Profesor 15

«Mi profesor de química» Temporada 2

& Capítulo 15 &

& Por Tom &

Un antes y un después, una línea divisoria entre el pasado y el presente, una nueva proyección a futuro y el sentido de mi vida se hicieron presentes cuando menos lo esperaba. Por varios años he creído que la Vida, el Destino y el Amor remeditaban acerca de mi persona y los sentimientos que ello involucraba, y filosofaba que su opinión no era más que: Jodele la vida, Es un jodido maricón, ¡No le dejemos ser feliz!, Castígale y hazle saber que permanecerá solo el resto de su vida.

Además, he sentido que la esperanza se esfumado de mi red —cuerpo— y sin esperanzas no había sentido alguno de supervivencia. No había sido más que un hombre inerte, caminando sin rumbo, incapaz de sentir otra cosa que no fuere dolor. ¿Por qué? Porque el dolor era el único código que mi alma aceptaba, reconocía y podía sentir. Porque era el único fulgor vivo en mi interior, y aquella flama quedaría activa para siempre, incluso en los momentos en los que pudiera sentir una chispa de alegría o un mínimo respingo de felicidad. Porque mi vida estaba basada en crueles premisas del pasado que me hostigaban a toda hora y por las noches se transformaban en acusadoras de cobardes gritando en mis adentros: ¡No has luchado por él, ahora sufre maldito!

Y luego de pasar años esperando a que la luna fuese mi compañera nocturna, y testigo del desconsuelo más oscuro y destrozado que un ser sobre esta tierra pudiese sentir, ahora con lentitud se asomaba una alborada que me esperaba del otro lado de una colina —que no era más que la figura de aquel niño de pie ante mí, sudando del nerviosismo a punto de dar una lección sobre los hidrocarburos—. Una lágrima, un segundo; un gimoteo, un minuto; un sollozo, una hora; y una rabieta histérica rogando piedad a cada día, de cada semana por cuatro años. Cuatro años en que la noche, era sinónimo de soledad, desesperación, culpa, calvario y un crepúsculo que desaparecía en menos de lo que canta un gallo.

Ahora, cuatro años después, el alba se emergía de manera sonriente, incitándome a caminar, floreciendo esperanzas en aquellos campos de azufre que el mismísimo Destino había puesto en mi camino impidiéndome el paso, y un brote de ilusión echaba fuertes raíces en mi corazón. El Romeo que se suicidaba por perder a su Julieta, hoy ansiaba vivir para buscarle donde fuere que se hallase. ¿Sería posible que el Destino se haya apiadado de mí? ¿O tras tanto sufrimiento, suministraba en mi alma un poco de bonanza y satisfacción? De ser así, si realmente el Destino no era un infame canalla, yo le debía una disculpa. Tiempo atrás sólo podía culpar al Destino, y filosofar acerca de él como si fuese una putada. Hoy, me retracto y desde lo más profundo de mi ser me arrodillo ante él. Hoy, Amo y señor… tu esclavo te susurra: Perdóname.

Estoy nervioso. Hace años que no tengo una cita, una cena romántica con Bill. Esta vez será como una primera cita con el hombre que muchas veces he pensado como sería —no con el niño que no sabía de cubiertos o dibujaba garabatos en la servilleta—. Extrañaba a aquel niño de espíritu inocente y paradójicamente vivaz, volátil y atrevido; extrañaba al niño que quién sabe dónde estaría ahora… probablemente, nadando en las profundidades del olvido. Es agotador, ¿cierto? Yo mismo a veces me canso tanto del pasado, yo mismo me saturo de recuerdos y suspiros añejos.

— Te ves tan guapo papá — sonrió de medio lado Lizzie.

Mis hijos. No he sido un buen padre, no he cuidado de ellos como realmente debiese, no les he acunado y dicho a diario: Papá les ama. He priorizado primero el trabajo, el dinero y la pasión por el laboratorio. O al menos, he sido un mal padre hasta que mi vida cobró sentido. Por eso, repito hasta el cansancio que la reaparición de Bill no ha sido más que el punto de inflexión entre el Thomas con ganas de vivir y el egoísta que sólo se detenía a pensar como el mundo le azotaba y castigaba sin compasión sin imaginar que, sus hijos podrían sufrir su ausencia con la misma intensidad.

— Gracias mi cielo, de todos modos aún debo probarme el traje. — Eché un vistazo al espejo. Mi reflejo continuaba igual. El paso de los años no había podido borrar esa incandescencia de enamorado perdido y ese brillo en mis ojos que revelaban a gritos las ansias de verle, besarle y tocarle que sentía en ese instante. — Estoy muy nervioso, ¿crees que le gustara lo que le he preparado?

— ¡Claro que sí! — Agregó Ritter — Más con nuestra… hm, ¿cómo se llama?

— Participamiento — le golpeó su hermana empujándole un poco mientras yo secaba su cabello. — Nosotros te ayudaremos a que todo quede genial.

— Participación — le corregí entre risas. El reloj marcaban las ocho y la luna ya se hallaba allí, a lo alto vigilando la ciudad. Aún tenía dos horas para habituar el ambiente y pulir a mis hijos. Sobre el sofá de la sala, descansaban unas quince bolsas con todo lo necesario. Me había gastado una buena pasta en ello, casi todos los pavos que gano por sueldo a cada fin de mes, pero poco me importaba si tenía que hacerle feliz aunque fuese por una noche. Todo sea por mi pequeño, todo por tener a Bill junto a mí… siempre.

Junto a mis lucecitas, comenzamos a desempacar lo comprado. Corrimos el sofá y subí la mesa baja de madera al altillo dejando así, un espacio considerado en la sala a modo de camino. Lizzie sacó del envoltorio pequeñas velas de color blancas y amarillas, discutiendo con su hermano el orden en las que debían ser colocadas, llegando a la conclusión final que a modo de sendero quedarían mejor. Así, me recordaba vagamente al camino hacia un altar iluminado por llamas débiles que se esforzaban arduamente por brindar calor y luz. Luego, continuamos con la cocina, despejando la mesa y dejando sobre ella dos botellas de vino, escogidos por mí de una de las mejores bodegas internacionales. Seguidamente, Ritter se encargó de adornar las escaleras y su pequeña hermana, la planta baja de ésta misma. A mí, me tocaba la frutilla del postre: mi estudio.

Antes de vestirnos de modo elegante tal y como lo habíamos planeado —y sin hacer desastre— preparamos un platillo sencillo, y mientras se horneaba inundando nuestras narices con ese aroma exquisito nos colocamos la primera sesión de ropa. ¿Por qué primera sesión? Sorpresa.

— ¿Todo listo soldados? — sonreí tendiéndole el teléfono a Lizzie.

— Luces apagadas, cena terminada, velas encendidas… ¡Ah no! Sólo falta eso — rió mi pequeño hijo — Y todo ha quedado como en las películas románticas.

— Bien… —suspiró mi princesa llevándose el teléfono al oído — Hola, ¿Bill?

& Por Bill &

— ¿Vas a salir? — Habló desde el umbral de la puerta, y con el temor reactivándose y viajando a través de mis venas, le miré de reojo — Estás… bello.

Nick. Nick, aquel hombre que por simples casualidades de la vida, el Destino se había tomado la molestia de ponerlo en mi camino en el período de mi vida en el que más necesitaba de alguien y ahora… quería librarme de él. ¿Cómo había sido posible un cambio rotundo de tal magnitud? ¿Cómo el ser dulce que había logrado estimularme con sus preciosas palabras de amor a ver la vida desde otro punto de vista, a caminar y luchar se había transformado en un ser violento, abusivo y obsesivo? ¿Cuándo ocurrió aquel cambio? ¿Por qué?

— Sí, saldré. — respondí por fin dejando caer el móvil sobre mi bolso. — Y gracias por el cumplido.

— No tienes de qué agradecer. — Añadió caminando hasta mi lado, y nervioso comencé a maquillarme frente al espejo. Las marcas de mi piel, ya podían ser cubiertas por el maquillaje y de este modo, pasar desapercibidas. Podía sentir su fulminante mirada clavada en mí, analizándome de pie a cabeza con un solo propósito: formularme esa pregunta que se atoraba en su garganta. — ¿Dónde irás así arreglado?

— Una cena. Por trabajo. — Mentí. El miedo siempre ha sido el único vencedor en nuestra relación. — Me han ofrecido un trabajo en una empresa.

— ¿Tú en una empresa? — Rió por lo bajo con cierto grado de ironía que me molestó. — ¿A cuidarle los niños a tu jefe? ¿O chuparle la polla al portero? ¡Hey, es broma!

— A realizar una tarea de alto cargo. — Me atreví a mirarle, entre desafiante y pacífico al mismo tiempo. — Supongo que en mi pasado he tenido ciertos dotes, y tú no me lo has contado.

Él permaneció el silencio, y mi pavor aumentó un poco más. Calcé mis botas, cogí mi bolso y me dispuse a salir cuando sorpresivamente comenzó a toser con lozanía, sobresaltándome.

— ¿Estás bien? — interrogué extrañado, y se tomó de la garganta. El tono de la piel de su rostro comenzaba a ser morado y yo no podía ser tan mierda como para dejarle solo. — ¿Nick?

— Sí, no te preocupes. — logró decir, intentando recomponerse. — Desde que hemos llegado a Leverkusen me sucede esto. Seguro, ha de ser alergia a alguna sustancia de aquí, o de donde trabajo.

— Ah. — No sabría que decirle, me resultaba algo misterioso. — Pues, sería bueno que realices una consulta médica, ¿vale?

— Lo haré. — sonrió, y más aliviado le dejé solo. Al salir solo pensé en mi propósito de la noche: Estar con Tom.

Desde que he pisado esta ciudad, la brecha entre el pasado y el futuro se resumen en un solo presente: él. Mi Tom. Ese hombre al que le bastaron segundos para enamorarme, y un par de besos para volverme loco. Siempre que pienso en él, una sonrisa se exhibe en mi rostro. Una sonrisa de orgullo, felicidad y completa entrega. ¡Ni hablar de las mariposas que revolotean por todo mi interior! Una sensación de magia y realidad, que no es más ni menos que amor. Y cada vez que pienso en él tengo una extraña seguridad, que jamás dejaré de quererle como le quiero.

— Buenas noches señor Cesari. — Le saludo amablemente al portero, mientras él me sonríe con una cuota de complicidad que no alcanzo a descifrar.— ¿Fría la noche?

— Sí señor, más le vale que vaya abrigado aunque no lo necesitará. — Alcé una ceja y rió por lo bajo. — En la puerta está esperándole un coche antiguo que va a llevarle a su destino.

— ¿De qué habla? — Me asomé sigilosamente hasta la entrada del edificio y casi me caigo de culo al suelo. La mandíbula se me desencajó al ver el coche estacionado en el frente. — ¿Ese vehículo… está esperándome? ¿A mí?

Reí nervioso, emocionado, feliz, asustado. ¡Todo al mismo tiempo! Tom, estás loco de remate.

— Así es. — El señor Cesari comenzó a empujarme hasta la puerta y al salir, un tipo de unos cuarenta años bajó del coche. — ¡Suerte Billy!

¿Billy? Hoy se les dio a todos por volverse locos, ¿o el demente aquí soy yo?

El chofer, me tendió la mano caballerosamente al mismo tiempo que abría una de las puertas traseras. Me adentré en aquel vehículo antiguo y sonriendo como un idiota suspiré cogiendo el móvil.

Estás loco. No dejas de sorprenderme, ¿ves por qué te amo?

Le envié. Y el coche comenzó a andar. Me sentía en un cuento de hadas, sí. Sí, iban a llevarme hasta el príncipe. Oh, ¿qué chorradas estoy pensando? Mi superhéroesiempre estás salvándome.

El móvil vibró en mi mano. Un nuevo mensaje. ¿Leer? ¡Claro!

Estira tu mano hacia arriba. Explora el techo, hay algo para ti.

Parpadeé sorprendido y le obedecí. Con la palma de mi mano y en medio de la oscuridad me encontré con un papel. Tiré con suavidad de él, y al tenerlo ante mis ojos noté que era un sobre color amarillo. Al detenerse el auto ante un semáforo, pude leer su contenido.

“Eres un rey, y deben tratarte como tal. Los reyes son los soberanos de un reino, tú eres el soberano de mi alma, tú has reinado mi corazón, te has adueñado de él. Por eso voy a premiarte esta noche”.

Me mordí el labio echando mi cuerpo hacia atrás cerrando mis ojos. Me sentía totalmente idiotizado. ¿Dónde estuvo Tom todos estos años? ¿¡Dónde!? Mi corazón le pedía a gritos a la Vida un poco de amor… y aquí está. Sentí una electricidad recorrerme por todo el cuerpo, y agitando mi corazón a un ritmo loco y desenfrenado.

Durante todo el trayecto, me detuve a pensar en lo increíble que era estar junto a Tom. En cómo cambiaba mi día de un momento a otro, de la bella sensación de paz que sentía al estar entre sus brazos, de la protección que sólo sus palabras y sus besos podían transferirme. Es impresionante como alborota mis hormonas y altera mi corazón sólo un roce, es inigualable el deseo que siento por sentirlo.

En resumen… Tom es mi salvador.

— Hemos llegado joven.— advirtió el chofer ahuyentando mis pensamientos. Y aún más nervioso bajé del vehículo caminando hasta la puerta de la casa de mi superhéroe. — Buena suerte.

— Gracias. — Como por arte de magia, mi móvil volvió a vibrar. Leer.

En el jardín del Edén se hallaban dos árboles. Uno de ellos el árbol de la vida. Hállalo en mi jardín y encontrarás la llave para entrar en mi vida”.

Me quedé de a cuadros. ¿Qué coño…? Parecía una clase de religión. Lo releí sin comprender su significado y miré a mi alrededor. Todo estaba tan oscuro, que comenzaba a atemorizarme. Vale, no soy un niño, no debo temer. ¿O sí? ¡Siii!

— En el jardín del Edén, se hallaban dos árboles. — leí en voz alta. Eché un vistazo a la casa, las luces estaban totalmente apagadas. ¿Qué clase de broma era esta? — Uno de ellos el árbol de la vida. Bien…

Miré con atención el jardín de la casa. Sólo había dos árboles. ¡Exacto! Dos árboles, y uno de ellos un manzano. Caminé alrededor de él, buscándole el sentido de la frase.

— Hállalo en mi jardín. — Ajá, lo había hecho ya. — Y encontrarás la llave para entrar en mi vida.

Me crucé de brazos, entre la oscuridad y la impaciencia no veía una puta hostia. Entorné los ojos. ¡Ideas de Tom! Joder. Lo releí por quinta vez, cuando un pequeño brillo llamó mi atención. ¿Pero qué…? Un objeto metálico colgaba de una manzana. ¡Una llave!

— ¡Sí! — salté aplaudiendo, cogiendo la llave y corriendo hacia la puerta. Al colocarla sobre la cerradura, sentí como comenzaba a sudar y suspirar seguidamente de puro nervio. Oí el claro ‘click’ que anunciaba: Bill puedes pasar, eres bienvenido.

La imagen que tuve ante mis ojos me descolocó por completo.

La oscuridad moría con cada pequeña llama encendida, y con ello… se me iba la vida. Era soñado, era… espectacular. Tan romántico, suave e intenso al mismo tiempo.

— Buenas noches señor Trümper. — Ritter apareció ante mis ojos, con un pequeño traje y un moño a la altura de su cuello. Me saludó formalmente y cogió mi bolso. — Espero que disfrute de la velada.

Joder. Parecía un niño entrenado, ¿cómo era posible que empleara semejante vocabulario? Un escalofrío me azotó por completo cuando me entregó otro de aquellos extraños sobres amarillos.

“Camina hasta la cocina”.

Qué poético. Sonreí mientras Ritter me guiaba cogiendo mi mano. ¿Los niños eran sus cómplices?

— Pasa. Mi papá está allí. — Sentí como el calor asaba mi piel, y me ruboricé. — Cuando desees solo toca la campana.

¿La campana? Antes de poder preguntarle algo, desapareció corriendo. Fruncí el labio extrañado, y me adentré en la cocina. Él no estaba allí, pero la vista de la mesa me estremeció. Dos platos con la cena servida y humeante, dos copas vacías y tres velas sostenidas por un antiguo candelabro en el centro.

— Permíteme — dijo una voz a mis espaldas y me derretí. Era él. Todo sucedía de una forma tan extraña, que al sorprenderme me enamoraba aún más. — Qué guapo estás esta noche.

Sentí como su pecho se apegaba a mi espalda, y sonreí embobado.

— Gracias por todo esto. — Susurré fundiéndome entre sus brazos. — Nadie jamás ha hecho algo así por mí.

Me giró con lentitud y le miré impresionado. ¿Cuánto más quieres sorprenderme Tom?

Vestía de un modo elegante, pero aún así le sentaba muy bien. Sonrió y juntó nuestros labios sin soltar nuestro agarre. Le rodeé con mis brazos por su cuello y al separarnos sonreí con un nudo en la garganta. Sentía el deseo de llorar, de llorar de lo feliz que me sentía esa noche.

Como todo un caballero, me invitó a sentarme acomodando mi silla y sentándose —posteriormente— frente a mí.

— Buenas noches señores. —Lizzie apareció vestida como una camarera y reí ante su encantadora imagen. Tomó una pequeña banqueta, y subiéndose en ella quedó ante nuestra altura. Luego, en sus pequeñas manos cogió la botella de vino y sirvió en nuestras respectivas copas.

Comprendí, que no era necesaria la ausencia de los niños para tener intimidad. Y eso, también le daba felicidad a mi corazón. Amaba a esos mocosos.

Cenamos en silencio, mirándonos sin evitar rozar nuestros pies por debajo de la mesa buscando contacto. Guapo, bueno y encantador. ¿Qué más puedo pedir? Tom: eres el hombre perfecto.

Al terminar, se puso de pie repentinamente y me tomó de la mano casi arrastrándome.

—¿Dónde me llevas? — cuestioné sin comprender. Nos adentramos en la iluminada sala. Lizzie y Ritter ya iban vestidos diferentes. ¿Pero de qué cojones se trataba todo esto?

Un lento, una balada comenzó a sonar. El hijo de Tom, tomó de la mano a su hermana y abrazados comenzaron a bailar lentamente. Lizzie, llevaba un vestido color pastel y Ritter un traje como el de su padre.

En un abrir y cerrar de ojos, Tom intentaba ‘sacarme’ a bailar. Ni de coña.

— No bailo. — reí nervioso intentando huir del agarre. — Tooooom, ¡que no sé bailar!

— Yo tampoco sé bailar, ¿y qué? — Los niños continuaban su lenta danza a nuestro alrededor. Me enternecían por completo. — Míralos a ellos, y síguele sus pasos.

Ritter hizo dar una media vuelta desde su lugar a su hermana y yo, rodeé por los hombros a Tom, mientras él me cogía de la cintura. Apoyé con suavidad mi cabeza sobre su hombro y comenzamos a movernos al compás de la música. “¡Qué cursi!” Podrían decir algunos, pero yo me sentía tan a gusto. Tom comenzó a susurrar en mi oído, la letra de la canción. Sólo él podría tener tantas ocurrencias en una sola noche.

— Oh mi amor… — susurró y cerré los ojos. — He deseado tanto tus caricias durante un largo y solitario tiempo.

Entreabrí los ojos, y noté como los niños jugueteaban con los nuevos perfumes de su padre. Quise regañarles. ¡Eran su nuevo proyecto! Pero la voz de Tom, sumado a esas dulces fragancias me inmovilizaron lentamente…

— Y el tiempo pasa tan lentamente, y el tiempo puede hacer tantas cosas…— continuó y un fuerte dolor de cabeza me azotó arrancándome un gemido de insatisfacción.— ¿Aún eres mío?

Te amo, tú haces que todo tenga sentido. Quiero que estés bien, porque luego de la operación yo estaré fuera esperándote para apostar contigo e intentar hacerte feliz.

— Necesito tu amor. Necesito tu amor — Las sombras del pasado, juego de luces, mar de recuerdos… ¿qué coño?… — Que Dios me envíe tu amor hacia mí.

Tom… — suspiré sintiendo como se arrodillaba a mi lado — Aquí no…
Pero fue imposible, sus labios atraparon los míos intentando devorarlos más y más y más. Me puse de pie, y el me imitó sin romper el beso, le abracé por los hombros y el me cogió de la cintura apretándome con fuerza contra su cuerpo.

Te amo — suspiré maravillado. Nos miramos, y me tomó de la mano entrelazando nuestros dedos.

Tom… ¿Quién era Tom? ¿Dónde? ¿Qué… qué me sucede?

Ese aroma… ese aroma a Pasión…

Me asustas — me acerqué a sus labios y cerré los ojos — ¿Bill?
— Quiero, deseo, pido y ordeno… — susurré y le miré fijamente — que me hagas el amor ahora

¿Por qué veía a Tom conmigo en un pasado? … Qué…

Ese aroma a dolor… joder, joder. Y a… Amor ¡Joder!

¿Hay alguien que se oponga a este matrimonio? — Me giré, pero mi adorado profesor ni siquiera se atrevió a mirarme. 

La música terminó, y con ella la voz de Tom se apagó. Retrocedí unos pasos.

Mi profesor de Química, le amo papá.

Algún día formaremos nuestra familia, ¿lo imaginas?

Eres un niño pervertido…

Y tú un viejo pedófilo.

Te amo, ¿lo sabes?

Estaremos juntos para siempre, siempre. ¿Siempre?

Ni el mismo Destino va a separarnos.

Si algún día algo nos aleja…Eso no sucederá jamás.

Tu voz es increíble. Tú corazón también.

Dame tres días para demostrarte que soy al único al que amas, al único que necesitas, quieres y deseas. Tres días para que aprendas que eres mío y de nadie más.

— Bill — me llamó Tom fuera de mi inquietud mental. ¿Tom estaba hablándome? — ¿Estás bien?

Oh Tom, ¿qué dices? Te juro por cada una de esas estrellas que te amaré hasta el último día de mi vida.

Y yo para siempre jamás voy a dejar de amarte ¿entiendes?

Tom… Mi Tom, mi profesor. ¿Tom?

Estoy en la puerta de la catedral, voy a casarme con Jessica.

Jessica… Jessica y Tom… Lizzie y Ritter y…

Voy a alcanzarte, vas a quedarte conmigo. Estás obligado a cumplir la promesa de quedarte conmigo para siempre Thomas.

La lluvia comenzó a caer sobre mi cuerpo, y una fuerte luz blanca me cegó. De repente todo se volvió oscuridad.

— Bill no me asustes. — Miré a Tom con lágrimas en los ojos, y se acercó hacia mí. — ¿Bill? ¿Pequeño?

Pequeño

Te amo pequeño

— ¿T-tom? — tartamudeé e inevitablemente, un llanto desconsolado se adueñó de mí. — Eres tú Tom…

El pasado ha vuelto por mí. El pasado me tiene en sus manos.

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

Un comentario en «Profesor 15»
  1. OMG termina con un final de película. Acaba de recuperar la memoria y eso nos deja con mil dudas. ¿Lo perdonará? ¿Se entregará a él? ¿Qué pasará con Nick? OMG, hay que seguir leyendo.

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