
Advertencia: Este capítulo contiene escenas que pueden resultar algo insensibles para algunas personas. Se recomienda discreción.
Fic Twc de DanielaTwc
Capítulo 12
By Bill
No podía creer que Tom me hubiese dicho todo eso. Sentía como si cada palabra suya fuera un puñal clavándose directamente en mi corazón. La desesperación me consumía, y una necesidad abrumadora de cortar mi piel regresó, más fuerte que nunca. Era un ciclo que nunca parecía terminar, y esta vez, ya no quería simplemente calmar el dolor. Quería que todo se acabara.
Con pasos temblorosos, me acerqué al cajón junto a mi cama, donde guardaba el cúter. Mi «amigo fiel», como lo llamaba en mi mente, estaba siempre ahí, esperando el momento en que volviera a necesitarlo. Con manos temblorosas, lo saqué y me hice el primer corte en el brazo izquierdo. La sangre brotó rápido, pintando mi piel de un rojo intenso. Sentí un alivio momentáneo, pero también una sensación de vacío que seguía creciendo.
«No es suficiente», pensé. Pasé al brazo derecho y repetí el proceso, pero algo fue distinto esta vez. El corte fue mucho más profundo. La sangre salió en borbotones, y en ese momento el alivio se transformó en miedo. Sentía como si algo dentro de mí se hubiera roto, no solo física, sino emocionalmente. Las lágrimas que antes eran de despecho ahora eran de puro terror. Estaba perdiendo el control rápidamente, y el dolor, lejos de calmarme, me estaba llevando al límite. Intenté detener la sangre presionando los cortes, pero no servía de nada. El líquido seguía fluyendo, y el mareo comenzó a nublar mi mente. Sabía que si no hacía algo pronto, no iba a sobrevivir. Tambaleándome, me levanté y caminé como pude hasta la sala, donde estaba Tom, sentado en el sofá con la cabeza gacha.
—¡TOM!— gritando su nombre, sentí que mi voz apenas salía.
Tom alzó la vista, primero con una expresión de molestia, pero su rostro cambió drásticamente al verme. Sus ojos se abrieron como platos, y su cara de enojo se transformó en puro terror al notar la sangre que cubría mis brazos y manos.
—¿Pero qué te hiciste, Bill?— dijo, con la voz cargada de incredulidad y miedo.
Las palabras no salían de mi boca. Solo pude balbucear entre sollozos
—Yo… solo quería deshacerme de mi dolor…
Apenas logré terminar la frase cuando mis piernas cedieron. Mi visión se volvió completamente borrosa, y una sensación de frío extremo se apoderó de mi cuerpo. Sentía unas ganas enormes de cerrar los ojos y no volver a abrirlos nunca más.
—Tom, creo… creo que me voy a…— fue lo último que dije antes de desplomarme al suelo, completamente inconsciente.
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By Tom
Vi a Bill caer al suelo como si todo su cuerpo se hubiera apagado de golpe. Un frío intenso recorrió mi columna al ver la cantidad de sangre que cubría sus brazos y el suelo. Por un segundo, me quedé paralizado, incapaz de moverme, procesando lo que estaba ocurriendo. Pero entonces, el miedo se transformó en acción. No podía perderlo.
Me arrodillé junto a él, tratando de mantener la calma. «Piensa, Tom, piensa», me repetía a mí mismo. Tomé una almohada del sofá y la coloqué bajo su cabeza, intentando estabilizarlo. Luego rasgué la manga de mi camiseta y la usé como torniquete improvisado en su brazo derecho, el que tenía el corte más profundo. La sangre no dejaba de salir, pero al menos logré reducir el flujo un poco.
—¡Bill, quédate conmigo! ¡No cierres los ojos!— le gritaba, aunque él ya no parecía escucharme.
Saqué mi teléfono con manos temblorosas y llamé al 911. Expliqué la situación con la voz entrecortada, tratando de no perder la calma mientras presionaba las heridas de Bill con toda la fuerza que podía. La operadora me dio instrucciones para mantenerlo con vida hasta que llegara la ambulancia.
—¡Bill, por favor, no te mueras!— dije con lágrimas corriendo por mi rostro. Mi voz se quebró, y las palabras salieron cargadas de desesperación. —Lo siento, Bill… Perdóname por decirte todas esas cosas… Yo… yo te amo. Por favor, no me dejes así…
Cada segundo se sentía como una eternidad. Mis manos estaban llenas de su sangre, y mi corazón latía tan rápido que sentía que iba a explotar. Nunca había tenido tanto miedo en mi vida.
Cuando finalmente escuché las sirenas acercándose, sentí una pequeña chispa de esperanza. La puerta se abrió de golpe, y los paramédicos entraron corriendo. Me apartaron suavemente y comenzaron a trabajar en Bill, colocándolo en una camilla y conectándolo a equipos para estabilizarlo. Uno de ellos se volvió hacia mí y me dijo:
—Hiciste bien en llamar rápido. Esto pudo haber terminado mucho peor.
Asentí sin decir palabra, sintiéndome aún en estado de shock. Mientras los paramédicos llevaban a Bill al exterior, me quedé de pie en la sala, con la vista fija en el suelo manchado de sangre. Sentía una mezcla de alivio y culpa. Todo esto había ocurrido por mi culpa. Por mis palabras. Por no haberlo escuchado antes.
Miré hacia la puerta y, sin pensarlo mucho, corrí tras ellos. No podía dejar a Bill solo. No esta vez…..
Continúa…
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