
Fic slash de lyra
Capítulo 1
Después de dos horas haciendo que miles de chicas gritaran a sus pies, pude respirar al fin aliviado. Me había encerrado en el baño donde di rienda suelta a mis lágrimas. No podía más con este ritmo de vida, me sentía realmente cansado, la garganta me escocía y el estomago protestaba. Apenas me había dado tiempo a comer algo tras la sesión de fotos, las dos entrevistas y luego la prueba de sonido.
No sabía cómo lo podía soportar Tom, a veces incluso me llegaba a pensar que se estaba metiendo algo…y quería preguntarle el que…
—Bill, ¿terminas?
La voz imperiosa de Georg me hizo maldecir por lo bajo. Me di prisa y me lavé la cara arrastrando mis lágrimas. Me sequé a una toalla y tras respirar hondo un par de veces abrí la puerta y cedí el baño a mi nervioso compañero.
— ¡Quita de en medio, que me lo hago!—gritó Georg empujándome.
Me golpeé contra la pared y gemí por lo bajo. Me puse derecho de nuevo y cogiendo con fuerza mi bolsa de mano suspiré y eché a andar a la sala en donde me esperaba Tom. Aún teníamos que esperar unos minutos más en el backstage hasta que nos dieran permiso para salir. De solo pensar en las chicas que me esperaban emocionadas….gritando y llorando…
— ¿Estás bien?
Alcé la mirada y me encontré con la dulce sonrisa de Tom. Suspiré y me dejé caer en el sofá a su lado. Sonreí cuando me pasó un brazo por los hombros y me atrajo a su cuerpo.
— ¿Cansado?—preguntó Tom sin dejar de abrazarme.
—La cabeza….me está matando—murmuré con los ojos cerrados
—Nos vamos directos a casa, yo tampoco estoy para fiestas—dijo Tom achuchándome.
—No lo hagas por mí, habrán muchas chicas esperándote, no debes dejarlas plantadas—negué de inmediato.
No quería que Tom se perdiera la fiesta por mí, y yo… ¿para qué iba a ir? Nada más llegar buscaba un oscuro rincón y allí bebía en soledad….agua, porque el alcohol no me gustaba.
Antes de poder replicarle, David entró para darnos luz verde. Tom se levantó llevándome en sus brazos. Me puso en pie y tras guiñarme un ojo me soltó y se dirigió a David.
—David, Bill y yo nos vamos al apartamento—dijo con firmeza.
—No, solo me voy yo, tú…—empecé a decir en voz baja.
—No lo podéis decir en serio—saltó David tratando de no perder los nervios—Os esperan, a los dos. Si estáis cansados os sentáis en el reservado y allí atendéis a las chicas.
—Ya he dicho que no hace falta que…—traté de nuevo a hablar.
—Bill se siente mal, no le puedes obligar—me interrumpió Tom esa vez.
Estaba claro que nadie me hacía nunca caso. Me crucé de brazos y miré resoplando la pelea verbal que se desató entre Tom y David, saliendo éste último con la suya como siempre. A la mierda mis sentimientos…una vez más…
—Iré…a volverme a maquillar—murmuré resignado.
Caminé despacio hacia el baño que Georg había dejado libre. Dejé sobre el lavabo mi bolsa de mano y saqué mi neceser. Solo me aplicaría algo de color en las mejillas y rímel en las pestañas. Mi pulso temblaba, decidí dejar mis ojos castaños sin su acostumbrada sombra oscura que los rodeaba.
Me peiné por encima con las manos y salí del baño suspirando.
David nos cogió a los cuatro y nos metió en un coche que ya nos estaba esperando. Fuimos a la sala en donde se daba la fiesta y nos tocó posar ante las miles de cámaras que nos enfocaban y cegaban. Luego accedimos al local.
Enseguida David nos señaló el reservado y me dejé caer en el sofá suspirando. Asentí cuando Tom me ofreció una botella de agua y la apreté nervioso en mis manos. La música estaba muy alta, el ambiente cargado de humo…sentía que la cabeza me iba a explotar de un momento a otro.
—Nos quedamos media hora y nos vamos—dijo Tom sentándose a mi lado.
—David no lo permitiría—susurré sin mirarle.
—David no es nuestro dueño. Hemos venido como él quería, y nos iremos cuando nos de la gana—dijo Tom con firmeza.
Sacudí la cabeza negando con ella. No creía que David nos dejara escapar tan fácilmente, fijo que encontraba alguna manera de hacernos quedar dos largas horas.
—Tom….Tom, por favor…
Alcé la mirada y vi una chica que reclamaba a mi hermano. Se la veía muy emocionada y me dio pena que Tom la decepcionara…
—Ve a bailar con ella—dije dándole un empujón suave.
—Pero tú…
—Seguiré aquí cuando vuelvas—murmuré con firmeza.
Tom asintió resignado. Se levantó pero antes de hacer el sueño realidad de esa emocionada fan, se inclinó y me besó en la mejilla con suavidad.
—No te vayas—murmuró contra mi piel.
Asentí y por primera vez en toda la noche esbocé una amplia sonrisa. Deseé suerte a mi hermano y me acomodé en el sofá desde donde le vi bailar. No pude evitar reír en voz alta, mi hermano se movía con mucha destreza y enseguida le hicieron corro.
Toda la gente le estaba mirando a él, podría esfumarme y nadie se enteraría…
Dejé de reír en el mismo momento en que ese pensamiento cruzó mi cabeza. Eso era lo que podía hacer, huir ahora que nadie me miraba, si es que alguien se había dado cuenta de mi presencia. Me levanté en el acto e incliné la cabeza. Me abrí camino entre la gente pensando que si me encontraba con Georg, Gustav o David diría que iba al baño.
Pero por suerte, nadie se interpuso en mi camino hacia la libertad. Crucé la puerta y una vez en la calle me sorprendí de que nadie reparara en mi presencia. Giré en la esquina y eché a correr calle abajo. No dejé de hacerlo hasta que sentí que mis pulmones estaban a punto de estallar.
Paré y me incliné apoyando las manos en mis rodillas, jadeando con esfuerzo. Alcé la mirada estudiando lo que me rodeaba. Estaba en una calle ancha, no se veía ni un alma….y de repente se puso a llover. Grité sin poder evitarlo cuando las primeras gotas cayeron sobre mi espalda. Solo levaba una fina camisa blanca de manga larga y enseguida quedó empapada.
Miré a mi derecha y vi las luces de un bar. Me dirigí a el sin pensar. Abrí la puerta de golpe y me recibió una bofetada de calor que agradecí. Me quedé en la puerta cortado, todo el mundo me miraba de arriba abajo, les debía parecer un loco allí parado en mitad de la puerta, calado hasta los huesos y retirándome a un lado mí largo pelo.
Tenía mucho frío, mi cuerpo temblaba sin que yo pudiera impedirlo. Di dos pasos más para que la puerta se cerrara y así coger algo del calor que despedía el local. Me acerqué a la barra con paso lento, olvidando los ojos que seguían fijos en mí.
— ¿Que va a tomar?—me preguntó la camarera sonriéndome.
—Un…café,…por favor…—susurré con los dientes castañeándome por el frío.
La camarera me sonrió y se dispuso a prepararlo. Me froté las manos con fuerza para ver si así entraba en calor antes cuando recordé un pequeño detalle…no tenía mi cartera. Casi nunca la llevaba encima, siempre tenía a Saki o David que «pagaba» por mí, luego yo se lo devolvía, claro. Tenía miedo de llevarla encima y que me la robasen o yo que sé…
Al momento la camarera puso delante de mí una humeante taza de café. Me relamí sin poder evitarlo, tenía mucha hambre además de frío.
—Eh…lo siento, no tengo dinero—musité sonriendo con esfuerzo.
—Déjalo Gina, yo le invito.
Me volví a ver quien había hablado. Había un chico sentado a mi derecha al que le debí dar lástima. Mi aspecto era como el de un chico descarriado que se acababa de escapar de casa. Le sonreí agradecido y cogí la taza con ambas manos, calentándomelas de paso.
—Si tienes hambre, pide un trozo de tarta. Gina hace la mejor tarta de manzana de toda Alemania—siguió diciéndome el desconocido.
No quería abusar, pero…fue mencionar la palabra tarta y no poder evitar pasarme la lengua por los labios. El chico tomo mi gesto como un sí y pidió dos raciones. Me llevé la taza a los labios y sonreí contra ella.
—Estás empapado, te pilló la lluvia en la calle, ¿verdad?—preguntó el chico tratando de entablar una conversación.
Asentí con la cabeza. El frío aún no me dejaba hablar coherentemente.
—Y estás temblando. Ten, ponte mi sudadera—me ofreció.
Antes de que me diera tiempo a negar con la cabeza, ya la tenía sobre los hombros. No pude negarme, despedía un calor agradable, y un olor…
—Por cierto, me llamo Dylan—se me presentó.
—B-bil-l—tartamudeé entre dientes.
— ¿Philip?—repitió Dylan alzando una ceja.
—No, no….
Me callé de repente. No sabía quién era, no me había reconocido o no habría escuchado hablar de mí en su vida. Recé para que fuera eso último y carraspeé para aclararme la voz.
—Me llamo Chris—susurré con firmeza.
—Encantado de conocerte, Chris—dijo Dylan sonriendo.
Continúa…
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