
Notas: A partir de ahora todo lo que veais asi, en negrita y en cursiva son recuerdos de Bill, lo pongo asi para que se vea bien que no tiene nada que ver con lo que se esta contando, muchas veces se mezclaran recuerdos con conversaciones que no vienen a cuento…
Fic TOLL de lyra
Capítulo 10. Ecos del pasado
No se lo terminaba de creer. Cuando le avisaron de que había un coche ardiendo pensaba que se trataba de una broma, pero al ir a comprobarlo…no pudo evitar echarse a llorar. Era la furgoneta de Andreas, calcinada ya por las llamas. No se pudo hacer nada por salvarlo, un par de hombres trataron de apagar el fuego pero ya era demasiado tarde.
Sabía que Bill y su madre estaban a escasos metros, y se aseguró de que se fueran a casa sin ver nada. Se quedó esperando, había llamado al juez del pueblo para que ordenara el levantamiento del cadáver y lo esperó él solo…o no del todo…
—Pobre Andreas—murmuró Georg poniéndose a su lado—Siempre supe que terminaría de esta manera.
— ¿Cómo?—preguntó Tom en un susurro.
—Borracho—contestó Georg suspirando—Me siento culpable, por no haber hecho más por ayudarle.
—Yo también lo intenté y mira el resultado—dijo Tom señalando la furgoneta—No atendía a razones y yo…solo quería que no diese mucho la lata, no quería tener que detenerle aunque tal vez eso le hubiera salvado…
Se quedaron en silencio hasta que llegó el juez y Georg y otro de sus compañeros se encargaron del cuerpo. Lo llevaron al hospital donde se le practicaría la autopsia para ver de qué había muerto, aunque ya se hacían una clara idea todos los habitantes del pueblo…
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Quería encargarse ella misma de las pruebas tomadas al cuerpo de Andreas, le había conocido desde niño y se lo debía a su hijo. Pero no quería dejar solo a Bill, así que se lo llevó al hospital con ella.
Georg se hizo cargo de él mientras que iba al depósito donde su hijo velaba el cuerpo de su amigo.
—Cariño…. —saludó Simone besando la mejilla de su hijo.
—No…no pude hacer nada por salvarlo—susurró Tom a punto de llorar.
—Nadie pudo—murmuró Simone suspirando—Voy a ponerme a trabajar de inmediato, Bill está con Georg, ¿por qué no os vais a casa los dos?
Tom asintió y dejó a su madre trabajar. Se reunió con Bill y dieron un paseo hasta casa en silencio.
—Tom, si quieres hablar…—empezó a decir Bill.
—Gracias, pero no—murmuró Tom.
—Me refería…quiero decir, que si me quieres decir algo…o echarme en cara que me acostara con un hombre casado, estás en tu derecho—dijo Bill sin aliento.
Tom se paró y se le quedó mirando.
—Bill, todos tenemos un pasado y tú lo has olvidado….empezó a decir.
—Vi tu expresión cuando David explicaba lo sucedido—le cortó Bill—Sé que te hizo recordar a tu padre y…me vistes a mí de la misma manera. El tercero en discordia, rompiendo una familia con una niña pequeña en medio.
—No puedo negar que en su momento sí, pensé en mi padre. Pero tu caso es distinto—dijo Tom con firmeza.
—Es lo mismo—murmuró Bill echando a andar de nuevo.
—No, no lo es—insistió Tom yendo tras él—Tú no eres tan cabrón como mi padre.
—Tom…—susurró Bill.
—Eres mejor persona que él y en estos momentos se te ve muy arrepentido—siguió diciendo Tom.
—Estoy arrepentido porque he tenido una segunda oportunidad—aclaró Bill—Si no me hubiera quedado sin memoria, en estos momentos seguiría persiguiendo a David para que dejara a su mujer por mí.
—Bill, siento mucho haber llegado a compararte con mi padre—dijo Tom con firmeza—Eres muy especial para mí y sé que eres una buena persona a la que la vida le ha dado una segunda oportunidad, como tú dices. Aprovéchala, conviértete en esa persona que quieres ser…y olvida el pasado.
—Creo que eso último es lo único que sé hacer—murmuró Bill logrando sonreír.
—Centrémonos en averiguar algo más de ti—dijo Tom cogiéndole la mano con naturalidad—Dijiste que pasaste una temporada en esa casa, con tu padre.
—Si—susurró Bill carraspeando.
No podía negarlo, se sentía muy bien caminando por la calle con Tom cogido a su mano…
—Podemos ir a la biblioteca—dijo Tom cruzando de acera—Allí guardamos los archivos de la ciudad y puede que haya algo sobre ti o tu padre.
Bill asintió y comenzó a andar con paso decidido. No había pensado en ello, tal vez había alguna noticia suya y de su familia, o algo que le hiciera recordar su pasado.
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Llegaron a la biblioteca y Tom habló con la recepcionista a la que al parecer debía conocer. Estuvieron un rato hablando y al final la chica les indicó donde estaban guardados los periódicos antiguos del pueblo.
—Me temo que está todo un poco desordenado—les explicó suspirando.
—No pasa nada—dijo Tom sonriendo.
—Quedaos el tiempo que haga falta, cierro en media hora pero me tengo que quedar a clasificar unos libros—les explicó—Estaré aquí mismo, avisadme cuando terminéis.
Tom asintió y volviéndose hacia Bill le señaló la escalera que había a su derecha. Bajaron por ella, daba al sótano y al dar la luz donde se vieron rodeados de cajas todas ellas llenas de periódicos antiguos sin orden alguno.
—Es como hallar una aguja en un pajar—comentó Tom suspirando.
Bill le imitó y se pusieron manos a la obra. Al cabo de media hora había repasado unas 4 cajas y no habían encontrado de momento nada.
— ¿Y si no…?—empezó a preguntar Bill.
Pero calló de repente, la luz se había ido y los había dejado a oscuras. Tom reaccionó con rapidez, metió la mano en el bolsillo de su cazadora y sacó un mechero que encendió sin pensárselo dos veces.
Los ojos de Bill se fijaron en la llama y actuó por instinto. Dio un manotazo al mechero e hizo que Tom lo soltara, cayendo sobre unos periódicos.
— ¡Joder!—exclamó Tom sin poderse contener.
Los periódicos se prendieron fuego y Bill no podía apartar los ojos de ellos, de ese fuego que cada se iba haciendo más intenso mientras que Tom trataba de apagarlo.
«¡Papá!»
Pestañeó y de pronto…se vio a sí mismo siendo un niño, en la casa de la playa rodeado de llamas. Estaba asomado a las escaleras y llamaba a su padre con lágrimas en los ojos…
—Papá…—susurró entre sollozos.
Mientras, Tom consiguió dominar el fuego y apagarlo tirando los periódicos al suelo y pisándolos. Se volvió al escuchar sus sollozos y se apresuró a abrazarlo con fuerza.
—Bill, lo siento—murmuró contra su pelo.
—No…no me gusta el fuego—susurró Bill entre lágrimas.
Tom asintió suspirando sin dejar de abrazarlo. Tenía las manos puestas en su espalda, que acariciaba con suavidad. No sabía cómo darle ese consuelo que tanto necesitaba, sentía como temblaba de miedo y sus lágrimas le mojaban el cuello, donde había enterrado la cara. Sentía…sentía sus temblorosos labios puestos contra su piel, su cálido aliento rozándole…
Separó sus labios y soltó un profundo gemido sin poder evitarlo. Bill lo escuchó y alzó la cara, mirándole con los ojos llenos de lágrimas.
Tom le miró a su vez, y aun sabiendo que no estaba bien…bajó la cara y le besó con suavidad en los labios. Pensó que Bill se retiraría, pero le cogió por sorpresa que respondiera su beso con otro suyo más tímido. Le estrechó con más fuerza e hizo más profundo el beso, bajando las manos hasta sus caderas y haciendo que se rozaran sus entrepiernas.
—No…—susurró Bill contra sus labios.
Le soltó al momento, no quería obligarle a hacer nada que él no quisiera. No sabía como se había atrevido a poner las manos en su cintura para porder frotarse contra él, apenas se conocían y Bill confiaba plenamente en él. Mucho se temía que lo que acababa de hacer había sido un error y a partir de ese momento iba a tener que ir con más cuidado. No quería asustarlo y que se alejara de la seguridad de su casa pensando que en mitad de la noche se iba a colar en su cama…
—Ahora no puedo—murmuró Bill limpiándose la cara de lágrimas.
— ¿Ahora?—repitió Tom carraspeando.
—Me gustas mucho, Tom—confesó Bill en un susurro—Pero no puedo empezar nada hasta saber quién soy.
Tom asintió mordiéndose el labio para no sonreír. Le estaba dando esperanzas, no descartaba la posibilidad de que entre ellos pudiera haber algo más que una bonita amistad…
—Salgamos de aquí—dijo Tom carraspeando—No hemos encontrado nada y no creo que lo hagamos.
Bill asintió y salieron del sótano. Esperó mientras que Tom hablaba con la chica de recepción y le explicaba el pequeño accidente que habían tenido, asumiendo él toda la culpa.
—No pasa nada, Tom—se despidió la chica con una amplia sonrisa—Dale recuerdos a tu madre.
—Lo haré, adiós—se despidió Tom.
Fue hacia Bill y salieron de la biblioteca. Una vez en la calle, le puso una mano en la cintura con toda naturalidad, sonriendo al sentir a Bill recostarse contra él y caminar a su lado.
Continuará…