
Fic Toll de lyra
Capítulo 5
Dos días después Tom se presentaba en el apartamento compartido por sus amigos. De su brazo llevaba una carpeta roja con sus apuntes de Geografía y Matemáticas, pensando que también los podía querer Bill.
Era por la tarde, sabía que Gustav estaría fuera con esa compañera de clase que ya consideraba su novia y Georg tenía cita en la peluquería. Le había comentado esa mañana en el recreo que se quería cortar las puntas pero no se atrevía porque siempre que iba le cortaban más de lo que decía, y Tom solo le animó a que fuera para librarse de el, se la traía floja como demonios quisiera llevar el pelo.
Andreas era otra cosa, no era tonto y estaba al tanto de las miradas que le dirigía a su hermano. Fue quien le abrió la puerta y en esos momentos le fulminaba con la mirada.
—Hola, Andreas—saludó Tom entrando sin más.
Pasaba mucho tiempo en el apartamento y era como si viviera allí, no hacía falta que le invitasen a pasar.
—Tom, ya has llegado.
Se volvió hacia la voz de Bill, salía en esos momentos del baño. Acababa de darse una ducha y su pelo estaba aún mojado. Vestía un pantalón de chándal azul claro con una raya amarilla a lo largo y una camiseta negra.
— ¿Quieres algo de comer mientras estudiamos?—ofreció Bill.
—Claro—dijo Tom sonriendo.
—Espérame en mi habitación mientras lo preparo—indicó Bill.
Tom asintió y hacia ella se dirigió dejando a solas a los dos hermanos.
— ¿Qué estás haciendo?—preguntó Andreas yendo a la cocina tras Bill.
—Quedé con Tom para estudiar, ya te lo dije esta mañana—contestó Bill abriendo la nevera.
—Y yo te dije que yo mismo te podía ayudar—dijo Andreas cruzándose de brazos—No hacía falta que le llamases a él.
— ¿Qué te pasa con Tom?—preguntó Bill mirando fijamente a su hermano—Creía que te caía bien.
Andreas miró a su hermano suspirando, era muy inocente. No veía en Tom lo mismo que él, un chico al que le había gustado y que claramente iba a por él. Pero… ¿quién era él para interponerse? Su papel era cuidar de su hermano pequeño, no aislarlo del mundo en una burbuja de cristal. Y no era tan pequeño, cumplió los 18 hacía escasos meses. Había crecido y convertido en un chico muy atractivo y al igual que él, el sexo era algo que formaba parte de su ser.
—Ten mucho cuidado con Tom—advirtió dándose por vencido.
Bill asintió con la cabeza al tiempo que colocaba sobre una bandeja un plato con patatas fritas y dos refrescos de cola junto con unas servilletas de papel. Todo bajo la atenta mirada de Andreas.
— ¿Qué le pasa a la cocina?—preguntó de repente.
— ¿Cómo?—dijo Bill sin entender.
—Digo que…para qué estudiar en tu habitación si aquí tenéis una mesa y buena luz—se explicó Andreas tratando de mantener la calma.
—Tengo todas mis cosas allí preparadas—explicó a su vez Bill cogiendo la bandeja—¿No habías quedado con Georg?
Andreas miró el reloj que había en la cocina, Georg saldría de la peluquería en 10 minutos. Habían quedado juntos para ir a la biblioteca y buscar información sobre un trabajo que les habían puesto. Si hubiera sabido lo de Tom antes no hubiera quedado con él, pero Bill fue muy hábil al mencionárselo esa misma mañana tras terminar la clases, un par de horas antes de la cita.
Resopló y se dio por vencido. No podía hacer nada para que Bill y Tom se quedasen solos. ¿Por qué era tan mal pensando? Tom había ido cargado con sus apuntes del curso anterior y Bill le había comentado que tenía mal sus apuntes de Geografía. Tenía que darle un voto de confianza, nunca antes había dado motivos para pensar lo contrario.
Pero…era solo un niño, y Tom chorreaba hormonas a cada paso que daba…
&
Una vez hubo «echado» a Andreas del apartamento, Bill se dirigió a su habitación. Tom le esperaba sentado ante el escritorio con su carpeta abierta y buscando en los apuntes de Geografía la parte que Bill estaba estudiando.
—He traído unas patatas—dijo Bill dejando la bandeja a un lado.
—Comamos algo antes, es malo estudiar con el estómago vacío—bromeó Tom.
Bill sonrió y abriendo su refresco echó un trago largo. Sentía la garganta reseca.
—Si me dejas tus apuntes te los voy corrigiendo—dijo Tom tras coger su refresco.
Bill asintió y ocupando la silla que había a su lado sacó su cuaderno. Lo abrió y se lo pasó justo en el mismo sitio que la tarde anterior. Tom leyó sus notas con la frente arrugada.
—Tuviste Geografía a primera hora de la mañana, ¿verdad?—preguntó Tom viéndole asentir—Tranquilo, a esas horas nadie está despierto del todo. No te has enterado de mucho, tienes frases sin sentido y explicaciones a la mitad.
—Soy muy malo tomando apuntes—confesó Bill carraspeando—Siempre me tiene que dejar los suyos Andreas.
—Ahora estoy yo y tenemos los míos—dijo Tom sacando un par de folios de la carpeta—Apunta lo que te voy a ir dictando.
Bill asintió y tras llevarse una patata a la boca recuperó su cuaderno y bolígrafo en mano escribió lo que Tom le fue explicando.
—Seguimos con el clima mediterráneo—empezó a recitar Tom—Las masas de aire que encontramos son de tipo tropical marítimo o continental y polar marítimo. Las masas de aire polar marítimo dominan en otoño e invierno y también en primavera. Son responsables de la mayor parte de las precipitaciones en este clima. Las estaciones más lluviosas son las intermedias, otoño y primavera. Especialmente en otoño, se pueden dar lluvias torrenciales provocadas por la acumulación de calor en las masas de agua durante el verano, y la llegada de gotas frías polares.
Bill escribía tratando de que su letra fuera lo más clara posible, llegada la hora de estudiar quería poder entenderlo todo a la perfección.
—Si voy deprisa dímelo—dijo Tom tomando un respiro para comer una patata él también.
—Vas bien, sigue por favor—pidió Bill acomodándose en la silla mejor.
Tom asintió y siguió por donde lo había dejado.
—En invierno pueden aparecer, localmente, anticiclones térmicos. Las temperaturas son suaves durante todo el año, con poca amplitud térmica anual (unos 15 ºC), sin embargo las condiciones topográficas pueden variar estos parámetros y encontrarnos con un clima más seco y frío; de inviernos secos y fríos y veranos frescos, aunque siempre dentro de las condiciones generales. Lo más significativo del clima son los tres o cinco meses de aridez en el verano; cuando está bajo el dominio del anticiclón subtropical….
.
Pasaron dos horas y para entonces Bill se encontraba tumbado en la cama con los ojos cerrados. Le dolía la espalda tras tanto tiempo sentado cogiendo apuntes, si el día anterior se había puesto nervioso cuando Tom se ofreció para ir al apartamento a ayudarle en esos momentos los nervios habían desaparecido. Por un momento llegó a pensar que la velada iba a terminar con él en la cama…no como estaba, descansando de la paliza que Tom le había dado.
A la Geografía le siguieron las Matemáticas y Tom no paró hasta que hizo bien las tres ecuaciones que le había puesto. Había sido muy estricto, Tom se la corregía sin decirle donde había fallado y no pararon hasta que le salieron las 3 bien.
Para entonces la espalda le estaba matando y no dudó en tumbarse en la cama boca abajo. Y Tom tampoco dudó en echarse a su lado.
—Estoy agotado—murmuró Bill suspirando.
Tom sonrió y se puso de lado para observarlo. Bill lo notó y girando la cabeza se le quedó también mirando. A Tom se le veía muy cómodo tumbado en su cama, y a Bill se le pasó un pensamiento por la cabeza. ¿Tom era gay?
A primera vista le dio la impresión que no lo era, pero tras sentir esas miradas que le dirigía y como le sonreía cada vez que se encontraban en la facultad por las mañanas… ¿sería él el primer chico con el que estaba?
—Qué bien hueles—dijo Tom de repente.
Bill se quedó sin saber que decir, era la primera vez que alguien le decía que olía bien. Sentía que sus mejillas le ardían, seguramente se había sonrojado hasta las orejas. Y Tom debió notarlo, pues sonrió ampliamente y tras pasarse la lengua por el labio inferior empezó a juguetear pícaramente con el piercing que llevaba en el.
Sintió un escalofrío recorrerle la espalda de arriba abajo y se estremeció sin poder evitarlo, más cuando Tom extendió su mano y cogió un mechón de su pelo en ella.
— ¿Que champú usas?—preguntó Tom acercándose más.
—Uno de bebés—susurró Bill sin aliento.
No podía creérselo, ¡Tom le estaba oliendo el pelo!
—Mmmmmmm….huele a melocotón—murmuró Tom sonriendo.
Estaba peligrosamente cerca de Bill, quien moviéndose en la cama se puso de costado al igual que él. Su mano aún sujetaba ese mechón de pelo y sin soltarlo le estudió con más atención. Tenía el pelo alborotado, se le había secado mientras estudiaba y no estaba tan liso y perfecto como siempre lo llevaba.
Y su cara estaba libre de ese maquillaje que le gustaba ponerse, sus ojos castaños brillaban con luz propia al igual que sus labios. Soltó el mechón de pelo y llevó la mano a su mejilla acariciándosela con suavidad. Le sintió estremecerse bajo su contacto pero no huir de él.
Lo tomó como una señal y sin apartar los ojos de sus labios se apoderó de ellos suspirando…
Continúa…
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