
Fic TOLL de lyra
Capítulo 6. Conmigo estarás a salvo
Decidió que era hora de volver al trabajo, aunque nunca pasaba nada en un pueblo tan pequeño como Büsum. Quitando lo de John, se limitaba a poner multas y algo de orden cuando veía discutir a la gente. No era para lo que había estado preparándose todos esos años, pero…su madre le necesitaba y sabía que se preocupaba mucho cada vez que estuvo de patrulla en Berlín, donde hizo las prácticas.
Casi la escuchó gritar aliviada cuando le comunicó que aceptaba el puesto de trabajo que había libre en el mismo pueblo donde ella vivía. Se veía muy joven para “recluirse” en un pueblo tan pequeño, pero en el fondo le encantaba…
—Nos vemos a la hora de la cena—dijo Tom poniéndose en pie.
Era la única vez que se reunían los dos en casa, cuando su madre no estaba de guardia. Siempre comían cada uno en su trabajo o él en el bar del pueblo donde siempre tenía que ir a intermediar en algún altercado.
Simone se puso de pie dispuesta a despedir a su hijo, cuando la puerta del despacho se abrió de repente dándoles un buen susto a ambos.
—Perdón—se disculpó Georg algo avergonzado—Pero me temo que tenemos problemas con John.
— ¿Qué le pasa?—preguntó Tom echando a correr ya hacia su habitación.
—Se quiere ir—explicó Georg dirigiéndose a Simone.
Simone resopló y siguió a su hijo hasta la habitación de John, donde le encontraron de pie ante el armario donde estaba la ropa con la que le habían encontrado, ya lavada y planchada.
—John…—murmuró Tom.
—Me voy, y nada de lo que digáis me lo podrá impedir—dijo John con firmeza.
—Hablemos, por favor—pidió Simone tratando de calmarlo.
— ¿Es que no lo entendéis?—preguntó John sintiendo caer una lágrima—No puedo quedarme aquí a la espera de que alguien se presente y me reclame. Debe haber alguien buscándome fuera y yo…aquí no estoy a salvo, lo presiento.
Tom miró a su madre suplicándola que hiciera algo. No podían retenerle en el hospital en contra de su voluntad, ni él detenerle…
—Estás alterado, déjame darte algo y cuando descanses lo hablamos—insistió Simone.
—Estoy bien y me quiero ir de aquí—repitió John con firmeza—Alguien puede estar buscándome y no me gustan los hospitales.
— ¿Y dónde irás?—preguntó Simone—Sin documentación, sintiendo que alguien va tras de ti…
—Dijiste…dijiste que me podía quedar en tu casa—murmuró John mordiéndose el labio.
—Tenemos una bonita habitación esperándote—contestó Tom por su madre.
—Solo serán unos días, no quiero molestar—aseguró John—Pero…no puedo permanecer más tiempo encerrado en el hospital…
—No será ninguna molestia—dijo Simone con firmeza—Tom te llevará a casa ahora mismo si quieres, y cuidaremos los dos de ti.
Vieron como John asentía algo más calmado. Simone y Georg se retiraron para preparar los papeles del alta mientras que Tom se daba la vuelta para que John se vistiera con algo de intimidad…aunque ya le había visto todo lo que tenía que ver…
—Siento mucho haber estallado así—murmuró John tras ponerse sus estrechos pantalones.
—No pasa nada, tranquilo—dijo Tom aún sin volverse—Y en casa estarás muy bien, ya lo verás.
John asintió y se dio prisa en vestirse. Se puso su camiseta ajustada negra de media manga mientras pensaba si con el frío que hacía no iba a necesitar una cazadora o algo… Como si le hubiera leído el pensamiento, Tom se desabrochó su cazadora y se la pasó. La cogió sonriéndole con timidez y se la puso abrigándose bien.
— ¿Preparado?—preguntó Tom, viéndole asentir.
Salieron de la habitación y pasaron un momento por el despacho de su madre para despedirse. Luego entraron en el coche que Tom tenía aparcado delante del hospital y en menos de 20 minutos llegaban a una pequeña casa de dos plantas.
— ¿Te acuerdas de Scoti?—preguntó Tom ayudándole a salir del coche.
John asintió y sonrió al ver al perro correr hacia ellos. Les saludó con sus ladridos y una vez le hubieron rascado detrás de las orejas donde más le gustaba, volvió a ocupar su sitio en el garaje de la casa.
— ¿No pasa allí frío?—preguntó John enterrando la nariz en la cazadora de Tom.
—Ese perro nació sin frío, créeme—contestó Tom riendo—Tiene allí su cesta y una manta para que se eche. Además, cuando no estamos en casa se pasa el tiempo en casa del vecino. Es un señor mayor y le hace compañía, además de comer lo que más le gusta.
John sonrió al escucharlo y siguió a Tom hasta la casa.
—Pasa—dijo Tom abriéndole la puerta.
Así lo hizo y se quedó en el vestíbulo. Nada más entrar estaba la sala de estar, con una gran chimenea al fondo. A su derecha una puerta comunicaba con la cocina y enfrente de él unas escaleras llevaban al piso de arriba.
—Los dormitorios están arriba, y a tu derecha tienes la cocina—explicó Tom tras cerrar la puerta—En la nevera hallarás de todo, y el armario del rincón es nuestra despensa. Allí hallarás los ricos bizcochos que hace mi madre, o sus famosas galletas de chocolate.
—Odio el chocolate—comentó John arrugando la nariz.
Se volvió y miró a Tom sintiendo como si le hubiera ofendido por «despreciar las galletas de su madre.
—O eso creo—se corrigió carraspeando—Tal vez deba probarlas y…
—No te preocupes, no pasa nada—dijo Tom sonriendo—Has recordado algo y eso es lo que importa. Venga, que te enseño la habitación de invitados.
Señaló la escalera que tenía enfrente y John subió por ella.
—Aquí está tu habitación—explicó Tom—La mía está al lado, y al fondo del pasillo la de mi madre. Nos toca compartir baño, pero suelo parar poco por casa.
John sonrió mientras entraba en la habitación que le había señalado. Era pequeña, con una cama en un rincón y un pequeño armario en la pared opuesta al lado de una estantería llena de libros de medicina.
—Era el despacho de mi padre—dijo Tom de repente.
— ¿Tu padre?—repitió John volviéndose.
—Se fue de casa y mi madre…cambió la habitación—siguió diciendo Tom.
—Lo siento mucho—murmuró John.
—Tenía yo 7 años cuando las cosas empezaron a ir las cosas mal—explicó Tom, sin saber porque le contaba su vida a un extraño—Mi padre se pasaba media vida viajando y en uno de sus viajes conoció una mujer, y luego otra, y otra…
Dejó de hablar, John ya se hacía más o menos una idea de lo que había pasado.
—Cuando entré en la academia mis madre decidió divorciarse cansada ya de la manera de ser de mi padre—dijo Tom suspirando—Me explicó que si no lo había hecho antes era por mí, quería que no fuera tan niño y sufriera. Estuve dos años en la academia y luego otros dos de prácticas hasta que vi que había una plaza aquí en el pueblo y me vine a vivir con mi madre. Desde entonces, la encuentro más animada. Se quedó muy sola tras mi marcha y la de mi padre…
—Yo…no sé si mis padres siguen vivos, o…—murmuró John sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Lo recordará, y se alegraran mucho de ver que estás sano y salvo—dijo Tom con firmeza.
—No quiero hacerme falsas esperanzas—dijo John sacudiendo la cabeza—No sé nada de mi vida anterior, si era buena persona o tan cruel como piensan…
Parpadeó ante lo que había dicho, ¿cruel? ¿Por qué?
Se cubrió la cara con las manos y rompió a llorar tras ellas sin poder evitarlo. Tom lo vio y se apresuró a abrazarle con fuerza.
—Tú no eres cruel—dijo Tom bajando la cara.
Sentía el pelo de John haciéndole cosquillas en la nariz y él tampoco pudo evitar lo que pasó a continuación. Enterró la nariz en su pelo y aspiró profundamente, pensando lo bien que olía.
— ¿Tom?—susurró John entre lágrimas.
Alzó la cara y lo primero que vio fueron los labios de Tom medio separados. Se fijó en ellos y sintiendo un hondo deseo de probarlos, se estiró y los rozó con un suave beso que pilló a Tom desprevenido.
—Lo siento—se disculpó tratando de soltarse.
Pero Tom no le dejó. Le estrechó con más fuerza y esa vez fue él quien le besó. Cerró los ojos y se dejó arrastrar por las sensaciones que John le transmitía. Su inseguridad, el miedo que sentía…el suspiro que subía por su garganta y soltó contra sus labios…
—Tom….—susurró John suspirando.
Dejaron de besarse porque sentía que a los dos les faltaba el aire. Se quedaron mirando entre jadeos y recordando donde estaban, Tom se separó carraspeando. Se quedaron mirando sin saber que decir hasta que el sonido del teléfono los sacó del trance en el que habían caído tras el beso.
Tom se apresuró a contestarlo dando tiempo así a John para que se recuperara del beso. Era de comisaría, debía ir a firmar unos documentos que al parecer corrían algo de prisa. No quería dejar a John solo en casa, más tras lo ocurrido…aunque así tendría tiempo para meditar…
Colgó y se asomó a la habitación de invitados, donde John permanecía de pie donde le había dejado.
—Tengo que salir, pero solo será media hora como mucho—le explicó por encima— ¿Te importa quedarte un momento a solas?
—No…ve—contestó John carraspeando.
—No tardaré—prometió Tom— ¿Por qué no te pones algo de ropa más cómoda? Ven que te presto algo.
Salió de la habitación seguido de John, entró en la suya y rebuscando en el fondo de su armario dio con algunas prendas que ya no usaban porque se le habían quedado pequeñas.
Se las pasó a John, que las recibió mirándolas extrañadas.
—Es…todo lo que hay—dijo Tom sonriendo—Mañana podíamos ir y te compras algo.
—No tengo dinero—murmuró John algo cortado.
—No te preocupes por eso—dijo Tom al momento—Estando en nuestra casa estás al cuidado mío y de mi madre. Avísanos si necesitas algo.
John asintió y acompañó a Tom hasta la puerta.
—No abras a nadie—dijo Tom con firmeza.
Se le quedó mirando y entonces se le ocurrió una idea. Abrió la puerta y emitió un silbido al aire. Al momento apareció Scoti ladrando muy contento.
—Te hará compañía mientras estoy fuera—dijo Tom sonriendo—Si te pide de comer, tienes su comedero bajo la alacena y al lado un saco de pienso. Y si te mira con ojos triste…entonces dale una de sus galletas.
Sonrió al escucharlo y asintió.
—En la puerta de la nevera está el número de mi madre, y mi móvil justo al lado—siguió explicando Tom—Llámame si necesitas algo.
—Lo haré, vete tranquilo—dijo John asintiendo.
Pero Tom no podía irse tranquilo sin saber una cosa antes…
— ¿Estás bien?—preguntó en voz baja.
Evidentemente, se refería al beso que se habían dado. Había ocurrido todo muy deprisa y en vez de quedarse y hablar de lo que había pasado, se tenía que ir dejándole a solas en una casa extraña.
—Lo estoy—murmuró John sintiendo que se sonrojaba.
Asintió y tras despedirse se Scoti, Tom salió de la casa en dirección a la comisaría. Por el camino no podía evitar pensar en lo que había pasado. ¿Por qué le había besado?
“Porque lo llevas deseando desde que le tuviste en tus brazos”—se contestó a sí mismo suspirando.
Continuará…