Profesor 5

«Mi profesor de química» Temporada 2

& Capítulo 5 &

& Por Tom &

Ciego. Incapaz de ver otra imagen en mi mente que no sea la figura de aquel muchacho de rastas, delgado, alto, moreno. Sordo, sí. Completamente ensordecido con tan sólo una palabra, cuatro letras y un sentimiento imposible de matar: Bill.

El corazón latía tan fuerte en mi pecho, que hasta las paredes giraban ante mi vista, el suelo temblequeaba como si fuese de gelatina y no tenía la completa seguridad de si aún estaba de pie. Me mareaba la forma en que tantos sentimientos que habían estado quietos, inertes, casi muertos durante años; ahora volvían a encenderse y danzaban hiperactivos por mi interior.

— Señor, señor le han llamado de la empresa para las pastillas de… — habló mi secretaria, incluso caminando detrás de mí, pero no quería oír otra cosa que no sea mi corazón. Mi abatido corazón. — ¡Señor!

— ¡Que le den al puto calcio! — grité y atravesé el pasillo con rapidez. Al doblar, me crucé con mi padre luciendo de esas sonrisas triunfadoras típicas de su rostro, pero tampoco me importaba saber qué viejo ambicioso estaba dispuesto a comprar o vendernos acciones, ni qué señora de clase se quejaba por el producto. No, basta de trabajar por un puto día. Me adentré en mi oficina y caí en la cuenta…

Si Bill realmente estaba en Leverkusen no podría acercarme a él por aquella promesa…

— Te juro pequeño que si tú te recuperas, caminas, corres, ríes y eres feliz… me alejaré de ti para siempre.

No podía permitirme que por sanar mis heridas, el pequeño tuviese que sufrir una vez más. ¡Un momento! Yo juré alejarme de él, sí claro está, pero… ¿Cuenta que sea él quién se acerque a mí?

Entonces el fino vello que cubre mi cuerpo se erizó electrizándome a base de escalofríos. Una sonrisa nerviosa mezclada con un llanto inquietante se fundieron en una misma cara, inundando mi cuerpo de espasmos y temblores, desesperación, ansiedad y amor. Una combinación tan peligrosa que podía tomar mi corazón, acunarlo para luego estrujarlo para siempre. ¿Cuántas frías y oscuras noches he llorado rogándole al cielo una gota de piedad? ¿Cuántas horas he rogado tenerle a mi lado por última vez y sentir sus labios sobre los míos, brindándome esa calma inocente y pura que sólo él es capaz de derrochar? ¿Cuántos minutos me he pasado solitario, tocando el piano observando con lágrimas en mis ojos la rapidez de mis dedos moverse y recordar que alguna vez esos mismos dedos se pasearon por su cuerpo, nerviosos y dubitativos obsequiándole protección, placer y afecto? ¿Cuántos segundos me he culpado? ¿Cuántos días he dormido abrazado a la prenda que llevaba la noche del accidente? ¿O cuántos he pasado sin dormir por culpa de ese asesino interno llamado dolor? ¿Cuántos recuerdos he recordado? ¿Cuántos he olvidado? Ninguno. ¿Cuántas noches le he soñado? Todas. ¿Entonces, por qué me condeno a la peor tortura? ¿Por qué yo mismo me arrojo al abismo del olvido, si ahora hay probabilidades de volver a tenerle? ¿Por qué ignorar esos sueños que aún viven en mi interior y que también te pertenecen, Pequeño? ¿Por qué resistir al nudo que se halla atorado en mi garganta cuando tú, a prueba de amor borras rastro de tristeza y oscuridad sobre todo lo que tocas? ¿Por qué tener que cumplir una promesa que no fue mía? Claro que no, porque un Thomas enamorado jamás prometería semejante cosa. Sólo un Thomas prisionero por la furia, el rencor y la tristeza podría prometer tantas chorradas, sólo un Thomas ido y decepcionado podría entregar su amor al destino y vender su alma a la perdición. Y ahora, en el presente, queda un Thomas loco de amor por un recuerdo que ahora revive lentamente, como un Fénix lo hace de sus cenizas. Ahora quiero que quites el polvo del pasado, abras la caja de los recuerdos y sonrías como el niño que eras para correr a mis brazos con tus gritos y berrinches, saltando sobre mí para repetirme cuánto me amas y llenarme de besos.

Delante del escritorio, cogeré un papel y escribiré una carta.

Estimado Destino: Me dirijo a usted con el fin de comunicarle que es una puta mierda. Debería hacer mejor su trabajo, tal vez coordinando con la felicidad o aceptando las propuestas de los sentimientos podría lograrlo. Algunos le odian y otros, a veces, le dan las gracias. Yo me pregunto, ¿qué le he hecho yo para ser tan vengativo? ¿Qué le hemos hecho Pequeño, y yo para que sólo nos transfiera desdicha y distancia? O más bien… ¿Por qué ahora intenta ser bueno y volver a acercarnos? Lamentablemente, la respuesta la tiene una sola señorita, una incomunicable e infinita, que jamás se sabe cuando llega y cuando se va. ¿La conoce? Apuesto que sí, se llama vida. Y si a alguien le debo un agradecimiento porque el amor de mi vida hoy esté de pie, respirando en alguna parte, es gracias a ella. Ahora, le daré una última oportunidad. Cójale la mano a la felicidad y al intacto amor, y bríndeselo a mi Bill… toque su corazón y regrésemelo, porque usted me lo ha quitado.

Ladrón, mentiroso y cruel. ¿Cuándo aprenderá de las lecciones que nos da el amor? Jamás. ¿Sabe por qué? Por su puta espontaneidad.

Una lágrima se derramó sobre la carpeta de trabajo. Parpadeé seguidamente y a ella le hicieron compañía dos pequeñas gotas más. Miré alrededor, la oficina me atrapaba poco a poco, las paredes se acercaban sigilosas hasta mí amenazando con aplastarme. Aplastar a mi corazón de una buena vez. ¿Debo luchar? ¿Debo buscarle? ¿Debo repetirle hasta el cansancio que cada milésima de segundo que transcurre más le amo y más me duele no tenerle? ¿Me cansaré de mí mismo? ¿De mis debates mentales y sentimentales que no van ni vienen a ninguna parte? ¿Cuándo voy a tenerle en mi cama, a mi lado, en mi vida? ¿Cuándo seremos la familia que tanto deseé? ¿Cuándo podré ponerle fin a la penumbra que nos rodea y amenaza con apagar todo definitivamente? ¿Por qué siempre me cuestiono lo mismo? ¿Cuándo…? ¿Cuándo te he perdido, cuándo te he dejado, cuándo te he amado y cuándo he muerto en tu corazón para ti? ¿Cuándo pequeño? ¿Cuándo nos volveremos a ver? Espero que sea muy pronto, de lo contrario el motivo de mi vida se habrá fulminado para siempre. He descubierto, que recordarte es más cruel que olvidarte… y seré sádicamente masoquista, porque quiero recordarte toda mi vida.

— Señor Kaulitz — expulsé el aire que contenía en mi pecho, y miré a mi secretaria. — Disculpe que le moleste, sé que no le gusta que…

— Entres sin tocar — le interrumpí molesto, pero sequé mis lágrimas y bajé la mirada — Olvídalo Lucy, dime qué sucede. ¿Te han entregado los informes sobre la fragancia para la crema relajante?

— No señor, ha llegado el nuevo contador. Su padre está enseñándole las instalaciones de la empresa — Por un momento le quité importancia y me limité a alzar una ceja, repito por un momento. — El señor Jörg me ha pedido por favor que le comunique que le espera en la sala de juntas para que le conozca al nuevo empleado.

Pesadamente me puse de pie, y recordé un pequeño detalle:— Déjame solo un momento Lucy, y dile a mi padre que ya estoy con ellos.

Amablemente asintió y me dejó nuevamente sumergido en la soledad, donde siempre he estado hace poco más de cuatro años. Abrí con fuerza el cajón del escritorio, y allí estaba. Siempre boca abajo, el retrato de un amor tan fuerte como un huracán, tan transparente como el agua de una cascada y tan puro como la naturaleza misma. Veía a ese hombre feliz que he sido alguna vez, abrazando a un pequeño de uniforme colegial por detrás, y ambos sonreíamos con la ilusión de estar juntos por siempre, sin importarnos nada ni nadie. ¿Por qué se ha derrumbado? ¿Quién ha sido el verdadero culpable entre nosotros dos? ¿Por qué se han borrado esas sonrisas?

Besé el cristal como si tocara sus labios y cerré los ojos con fuerza. Llevaba conmigo una imagen suya a donde fuere que vaya para tenerle presente, a pesar de tener una imagen viva en mi mente…y a pesar de tenerle vivo a él en mi interior. Ya no más…

Suspiré y volví a colocarlo en su lugar, esta vez boca arriba echándole un último vistazo a la unión de nuestras manos en la foto y recordé vagamente una conversación de años atrás que había tenido con mi mujer.

— ¿No puedes dormir Jess? — Su enfermedad le carcomía su vida noche a noche, sus quejidos lastimeros aumentaban su gravedad y me sentía impotente de no poder hacer nada para su bienestar — Ten, tu vaso de agua.

— Gracias…— dijo en un hilo de voz, cogiéndolo con sus manos temblorosas y para calmarle acaricié con suavidad su abultado vientre— Pero veo que no soy la única que no puede pegar un ojo… ¿qué te sucede?

— Tengo una composición y no sé que nombre darle. Me tiene frustrado — admití sentándome en el extremo de la cama y oí su suspiro resignado— La que has oído esta tarde.

— Pequeño-sinfonía — no bromeaba, su tono me demostraba sinceridad. Entendía a la perfección a qué se refería, gruñí dudando acerca del nombre — Esa melodía es tan dolorosa, que repite el nombre de aquel niño a cada momento y sé lo que quieres transmitir.

— No es lo que tú crees — le advertí. No tenía ánimos para discutir, mucho menos sabiendo de su estado de salud.

— Te sientes culpable — lo sabía. Resoplé volviendo a acostarme, esta vez boca arriba, conteniendo el puto llanto — Derrocha sentimientos de ira, de dolor, de culpa, inclusive de odio y repulsión. No hacia Trümper, sino hasta la vida que has escogido llevar. Dime, ¿qué haces conmigo en la cama en vez de estar tomándole de la mano incentivándole a vivir?

— No lo sé…— una lágrima rodó por mi sien y se perdió entre mi cabello— Esto es lo correcto, yo hice una promesa.

— Has olvidado la promesa de amarle para siempre — se recostó luego de dejar su vaso sobre la mesita de noche y se cubrió con las cobijas hasta los hombros — Una promesa de amor, vale mil veces más que una promesa hecha por desesperación. Escoge una, dudo que ambas puedas cumplir.

Y se durmió dejándome con un millón de preguntas sin respuestas, a las cuales jamás le busqué el resultado y que tal vez ahora podrían cerrar a mis cálculos. O mejor dicho, Bill podría hallar una a una las respuestas.

Abrí la puerta de mi oficina y caminé inhalando y exhalando tranquilamente para mantener la calma, mis ojos probablemente revelarían mi estado pero me daba igual. ¿Quién dijo que los hombres no lloran? ¿Quién determino que los que lo hacen son maricas? ¿Un hombre marica acaso no es un hombre? Tiene las mismas facultades y derechos que cualquier heterosexual, excepto que posee otros gustos, otra orientación sexual. Los maricas son diseñadores, floristas, cocineros, empresarios, bailarines y hasta religiosos, entonces ¿qué les hace realmente diferentes de un heterosexual? Que aman con el corazón, sin pensar en razones naturales o científicas. Sólo aman y entregan todo por su compañero.

Mi mano se aferró al picaporte de aquella puerta, sin saber que marcaría una línea en mi vida. Un límite entre mi pequeño del pasado…y mi hombre del presente.

— Buenos días — saludé amablemente, mi padre conversaba con un joven de traje oscuro que me daba la espalda. Carraspeé para captar su atención y fue en ese preciso instante cuando se volteó y una puñalada mortal atravesó mi cuerpo. No era posible… no… otra vez el destino me juega sucio. ¡Otra vez me hace daño!

— Hijo, te presento a Nick De Imon. — Su amplia sonrisa, perversa y fría me recordó a cuando me pidió que me alejara de Bill para siempre. Me extendió la mano y miré su gesto con atención, y nuevamente ensordecí. ¿Por qué? ¿Por qué le doy una oportunidad al Destino si a cada paso que doy aplasta mis sueños y mis esperanzas? ¿Por qué me hace esto? ¿Una prueba? Acaso… ¿será una prueba? De ser así, la acepto dispuesto a luchar y a ser victorioso como fuere.

Cogí su mano, y la movió suavemente:— Thomas Kaulitz, químico— recalqué para refrescarle la memoria — Un placer señor Deimon.

— De Imon — me corrigió, y entorné los ojos quitándole importancia — El placer es mío, trabajar con el joven químico más prestigioso del país es todo un reto.

Pero se equivocaba. Yo estaría dispuesto a desafiar un reto aún mayor: Recuperar a Bill, cueste lo que cueste.

& Por Bill &

No sé si en el pasado me ha gustado la música.

No tengo la seguridad si los niños me han agradado desde siempre.

Tampoco, si me he enamorado otras veces…

Pero ¿quién me dice que me conozca realmente yo mismo, en el aquí y ahora? A veces, basta con oír, decir, o probar alguna cosa para tener ese firme sentimiento de: Puaj, esto jamás me ha agradado. Pero cuando pienso en lo que pude haber sido yo mismo, no tengo opciones para escoger, ya que una laguna profunda y oscura se proyecta en mi cabeza como la única imagen de mis recuerdos.

Aumenté el volumen del equipo musical y una melodía de un piano penetró por mis oídos. Cogí revistas, tijeras, papeles de colores y los desparramé por el suelo; y como un niño ansioso por jugar con ellos me crucé de piernas recortando formas, números y letras para el día siguiente. La melodía me relajaba, mis músculos se destensaron y mi respiración se calmó. Hasta inexplicablemente un brillo y fuerza por sonreír iluminó mi rostro.

A veces, olvidar es más doloroso que recordar. Sólo a veces, en mi caso por ejemplo. Porque duele dentro no poder saber qué o quiénes me robaban sonrisas, lágrimas, suspiros, susurros y hasta jadeos. ¿Quién era la persona que me incentivaba a estudiar? ¿Quién era la persona que borraba mi llanto? ¿Quién me calmaba con la dulzura de su voz? ¿Quién me regañaba cuando estaba haciendo algo incorrecto? ¿Quién me robó el primer beso? ¿Quién me acarició por primera vez? ¿Quién me hizo feliz con el primer ‘te amo’? ¿Quién ocupó mi corazón en la infancia? ¿Quién fue mi ídolo, mi héroe y salvador? ¿Quién me robó la inocencia? ¿Con quién he compartido la adolescencia? ¿Quién me ha hecho feliz?

A pesar de eso, tengo una duda más grande, inquietante y perturbadora: ¿Dónde está el verdadero Tom? El Tom que aparece en mi mente y me persigue más que mi propia sombra, ¿dónde se encuentra? ¿Cómo es? ¿Quién es? ¿Es real?

Me puse de pie al finalizar la melodía y bostecé. La noche vestía a la ciudad con su oscuridad y el cansancio quería apoderarse de mí, Morfeo llegaba a acunarme en sus brazos. De repente, mis piernas temblaron un poco y la desesperación se trepó por mi cuerpo. Otra vez, joder, no.

Me senté sobre el sofá frotándome los muslos sin dejar de repetirme:— Estoy bien, no es nada. Estoy bien.

Me desplomé suavemente dispuesto a descansar un poco…

— Bésame Tom…

— ¿Dónde estás tocándome? — Te gusta, ¿o quieres que deje de tocarte así?

— Haa, no pares…más duro, más fuerte, más rápido. Oh, sí… más…

— Hacer el amor contigo es la adicción más jodidamente dulce que he probado en mi vida y de la cual quiero vivir siempre.

— Tus manos por todo mi cuerpo, tu boca por todo mi cuerpo.

— Voy a comértelo Tom, y luego vas a hacerme el amor como el tigre que eres.

— Eres un niño malo — Y tú un viejo pervertido hm.

— Me vuelve loco tocarte pequeño…

— Quiero que nos quedemos unidos para siempre, no salgas de mí por favor.

— Bill despierta — Una voz se coló entre nuestros cuerpos.

— Termina dentro de mí, hazlo Tom… ¡Joder, hazlo que duele!

— Bill, cariño te has quedado dormido aquí…— esa voz. Esa voz la conozco. ¿Quién es?

— Ohh siii… te amo.

Abrí los ojos desmesuradamente y me encontré ante un Nick sonriente—pero preocupado—sin dejar de mirarme. Automáticamente noté el sudor presente en mi cuerpo, y el calor formar parte de mi piel. Él me guiñó un ojo y lo comprendí… joder, no. Mis pantalones, ¿me había corrido mientras soñaba?

— ¿Con qué soñaba mi niñito pervertido? — pervertido… Viejo pervertido. — Menuda erección ganaste.

— No lo recuerdo — mentí reincorporándome poco a poco. Debía cambiar de tema, antes de que se acercara a mí e intentara acostarse conmigo — ¿Qué tal te ha ido con tu nuevo empleo?

— Genial, estoy contratado — sonrió triunfante contagiándome su entusiasmo— Ahora seré el contador de la empresa química más prestigiosa del país.

Algo en mi interior se paralizó, y una llama desconocida se encendió quemándome las entrañas.

— ¿Has dicho química? — susurré en un hilo de voz completamente abatido.

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

Un comentario en «Profesor 5»
  1. Que doloroso ha sido leer estos capítulos en los que han estado separados. Pero ya están en la misma ciudad otra vez y lo mejor de todo, es que los pequeños hijos de Tom ya quieren a Bill, incluso quieren que alguien como él, sea su mamá >_< que dulces. Me muero por seguir leyendo. Gracias a todos por venir a visitar la página y los invito a comentar, para agradecer a Ignacio, el esfuerzo en escribir una historia tan maravillosa como esta.

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