillo?

— No papi, dormiré con Ritter. Él siempre sabe cómo vencer a los monstruos. — El corazón se cubrió de ternura y sonriente les dejé descansar.


Eché un vistazo al pasillo, y a través de la penumbra, luego de tantos años mi cuerpo comenzó a arder ante lo que mi imaginación ponía ante mí. Me mordí el labio inferior.

Imaginaba al pequeño en mis brazos comenzando a suspirar tibiamente ante mis besos. Imaginaba que le arrastraba sin dejar de acariciarle hasta la habitación y que al llegar a la puerta, me daba la espalda danzando contra mi pecho. Su espalda subía y bajaba restregando su cuerpo suciamente contra el mío.


Suspiré sintiendo el calor envolverme. ¡Cómo desearía tenerle para mí en estos momentos!
El pequeño me tomaba del cuello y enseñándome cuan excitado estaba me arrastraba hacia la cama, arrojándome sobre ella. Luego se sentaba sobre mí a horcajadas comenzando a desnudarme y por fin susurraba en mi oído — Voy a montarte, voy a montarte como la perra que soy.


Cerré la puerta y dejé descansar mi espalda sobre ella. Entrecerré los ojos, sentía mi cuerpo comenzando a sudar lentamente y mi mano se deslizó sola hacia abajo perdiéndose entre mis pantalones. Hacía tanto que no me tocaba, que no tenía un encuentro cercano con mi cuerpo que el vello se me había puesto de punta al sentir mi erección en mi mano. Tragué saliva y me dejé caer sobre la cama sin dejar de acariciarme desde arriba hacia abajo con el pequeño revoloteando entre mis pensamientos. Joder… en cuatro años casi se me había olvidado, lo que era sentirse enamorado de la mismísima pasión.

& Por Bill &


El arte. El dibujo y la pintura. ¿Cómo es que Tom había podido colarse entre recuerdos inalcanzables y darme a conocer algo que ni siquiera yo mismo alcanzaba a recordar? ¿Cómo era posible que mi mente me hubiera privado de algo tan placentero? Cada día, estoy más seguro de que la mente es una jodida hija de puta que pretende torturarme durante mucho tiempo. Pero también, a cada día que vivo y siento, desde que he conocido a Tom, tengo la certeza que el vencedor será mi corazón obligándole a la condenada que tenga piedad de mí y, me deje de una vez por todas saber quién coño soy.
Ingresé silencioso en el departamento. Había llegado tarde, y Nick seguramente me esperaba cabreado dispuesto a volver a maltratarme, quizás. Pero la escena con la que me encontré, no me pareció nada semejante. El departamento se sentía solitario, y parecía no sufrir la presencia de nadie. Me despojé de mi mochila y mi abrigo. Caminé hasta la habitación en busca de ropa para dormir, y al girarme casi me caigo de culo al suelo, por culpa del susto. Nick estaba semi desnudo sobre mi cama abarcando toda su longitud. Resoplé abatido y cogí una manta del clóset. ¿Qué mas podría hacer, que irme esta vez al sofá? En el trayecto, pensé en Tom. Siempre me sentía protegido y amado por él, y en momentos como ese daría todo por pasar una noche con él, entre sus brazos, bajo sus besos y esclavo a sus caricias. ¿Cómo es posible quererle de este modo?

¿Existe acaso un lazo más fuerte que el que siento por él? 


Me desvestí apresurado, por miedo. Miedo a que la bestia despertara y encontrara a su presa regresar luego de su huida. Tras colocarme una camiseta de algodón, me acurruqué y cubrí todo mi cuerpo con las mantas frisadas. Me coloqué de costado y dejé que mi imaginación volara…


Tom besaba mi espalda. Yo boca abajo sobre la cama, sumiso como un gatito, me entregaba a su disposición dejando que hiciera de mí, lo que quisiera a su antojo. Su lengua recorría mi espalda centímetro a centímetro arrancándome gemidos de satisfacción.
Ronroneé ante mis pensamientos, acariciando mi cuerpo siempre imaginando que eran sus manos quienes lo hacían.


Luego, comenzó a embestirme. Mi boca se abrió de par en par ante la intrusión de su miembro en mi entrada, y cerré los ojos con fuerza conteniendo el deseo de gritar de puro placer. Se movió dentro de mi en círculos y los ojos se me fueron hacia atrás de puro gusto…
Mi mano se cerró en torno a mi miembro y comencé a acariciarme. Jamás lo había hecho, no al menos desde que podía recordar; y la sensación era tan extraña y sofocante al mismo tiempo. Imaginando a Tom sobre mí gimiendo contra mi oído y yo como un loco rogando por más, me corrí y tuve que llevarme una mano a la boca para no gemir sonoramente ante esa agradable sensación… Tom, sólo él podría enseñarme a hacer el amor. Sólo él.

El cansancio me roció de sueño. Acto seguido, caí en una profunda y calma oscuridad…

Tomó mi mano y la colocó en su pecho — Siéntelo — me susurró contra mis labios y cerré los ojos con una sonrisa pintándose en mi cara. Podía sentir sus latidos, acelerados como los míos y de repente sentí como se acercaba cada vez más. Sus labios atraparon los míos.

Comencé a temblar débilmente mientras me tomaba la mano que estaba situada en su pecho y la llevaba hasta sus hombros. Rodeé su cuello al mismo tiempo que entreabría mis labios y él atrapa el inferior con sus dientes. Una de sus manos continuó acariciándome, mientras la otra ejercía una débil presión en mi nuca.
Un beso sencillo. El primero, el inolvidable. El que había marcado en mi boca quién era mi dueño. Se separó lentamente y la ruptura del beso provocó un gracioso sonido. No quería abrir los ojos. Mi respiración estaba muy agitada, mi pecho subía y bajaba rápidamente.


— Te amo — lo oí susurrar y adueñarse de mis labios otra vez. Sonreí dentro del beso sintiéndome inmensamente feliz, mientras su lengua pedía tímidamente permiso para ir en busca de la mía. La dejé pasar con miles de emociones corriendo a través de mis venas al mismo tiempo. ¿Cómo decirle que era el primero? El primero en enamorarme, el primero en hacerme feliz, el primero en besarme…


Me desperté sobresaltado, relamiéndome los labios con insistencia. ¿Eso había sido un sueño o un recuerdo? ¿Cómo era posible…? ¿O acaso mi primer beso había sido también, por ese misterioso hombre llamado ‘mi profesor’?

¿Tom? ¿Profesor? ¿Qué más quieres enseñarme villano? Qué más…

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

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