
Fic TWC de lyra
Capítulo 4. Sin rastro
Cansado de dar vueltas por la cuidad, Tom regresó al apartamento. Por el camino no había podido dejar de pensar en Bill. Sentía mucho haberle tratado de esa manera, pero no podía contarle lo que le estaba ocurriendo, porque ni él mismo sabía por dónde empezar.
Abrió la puerta tratando de no hacer ruido, era casi la 1 y sus compañeros estarían dormidos.
— ¿Bill? —escuchó que llamaban.
Se asomó a la cocina, en donde vio a Gustav sentado en la mesa con una taza de café en sus manos.
—No, soy yo—explicó sin necesidad.
— ¿Y tu hermano?—preguntó Gustav levantándose.
— ¿No está en la cama? —preguntó Tom a su vez extrañado.
—Eso creía, pero cuando me he levantado a ver si se encontraba bien, la cama estaba vacía—explicó Gustav.
Eso tenía que verlo con sus propios ojos. Echó a correr escaleras arriba, llegando a la habitación de Bill y abriendo la puerta de golpe. Encendió la luz accionando el interruptor que había su derecha, viendo que la cama de estaba tal y como la había hecho Bill esa misma mañana.
Entró en la habitación y comenzó a buscar algo que le dijera donde se podía haber metido. Pero solo encontró sus pertenencias, algo de ropa fuera de su sitio y su cartera y móvil sobre la mesilla.
—Se ha dejado el móvil—dijo señalándolo.
—Lo sé, le estuve llamando en vano—le explicó Gustav— ¿Os habéis peleado?
— ¿Por qué lo preguntas? —interrogó Tom.
—La última vez que hablé con él, estaba en la puerta de la calle. Te acababas de marchar y estaba raro, preocupado por ti. No sabía a donde ibas…
—Había quedado con una chica—explicó Tom por encima.
—Lo sabía. Se lo dije a Bill, pero él decía que no, que sabía con certeza que esta noche no te ibas a ver con ninguna.
Se quedaron en silencio, mirando el móvil del cantante que seguía en la mesilla, como si de un momento a otro les fuera a decir donde se había metido su dueño.
— ¿Qué hacemos?—preguntó Gustav rompiendo el silencio.
—Esperar—contestó Tom con firmeza.
— ¿No le salimos a buscar? ¿O llamamos a la policía?
—No sabemos dónde puede estar, y ¿qué le vamos a decir a la policía? ¿Qué un chico famoso de 17 años no se encuentra en su cama a la 1 de la noche?
Gustav asintió con la cabeza. Sabía que su amigo tenía razón, no debían molestar a la policía solo porque pensaban que su amigo no había salido a divertirse, si no que estaba tirado en alguna parte pasándolo mal.
—Si mañana no amanece en su cama, yo mismo llamo a la policía—dijo Tom con firmeza.
Apagaron la luz y salieron de la habitación del cantante. Se dirigieron cada uno a la suya y se despidieron hasta el día siguiente, rezando para que su compañero hubiera regresado para entonces.
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Pero cuando Tom se levantó nada más despertarse, comprobó con horror que la cama de Bill seguía vacía. Y no era el único, Gustav y Georg también la miraban desde el pasillo con gesto preocupado.
—Tenemos que hacer algo—insistió Gustav.
Tom asintió y con dedos temblorosos cogió su móvil y llamó a la policía. Sus amigos le escucharon contar al agente que le había atendido la llamada que estaba muy preocupado por su hermano, que llevaba toda la noche fuera de casa y aún no había regresado.
Le escucharon asentir con la cabeza y maldecir por lo bajo cuando la comunicación se cortó.
—Dicen que tenemos que esperar 24 horas para presentar una denuncia, pero que por ser nosotros estarán atentos a cualquier pista—les explicó frotándose la frente con cansancio.
—Llamaremos a David, él les meterá caña—dijo Gustav cogiendo su móvil.
A media mañana, el apartamento se vio lleno de agentes de policía que interrogaban a los muchachos y buscaban en la habitación del desaparecido alguna pista.
Pero no encontraron nada, y los chicos apenas pudieron contestar a sus preguntas. No sabían dónde podía haber ido, y porque salió del apartamento sin decírselo a nadie, dejándose la cartera y el móvil.
— ¿No crees que deberías llamar a tu madre?—preguntó David al guitarrista.
—Prefería esperar a saber algo más, no decirle que Bill ha desaparecido sin dejar rastro—contestó Tom con un hilo de voz.
Salió de la cocina en donde esperaban mientras su apartamento era examinando de arriba abajo. Entró en el salón y se acercó a la ventana, apoyando la frente en el cristal y suspirando.
“Bill, aguanta”—rezó con los ojos cerrados.
Sentía que se ahogaba, metido dentro del cómodo apartamento mientras que su hermano podría estar ahí fuera a saber en qué condiciones. Decidió salir a dar un paseo, a despejar la mente y a buscarle él mismo con sus propios medios.
Continuará…