Sin miedo a nada 1

Sin miedo a nada 1

Fic TOLL de lyra

Capítulo 1

Sentado ante el espejo de su tocador, Bill Trümper se desmaquillaba mientras tarareaba por lo bajo. Estaba agotado tras la dura noche de trabajo, pero eso nunca borraba la sonrisa que siempre lucía en sus labios, o le quitaba las ganas de cantar.

Ese era el mejor trabajo que jamás hubiera soñado. Hacía lo que mejor se le daba y con lo que más disfrutaban, y encima le pagaban por ello.

Su voz era su herramienta de trabajo, y la cuidaba con esmero. No quería caer enfermo y tener que ausentarse del club, en que tras escucharle una sola noche le contrató como su mejor cantante.

Amenizaba las veladas con su dulce voz, y la gente le aplaudía al final de cada canción que él mismo componía. Recibía muy buenas propinas y gracias al sueldo que todos los meses le pasaba muy satisfecho el señor Franz podía permitirse el lujo de tener un cómodo apartamento a escasas manzanas del club.

Ahorraba todo lo que podía y lo guardaba en el fondo del último cajón de su cómoda, nunca se sabía cuando había que huir en mitad de la noche…

— ¿Bill?

Pestañeó y salió de sus pensamientos. Alzó la mirada y sonrió al ver a la persona reflejada en el espejo a su espalda.

— ¿Qué tal he estado hoy, Natalie? —preguntó sonriéndola.

—Maravilloso, como siempre—respondió Natalie devolviéndole la sonrisa.

Se le acercó más y se sentó en el borde del tocador, al lado de su neceser abierto, con la mitad de sus cosas por él esparcidas.

—Esta noche las propinas han sido muy generosas—comentó Natalie enseñándole un fajo de billetes—Y también…lo otro…

Arrugó la frente al escucharlo, poniendo la misma expresión de desagrado que Natalie. Muchos clientes del club, hombres en su mayoría, le dejaban su número de teléfono o el de la habitación del hotel en el que se alojaban.

Odiaba que lo hiciera, ya no se dedicaba a eso. Lo dejó atrás cuando huyó en mitad de la noche cuando apenas tenía 17 años, dejando atrás un doloroso pasado.

Cogió el dinero que Natalie le tendía y separó las pequeñas notas en las que había garabateadas unos números de teléfonos y direcciones de hoteles. Las arrugó con una mano y las tiró a la papelera.

—Te invito a tomar algo—dijo Natalie de repente.

No era un secreto que estaba enamorada del joven cantante. Las miradas que le dirigía y los suspiros que se le escapaban de los labios cada vez que él la sonreía eran notados por los demás trabajadores del club.

Pero nadie se atrevía a burlarse o decir nada. El chico era el mejor cantante que jamás hubieran tenido, y Natalie la hija del jefe.

—Estoy muy cansado, otro día ¿vale?—dijo Bill levantándose.

Comenzó a guardar sus cosas con manos temblorosas. Le agradaba mucho Natalie, era la mejor amiga que podía tener. Pero solo eso, una buena amiga. No podía sentir nada por ella, ni por nadie más de hecho. Había cerrado su corazón a cal y canto al amor. Nunca lo recibió de pequeño y ya era mayor para hacerlo.

A sus 18 años recién cumplidos, sabía que nunca podría encontrar a nadie especial, porque al final todos le pedirían algo a cambio de ese amor que le iban a entregar.

—Solo un refresco—insistió Natalie rozando su mano con un dedo.

Suspiró dándose por vencido. No pasaba nada malo por aceptar tomar algo con ella. Asintió con la cabeza y terminó de recogerlo todo. Lo metió en su bolsa de mano y se la colgó del hombro saliendo de su camerino llevando su cazadora colgada de su brazo.

Recorrieron el estrecho pasillo que rodeaba el escenario y salieron por una puerta que había a su izquierda. Entraron en la acogedora sala en la que él cantaba todas las noches, vacía de clientes a esas horas. Solo quedaban los camareros, que recogían y limpiaban con expresión de cansancio.

Se dirigieron a la barra y se sentaron cada uno en un taburete, sonriendo al camarero que se les acercaba. Era David Jost, el jefe de la barra. Era el encargado de hacer caja, y el último que se marchaba tras comprobar que todo quedaba listo para la noche siguiente.

— ¿Qué van a tomar estas dos bellezas? —preguntó sonriendo ampliamente.

—Ginebra con coca-cola—pidió Natalie riendo.

Bill la imitó. Se había fijado en las miradas que David dirigía a la hija del dueño, ajena a ellas por su culpa.

— ¿Bill? —llamó David esperando su respuesta.

—Solo agua, gracias—dijo Bill al cabo de un minuto.

— ¡Marchando!—gritó David dando media vuelta.

— ¿Agua? —repitió Natalie decepcionada.

—Sabes que debo cuidar mi garganta,…y el alcohol enseguida se me sube a la cabeza—explicó Bill incómodo.

Eso no era cierto del todo. Si, con una sola copa la habitación ya le daba vueltas, lo que le hacía perder la noción del tiempo incluso la consciencia. Por eso en el pasado bebía mucho, para no estar consciente del todo cada vez que le forzaban…

Esperaron en silencio hasta que David regresó con sus bebidas y una para él. Brindaron y bebieron todos a la vez.

—Esta noche hemos tenido mucho trabajo—comentó David tratando de mantener una conversación.

—Todo gracias a Bill, no sé que haríamos sin él—dijo Natalie sin apartar de él los ojos.

Incómodo ante su comentario, el joven cantante se revolvió en su asiento. Sabía que David quería estar a solas con Natalie y él solo estorbaba, así que decidió hacer lo que mejor se le daba: salir huyendo.

—Gracias por el halago, pero David tiene razón. Hemos tenido mucho trabajo hoy y estoy muy cansado—dijo poniéndose en pie—Gracias por la copa.

—Cuando quieras, ya sabes dónde estamos—se despidió David con una sonrisa.

Se la devolvió y levantando una mano, se despidió de Natalie. Se puso la cazadora con rapidez y se colgó al hombro de nuevo su bolsa, subiéndose bien el cuello de la cazadora para proteger su garganta de la fría noche. Se metió las manos en los bolsillos y salió del club.

Echó a andar calle abajo con la cabeza inclinada, no quería ver la gente que le rodeaba. El club era uno de los pocos famosos en ese lado de la ciudad, que resultaba ser uno de los peores barrios que te podrías encontrar, pero gracias a Saki, el portero, nadie que no fuera bien vestido podría entrar a escucharle cantar.

Cruzó de acera, pero el ambiente no cambió. Sorteó la basura que había esparcida por el suelo y giró la cabeza en dirección contraria arrugando la nariz cuando hasta le llegó un aroma maloliente.

Frunció el ceño cuando escuchó el eco de una pelea lejana, pero se encogió de hombros y siguió su camino. Lo mejor que podía hacer era no ver nada, no decir nada…no sentir nada…

Continúa…

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por lyra

Escritora del Fandom

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