Profesor 3

«Mi profesor de química» Temporada 2

& Capítulo 3 &

& Por Bill &

Nauseas. Al parecer, los largos viajes me provocaban nauseas. El camión no dejaba de moverse de un lado a otro, la boca de Nick desprendía olor a alcohol, las risas de Yuki no me permitían siquiera poder dormir; y aquel señor regordete que habíamos recogido en la ruta emanaba un espantoso olor a sudor que terminaba por descomponerme. Luego de empacar, llamé un taxi pero para mi sorpresa Yuki llegó a casa para decirnos que él nos llevaba en su camión hasta Leverkusen. Aún no logro comprender el por qué de ese repentino cambio.

Tras visitar aquella vieja preparatoria, me propuse algo a mí mismo. Ahorrar. Ahorrar sin tocar el dinero que me dejaron mis padres y reconstruirla, darle vida —porque en el fondo sé que algo me ata a aquel lugar, algo me une. Algo o alguien que ha estado en ese lugar se ha ganado parte de mi vida y probablemente mi corazón—.

— ¿Quieres? — Preguntó Nick entre carcajadas y fruncí el ceño con el estómago revuelto — Vamos Bill, bebe un poco.

— He tomado la medicación, no puedo beber alcohol — le aparte la botella con la mano, genial. Comenzaba a sacarme de mis casillas, necesitaba respirar por un momento. — ¿Pueden aparcar?

— ¿Ahora? — añadió el puto chino descojonándose de la risa. Me quería bajar, necesitaba bajar. Quería respirar, beber agua, mear y estirar las piernas que comenzaban a acalambrarse. — pero si ya casi llegamos.

— Aún quedan unas horas — Aumentó la velocidad y el corazón se me puso a mil de los nervios. — ¡Y Nick va totalmente despreocupado, tú borracho como una cuba y sin dormir! Si quieren matarse, háganlo ustedes. Yo me bajo, quiero vivir. Mi cuerpo no toleraría pasar por otra situación por la que ya he pasado. ¡Frena!

— ¡Qué aguafiestas eres! — él me tomó por el brazo apretujándome con fuerza contra su cuerpo, y al ser más fuerte que yo se me hizo casi imposible liberarme. Yuki comenzó a juguetear con el volante y mi desesperación estaba al borde del colapso. Esperaba que Nick, como mi pareja me defendiese y valorase un poquito más mi vida, mi estado y mis putas decisiones. Pero no, él bebía y yo tenía que tolerar a un gordo mal oliente y a dos borrachos locos de remate. Esto no iba a quedar así…

— ¡Que frenes he dicho, joder! — grité con todas mis fuerzas y me abalancé, colando mi pierna y pisoteándole los pies con saña hasta dar con el pedal de freno. Y como siempre, lo conseguí. El camión dio un pequeño giro y se detuvo al instante. Nos miramos jadeantes y antes de perder mi oportunidad abrí la puerta que estaba a mi lado.

— Tú, inconsciente de mierda duérmete un buen rato — señalé a Yuki amenazante y asintió resoplando — Y tú me decepcionas. Búscate una estación de servicio, lávate la cara y bebe café que apestas.

— Bill — intentó excusarse, pero me adentré entre los árboles y me perdí en busca de calma. Respiré profundamente y el frío viento comenzó a brindarme una tranquilidad casi infinita. Cerré los ojos y caminé sin rumbo alguno alabando a la madre naturaleza por tan precioso lugar. Los árboles poseían una altura admirable, con una corteza fuerte y unas hojas enormes que danzaban en una misma dirección desafiando al viento en marcar un mismo ritmo. Si fijabas la vista en uno de ellos, notarías de inmediato pequeños nidos de aves empollando sus huevos, detrás de aquel precioso verde se escondía el sol y sus míseros rayos parecían nacer de entre los árboles. El cielo apenas se podía divisar pero era lo de menos cuando te sentías tan protegido. Suspiré, desabrochando los botones de mi abrigo, mis pasos crujían con restos de hojas hasta que algo me sobresaltó de sobremanera y mi corazón comenzó a latir atemorizado. Podía oír otros pasos muy cerca de mí.

Dejé descansar mi espalda sobre uno de aquellos árboles, con mi pecho subiendo y bajando completamente acojonado hasta que vi lo que había estado oyendo.

Si quieres otro, deberás atraparme. — Rió aquel niño, y el hombre como un adolescente enamorado, sonriendo completamente arrobado comenzó a perseguirle.

No me atrapas, no me atrapas — se burló, y casi pudo tomar algunos de sus oscuros cabellos — ¿Qué sucede? ¿Tomi está muy viejo?

Podía sentir claramente el palpitar de mi corazón subiendo hasta mi garganta, y mi mirada se tornó más acuosa. Mi respiración estaba a un hilo de cortarse, y mis piernas no querrían responder. Aún así, giré mi vista hasta donde les había visto irse y caminé hacia ellos.

¿Viejo?—Y el mayor se lanzó sobre él rodando por el suelo montaña abajo, sin soltarle ni dejar de reír. Era como un arriba, abajo, arriba, abajo muy rápido. Al impactar contra la hierba quedó encima de aquel niño con el pecho subiendo y bajando rápidamente. — Te atrapé.

Parpadeé con los ojos muy abiertos y el labio inferior temblando débilmente por culpa de aquel llanto que no me atrevía a liberar, y corrí montaña abajo. Si no fuera porque no estoy loco, hubiese jurado que el viento quería revelarme una verdad pero yo era incapaz de poder oírle, mi corazón se negaba a oírla, mi alma le rechazaba todo el tiempo.

Augh — se quejó el niño sin dejar de reír cuando le apretó contra su cuerpo — Eso ha sido genial jajajaja, ¿otra vez?

Yo… el niño era yo. Pude ver mi rostro luciendo orgullosamente una sonrisa enorme, una sonrisa como la que jamás me había visto en los últimos cuatro años. Permanecí en silencio, intentando que mi cabeza procesara calmadamente lo que sucedía pero no quería entender. ¿Y quién es aquel que no comprende de razones? ¿Quién es aquel que por más que le busques la incógnita jamás puedes hallarla? ¿Quién es el culpable del dolor más grande? ¿Quién es el responsable de la felicidad más sorprendente que existe? ¿Quién es el único capaz de crear un cóctel de emociones? ¿Quién es el héroe, el villano, la enfermedad y la cura al mismo tiempo? Quién más que el amor…

Levanté la vista, avergonzado de mi propia desdicha. Sintiéndome un completo fracasado por no recordar los momentos más felices, un total infeliz. Unas lágrimas rodaron por mi mejilla y sólo me quedé estático viéndolo todo, sin preguntarme si era producto de mi desesperada imaginación o… yo había estado antes allí, cerca de la montaña a los besos con un hombre mayor que yo. Hombre que por como alcanzaba a verle, de mil metros podía descubrir que no era Nick.

Tengo una idea mejor — y sin previo aviso, se apoderó de sus labios y sus grandes manos se deslizaron por debajo de aquella negra camiseta. El niño suspiró con las mejillas ruborizadas al descubrir que sus caricias le inyectaban la inmunidad a cualquier sensación desconocida, a cualquier mal frío. Se dejó desnudar y besar cada rincón de su piel, con la hierba causándole cosquillas en sus piernas. Con la luna brillando en lo alto, sus vahos se mezclaron en el aire, y sus gemidos se perdieron en la soledad de la noche.

Mi cuerpo comenzó a recibir pequeñas descargas desconocidas. Una sensación jamás experimentada o mejor dicho… imposible de recordar. Una mezcla de sentimientos que Nick no podía regalarme y que a un fantasma del pasado no iba a permitirle hacerlo.

Te amo… te amo con una locura, una pasión que jamás creí que podía llegar a amar.

— ¡No! ¡Basta! — Grité tapándome los oídos con las manos — ¡Déjame! ¡Salte de mi cabeza!

Te amo, yo te amo más a ti Tom.

— ¡No! — dije en un hilo de voz. La figura de mi versión en niño arqueó la espalda, mordió su labio inferior y gimió por última vez antes de llegar al orgasmo. — ¡Déjame!

Me giré y eché a correr tenía que regresar al camión, tenía que regresar.

Vuelve aquí pequeño…

Por primera vez, mis piernas me permitieron correr con rapidez pero al detenerme por aire, me giré jadeante y lo que vi fue completamente diferente.

Un hombre me daba la espalda, y lloraba junto al cuerpo de otra persona… No pude ver sus rostros, ni sus caras, no más de la mitad de su cuerpo. Mi cabeza había trabajado demasiado pero de algo estuve seguro. Lágrimas cristalinas caían de sus ojos sobre aquel cuerpo sin vida y yo… me sentía morir a medida que su llanto era más tortuoso. ¿Ese hombre había sido mi asesino? O acaso Nick no era sincero y… ¿Aquel hombre había sido el amor de mi vida? No lo sé…

& Por Tom &

Mi padre me fulminó con la mirada. La campaña de cremas para rejuvenecer no estaba funcionando y claramente era mi culpa. Mi cabeza no admitía otro tema que no sea: Bill, mis hijos… Bill, mi amor, mi pequeño y la locura a la cual estaba a punto de caer. La concentración, las nuevas ideas y el éxito ya no formaban partes del rompecabezas que representaba mi vida.

— Alemania es uno de los países más importantes en este rubro — Me puse de pie sobre la mesa y miré a los inversionistas uno a uno. ¿Dónde coño estaba el nuevo? — La química ocupa el tercer lugar en este país, y nuestra compañía abarca el sesenta y seis por ciento del mercado. ¿Qué otra razón necesitan para que le seamos útiles, fiables?

— Un producto que revolucione, que capte la atención de todo el público — Arqueé una ceja mientras aquel tipo me desafiaba — Un producto que no sea únicamente para mujeres que quieren oler bien, lucir más guapas o con muchos años menos. Ahora está la cirugía estética, el bótox, entre otras cosas; y para muchas es más útil y efectivo que una crema que cueste doscientos pavos.

— Algo innovador — añadió la mujer que le acompañaba — Tiene dos semanas Kaulitz. Dos semanas para demostrarnos que podemos confiar ciegamente en su compañía.

Se retiraron con aires de vencedores y me desplomé sobre la silla. Mi padre cerró la puerta y se sentó junto a mí, cruzando los brazos.

— No se me ocurre nada, tú eres el químico aquí — Joder, qué fácil es cargarle la responsabilidad a otro — En tus manos está este negocio, en tus manos Tom.

Luego de emitir un largo suspiro, me dejó solo y pesadamente caminé hasta el ventanal. Pegué mi frente a él y miré la ciudad. Se podía ver claramente todo desde allí… pero había algo en aquel reflejo que no encuadraba. Un hombre destruido que necesitaba amor. Un hombre que no sabía dónde ir, dónde estar, cómo salir, cómo reír. Un hombre que sólo fingía estar bien, un hombre que necesitaba de un niño que ya no le necesitaba… Un hombre capaz de venderle su alma al diablo por tener al amor de su vida junto a él otra vez, y capaz de dar su vida por una nueva oportunidad. Un hombre que una vez confió en el amor, en vez del destino…

Siempre serás el amor de mi vida más allá de lo que el jodido destino decida y disponga para nosotros. Pero ten por seguro, y jamás olvides que si un día, el destino nos separa, la vida y el amor nos volverá a poner en el mismo camino.

Pero claro estaba, que el destino le había utilizado a su antojo, había sido el amo y él su simple peón. Ahora no podía cambiar aquel daño…

Miré mi reflejo, miré mis ojos. Ya no poseían brillo, luz ni vida. Golpeé el cristal con el puño y rompí a llorar. Los primeros dos años, lloraba únicamente por la noche abrazando mi cuerpo en el frío de la cama imaginando que sus delgados brazos me rodeaban y su dulce voz me susurraba un te amo antes de dormir. Luego, sólo quedó un latente dolor que ya me azotaba a toda hora impidiéndome respirar. ¿Cómo concentrarme? ¿Cómo triunfar si mi cabeza solamente responde a una cosa? Bill…

¿Cómo continuar sin sus besos?

Tienes que hacer fuego — se mordió el labio con picardía y le besé. Sí, un intenso beso una vez más. — Busca algunos papeles de periódicos, libros viejos. Lo que encuentres, y enciéndelo. 

¿Cómo tomar rumbo sin sus manos paseándose por mi cuerpo?

Eres hermoso — sonrió pasando su mano por mis hombros, mis brazos y mi pecho — Me gusta como se siente tu piel.


¿Cómo darle vida a mi corazón, si no tenía el suyo conmigo repitiéndome a toda hora cuánto me amaba?

Te amo — dijo abrazándome debajo de mí — Juro que no cabe tanta felicidad en mi pecho.

Dame tres días para demostrarte que soy al único al que amas, al único que necesitas, quieres y deseas. Tres días para que aprendas que eres mío y de nadie más.

Ahora no pido tres días. Ahora le pido al destino un poco de paz para las cenizas que quedan de lo que una vez fue mi alma, y una nueva lección: Cómo vivir sin ti.

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

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