
Fic Twc de DanielaTwc
Capítulo 13
BILL
Pi-pi-pi….
Eso era lo único que escuchaba. Un sonido monótono que perforaba mi mente adormecida. Mi cerebro no sabía qué estaba pasando. Veía todo negro y no podía disociar absolutamente nada. Sentía mi cuerpo pesado, como si estuviera atrapado en una especie de niebla espesa. Intenté abrir los ojos, pero cada vez que lo hacía, mi mente me obligaba a cerrarlos de nuevo.
Al final, con mucho esfuerzo, conseguí abrirlos. La luz me cegó por un momento, y me di cuenta de que estaba en una habitación completamente blanca. El olor a desinfectante y el pitido constante de las máquinas me hicieron entender rápidamente dónde estaba, un hospital.
Mi corazón se aceleró al intentar recapitular cómo había llegado allí. Las imágenes vinieron a mí como un torrente, yo con una cuchilla en mano, el dolor en mis brazos, la sangre brotando sin control, pidiéndole ayuda a Tom… y luego, el desmayo. Todo volvió a mí como un golpe directo al pecho.
«¿Estoy vivo?», pensé, sintiendo una mezcla de alivio y vergüenza. Miré hacia mis brazos, envueltos en vendajes gruesos. El simple hecho de moverlos me causaba un dolor punzante, pero al menos podía sentirlos.
En ese momento, escuché una voz conocida.
—¡Bill! ¡Estás despierto!— Tom entró en la habitación apresuradamente, con los ojos rojos y ojeras marcadas. Parecía no haber dormido en días. Se acercó a mi cama y se inclinó hacia mí, agarrando suavemente mi mano.
—Tom…— mi voz salió rasposa, apenas un susurro. —Lo siento…
—¡No, no lo digas! No tienes nada que sentir, ¿entiendes? — Tom sacudió la cabeza con fuerza, y sus ojos se llenaron de lágrimas. —Soy yo quien debe pedir perdón. Fui un idiota, un cobarde. Te dije cosas horribles, y no me di cuenta de lo mal que estabas. Nunca más, Bill. Nunca más voy a dejarte solo.
Sentí un nudo en la garganta al verlo así. No estaba acostumbrado a verlo vulnerable. Siempre había sido el fuerte, el que nunca se quebraba. Pero ahora estaba aquí, frente a mí, con su corazón expuesto.
—Creí que iba a perderte…— continuó, con la voz quebrada. —Cuando te vi en el suelo, lleno de sangre, me di cuenta de lo mucho que significas para mí. No podía imaginar mi vida sin ti. ¡Por favor, Bill, prométeme que no volverás a hacer algo así!
Mis ojos se llenaron de lágrimas. Sabía que había tocado fondo y que no podía seguir cargando este dolor solo. Pero también sabía que necesitaba ayuda.
—Lo prometo— susurré. —Pero, Tom, necesito que me entiendas. No es fácil para mí…
—Lo sé— dijo, interrumpiéndome suavemente. —Y voy a estar aquí para ti, siempre. Si necesitas hablar, llorar, gritar… lo que sea. No importa lo que pase, no voy a irme.
Por primera vez en mucho tiempo, sentí una chispa de esperanza. Tal vez, solo tal vez, no estaba tan solo como pensaba. A pesar de todo el dolor y la confusión, había alguien que se preocupaba por mí, alguien dispuesto a quedarse incluso en mis peores momentos.
Tom se quedó a mi lado, sujetando mi mano mientras el silencio llenaba la habitación. No necesitábamos palabras. En ese instante, su presencia era suficiente.
El pitido constante de las máquinas continuó, pero ya no me molestaba. Era un recordatorio de que estaba vivo, de que había otra oportunidad para seguir adelante. Y esta vez, no iba a desperdiciarla.
—¿Cuánto tiempo he estado aquí?— pregunté en voz baja, rompiendo el silencio. Tom me miró, limpiándose las lágrimas.
—Tres días… — contestó, su voz cargada de tristeza. —Han sido los tres días más largos de mi vida.
Tom hizo una pausa, como si estuviera luchando con algo dentro de él. Finalmente, me miró directamente a los ojos y dijo:
—Bill, hay algo más que necesito decirte… Lo siento de verdad por lo que dije esa noche. Nunca debí hablarte así. Yo… yo te amo, Bill. No puedo imaginar mi vida sin ti. No como tu hermano, sino como alguien que te ama más de lo que puedo explicar.
Mis ojos se llenaron de lágrimas una vez más. Sentí que mi corazón se encogía al escuchar esas palabras. Pero sabía que también tenía algo importante que decir.
—Tom, yo… También tengo que decirte algo. Lo he estado guardando por mucho tiempo. Lo que pasa es que yo… fui violado— dije en voz baja, sintiendo una mezcla de vergüenza y angustia al decir esas palabras en alto.
—¿Qué…? —su voz se quebró, y sus ojos también se llenaron de lágrimas. —Bill… no tenía idea. ¿Por qué nunca me lo dijiste antes?
—Tenía miedo… miedo de que me juzgaras, de que no me creyeras. ¡Yo no sabía cómo lidiar con ello! —confesé, dejando salir toda la frustración y el dolor que había estado reprimiendo por tanto tiempo.
Tom me abrazó con fuerza, como si pudiera absorber parte de mi dolor.
—Nunca te juzgaría, Bill. Nunca. ¡Eres mi hermano, y te amo! Prometo que vamos a superar esto juntos. No voy a dejar que cargues con esto solo. No otra vez.
Por primera vez en mucho tiempo, sentí un peso levantarse de mi pecho. Hablar de ello, aunque aterrador, había sido el primer paso hacia algo mejor. Y con Tom a mi lado, tal vez, solo tal vez, podría encontrar una manera de sanar.
En ese momento, escuché la puerta abrirse suavemente. Gustav y Georg entraron, con rostros llenos de preocupación.
—¡Bill!— dijo Gustav, su voz llena de alivio al verme despierto. Se acercaron a la cama, uno a cada lado, y me miraron con una mezcla de tristeza y cariño.
—Teníamos miedo de perderte, amigo— dijo Georg, su voz temblorosa.
—Lo siento mucho… no sabía lo mal que estabas— añadió Gustav, con los ojos enrojecidos.
—Gracias por estar aquí— susurré, con la voz quebrada, sintiendo una oleada de gratitud al ver a mis amigos. No solo Tom estaba aquí para mí, sino también ellos.
Tom se quedó a mi lado, sujetando mi mano mientras el silencio llenaba la habitación. No necesitábamos palabras. En ese instante, su presencia era suficiente.
El pitido constante de las máquinas continuó, pero ya no me molestaba. Era un recordatorio de que estaba vivo, de que había otra oportunidad para seguir adelante. Y esta vez, no iba a desperdiciarla.
Continúa…
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