Return to me 22

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Fic Toll de lyra

Capítulo 22

Estuvieron jugando con su hijo hasta que protestaron sus estómagos. Eran casi las 4 de la tarde y decidieron levantarse y comer algo antes de caer desfallecido. Bill se encargó esa vez de la comida mientras que Tom pasaba la cuna a la habitación que esa noche compartirían y dejaba a Alexander sentado en ella rodeado de sus juguetes para que se entretuviera.

Fue a la cocina y le echó una mano con la comida, hasta que un ruido hizo que corrieran a ver qué estaba haciendo su hijo.

—Ahora le ha dado por tirarlo todo—comentó Bill recogiendo el juguete que Alexander había tirado.

Tom sonrió al ver como Bill reñía a su hijo por tirarlo todo y dejándolos a solas regresó a la cocina antes de que se pegara la pasta que estaban cociendo. La quitó del fuego justo en el momento en que llamaban al interfono.

Fue corriendo a ver quién era, no recordaba haber quedado con alguien y era raro una visita inesperada.

— ¿Hallo?—preguntó descolgando el interfono.

—Tom, ¡mueve el culo!—dijo una voz al otro lado.

— ¡Jack!—murmuró Tom maldiciendo por lo bajo.

Lo había olvidad por completo, había quedado con su hermano pequeño para ayudarle a encontrar un regalo para su madre cuyo cumpleaños era la próxima semana. Pero en esos momentos estaba ocupado, no quería dejar solo a Bill y a su hijo, mucho se temía que tendría que cancelar sus planes.

—Jack…no me siento bien, ¿lo dejamos para otro día?—preguntó, odiando tener que mentirle.

—Tom por favor, no encuentro nada que regalarle a mi madre—insistió Jack desesperado—Prometo que no tardaremos más de una hora.

No pudo negarse de nuevo y le abrió la puerta. Se volvió y miró su habitación, Bill seguía en ella atendiendo a Alexander. Aún era pronto para presentarle a su familia, tenían que hablar de si eso era el comienzo de algo más que una amistad o iban más en serio.

Rezó para que Jack no insistiera más y dejaran las compras para otro día. Le abrió la puerta pero se puso en medio impidiéndole entrar.

—Jack, perdona lo olvidé—dijo Tom sonriendo con esfuerzo nada más verlo.

— ¿De veras no te sientes bien?—preguntó Jack, viéndole asentir—Bueno, podemos…

No pudo terminar la frase, a través de la puerta entreabierta pudo observar una larga melena oscura salir de la habitación donde dormía su hermano. Alzó una ceja sonriendo al ver una preciosa chica pasearse como si buscara algo.

—Tom, si estabas ocupado habérmelo dicho—murmuró por lo bajo—Espero no haber interrumpido nada.

Tom se volvió a comprobar que efectivamente Bill había salido de la habitación y Jack le había visto. Ya no tenía sentido mentir, ni ocultar su relación con Bill. Sabía que Jack lo comprendería y no le iba a juzgar.

—Tranquilo, Bill y yo…preparábamos la comida—explicó Tom suspirando.

— ¿Bill?—repitió Jack en un susurro.

Entonces, no se trataba de una chica como él pensó. Le había confundido su largo pelo, pero ahora que el tal Bill se daba la vuelta y él lo estudiaba mejor se fijó en su delgada figura, su ropa masculina….en sus ojos castaños y la dulce sonrisa que le dirigía.

—Perdón, no sabía que tenías visita—murmuró Bill dirigiéndose a Tom.

—Bill, te presento a Jack—dijo Tom abriendo del todo la puerta—Mi hermano pequeño.

—Oh, un placer conocerte—saludó Bill sonriendo.

—Lo mismo digo…Bill—saludó Jack a su vez.

—Tom perdona, Alexander se manchó y necesito otra toalla—explicó Bill.

—Claro, coge las que quieras—dijo Tom asintiendo con la cabeza.

Bill así lo hizo y dejando solo a los dos hermanos regresó a la habitación. Solo entonces Jack soltó un silbido al tiempo que golpeaba la espalda de Tom.

—Pero… ¿cuántos chicos tienes en tu cama?—preguntó guiñándole un ojo.

— ¿Qué? ¡No! Alexander es…mi hijo—contestó Tom para su asombro.

— ¿Tu hijo?—gritó Jack sin querer—Pero… ¿cuándo lo has tenido? ¡Si hace solo 2 semanas que no nos vemos!

Antes de que Tom pudiera decir nada apareció Bill con Alexander en brazos. Tom fue hacia ellos y tomándole de la cintura miró a su hermano sonriendo ampliamente.

—Es una larga historia, te la contamos mientras comemos—dijo Tom suspirando.

Jack asintió y cerrando del todo la puerta les siguió hasta la cocina.

.

Media hora después Bill y Tom le contaron entre los dos como empezó todo. Jack les escuchaba con mucha atención, con miedo a pestañear y perderse algo.

—Todo empezó hace dos años, más o menos—empezó a decir Tom—Por aquella época era un poco cabrón y basta con decir que nada más ver a Bill quise hacerle mío. Y lo conseguí, nos acostamos juntos y después de eso…no tenía intenciones de volverle a ver. O eso pensaba, pues desde que estuvimos juntos no paraba de pensar en él y luego…bueno, por esa época me había llamado papá y fui a verle, y cuando regresé Bill ya no estaba.

—Había vuelto a casa—dijo Bill tomando la palabra—Estaba embarazado y pensando que Tom me había abandonado regresé con mi familia. Por el camino me encontré con David quien se ofreció a hacerse pasar por mi novio para que mi padrastro no se enojase tanto al llegar en mi estado. El plan consistía en que dos días después David me abandonaría y mi familia se volcaría en mí y en el niño. Pero hablando las cosas David digamos que se me declaró y pensando en el bien de mi hijo le dije que sí.

—Regresó a Múnich, tuvo a Alexander y el otro día paseando por el parque me los encontré por casualidad—continuó Tom—Al principio Bill no me dijo que era hijo mío, pero yo lo tuve claro desde el principio. Y no paré hasta que hablamos y le conté la enfermedad de papá y todo lo que había pasado. Como volví a por él, como le busqué sin hallarlo…y que nunca le había olvidado…

Jack los escuchaba hablar primero a Tom y luego a Bill, veía como se miraban y sonreían, como se cogían de la mano y entrelazaban los dedos como dos enamorados.

—No hace falta decir más—dijo Bill suspirando—Yo…he dejado a David porque lo nuestro no tiene futuro, y he regresado con Tom porque yo tampoco logré olvidarlo. Y es el padre de Alexander, merece formar parte de su vida.

—Entonces… ¿tengo un sobrino?—preguntó Jack, como si esa parte aún no la tuviera clara.

Bill y Tom asintieron a la vez, arrancando a Jack una carcajada.

— ¡Qué fuerte!—exclamó Jack entre risas—Y… ¡mi madre! La has hecho abuela, ¡a su edad! Tom, te va a matar.

—No queremos decir nada de momento—se apresuró a decir Tom—Bill aún tiene cosas que hablar con David y hasta entonces es mejor que no digas nada en casa.

—Serán unos días—aclaró Bill—Me he ido muy rápido de casa de David y hay cosas que hablar.

—Claro, os entiendo—dijo Jack poniéndose en pie—Entonces, dejamos lo del regalo de mi madre para más adelante ¿no?

—Por mí no lo hagáis—contestó con firmeza Bill.

—No quiero dejarte solo—dijo Tom negando con la cabeza.

—No pasa nada, así aprovecho para…llamar a Andreas—murmuró Bill carraspeando.

Tom asintió y cedió a regañadientes, sabía que aparte de David Andreas era otro tema pendiente. Sabía que pasada la noche Bill querría dejar las cosas bien entre él y su hermanastro.

—No se hable más, Tom te espero abajo—dijo Jack poniéndose en pie.

Guiñó un ojo a Bill y se despidió de su sobrino acariciando su mejilla, obteniendo a cambio una amplia sonrisa.

—Tu hermano me cae muy bien—comentó Bill una vez a solas.

—Lo entenderá si quieres que me quede—dijo Tom insistiendo una vez más.

Pero Bill se negó de nuevo y Tom se puso en pie suspirando. Regresó al dormitorio y se cambió de ropa mientras que Bill sentaba a Alexander en el medio de la cama y le rodeaba de juguetes y almohadas.

—No tardaremos mucho—dijo Tom abrochándose los vaqueros—Una hora como máximo.

Terminó de vestirse y se despidió con un profundo beso que Bill dio por finalizado minutos después recordándole que Jack le esperaba abajo. Le vio salir y una vez a solas con su hijo se sentó a su lado, cogió el móvil y marcó el número de Andreas.

No hizo falta esperar mucho, al segundo tono una voz preocupada le contestaba al otro lado de la línea.

—Bill…perdóname por favor—dijo Andreas sin aliento—Hice lo que creí mejor para ti, no pensé que…

—Te perdono—cortó Bill suspirando—Pero no vuelvas a hacerlo.

—Lo prometo—dijo Andreas con firmeza.

Bill asintió y se recostó en la cama. Alexander estaba entretenido con un perrito de peluche de vivos colores, ajeno a la desdicha de su padre.

— ¿Estás bien?—preguntó Andreas de repente.

—Más o menos—murmuró Bill.

—Y… ¿qué harás cuando David regresé? ¿Le hablarás de quien es Tom?—interrogó Andreas.

—Ya lo sabe—contestó Bill suspirando—Vino esta mañana y me vio despidiéndome con un beso de Tom desde la ventana.

—Oh…vaya—murmuró Andreas.

—No quería que se enterara de esa manera, quería hablar con él en persona y explicárselo todo—dijo Bill—Tom tuvo sus motivos, todo lo que pasó no estaba planeado y…

No pudo seguir hablando, sentía los ojos llenos de lágrimas. Respiró hondo tratando de calmarse, de nada servía ya lamentarse.

— ¿Dónde estás?—preguntó Andreas, sabiendo de antemano la respuesta.

—En casa de Tom—contestó Bill en voz baja—Me quedaré un tiempo en lo que pongo un poco de orden, hablo con David y…pienso cuando volver a casa y contar la verdad.

—Te acompaño—se apuntó Andreas de inmediato.

—Es algo que debo hacer yo solo—dijo Bill negando con la cabeza—Sé que mi madre lo entenderá y tu padre…

—Con el tiempo lo hará—terminó Andreas por él la frase.

Sabía que a su padre le iba a llevar mucho tiempo aceptar lo que había pasado. No solo era el hecho de que Bill se hubiera quedado embarazado siendo tan joven, sino que le habían mentido. Toda la familia, incluido él, su propio hijo. Solo rezaba para que cuando supiera la verdad de lo ocurrido con Tom lo tuviera en cuenta y su enfado remitiera…

.

Una hora y media después Tom estaba desesperado. Habían recorrido una docena de tiendas y Jack no encontraba nada adecuado para su madre. Y él tampoco era de gran ayuda, su cabeza no dejaba de darle vueltas al mismo tema. Bill estaba de nuevo a su lado, tenían un hijo…

— ¿Qué tal esa tienda?—preguntó de repente Jack.

Tom miró donde señalaba y negó de inmediato con la cabeza. Frente a ellos se encontraba la tienda de antigüedades que regentaba David, no sabía cómo habían llegado ante ella, metido como estaba en sus pensamientos fijo que sus pies eligieron el camino y él sin saberlo.

—Es…muy cara—murmuró tratando de disuadir a Jack.

—Fijo que encuentro algo a buen precio—insistió Jack abriendo ya la puerta.

A Tom no le quedó más remedio que entrar tras él. Por suerte ante el mostrador solo estaba el mismo hombre mayor que le atendiera la otra vez y que se imaginó que era el padre de David quien nada más verle le reconoció y sonrió.

—Bienvenido de nuevo—saludó Alexander Jost.

— ¿Ya habías estado aquí?—preguntó Jack en voz baja.

—Sí, pero no vi nada para tu madre—mintió Tom con descaro.

— ¿Puedo ayudarles?—se ofreció Alexander, no dispuesto a dejar escapar a dos nuevos clientes—Seguro que algo encontraremos.

—Busco un regalo para mi madre—explicó Jack—He visto en el escaparate unas cajas de madera labrada.

—Una elección perfecta—comentó Alexander sonriendo—Si me siguen les enseñaré una variedad de cajas. Les ruego que disculpen el desorden, hoy ha llegado material nuevo y mi hijo no estaba en condiciones de colocarlo.

— ¿Está bien su hijo?—no pudo evitar preguntar Tom.

—Solo necesita tiempo para…descansar—contestó Alexander carraspeando.

«Y olvidar»—pensó Tom suspirando.

Alexander Jost les indicó el camino y Tom y Jack le siguieron. Fueron a dar a un pasillo donde Jack se vio rodeado de cajitas de madera de diversos tamaños. Enseguida Alexander le fue enseñando una por una todas las que había explicándole de qué siglo era y a quien había pertenecido o quien la había hecho.

Mientras, Tom se puso a mirar con disimulo por otro pasillo hasta dar con una puerta. Estaba entre abierta y no dudó en asomarse a ella. Era un pequeño despacho, y sentado tras su mesa se hallaba David. Tenía un aspecto terrible, pálido y con grandes ojeras.

No se lo pensó dos veces y se coló dentro del despacho dejando tras él cerrada la puerta. Esperó hasta que David alzó la cabeza y fijó la mirada en él, reconociéndole en el acto.

— ¿Qué demonios quieres?—preguntó David arrastrando las palabras.

Había bebido, eso estaba claro.

—Ver que tal estás—contestó Tom.

—De maravillas, ¿no lo ves?—rió David con ironía—Te has llevado a Bill, a mi hijo… ¿cómo demonios quieres que esté?

—Yo soy el padre de Alexander—recordó Tom con dolor—Siento mucho que las cosas entre Bill y tú se hayan torcido, pero ha ocurrido así. Nos hemos reencontrado y hablado, Bill ya sabe toda mi historia y ha vuelto conmigo por su propia voluntad. Nadie le ha obligado.

— ¡Y tú no has perdido el tiempo en follártelo!—gritó David—Os vi esta mañana, como os despedíais delante de mi propia casa. Me extraña que no te lo tiraras en mi cama…

Sentía ganas de abofetearlo, pero en parte se merecía su enfado. Y David necesitaba desahogarse, aunque eran muy crueles las palabras usadas.

—Le echo de menos—susurró David pasando del enfado al llanto—A él y Alexander. Son mi vida, y ahora…no tengo nada.

—Bill quiere que sigas formando parte de la vida de Alexander—explicó Tom—Tú y tus padres, jamás pasó por su cabeza alejar al niño de vosotros.

—Yo le quiero, ¿sabes?—dijo David entre hipos—Desde el primer día que le vi supe que era especial, me he desvivido por él y ¿qué he conseguido? ¡Nada! En cambio tú llegas y Bill no duda en dejarme… ¿cómo es?

Tom se le quedó mirando sin saber a qué se refería, en su estado era imposible hablar con él y solo quería calmarlo para que no volviera a gritar de nuevo, no fuera que entrara su padre y descubriera que ese cliente que había regresado era ni más ni menos el origen de todos los problema de su hijo.

—Dime, ¿cómo es?—repitió David entre sollozos— ¿Cómo es…despertarse a su lado cada mañana? Hacerle el amor, escucharle suspirar en tu oído que está enamorado…

Tom no podía contestarle, las dos únicas veces que Bill y él habían estado juntos había sucedido todo muy rápido. Quitando esa tarde que habían tenido tiempo para hablar estando los dos cómodamente acostados en la cama, no sabía nada de lo que David le estaba preguntando.

Pero tendría la oportunidad de averiguarlo, tenía toda una vida por delante que compartir con Bill.

—Dile que no le guardo rencor—siguió diciendo David en un tono más suave—Que sabía que este día iba a llegar, solo que no me lo esperaba tan pronto. Dile que la próxima semana tengo un viaje de negocios a Bruselas y que puede volver a recoger el resto de sus cosas. Que no se deje nada, todo lo que hay le pertenece a él y a Alexander.

Tom asintió y recogió las llaves que David le tendía. Decidió dejarle solo con su tristeza, se imaginaba todo el dolor que estaba sintiendo porque él mismo lo sintió cada noche que estando solo en su cama añoraba a Bill y tanto le echaba de menos. Él había tenido una nueva oportunidad con Bill, pero David…tenía que ir aprendiendo a vivir sin él.

Salió del despacho y se reunió con su hermano, ya se había decidido por una caja azul con las cantoneras de plata y Alexander se la estaba envolviendo con sumo cuidado para que no sufriera daño alguno hasta que fuera regalada.

—Una buena elección—decía Alexander mientras—A su madre le gustará, y creo recordar que en lo que hemos recibido hoy hay un espejo de mano a juego. Se lo puedo guardar mientras se decide.

—Muchas gracias, seguro que mi madre le hará una visita—aseguró Jack—Además, tenemos una mecedora que perteneció a mi bisabuela y anda algo desencolada, y seguro que necesitaría una mano de barniz.

—Estaré encantado de restaurarla—dijo Alexander sonriendo—Y le haré un buen precio, no se preocupe.

Tom los escuchaba en silencio, mucho se temía que gracias a su madrastra iban a visitar la tienda de antigüedades más de lo que se esperaba.

.

Jack le acompañó hasta la puerta de casa y se despidió dándole las gracias por haberle acompañado, y por haber encontrado el regalo adecuado.

—Mejor que me lo guardes tú—dijo Jack entregándole la bolsa—Soy un manazas y fijo que me la dejo caer y rompo. Además, no quiero que vea la bolsa mi madre, quiero darle una sorpresa.

Tom asintió y se despidió de su hermano, quien le dio recuerdos para Bill y su sobrino. Subió y nada más entrar por la puerta sonrió al ver a Bill recostado en el sofá. Sobre su regazo descansaba Alexander pendiente de los dibujos animados que en esos momentos daban en la televisión.

—Perdón por el retraso—dijo Tom suspirando.

— ¿Encontrasteis algo?—preguntó Bill muy interesado.

Tom asintió y sentándose a su lado le enseñó la bolsa, que Bill reconoció al momento.

—No sé cómo pero fuimos a dar a la tienda de David—explicó Tom—Traté de disuadir a Jack pero vio algo en el escaparate y entramos.

— ¿Estaba David?—preguntó Bill mordiéndose el labio.

—En su despacho, su padre nos dijo que andaba algo indispuesto y mientras le enseñaba a Jack unas cajas yo no pude evitar entrar a verlo—contestó Tom carraspeando—No puedo mentirte, su aspecto era horrible y había bebido un poco. Se…desahogó conmigo, y luego ya se calmó, me pidió que te dijera que la próxima semana no estaría en casa y que fueras a recoger el resto de tus cosas y las de Alexander.

Le mostró las llaves que David le pasara, reconociéndolas Bill como las mismas que había dejado esa mañana cuando supo que jamás podría perdonarle David.

—Debo verle antes de que se vaya—dijo Bill con firmeza—Tengo que ver como está y hablar con él.

— ¿Quieres que te acompañe?—preguntó Tom.

—Mejor voy solo—contestó Bill—Mañana, cuando salgas de clase y puedas quedarte con Alexander.

Tom miró a su hijo, pensando que de repente le empezaba a entrar un ligero miedo por quedarse a solas unas cuantas horas con él. No le conocía, ¿y si se asustaba? ¿Sabría cómo cuidarle?

—Lo harás bien—dijo Bill, como si le hubiera leído el pensamiento, poniendo una mano sobre la de Tom.

Tom sonrió y se inclinó, apoderándose de esos labios que tanto había añorado.

.

Esa misma noche compartieron cama con toda naturalidad. Dieron de cenar a su hijo y bañaron juntos, y Bill dejó que Tom le acostara. Se sentó en la cama y desde allí observó como Tom le arropaba, como si lo hubiera hecho siempre. Alexander se portó bien y cayó dormido profundamente.

Entonces aprovecharon para ir al salón a ver un rato la tele, aunque no la prestaron mucha atención, se sentaron bien juntos en el sofá y charlaron de futuros planes.

—Deberíamos ver un piso más grande—empezó a decir Tom echando un vistazo a su alrededor—Necesitaremos una habitación más…al menos…

Dejó la pregunta en el aire, la noche anterior había tenido un bonito sueño donde se veía a ellos dos viviendo en una casita de dos plantas con un amplio jardín donde sus hijos jugaban.

Porque quería tener otro hijo con Bill. No en esos momentos, pero con el tiempo quería disfrutar de todo eso que se había perdido.

—En cuanto hable con David y mis padres…y luego hablemos con los tuyos, entonces pensaremos en nuestro futuro—dijo Bill cogiéndole de la mano.

Tom sonrió satisfecho de su respuesta y le miró a los ojos. Nunca antes los había visto tan llenos de luz. Se le veía tan enamorado…como él, que desde que le volviera a tener a su lado, era como si se hubiera despertado de un mal sueño y nada hubiera pasado.

Continúa…

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por lyra

Escritora del Fandom

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