Profesor 7

«Mi profesor de química» Temporada 2

& Capítulo 7 &

& Por Tom &

— Limpie el pavo y extraiga todas sus vísceras — Leí en voz alta. Cocinar es otra de mis debilidades, otra que también me recuerda a mi pequeño cuando me pedía que le cocinara deliciosos platillos luego de hacer el amor como dos locos. — A parte mezcle el jugo y cáscara de naranja, aceite, ajos, pimienta y sal, sazone con esta mezcla el pavo.

Quiera o no, a cada paso que doy, un recuerdo se instala en mi cabeza y mi corazón comienza a palpitar de manera lenta nombrándole, llamándole, rogando a que venga a por mí. Al salir de la oficina no hice otra cosa más que sonreír esperanzado de encontrármelo por la ciudad un día de estos. Si Nick ahora vivía en Leverkusen, si Bill estaba en la ciudad a la mierda la promesa de no regresar a por él, ahora estaba bien y eso era lo que vale ¿cierto? Aunque…las palabras de su tan amable pareja me dejaron intranquilo…

— Lucy llama al señor de Imon a mi oficina por favor — ordené a través del teléfono— Y deja de pensar en lo que has visto hoy, ese tipejo tiene con quien estar y mi corazón ya tiene propietario.

— De acuerdo señor Kaulitz — su voz ya sonaba tranquila y con su tono fino como siempre. Joder, ni que se corriera un rumor con ese desgraciado. Gracias al cielo, sólo me atrae una persona, un sólo niño. Sí, mi pequeño.

Finalicé la comunicación y de inmediato cogí un formulario para rellenar con los datos personales de Nick, de ese modo podría saber dónde estaba viviendo y así poder hallar a Bill. Dos toques bruscos a la puerta, fueron el anuncio para saber que ya le tenía del otro lado y que probablemente, se dibujaba una línea borrosa entre mi pequeño y yo; una línea que pronto voy a cruzar.

— Pase — agregué rápidamente y se adentró en mi despacho. Con sus manos escondidas en sus bolsillos y su andar de semental superado. Me hervía la sangre sólo de imaginar a mi pequeño en sus brazos — Ten, debes completar los espacios en blanco.

— ¿Qué es? — Le extendí el papel y sonrió de medio lado — No, gracias.

— Debes llenar ese formulario, es para el historial de la empresa — volví a extendérselo, pero con aires de maleducado se sentó en la silla que estaba frente a mí, y comenzó a tocar los adornos sobre mi escritorio — Puedes sentarte.

— Gracias — Sonrió ante mi ironía, pero ya estaba cabreado de sobre manera — Oh, mira qué par de niños tan hermosos. ¡Parecen dos ángeles!

— Son mis hijos — añadí orgulloso y le quité el portarretratos de la mano— Llénalo.

— Tu padre ya me lo ha dado, y se lo he entregado a él — cogió el papel, lo hizo una bola y lo arrojó al cesto de basura. Luego, giró lentamente su cabeza cruzando nuestras miradas y sonrió relamiéndose los labios. La ira, se inyectó en mi sistema corriendo a través de mi sangre y apreté los dientes para no llenarle la cara de golpes. — Bill no te recuerda.

Permanecí en silencio. Le miré interrogante y el corazón se me subió a la garganta. ¿Qué me ha de paralizar más? ¿Su nombre o que lo suelte así de sopetón? Bill no me recuerda. ¿Cómo? ¿Por qué?

— No se a qué viene eso — me removí sobre la silla, un extraño calor se trepó por mi cuello y masajeé mi nuca tratando de mantener la calma — Estoy hablándote de los formularios…

— Sí, porque sabes que si te los entrego correrás a por el ‘pequeño’ — Me quedé de a cuadros. ¿Qué cojones hacía la palabra pequeño en sus cochinos labios? ¿Por qué hostias y con qué derecho le llamaba así? — Pero él ha perdido la memoria de manera permanente, y quedado paralítico un buen tiempo con el golpe que le has dado la noche que quisiste matarle.

— No quise matarle — interrumpí golpeando el escritorio. Joder, ¿cómo era posible? No me recordaba. ¿Por qué no me recordaba, si yo lo hacía a toda hora, segundo a segundo? — ¿Pero… no recuerda nada?

— Nada de nada — se puso de pie y frunció el ceño. Aquí viene el airecito de superado nuevamente — Para él su vida ha comenzado el día en que se despertó luego del coma, es decir, cuando tú le dejaste y te marchaste.

Me quedé en silencio, no iba a replicarle nada. No a él.

— Así que, para Bill yo soy el único que siempre ha tenido a su lado — sonrió y mi corazón se quebró en mil pedazos, la pequeña luz encendida en mi alma titilaba amenazando con apagarse para siempre. Costaba respirar — Ni siquiera sabe que existes. Si lo ves, ¿qué ganaras? Te verá como el desconocido que eres.

Y se marchó. Intenté contener las lágrimas pero fue en vano, a los pocos segundos me encontraba desplomado sobre el suelo llorando como un niño pidiendo su biberón.

Necesitaba descargarme, necesitaba liberar cuatro años de dolor. Necesitaba… un consejero, un amigo…

Me puse de pie, cogí el teléfono y sin importar que mi voz me delatara susurré:— Lucy, ¿puedes venir a mi oficina?

— Claro — suspiré y antes de colgar, preguntó:— ¿Está bien señor Kaulitz?

En ella encontré un ser muy dulce, y una buena amiga. Me abrazó, me calmó y me dijo que sólo olvide la promesa y le busque. Le conté sobre Nick, y sobre la amnesia de Bill pero me dijo algo que las ganas de vivir, reaparecieron en mi interior.

— ¿Y? Perfecto. Lo ha olvidado, no puedes hacer nada al respecto — asentí secando mis lágrimas— Pero tienes dos opciones: buscarle y ayudarle a recordarte, o ser ese desconocido que de Imon ha dicho y empezar de cero.

— ¿Empezar de cero? — pregunté sin comprender, y me sonrió ampliamente.

— ¡Claro hombre! — Me palmeó el hombro arrebatándome un sonrisa — Enamórale, sedúcele, conquístale otra vez.

— Otra vez— suspiré sin dejar de sonreír y le abracé fuertemente sin dejar de repetirle: gracias, gracias, gracias…

Sacudí la cabeza cuando un olorcillo a quemado penetró en mi nariz.

— Joder el pavo — Maldecí tomando las manoplas para abrir el horno — Suerte, no se ha quemado. No, claro que no. ¡Se ha hecho cenizas!

— Papaaaaaaá — los niños entraron correteando y una vasija estuvo en peligro de extinción. — ¡Ritter me quiere golpear!

— ¿Cuántas veces les he dicho que no corran en la cocina? — Ambos no respondieron, se quedaron estáticos mirando la humareda que yo mismo había causado — ¿Alguien tiene ganas de cenar?

— Creo que se me ha pasado el hambre — fingió Lizzie tomándose la barriga.

— A mí realmente no, pero se me pasará cuando sirvas ese pato — asintió mi hijo y reprimí una carcajada.

— Pavo — le corregí, y negué con la cabeza — ¿Quién quiere que pida comida rápida?

— ¡Yo! — gritaron al mismo tiempo, y en menos de tres segundos volvían a golpearse y corretear por toda la casa.

Volví a mis pensamientos… Me había quedado en claro que debía buscarle, enamorarle, conquistarle y volver a tenerle. Perfecto, hermoso, soñado; sí. ¿Pero cómo saber en dónde se aloja? ¿Cómo encontrarle? Mi padre no me la haría fácil, me pediría explicaciones del por qué necesito de manera urgente los datos del nuevo empleado. A Lucy no se las daría, porque según él no es más que ‘la simple secretaria’. Y de Nick ni hablar, ni aunque le estuviesen matando me diría dónde tiene a mi pequeño. ¡Ay pequeño, pequeño! Me muero de desesperación por verte, por oír tu voz, por abrazarte. Si supieras que con la última persona que me he acostado has sido tú. Me hubiese sido tan fácil revolcarme con la primer puta que se me cruzara por en el camino, o rehacer mi vida o incluso intentarlo con Jessica; pero sería de poco hombre. Es de poco hombre decir: Es la necesidad humana. Já claro, ¿cuál necesidad? Si sólo te necesito a ti, y nadie podría compararse contigo. Nadie podría besarme de la forma que tú has poseído mis labios, nadie podría acariciarme de una manera tan dulce, porque la suavidad de tus manos es irrepetible; a nadie más que a ti podría decirle ‘te amo’ porque sólo tú logras que mi corazón vaya rápido y lento al mismo tiempo. En pocas palabras, sólo tú eres capaz de enamorarme, encenderme, provocarme y emocionarme; todo al mismo tiempo. Y sólo por ti es por quien aún me queda la esperanza de que el amor aún vive en mí. Porque jamás he dejado de amarte, y hoy quiero hallarte y demostrártelo. Quiero que recuerdes cuánto te he amado…

— Papá, papito, papi chulo — la voz de mis hijos, me sacaron de mi trance una vez más. Lizzie tironeaba de mi camiseta y Ritter me gritaba en el oído, tan fuerte que no había quedado sordo de puro milagro. — El timbre, ha llegado el tonto repartidor.

Caminé con el dinero en la mano, le pagué, cogí la comida y aún con una extraña sensación en mi cuerpo regresé a la cocina. Mis hijos, se sentaron ansiosos y recordé la noticia que debía darles. Joder, me rompería el corazón…

— Niños, debo decirles algo muy importante — Se miraron entre ellos y antes de que pudiese decir algo, mi princesa se arrodilló sobre su silla.

— ¿Tienes novia? — Reí sonoramente y negué con la cabeza — Ah, casi creí que se nos habían adelantado. Entonces, ¿qué es?

— Papá deberá trabajar por la mañana y por la tarde también — Sus expresiones inquietantes se esfumaron, y un gesto de tristeza se dibujó en ambos — No es que quiera, ¿vale? Es que el abuelo necesita de mi ayuda, de allí sale el dinero para vestirles, para llevarles al jardín, para su club de deportes de invierno, para sus antojos. ¿Comprenden?

— Sí — resopló Ritter dejando descansar su cabeza sobre su mano — Pero no queremos que nos cuide la abuela.

— Sí, él tiene razón — añadió Lizzie— la abuela es muy aburrida y nos hace ver tanto la tele que me duerme. Queremos una niñera.

Me quedé de a cuadros. ¿Qué niños prácticamente ordenaban tener una niñera? Éstos sí que eran especiales.

— ¿Una niñera? — tomé el primer bocado, y me lo llevé a la boca. Ellos se miraron, sonrieron y chocaron sus pequeñas manos. — ¿Están seguros?

— Sí, nosotros necesitaríamos una niñera por la tarde ¿verdad? — A veces, lo listos que eran mis hijos me resultaba impactante y conmovedor al mismo tiempo. Asentí para que prosiga — Pues, nuestro maestro no trabaja al menos, por ahora, durante la tarde.

— ¿Su maestro? — pregunté sorprendido. Un maestro varón, es curioso.

— Sí, sí — aplaudió mi pequeño héroe —como le llamaba a mi hijo—; — Sip, nuestro maestro Bill.

— ¿Bill? — Un vago recuerdo azotó mis pensamientos. Segundo día en la preparatoria…

Este niño se está demorando mucho, me pondré a corregir los exámenes de esta tarde. Veamos, busquemos la evaluación de este muchacho… ¡Trümper! Qué bonita letra tiene, se asemeja mucho a la de las típicas maestras jardineras. Sin ofender, claro.

Joder… podría ser adivino y ganaría una buena pasta:

— ¡¿Bill qué?!

— Trimpa, trompas, trompar — Mi corazón, mi corazón. Latidos: ciento veinte — Hm, no lo recuerdo.

— Niña idiota — Latidos a ciento cincuenta ¿Puedo morir? — Bill Trümper.

Doscientos, trescientos. Fallecí. Adiós a Thomas Kaulitz, que en paz descanse.

— Su maestro es Bill… — tartamudeé con lágrimas en los ojos. ¡Bingo! ¡Le encontré, le encontré! — Bill, ¿es Bill? ¿Cómo es Bill?

— Pues… guapo — Sonrió Lizzie con picardía — Moreno con unos hilos colgando de su cabello, alto. No, muy alto. Y muy blanquito de piel.

— Joder, sí — podía oír a mi corazón latiendo como en aquel día que nos besamos por primera vez. — ¿Es bueno, verdad?

— Sí. Muy bueno — añadió Ritter— ¿Puede ser nuestro niñero?

¿Qué si puede? ¿Tener a Bill en mi casa? ¿Ser el maestro de mis hijos? ¡Hey, Destino! Sí, tú grandísimo idiota. ¿Cómo te ha quedado el ojo? ¡Te ha salido el tiro por la culata viejo estúpido! Le tendré conmigo, le tendré conmigo.

— ¿Puede papi? ¿Puede? — Insistió mi princesa arrastrando las palabras, y asentí seguidamente como un loco desquiciado. — Gracias, gracias, gracias.

— Mañana les llevaré y hablaré con su maestro a la entrada ¿qué les parece? — me emocioné ante la idea, sin dudas esta noche no pegaría un ojo.

— ¡Y que se besen, que se besen, que se besen! — corearon los dos, y bromeando me crucé de brazos — Bueno, no. Tal vez sea mucho por un día, eso que lo dejen para pasado mañana. Pero, ¿un abracito?

Y ahora, Tom: ¿Qué más quieres pedir? Tienes a tus hijos, y pronto tendrás a tu pequeño. Ahora dejo de recurrir al destino y a la vida, ahora me presento ante el amor y le ruego que no deje de estar presente a cada segundo; ahora más que nunca necesito del poderoso sentimiento para que reviva con más fuerza que nunca, entre los dos.

& Por Bill &

Las últimas noticias, indican que el porcentaje de delincuencia en el país ha descendido un tres coma cinco por ciento…— ¿Por qué siempre los programas de noticias se transmiten a la hora de la cena para amargarle más a uno, ah?

Me senté en la mesa, frente a Nick sin mirarle. No podía olvidar sus palabras en la mañana, por lo que decidí que fuese el primero en pedirme disculpas. Cogí los cubiertos cuando el volumen del televisor se acalló de golpe.

— ¿Qué te traes? — cuestionó. Pude sentir su penetrante mirada sobre mi rostro, y un calor sofocante lleno de ira se adentró en mi piel— ¿Bill? Estoy hablándote.

— ¿¡Qué!? — Le grité viéndole completamente ido — No molestes.

— ¿Estás enojado? — Otra vez, permanecí en silencio. Le oí resoplar molesto, pero me valió una mierda. Él fue quien cometió el error — Lo siento, estaba borracho. ¿Vale?

— Me vale una mierda, no haces más que ofenderme — le reproché, y me miró con cara de ‘¿qué puñetas me cuentas?’ — No me mires así, sólo me llamas maricón, puta, regalado. ¿Algo más que quieras añadir?

— Sí, perdóname. Me he pasado — Solté un ‘ya, déjalo’ y bebí un poco de jugo de naranja — ¿Qué tal te ha ido en tu nuevo empleo?

— Genial — sonreí. De tan sólo recordar a los niños, me daban ganas de estar junto a ellos nuevamente — Son una monada, si les vieras sus caritas. ¿Quieres ver los dibujos que me han hecho?

— ¿Para qué? — rió a carcajadas y arqueé una ceja esperando lo siguiente — Si ni les entiendes qué coño grafican. Déjalo. No entiendo cómo puedes trabajar con mocos insoportables. Los niños son como insectos, molestos y sucios.

Al demonio sus disculpas. ¿Cómo podía ser tan frío e insensible? Me puse de pie, cogí mi plato aún sin terminar de cenar y le miré con cara de pocos amigos:— Creí que te hubiese gustado tener hijos conmigo como tanto has dicho.

— ¿Tener hijos contigo? — preguntó como si no recordara. Luego ¿quién era el desmemoriado? Me volteé y asentí. Entre risas volvió a subir el volumen ignorándome completamente. — Si tú no puedes darme hijos, no jodas.

Golpe. Él poseía conocimiento de cuánto dolor me causaba, y aún así se atrevía a decirlo. Un aplauso para Nick Deimon.

Contuve las lágrimas dentro de mi pecho y oí como sus risas se prolongaban.

— Búscate alguien que pueda dártelos — murmuré por lo bajo, pero jamás me oyó. Y conociéndole no buscaría a nadie más de todos modos.

— Y bien pasemos a los comerciales — oí desde la cocina, mientras terminaba mi cena, solitario allí. El dolor que me habían causado sus palabras, me impedía continuar comiendo. Aparté el plato de un manotazo y me tomé la cabeza con las manos. — Me he querido someter a varias cirugías corporales y faciales. Pero mis amigas me recomendaron Rejuvenetex, una nueva línea de productos que te rejuvenece hasta… ¡diez años más!

Pf. ¿Quién cree que una simple crema puede matar los años?

— Hablemos con el químico especialista en el tema — ¿Químico? Paré la oreja, literalmente, como un perro en acecho — Hola soy Thomas Kaulitz, estoy aquí para…

Mi cuerpo se paralizó. ¿Tom? ¿Kaulitz? El padre de los niños… o ¿el hombre de mis sueños?

Asomé mi cabeza por el pasillo y vi como Nick oía todo de pie en frente del televisor.

— Córrete, quiero ver — Al oírme, cambio de canal de inmediato. — Pon ese comercial.

— ¿Por qué? — Su tono de voz, volvió a ser amenazante y violento.

— Quiero verle la cara al tipo que hablaba — Sonrió de medio lado — ¡Pero ya de ya, que va a terminar!

— ¿Para qué? — resoplé. Me sentía un idiota a su lado, ¿sólo iba a hacerme pregunta tras pregunta? — Es mi jefe, un gilipollas al que no quiero ni verle.

— ¿Es tu jefe? — Qué pequeño es el mundo, joder.

— Sí — de repente, se puso tenso, inquieto y hasta nervioso diría yo — ¿Por qué?

— Le conozco.

Cerró los ojos, mordió su labio y apretó sus puños con fuerza. Retrocedí un paso pero de inmediato me tomó por los hombros y me sacudió de una forma bestial. A los pocos segundos, me arrojó contra el suelo y mi espalda dio brutalmente contra la pared.

— Dime en este preciso instante, de dónde puta le conoces.

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!