Return to me 15

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Fic Toll de lyra

Capítulo 15

La palabra hijo flotaba aún en el ambiente, Tom no podía hacer otra cosa que observar al niño que se acercaba dando sus pequeños pasitos hacia su padre, quien levantándose de su asiento fue hacia él y le cogió en brazos, volviendo a sentarse al lado de un pasmado Tom.

— ¿Tengo un hijo?—fue lo único que pudo preguntar Tom— ¿Cómo pudo pasar? Creía que tú tomabas algo para impedir… ¡eso!

—Se llama Alexander—explicó Bill con calma—Y…no, no es hijo tuyo.

Tom ladeó la cabeza como si no le hubiera escuchado bien, pero… ¿no acababa de decir que si lo era?

— ¿Cómo dices?—preguntó en un susurro.

—Que Alexander no es hijo tuyo—repitió Bill con firmeza.

Tom no podía apartar los ojos del niño, quien sentado en el regazo de su padre le miraba a su vez y sonreía mostrándole un dientecito. Era un niño muy guapo, con su pelo rubio y esa sonrisa pícara, y con los mismos dulces ojos castaños de Bill y lunar en la barbilla.

—Siento haberte engañado—dijo Bill suspirando—Solo quería ver que caras ponías.

— ¿Cómo dices?—repitió Tom.

—Te has asustado, ¿verdad?—preguntó Bill a su vez—Habrás empezado a pensar que fíjate por donde, follamos una sola vez y soy tan bobo como para quedarme embarazado. Y ahora estoy solo con un niño y como te he encontrado te pediré una pensión por él para pagar todo el daño causado.

Tom no podía creer que Bill le estuviera diciendo eso, y menos aún ese tono tan duro que usaba. Nunca antes le había escuchado hablar así, siempre usaba una voz dulce y sonreía. Sin embargo, en esos momentos su tono de voz era duro y la luz de sus ojos brillaba por su ausencia, dejando en su lugar una mirada fría que ni pestañeaba.

—Pero tranquilo, que solo ha sido una broma pesada—dijo Bill soltando una risa por lo bajo.

— ¿Una broma pesada?—repitió Tom sin poder aún creérselo.

Pero Bill no tuvo ocasión de replicar, en esos momentos Tom vio como se acercaba un hombre que poniendo una mano sobre el hombro de Bill se inclinó para besarle en la mejilla.

—Perdona el retraso cariño—se disculpó David mirando a Tom con sorpresa.

—No pasa nada, Alexander y yo estábamos pasando un buen rato—dijo Bill sin dejar de mirar a Tom.

— ¿Te conozco de algo?—preguntó David también mirándole.

—No, él es Tom—presentó Bill al momento—Un compañero de la facultad.

—Encantado de conocerte—dijo David tendiendo una mano que Tom estrechó.

—Lo mismo digo—murmuró carraspeando Tom.

—Siento mucho interrumpiros pero mi padre nos espera Bill—explicó David—Le han hablado de unas sillas del siglo XVI y quiere que vaya a Berlín por ellas.

Bill asintió y tras pasarle a Alexander se puso en pie y miró a Tom quien también se levantó.

—Si me das un teléfono tal vez podamos hablar de…de los viejos tiempos—suplicó Tom mirándole fijamente.

—Estoy bastante ocupado, no tengo tiempo—dijo Bill esperando no sonar bastante brusco delante de David, quien no entendería que le hablara en ese tono a un viejo amigo.

Pero antes de que pudiera impedirlo, David abrió la cartera y sacó una tarjeta de la tienda de ella que tendió a Tom encantado.

—Seguro que tenéis mucha cosa que contaros—dijo David guardándose de nuevo la cartera—Llama mejor por las tardes, es cuando menos jaleo hay y Bill aprovecha a poner el inventario al día.

Tom asintió y se guardó la tarjeta en su cartera, viendo como Bill se marchaba en compañía de David quien con Alexander cogido en un brazo pasaba el otro por la cintura de Bill y estrechaba.

¿Quién era David? ¿Le había hablado Bill de él? Lo dudaba, al nombrarle la expresión de David no fue ninguna de sorpresa como si de repente hubiera caído en la cuenta que era un chico con el que Bill se había acostado una sola vez y tanto daño le había hecho en el pasado.

Suspiró y siguió su paseo, pensando en cómo era imposible que de una noche de amor hubiera surgido ese hermoso niño que tanto se parecía a Bill. Aparte de su rubio pelo, heredado sin duda de David. Aunque él lo tenía algo más oscuro, pero eso era un dato sin importancia.

Lo que realmente si la tenía era que había vuelto a ver a Bill, y no lo pensaba dejar escapar esa vez….

.

Una vez en casa del padre de David, Bill apenas prestaba atención a la conversación. Su mente no dejaba de pensar en quien no debiera, la imagen de Tom flotaba en su cabeza junto con una pregunta sin respuesta… ¿por qué le dijo que el niño era suyo?

Pues porque quería ver qué cara iba a poner, tal y como le había dicho a Tom. Y luego hizo pasar a Alexander por hijo de David tal y como venía haciendo desde hacía año y medio. Porque Tom no se merecía saber que el niño era hijo suyo, porque no lo era. No estuvo a su lado cuando tanto sufrió tras contárselo a su padrastro, ni todo lo que vino después….

&

Fue una silenciosa comida por parte de Bill. No podía dejar de pensar en esa visita al médico donde había visto por primera vez a su hijo y la decisión tomada de aceptar la nueva propuesta de David. ¿De verdad era lo mejor? ¿No había otra salida?

Pero bastaba escuchar a su padrastro para saber que era la mejor decisión.

—En serio David, si quieres montar aquí una tienda no te faltarán clientes—decía Gordon—Tengo varios amigos amantes de las antigüedades como yo y siempre tendrías algo nuestro que restaurar.

—Vivir aquí sería un sueño hecho realidad—comentó David sonriendo—Es un pueblo muy acogedor y estaría rodeado de bellas antigüedades.

—Piénsatelo bien—dijo Gordon con firmeza levantándose.

Simone miró extrañada a su marido, como abría la despensa y sacaba una botella de vino de ella que tendió a David para que la admirara.

—Cosecha de 1800—murmuró David girando la botella en sus manos.

—Hay dos cajas más en el sótano—explicó Gordon sentándose de nuevo—Mi bisabuelo se hizo con ellas y han permanecido intactas hasta hoy. He pensado que podíamos abrir una, es una ocasión especial y me gustaría que la probaras.

Antes de que David se negara Gordon recuperó la botella y él mismo la abrió. Simone ya se había levantado y sacado 4 copas de una cristalería que llamó también la atención de David.

—Cariño, saca una para Bill—dijo Gordon al notar que faltaba.

—Aún está revuelto del viaje—murmuró Simone carraspeando.

Pero Gordon insistió y él mismo sacó una copa que llenó y puso ante su hijastro, que negó con la cabeza suspirando.

—De verdad Gordon no me siento bien—murmuró Bill con un hilo de voz.

—Ya he notado que apenas has probado la comida y tienes mala cara—apuntó Gordon mirando a su hijastro fijamente— ¿Comes bien?

—Tenemos varios exámenes la próxima semana, todo ha sido un caos—contestó Andreas por su hermano.

—Deja que me responda Bill—pidió Gordon muy seriamente.

Andreas asintió y miró a Bill, quien no sabía dónde meterse.

— ¿Qué tal lo llevas?—interrogó Gordon—Espero que mejor que los últimos, es la última evaluación antes de Navidad. Termínala con buena nota y podrás disfrutar de unas buenas vacaciones.

Bill no se atrevía mirar a su padrastro, la verdad era que desde que supiera de su estado o más bien desde que Tom le había roto el corazón en mil pedazos no había abierto un libro. ¿Y qué importancia tenía divertirse en Navidad? Él ya estaría para entonces en un avanzado estado, lo único que le apetecía era meterse en la cama y no salir de ella hasta que alguien le despertara de esa pesadilla que estaba viviendo.

No pudo evitar que los ojos se le llenasen de lágrimas, últimamente tenía los nervios a flor de piel y las hormonas revolucionadas. Y David lo notó, puso una mano sobre la suya y se la acarició sobre el mantel, gesto que su padrastro no pasó por alto.

— ¿Quieres un poco más de lasaña?—preguntó Simone a Andreas, tratando de cambiar de tema.

Andreas asintió y aunque no tuviera ganas tendió el plato a su madrastra para que le sirviera otra ración.

—Está riquísima Simone—dijo sonriendo con esfuerzo—Se echa mucho de menos las comidas caseras viviendo fuera de casa. Con los estudios apenas tenemos tiempo para hacer la compra o la comida…

—Es extraño—comentó Gordon de repente sin apartar la mirada de su hijastro—Para no alimentarte debidamente no te noto demasiado delgado. Diría incluso que has engordado.

La única respuesta por parte de Bill fue un sollozo ahogado que Gordon no pasó por alto, ni el sonido del tenedor de su mujer cayendo sobre el plato. Un tenso silencio recorrió la cocina, nadie se atrevía a hablar por miedo a decir algo que no debían.

— ¿Qué se me está ocultando?—preguntó Gordon sin dirigirse a nadie en particular.

No era la primera vez que se sentía «engañado» por su propia familia. Como cuando descubrió la homosexualidad de Bill, al parecer todos ya lo sabían y él tuvo que enterarse al verle besarse a escondidas con el hijo de la vecina. Le dolía que actuasen de ese modo a su espalda, no hablándole de problemas para no alterarle, aunque sabiendo de su mal carácter era en el fondo comprensible.

— ¿Me lo va a contar alguien?—pidió Gordon tratando de no gritar.

—Cariño, ha pasado algo…—empezó a decir Simone.

—Deja que se lo diga yo Simone—intervino David para sorpresa de todos—Señor, su hijo está esperando un hijo mío.

Bill se encogió al oírlo, logró alzar la mirada y clavarla en su padrastro quien solo podía clavar la suya en el vientre de su hijastro, oculto bajo un jersey holgado.

— ¿Cómo ha podido pasar?—preguntó Gordon en un murmullo.

—Señor, sé que debimos ir con cuidado pero simplemente pasó—contestó David sin soltar la mano de Bill—También sé que piensa que soy muy mayor para su hijo y Bill aún un niño, pero estamos muy enamorados y es lo mejor que nos podía haber pasado.

— ¿Y qué hay de sus estudios?—inquirió Gordon—Solo le queda este año y con un niño al cargo estudiar será lo último que haga.

—Puede terminar el curso a distancia—apuntó David—Ya lo hemos hablado, a Bill le gustan tanto las antigüedades como a mí y puedo enseñarle el oficio. Mi padre estará encantado de que nos eche una mano en la tienda y yo poseo en Múnich un piso donde poder formar una familia. No le faltará nada a Bill ni tampoco a nuestro hijo.

Bill permanecía en silencio, escuchando esos planes como si hubieran sido forjados tras mucho tiempo pensándolos. Para David era como si llevara toda la vida planeándolos y gracias a Bill los haría realidad.

—Podemos vivir en Múnich o si lo prefiere Bill hablaré con mi padre de abrir una tienda aquí y así estarían más cerca—explicó David.

Gordon no sabía que decir, todo le había pillado desprevenido. David le había caído muy bien, y saltaba a la vista que amaba a su hijastro. Habían cometido un pequeño desliz pero se le veía muy ilusionado de formar una familia y hacer todo lo que estuviera en sus manos para el bienestar de Bill y de ese hijo que venía de camino.

Asintió con la cabeza dando su consentimiento y todos en la cocina pudieron respirar más aliviados. Siguieron con la comida mientras que David les enseñaba esa primera ecografía que se hicieran apenas unas horas antes, comentándoles el estado de Bill y todos los cuidados que necesitaría. Acordaron de inmediato que una vez regresado a Múnich para que David hablara también con sus padres y le diera la buena noticia y hablase de la nueva tienda que abriría en el pueblo Bill se pusiera en las manos del doctor Mitchell al que David llamó tras la comida consiguiendo una primera consulta para dentro de 4 días.

—No puedes estar en mejores manos—comentó esa noche David llegada la noche y estando una vez los dos en la cama—Y verás que alegría se llevan mis padres. Si fuera niño me gustaría llamarle Alexander, como mi padre…

—David, calla por favor—pidió Bill suspirando.

—Perdona, sé que te agobio pero no puedo estar más ilusionado—dijo David moviéndose en la cama.

Se acercó a Bill como si no fuera esa la segunda noche que durmieran juntos, poniendo una mano en su firme vientre y acariciándolo suspirando.

—Mañana mismo busco un local donde montar aquí la tienda—murmuró David con los ojos cerrados—Debemos darnos prisa, cuando estés más avanzado apenas te podrás mover y debes descansar y…

—Quiero vivir en Múnich—dijo Bill con firmeza—Aquí siento que me ahogo con tanta protección.

David asintió y empezó a hablarle de piso que tenía a las afuera de Múnich, comentándole que debían volver a decorarlo sobre todo la habitación de invitados que sería la del hijo de ambos. Bill le escuchaba con los ojos cerrados, o al menos lo intentaba. Sentía la mano de David acariciar su estómago, bajando un poco incluso llegando a rozar su ingle. Trataba de respirar con normalidad para no saltar, la única persona que le había tocado en tan íntima manera había sido Tom y en esos momentos no quería nada que le recordara a él.

No podía dejar de pensar que se había precipitado, pero ya no había marcha atrás. Su padrastro estaba encantado con ese novio que había surgido de la nada y la llegada de su primer nieto, mientras que él estaba aterrado y no hacía más que pensar en que estando allí en la cama echaba de menos al padre de ese hijo al que aunque debiera de odiar con toda su alma, se lo impedía un trocito muy pequeño de su corazón…

Continúa…

Gracias por leer. No te vayas sin dejar un comentario 😉

por lyra

Escritora del Fandom

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