
Fic Toll de Acuario25
Capitulo 4 : En el bosque
Una agradable sensación de felicidad y satisfacción envolvían al atractivo rey.
¿Qué más podía pedir? Las cosas estaban saliendo justo como las planeaba, había conseguido que su hijo pensara que el hermoso y delicado de su novio realmente era un pervertido que espiaba a su padre mientras se bañaba y que probablemente hasta se masturbaba e incluso esperaba una oportunidad para serle infiel. Realmente dudaba que Tom lo perdonara o creyera cualquier excusa del joven principito.
—Todo está saliendo como quiero —sonrió felizmente. Dentro de pocos meses se convertiría en viudo, Snow al igual que él se quedaría sin esposa, con una gran riqueza y con un lastimado corazón que él estaba más que dispuesto a curar, ya que su hijo no perdonaría a Bill y dudaba que se quedara a verlos juntos quizás este se fuera lejos del reino—. Gobernaré dos reinos al lado de la persona más deseada de todas, seré el hombre más rico y envidiado — caminó por el jardín principal dispuesto a cortar varias rosas rojas y bañarlas en osedet, esa misma noche haría que Snow la oliera para que quedara perdidamente enamorado de él, de esa forma Bill no tendría ojos para nadie más en el mundo.
Al cortar las rosas que le parecieron suficientes unas risas que le parecieron familiares lo distrajeron. Mordió sus labios en un acto de furia y se encaminó por donde provenían las voces. Al estar a pocos metros de ellos se dio cuenta de que los príncipes se encontraban tomados de las manos, con el cabello desarreglado y algunas marcas en el cuello. No hacía falta preguntar qué había pasado.
—Con que…sexo de reconciliación, ¿no es así? —preguntó envidioso y hasta celoso, Bill pronto pasaría hacer de su propiedad y no le agradaba que fuese tan regalado con su hijo.
—Mas que sexo fue hacer el amor y no importa lo que digas porque jamás volveré a dudar de quien yo tanto amo —dijo Tom con seriedad.
—Está bien, pero me decepciona que perdonaras el que tu amante me deseara más a mí que a ti.
—¡Eso es mentira! —interrumpió el menor—. La única persona que deseo y amo es a Tom, aquello fue un accidente y solo una vez, ¡yo no soy ningún pervertido, infiel!
—Pero lo serás muy pronto, recuerda que hoy estará aquí tu futura esposa. Tú tienes la obligación de casarte y procrear un heredero para salvar el reino —los chicos se miraron a los ojos un momento, sabían que su reino necesitaba de los ingresos que esa boda les proporcionaría, sin embargo ya encontrarían otra forma de salir del problema sin tener que separarse.
—Hablaré con ella y sus padres, les diré que mi corazón le pertenece por completo a alguien más y que si me caso con ella solo nos haré infelices a los dos.
—Y tampoco te tomes la molestia de comprometerme ya que no lo haré con nadie que no sea mi Bill.
—¡¿Han perdido la razón?! —grito mientras sentía como su rostro ardía en furia—. Esto puede traernos guerra y miles de inocentes morirán por su culpa.
—No necesariamente, ya que de igual manera ellos saldrían perdiendo de igual forma, estoy seguro que todo saldrá bien.
—Tomy tiene razón, no creo que sean capaces de sacrificar tantas vidas solo por un amor no correspondido —se pegó mas al cuerpo de su Tomy.
—¿En serio piensas que su madre apoyará esta locura? —dijo con voz retadora.
—Completamente y si no lo acepta entonces…
—Bill y yo nos iremos muy lejos a vivir nuestro a mor.
—Ya lo veremos —Fue todo lo que dijo, mientras apretaba las manos. Tenía que hablar con los guardias para hacer que vigilaran a los príncipes y frustraran cualquier intento de escape.
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Postrada en la enorme cama hecha de roble, con las cortinas de su habitación cerradas se encontraba la reina quien víctima de un cruel cansancio y una sed insaciable esperaba al médico.
Unos leves golpes se escucharon tras su puerta y luego de largos segundos sin respuesta los jóvenes príncipes decidieron entrar.
—¿Estás bien mami? —su tono de voz preocupado logro que Amy abriera los ojos y es que la reina tenía la piel bastante amarillenta.
—No te preocupes, no creo que sea nada grave —se incorporó lentamente y sonrió al ver a sus dos hijos.
—Madre, escuché que me consiguieron una prometida sin consultarme y que llegará esta noche, ¿eso es verdad? —Amy lo miró unos segundos y luego sonrió.
—Yulia Volka es una hermosa princesa que esta locamente enamorada de ti, estoy segura de que serán muy felices juntos.
—Eso jamás pasará porque Bill no la ama, además yo no pienso permitirlo, madre, Bill no contraerá matrimonio con ningún mujer —Tom lo abrazó posesivamente ante la mirada confusa de su madre.
—¿Qué quieres decir?
—Esta noche hablaré con los padres de la princesa y dejaré en claro que no habrá boda.
—¿Qué estás diciendo Snow? No puedes hacer eso, la sobrevivencia de todo el reino depende de esa unión.
—Encontraremos otra manera de salvar al reino de la ruina.
—Sin esa unión no veo como, Tom. Bill, el reino necesita de esa unión, la comida es muy escasa, igual que la medicina. No puedes ser tan egoísta, ser de la nobleza equivale a llevar una gran responsabilidad, resolver los problemas del reino es tu obligación y tienen que ser tu único interés.
—Pero… no puedo casarme, tiene que haber otra forma.
—Bill tiene razón no podemos condenarlo a una vida de infelicidad —Tom estaba consciente de las consecuencias tan grandes que provocarían al no llevar a cabo la boda, pero quizás su egoísmo era tan grande que le daba igual lo que pasara si al final Bill y él estuviesen juntos por siempre.
—Es el precio por nacer en cuna de oro, pero si no quieres que Snow se case, entonces, Tom hazlo tú, cásate con una princesa.
El corazón de Bill dolió, ¿su Tomi casado con alguien más? ¡No! Definitivamente jamás permitiría aquello.
—Eso es imposible, date cuenta que Bill está enamorado de mí como yo de él —Amy abrió los ojos lo mas que pudo, sus labios se apretaron ligeramente incapaz de pronunciar palabra alguna. ¿Había escuchado bien?
—¿Se refieren a que están enamorados? —preguntó esperando a que la respuesta fuera no y que la calentura fuera la culpable de hacerla delirar, y creer algo tan absurdo.
—Sí, nos amamos profundamente, madre, yo no puedo estar con nadie mas —solo hubo silencio, un silencio muy doloroso y agobiante para los príncipes que esperaban que su madre dijera algo, cualquier cosa.
—…Eso está mal, es anti natural —fue todo lo que dijo sin atreverse a mirarlos a los ojos.
—Madre…—susurró el menor apenas audible, por primera vez sentía como era tener el corazón verdaderamente roto.
—No digan nada, no quiero escucharlos… ¡salgan de aquí ahora mismo! —la reina no tenía ni una idea de que decir o pensar, pues jamás imaginó que entre sus hijos se pudiera dar ese tipo de amor que estaba tan penado por la religión con la que fue educada y que ella adoraba, ella no educo a su único hijo de sangre de aquella manera.
—Lo que la reina desee —El mayor de los príncipes tomó la suave mano de su novio y dio un suave tirón para que reaccionara—. Hay que irnos —lo miro un segundo a los ojos y eso fue suficiente para que el menor asintiera y lo siguiera.
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Bill jamás pensó que su madre reaccionaria de esa forma, creía ciegamente que se alegraría por ellos, porque al final habían encontrado a esa persona que tanto amaban y con la que estaban más que dispuestos a pasar el resto de sus vidas. Tanto tiempo fue el que ella insistía en eso del verdadero amor y que si lo encontraba no debería dejarlo ir…y ahora parecía no entenderlo, todas las cosas que ella le había dicho su mente las repasaba una y otra vez.
Tanto tiempo escondiendo ese amor esperando el momento indicado para gritárselo a todo el mundo. Estaba consciente de que se estaba metiendo en un gran problema el cual sería imposible de resolver, pero no estaba dispuesto a renunciar a Tom aun si la vida misma dependiera de eso.
—Príncipe, los invitados están por llegar, el rey solicita de su presencia ahora mismo—escuchó la voz de su nodriza luego de dar unos ligeros golpes en la puerta.
—Bajaré inmediatamente —respondió mientras dejaba su cepillo en su cama, estaba nervioso y es que no tenía una idea de cómo acabaría esa noche.
Se miró una vez más en el espejo y forzó una sonrisa mientras se dirigía al comedor.
—¡¿Por qué tardaste tanto?! Recuerda que tenemos que recibirlos a la entrada del castillo —el rey lo tomó fuertemente por los hombros y lo miró en forma desaprobatoria.
—¡No le grites a mi novio! —dijo fríamente el mayor de los príncipes mientras apartaba bruscamente a su padre.
—Gracias, Tomy —el menor abrazó la espalda de su príncipe y besó su cuello haciéndolo sonrojar.
—Pensé que dejarían eso por la paz y bienestar tanto del reino como de su madre.
—Te lo dijimos esta tarde, nada ni nadie me alejará de Bill y si no lo aceptan entonces nos iremos muy lejos —el rey apretó fuertemente sus manos y en un acto de furia le dio una bofetada a su hijo.
—Condenarán a todo el reino, están dispuestos a hacer que buenas personas con sus familias perezcan por su egoísmo —lo miró con toda la rabia que sentía crecer en su ser.
—Solo hay dos opciones, Andrej, podemos buscar otra manera de ayudar al reino o pueden mi madre y tú cargar con todo el peso de ese problema y de igual manera buscar otra solución.
—¿Rechazarás a la princesa?
—Por supuesto —no había poder humano que lo hiciera cambiar de opinión él quería todo una vida con Tom.
—Por tu bien espero que esto no desate una guerra. No sabes cómo agradezco que tu madre no esté dispuesta esta noche, le ahorrarás un muy incomodo momento.
—¿No ha mejorado?
—¿Tú, que crees? —Andrej lo observó un momento—. Seguro que no tardaran mucho en venir, hay que salir a recibirlos si vas a rechazar a su hija por lo menos se amable y trátalos como la visita que es —luego de esas palabras el rey salió por la puerta siendo escoltado de unos guardias.
—Estás muy hermoso, me pondré celoso porque sé que ella no dejara de observarte, mi Bill, eres perfecto.
—Me encantas cuando te pones celoso —se aproximó al mayor y besó castamente sus labios— Hay que ir a fuera a esperarlos —forzó una sonrisa y acompañado de su novio se dispusieron a esperar a los reyes.
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Ninguno de los dos enamorados encontraba el momento indicado para hablar sobre la boda que jamás se llevaría a cabo.
Desde que llegaron al palacio, la hermosa princesa de negro y corto cabello, de piel morena y ojos hermosamente negros se había lanzado a los brazos de Snow, para luego besar sus labios castamente, luego ella lo tomó del brazo sin la más mínima intención de dejarlo, ir provocando unos inmensos celos en Tom y una gran incomodidad por parte de Bill, mientras tanto Andrej se encontraba hablando con el rey y la reina de Liking Park que mas que escucharlo se encontraban contemplándolo, si definitivamente Andrej era muy atractivo.
—Es por eso que mi esposa, que aun estaría dichosa de recibirlos tiene que abstenerse y permanecer en cama hasta que el médico lo ordene —comentó mientras los encaminaba al comedor donde los sirvientes les acomodaban las sillas para comenzar a sentarse—. La cena pronto estará servida, por favor siéntanse como en su casa —pidió amablemente.
Como era de esperarse la chica se sentó al lado izquierdo de Bill, mientras que Tom lo hizo a su derecha, de tal modo que el más joven de los príncipes quedó en medio de ambos.
—Bueno, supongo que ya es hora de hablar del motivo de nuestra visita —con voz seria el rey miro a Snow haciéndolo estremecer—. Tus padres ya te han puesto al tanto de la situación ¿no es cierto? —El corazón de Snow latió rápidamente, el miedo y los nervios hacían que le fuera imposible pronunciar palabra por lo que solo asintió cuando su Tom lo tomó de la mano bajo la mesa— queremos que la boda se lleve a cabo lo antes posible en nuestro reino, como Yulia es nuestra única hija y viendo que tienes un hermano lo mejor sería que vinieses a vivir con nosotros y gobernaran como los reyes que serán.
—Seremos muy felices los dos juntos, amor mío —suspiró la chica mientras se pegaba más a él. Tom trataba de simular sus celos, de aguantarse lo que sentía y gritarle a esa mujer que se apartara de su Bill, pero sabía que de hacerlo solo empeoraría más y más las cosas.
—Yo-yo…—trató de decir Snow, pero para su suerte Andrej se apiado de él y terminó tomando la palabra.
—Sobre eso, me temo que será algo imposible de llevar a cabo —se apresuró a decir el rubio rey, para luego dar un sorbo a su bebida mientras los príncipes los miraban sin entender.
—¡¿Cómo dice?! ¡¿a qué se refiere al decir que no se llevara a cabo?! —grito feroz mente el padre de la chica, quien solo se aferró mas a Bill.
—Decidimos arreglar este matrimonio por que su hija al parecer está enamorada y dado que Snow ya ha cumplido la mayoría de edad, mi esposa y yo pensamos que sería una buena idea comprometerlos sin su consentimiento, sin embargo cuando le dimos la noticia no lo tomó muy bien y es que… mi hijo menor ama a alguien más.
—¡¿Quién diablos es ella, Snow?! Exijo saber —completamente celosa, la princesa se apartó bruscamente de Snow, quien bajó la mirada al ser observado con tanto rencor.
—¡Esto es un gran ofensa! —el hombre se levantó de la silla y con la cara completamente roja del coraje, estaba a punto de amenazar cruelmente al más joven de los príncipes y a todo el reino, sin duda habría una guerra de no ser por el rey Andrej.
—¡Suficiente! —gritó Andrej completamente cabreado, ¿Cómo se atrevía ese rey mortal a gritarle a su futuro amante? —En primer lugar esto no es culpa de mi hijo, si no de nosotros por planear esto a sus espaldas y es mejor ser sinceros de una buena vez antes de que se casen y miremos con tristeza lo infelices que son ambos.
—¡Pero!
—¡Y hacer una guerra por algo tan absurdo tampoco es la solución! Se perderán bastantes vidas por algo que si bien ofendió a su hija, también lo es que nuestra primera responsabilidad es con los habitantes del pueblo así nos educaron nuestros padres, así tenemos que educar a nuestros hijos para que cuando tomen nuestro lugar gobiernen con sabiduría… ¿o es que acaso no les inculcaron esos valores? ¿No es así como educaron a su hija?
—…solo por la amistad que existe entre nosotros y el tratado de negocios que existe entre nosotros, mi familia y yo haremos como que esto no pasó —dijo fríamente al momento de llamar a su familia para disponerse a irse. Una vez a solas los chicos lo miraron sin saber que decir o hacer.
—Le correspondía a Snow romper ese compromiso con la mayor delicadeza posible, pero viendo sus malditos nervios, supe que lo arruinaría y que me correspondía a mí acabar con ello, antes que la guerra tocara la puerta y el contrato de venderles nuestros cultivos se fuera al demonio —contestó ante las caras interrogantes de los príncipes mientras comía su cena.
—¿Contrato?
—Este reino se está yendo directo a la ruina y como todos estábamos seguros de que este matrimonio se llevaría a cabo, Yulia convenció a sus padres para ser nuestros compradores y así este reino pudiera salir adelante, agradezco que esa muchachita se hubiese preocupado de nuestro reino gracias a ella tenemos ingresos suficientes.
—¡¿Y aun así planeabas obligar a Bill a casarse?! Ya todo estaba resuelto y aun así…
—¡Basta! ¿Cómo iba a saber que luego del desplante para con su hija mandaría todo al demonio? Además esto fue su culpa, si nos hubiesen dicho desde antes… ¿Cuánto tiempo llevan viéndonos la cara a su madre y a mí?
—Lo sentimos —fue todo lo que dijeron.
—Su madre y yo nos encontramos muy decepcionados de ustedes, saben que esto no es normal.
—Solo es amor —dijo firmemente el mayor.
—Lo que digan, el punto es que su madre y yo hemos tomado una decisión que aunque será algo doloroso, sabemos es lo mejor para ustedes.
—¿Qué quieres decir?
—Lo que trato de decir Snow, es que… mañana mismo serás parte del convento, te convertirás en sacerdote si es necesario, pero enderezaras tu camino (Eso te mantendrá alejado de Tom hasta que me deshaga de él y una vez muerta tu madre ya nada nos impedirá estar juntos , regresarás al castillo como mi amante)
—¿Realmente piensas que te permitiré hacer algo así? —Tom lo miró con tanto odio que incluso el rey sintió escalofríos.
—Se tienen que separan lo quieran o no, no pueden seguir haciendo eso, además no hay nada que puedan hacer al respecto por que los guardias tienen la orden de frustrar cualquier tipo de escape, ustedes jamás estarán juntos. Disfruten su última cena juntos—añadió con veneno mientras se retiraba a su alcoba.
—Tomy… ¿Qué vamos a hacer? Yo no podría soportar estar lejos de ti —varias lagrimas bajaron por sus bellos ojos, hasta que su amado lo abrazó para luego apoderarse de esos labios que lo tenían tan enamorado.
—Jamás podrán hacerlo, solo hay que seguir con el plan y tratar de salir esta misma noche.
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Burlar a los guardias, llegar a las cabellarías para tomar sus caballos, lograr abrir la puerta del castillo y huir siendo seguido por más de 20 guardias era algo sumamente difícil, pero ya habían llegado demasiado lejos a pesar de que todo resultara tan imposible y no podían darse por vencidos. Cabalgando lado a lado y con sus corazones latiendo rápidamente rogaban por lograr escapar.
—¡Tenemos que perderlos! —los guardias cabalgaban demasiado rápido y con los perros buscándolos para no perder su rastro complicaba mas y mas las cosas.
—Hay un río más adelante, podremos lograrlo si nos separamos —Tom estaba seguro de que si separaban sería más fácil perderles el paso.
—¡No creo que sea buena idea! —Para Bill separarse no era ninguna opción, ¿qué pasaría si lograban capturar a unos de los dos?
—Confía en mí, de esa forma los perderemos.
—¡Pero!
—Hay que esperar al contario en la entrada del bosque prohibido los dos sabemos que ninguno de ellos se atreverá a ir más allá —El bosque prohibido, se decía que en él habitaban extrañas criaturas y las personas trataban de evitarlo a toda costa, sin embargo los príncipes sabían que eso era completamente falso, más de una vez habían ido a ese lugar y no se encontraba absolutamente nada peligroso a excepción de los lobos.
—Está bien, ¡pero si te dejas atrapar te mato! —observó por un momento a Tom por un momento su preocupación se esfumo al ver esa perfecta sonrisa… si tan solo tuviesen tiempo para un beso mas.
—Ve con cuidado, amor mío —se despidió mientras tomaba un camino contrario.
—Tú igual, mi Tomy —suplicó a la nada, cuando tomó las aun mas fuerte las riendas de su caballo.
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Tom cabalgaba lo más rápido que podía, tan solo suplicaba porque no atraparan a su Bill.
Estaba completamente convencido de que si él era atrapado por lo menos tendría la certeza de escapar y encontrar a su novio, mas si las cosas resultaban al revés temía por el menor, su Bill siempre fue demasiado débil, que se dejaba dominar por el miedo y siendo de esa forma veía imposible que su Snow escapara o que el pudiese rescatarlo, ya que seguramente aumentarían la seguridad… sus padres eran muy crueles al tratar de separarlos.
—¡príncipe, es mejor que nos acompañe de regreso al castillo por su propio bien!
—¡Demonios! —mordió fuertemente sus labios al verse rodeado —los guardas habían salido del castillo prácticamente pisándoles los talones, sabía que en cualquier momento los atraparían y mejor a él que a su Bill, por eso fue que optó por separarse —Supongo… que no hay otra opción —no importaba que lo llevaran de regreso al castillo siempre y cuando su novio siguiera libre, ya se las arreglaría para escapar e ir a buscarlo.
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Por un momento Bill llegó a pensar que le sería imposible burlar a los guardias, pero luego de dejar a su caballo y meterse al río, logró que los perros le perdieran el rastro.
Lo único que se lamentaba era que aún le quedaba un largo camino por recorrer y sin su caballo, las cosas serían más complicadas, los pies comenzaban a dolerle y es que no quería descansar.
—Sigue esperándome, Tomy, ya voy en camino —¿Cuántas horas tenía caminando? Ni él mismo lo sabía y es que el sol había salido hacía un buen tiempo, lo suficiente para hacer que su mirada se obscureciera y callera inconsciente al suelo, quizás por cansancio y hambre.
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Los siete mineros mas sexys del reino, así era como los conocían algunas mujeres del pueblo, rara vez los chicos iban a comprar comida, medicinas e incluso a vender el oro que tanto trabajo les había conseguido extraer de una de sus minas secretas. Hacia más de cinco años que habían decidido irse a vivir al bosque más lejano de las personas y expandir los rumores de que en ese lugar se encontraban perversas criaturas capazas de comerse su alma y devorar sus cuerpos mortales, algo demasiado exagerado, pero necesario no debían de socializar tanto con el resto de las personas, ya que si se enteraban de sus preferencias hacia los hombres quizás terminarían quemándolos vivos como el resto de los pobres desdichados que fueron descubiertos.
Esa mañana justamente habían salido en compañía de uno de sus lobos mascotas al pueblo, en busca de hachas nuevas, ya que las anteriores habían dejado de servirles, jamás imaginaron que de regreso a la entrada del bosque su querido lobo los guiara a alguien más.
—E-espera, pequeño, ¿Qué es lo que olfateas? —dijo Jared uno de los mineros de hermosos ojos azules, cabello rubio, musculoso cuerpo, que llevaba solo un pantalón, ya que la camisa al igual que los demás se les pegaba al cuerpo transparentándolo al llenarse de sudor y eso era muy incomodo y difícil de lavar.
El lobo solo corrió siendo seguido por los demás mineros, era muy extraño ver que su mascota se comportara de esa manera.
Para cuando lograron alcanzar al animalito, este se encontraba dando grandes lametones a una persona que al parecer se encontraba inconsciente en el suelo.
—¡Blanco, no hagas eso! —le regaño Georg mientras apartaba a su mascota del… ¿lindo chico? Poco después llegaron los demás.
—Pero si es solo un chico —dijo Frank, el menor de los mineros y de los rasgos más finos, mientras se animaba a acariciar el rostro del atractivo inconsciente—…Lo quiero, ¡es mío!
—¿¡Estás loco!? Es una persona, no un objeto del que puedas adueñarte —le regañó Brat.
—Es muy lindo, ¿creen que siga vivo?
—Es lo más probable, tendría que revisarlo —Jared trató de acercarse al chico, pero fue interrumpido por Gustav.
—Alto ahí, hermanos, deberíamos tener cuidado con él.
—Es demasiado guapo, será hijo de un ángel —ignoró Andreas, completamente sonrojado, mientras con una mano temblorosa se animaba a tocar ese hermoso y delicado rostro.
—Aún respira, menos mal que solo se ha desmayado, hubiese sido cruel que alguien tan hermoso como él hubiese muerto —gruñó Frank mientras apartaba la mano de Andreas, esa persona sin duda se convertiría en su novio.
—¿Por qué creen que se encuentre en este lugar? —preguntó Georg.
—Quizás venía de paso y desmayó de hambre, ¿alguien tiene algo de comer?
—¡Alto ahí muchachos! Deberíamos tener cuidado con él, ¿no creen que es muy extraño que alguien tan atractivo aparezca de la nada aquí inconsciente? —Dijo Gustav el minero más serio e inteligente de los siete.
—Sería muy cruel dejarlo aquí solo… ¡hay que llevarlo a casa! Después de todo falta poco para que obscurezca, además parece tener fiebre —propuso Jared.
—Hay que pensarlo bien, hay pocas posibilidades de que alguien tan sexy se encuentre tan expuesto, seguro es un espíritu maligno o algo así —trató de hacerlos razonar una vez más.
—Hay que cargarlo con delicadeza —se adelanto a decir Brat al momento de tomarlo en brazos con mucho cuidado.
—Cómo nadie me escucha y veo que están tan encantados con el demonio, yo…
—Gustav, yo estoy seguro de que es el hijo de ángel o uno que vino de visita a la tierra y se perdió.
—¿En serio piensan meter a un monstruo a la casa?! Mañana cuando despierten se arrepentirán, será demasiado tarde y despertaran en su estomago.
—¿Dónde lo acomodaremos? No hay camas disponibles.
—Muy bien, como nadie me escucha y no pretendo ser devorado dormiré a fuera con los lobos, no quiero tenerlo cerca y…
—¡Perfecto! Ya tenemos donde recostarlo.
—¡No me ignoren! ¡les digo que es un monstruo!, ¿¡acaso están locos? No podemos ir por ahí llevándonos chicos inconscientes a casa.
& Continuará &
Notas finales de la autora:
Sacar mis propias versiones de los cuentos de hadas me hace sentir como una pervertida. * O.0*
Eso me encanta, pues me anima a seguir escribiendo y escribiendo hasta el cansancio. Ya termine el durmiente incestuoso, que no se ustedes, pero me gusto más que la bella durmiente… trataré de subirles un extra m-preg.