Return to me 23

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Fic Toll de lyra

Capítulo 23

Tal y como lo habían hablado, Tom se quedó al cargo de Alexander tras las clases. Por la mañana Bill se había dedicado a ver que necesitaba y bajado al super a comprarlo. Preparó una comida que disfrutó con Tom y una vez terminada se vistió mientras Alexander se echaba una pequeña siesta.

—En el armario tienes un potito para la merienda—explicó Bill en voz baja—Luego le cambias el pañal y ya. Ponle unos dibujos y si ves que llora le puedes sacar a dar un paseo.

Tom asintió sin poder apartar los ojos de su cuerpo. Bill buscaba unos pantalones llevando únicamente unos bóxers, y Tom no podía dejar de pensar en la próxima vez que le tuviera en sus brazos.

No podía dejar de pensar en tenerle desnudo bajo su cuerpo, pasar las manos por su espalda y acariciar sus nalgas…

Carraspeó y desvió la mirada, Bill se había vuelto y le había pillado con los ojos fijos en su trasero. Le vio sonreír tímidamente y cubrir su cuerpo antes de que uno de los dos diera el primer paso y terminaran rodando por la cama.

—No tardaré mucho—dijo Bill una vez vestido del todo.

Tom le acompañó hasta la puerta y allí se despidieron con un profundo beso. Una vez en la calle Bill dio un paseo hasta la tienda de antigüedades, sabiendo que allí hallaría a David.

Cogió aire y abrió la puerta. Alexander Jost alzó la mirada al escuchar la campanilla, sorprendiéndose de verle entrar por la puerta. Lo primero que pasó por su cabeza fue que se lo había pensado mejor y le iba a dar otra oportunidad a su hijo. Pero vio la determinación en sus ojos, y enseguida supo que no.

—Hola Alexander—saludó Bill con timidez.

—Bill…—saludó Alexander— ¿Qué tal estás? ¿Y Alexander?

—Bien… ¿está David?—preguntó Bill en voz baja.

—En su despacho—indicó Alexander suspirando.

Bill asintió y hacia el se dirigió. La puerta estaba entre abierta y llamó por educación. Al igual que su padre, David alzó la cabeza. Pero a diferencia de él, David sabía a ciencia cierta que no estaba allí porque pensara volver, no había más que mirar cómo le brillaban los ojos estando con Tom. Qué diferencia de cuando estaba con él, se trataban con cierta frialdad y aunque sabía que le molestaba, Bill no tuvo el valor de pedirle que dejara de llamarle cariño. Sabía que a David le gustaba, y como era tanto lo que le debía, le concedía ciertos caprichos.

— ¿Qué tal Alexander?—preguntó David, sacándole de sus pensamientos.

—Bien—contestó Bill desde la puerta.

No se atrevía a entrar, pero sabiendo que debían hablar de ciertos temas de los que Alexander Jost no estaba enterado aún, entró del todo en el despacho y cerró tras él la puerta.

Ocupó una cómoda silla ante el despacho de David, mirando los papeles que se acumulaban sobre una carpeta. Dos días de trabajo atrasado, y todo por su culpa. No solo había destrozado una familia, les había dejado en la estacada. Y la salud del padre de David estaba algo delicada, con el tiempo o cogían a alguien que les echara una mano, o tendrían que cerrar la tienda que tanto amaba.

— ¿Quieres que te ayude?—preguntó de repente, señalando la montaña de papeles.

David asintió, sabiendo que así pasarían más tiempos juntos. Se puso ante el ordenador y Bill le fue dictando los nuevos muebles que habían llegado, los que estaban reservados y los que iban a ser restaurados.

—La mesa colonial de la señora Frost no estará hasta la semana que viene—murmuró Bill arrugando la frente—Le prometimos que la tendría en un mes y eso es mañana.

—Me pondré con la mesa inmediatamente—prometió David.

—Déjame que hable con la señora Frost, la llamo ahora y ya me inventaré algo—dijo Bill cogiendo el teléfono.

Antes de que David pudiera decir algo Bill ya miraba en la agenda de clientes y marcaba un número.

—Buenas tardes, Amanda—saludó con educación—Soy Bill, de Antigüedades Jost…bien, gracias por preguntar…Siento mucho comunicarle que la mesa que nos encargó no estará terminada hasta la próxima semana, nos está dando más problemas de lo esperado y ya conoce a David, va con mucho cuidado y me temo que se ha retrasado…ningún problema, puede venir a por ella el viernes. Adiós, y muchas gracias.

Colgó muy satisfecho, conocía muy bien a la señora Frost. Era una cliente de toda la vida, amiga de los padres de David y siempre que pasaba por la tienda le traía alguna golosina a Alexander.

— ¿De verdad quieres alejarte de todo esto?—preguntó David sin poder contenerse.

—Sabes que entre tú y yo no…—empezó a decir Bill.

—No hablo de ti y de mi—cortó David para su sorpresa—Hablo de la tienda, adoras trabajar en ella. Y sabes que yo solo no puedo, y con mi padre tampoco.

—Lo sé, ¿y qué vais a hacer?—preguntó Bill suspirando—Tenéis que coger a alguien que os eche una mano.

—Sabes tan bien como yo que todo esto no se aprende de la noche a la mañana—dijo David acomodándose en su asiento—Debe ser alguien bien preparado que ame las antigüedades y sepa cómo tratar a cada uno de nuestros clientes. Ya sabes que son muy exigentes.

—Yo no sabía nada y gracias a ti a tu padre fui aprendiendo con el tiempo—apuntó Bill.

—Sabías bastante gracias a tu padrastro—apuntó a su vez David—Creciste en una casa llena de antigüedades, supiste respetarlas y con el tiempo amarlas. Y sabes cómo tratar a la gente, tienes la paciencia necesaria con algunos y todos te conocen y quieren…

—David, ¿qué propones?—preguntó Bill yendo directo al grano.

—Que te quedes…en la tienda—dijo David con firmeza—Mi viaje a Berlín no fue solo para recoger un par de sillas. Estuve hablando con el hijo de unos amigos de mis padres, de hecho fue compañero mío de clase y estaba pensando en montar él su propia tienda de antigüedades. Ya en un tiempo me habló de asociarnos, pero…por cierto desvío que hice en mi viaje, tuve que decirle que no…

Bill empezó a saber por dónde iban los tiros. Ese amigo y compañero de clase no era otro que la persona a la que David iba a ver cuando se cruzó en su camino por primera vez. Y él era el motivo por el que tuvo que decirle que no, porque entonces decidieron vivir juntos y criar ese hijo que llevaba en su vientre.

—Se llama Henry y nuevamente espera mi respuesta—siguió explicando David—Mi idea era irme a Berlín unos días a echarle una mano con la tienda mientras tú llevabas esta con ayuda de mi padre. Pero a pesar de los cambios de planes, sigo con esa idea. Y en unos días no se abre una tienda, hablé hace una hora con Henry y nuestros planes nos llevaran meses. Alejarme de aquí me hará bien, siempre que digas que sí. De lo contrario le tendré que decir de nuevo no a mi amigo.

Bill le escuchaba en silencio, le estaba «chantajeando» con algo que apreciaba mucho. lo había estado pensando desde que decidiera volver al lado de Tom, iba a echar mucho de menos trabajar rodeado de tan bellas antigüedades pero le parecía raro y cruel por su parte seguir trabajando en la tienda como si nada hubiera pasado. Vería a David todos los días, alguno de ellos Tom le iría a buscar a la salida llevando con él al hijo de ambos y restregando ante David que lo había perdido y él ganado.

—No me contestes ahora—dijo David consciente de su indecisión—Háblalo con Tom y me das una respuesta cuando quieras.

—Eres demasiado bueno conmigo—comentó Bill suspirando—Siempre atento y queriendo ayudarme. Te debo mucho David.

—Me gusta ayudar a la gente—murmuró David quitándole importancia.

— ¿Qué le has dicho a tus padres?—preguntó Bill de repente.

—Que lo hemos dejado—contestó David suspirando—Que con el tiempo nos hemos dado cuenta que no somos el uno para el otro…no he podido decirles que Alexander no es mío, aunque creo que lo sospechan desde el principio.

Bill se le quedó mirando como si le hubiera hablado en chino, ¿lo sabían? ¿Y aún así permitieron que les mintieran?

—A mis padres les pareció raro que de la noche a la mañana les presentara un novio más joven que yo y en estado—explicó David—Pero vieron lo enamorado que estaba y callaron, y tú les caíste muy bien. Por eso no les he podido decir nada, les destrozaría. Quieren a Alexander como si fuera su nieto…

—Si aceptara tu idea de quedarme en la tienda—empezó a decir Bill—Dile a tus padres que podrán seguir viendo a Alexander, Tom está estudiando y quien mejor que sus abuelos para cuidar de él. Nunca jamás quise haceros daño a ti y a tu familia David, ni alejaros de mi hijo.

David asintió con la cabeza, sabía que al final Bill iba a aceptar.

—Gracias por ayudarme con el papeleo—dijo David poniéndose en pie—Mañana por la tarde salgo hacia Berlín, mi padre ya sabe que te iba a hablar de mis planes y está de acuerdo con ellos. Todo seguirá como está, y si con el tiempo necesitas un ayudante estaré de acuerdo en todas las decisiones que tomes, trabajar y cuidar de un hijo puede llegar a ser muy duro.

Bill asintió y viendo que no había nada más que decir se despidió de David. Salió de la tienda tras quedar con Alexander Jost en regresar a la mañana siguiente. Era como si nada hubiera pasado, en su bolsillo llevaba su juego de llaves de la tienda y entre sus brazos una carpeta con una nueva partida de muebles que iba a llegar la próxima semana.

&

Cuando regresó al piso de Tom vio con sorpresa que Alexander ya estaba bañado y en esos momentos cenaba en la cocina entre risas.

—Veo que os lo estáis pasando muy bien—comentó pasando un brazo por los hombros de Tom.

Se inclinó y le besó en los labios con naturalidad, y Tom le respondió suspirando.

— ¿Qué tal con David?—preguntó Tom preocupado.

Bill se sentó a su lado pensando por dónde empezar. ¿Se enfadaría Tom por no alejarse del todo de David? No tendría por qué, ya le había demostrado que entre él y David jamás habría algo y había vuelto a su lado.

— ¿Tan mal ha ido?—murmuró Tom, al ver que no contestaba.

—Todo lo contrario—dijo Bill carraspeando—David me ha ofrecido seguir trabajando en la tienda mientras que él está en Berlín. Tiene un amigo que quiere abrir un negocio de antigüedades y le ha pedido que le eche una mano. Estará unos meses fuera y si yo no me quedo en la tienda no tendrá más remedio que cerrarla, su padre no está para llevarla él solo.

—Pues me parece una buena idea—apuntó Tom para su sorpresa—La verdad, me sentía muy mal por alejarte no solo de David sino también de un trabajo que amas.

—Empiezo mañana—explicó Bill—Y mientras estés en clase la madre de David cuidará de Alexander y su padre me echará una mano en la tienda, como siempre. Por la tarde y si no tienes que estudiar puedes ir a recoger a Alexander.

— ¿Y qué dirán los padres de Alexander cuando me vean? ¿Saben ya quién soy?—preguntó Tom.

—Más o menos lo saben—contestó Bill suspirando—David me ha contado que ya sospechaban que Alexander no era su nieto pero nunca dijeron nada.

Tom asintió suspirando, se le iba a hacer raro entrar en la tienda proclamando ser el padre del niño y la persona que se había interpuesto en la relación que mantenía Bill con David, si a eso se le podía llamar relación, claro…

Terminaron de dar la cena a Alexander y le acostaron entre los dos. Luego cenaron, vieron un poco la tele y una hora después yacían los dos desnudos en la cama. Hicieron el amor a un ritmo lento, mirándose a los ojos mientras pensaban en que al fin las cosas salían como ellos esperaban….

Continúa…

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por lyra

Escritora del Fandom

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