
Fic TWC de lyra
Capítulo 18
Y tiempo fue lo que le dio. No pasaba una noche en la que no se fuera a la cama sin haber comprobado que Bill dormía plácidamente en la suya, y que su hijo estaba bien arropado. La relación entre ellos se había enfriado, ya no era tan cariñoso con él como había vuelto a ser desde que entró de nuevo en su vida. Le pedía espacio y él se lo daba con esfuerzo, cuando se moría por estrecharlo en sus brazos y darle un profundo beso.
Pero no era solo por eso, había muchas cosas de las que hablar todavía, y pensar en lo que el futuro les depararía. ¿Dirían que Mathew era hijo suyo? ¿Qué pasaría cuando su trabajo le hiciera recorrer la mitad del mundo?
No quería dejar solo a Bill, más con un bebé a su cargo. Sabía que le iba a cuidar con todo su amor, pero no le gustaba estar trabajando en otra ciudad y que Bill se pasara todo el tiempo solo, como hacía desde que le alojara en la habitación de al lado.
Pasado un mes, se armó de valor y le convenció para que le acompañase al estudio con Matthew. Desde que naciera, más bien desde que saliera en la portada había estado recluido en su piso. Al principio entendía que le imponía que la gente le viera en ese estado, más después de haber sido fotografiado en tan íntima manera, medio desnudo y acariciando un vientre que en esos momentos era lo peor que le podía haber pasado.
Pero ya había pasado casi un mes. Se había recuperado del parto y volvía a tener el mismo aspecto de siempre. Así que esa misma mañana tras dar de desayunar entre los dos a su hijo le abrigaron y colocaron en la silla porta bebés que Georg y Gustav les había regalado.
—Tal vez debería cambiar mi coche por otro familiar—murmuró Tom como si nada viendo como Bill aseguraba a Matthew.
—Pero si este coche te encanta—dijo Bill incorporándose.
—Ya, pero…no es el adecuado para llevar un bebé, no le veo seguro…—empezó a decir Tom.
—Esta silla es de las mejores, y tú conduces muy bien. Tranquilo, que a Matthew no le pasará nada—le cortó Bill tranquilizándole.
Tom suspiró resignado y se subió al coche tras cerrar la puerta a Bill. Condujo hasta la discográfica y mientras que él trabajaba su hijo y hermano se quedaron al cargo de una encantada Silke.
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—¿Seguro que no molestamos?—preguntó Bill por enésima vez.
—Claro que no, mientras Tom graba el disco yo tengo algo de tiempo libre. Luego escucho como ha quedado y si es necesario repetir algo…cosa que dudo—dijo Silke con firmeza—¿Quieres ir a verle? Yo me quedo al cargo de Matthew.
—No sé…ahora está dormido, pero si se despierta y no me ve se pondrá a llorar…—dijo Bill dudando.
—Te avisaré, tranquilo. Ve, que a Tom le hará ilusión verte—insistió Silke.
Bill se dio por vencido y tras besar con suavidad la frente de su hijo, le dejó dormidito en el sofá del despacho de Silke. Salió de el sin hacer ruido y caminó por el estrecho pasillo hasta que llegó a una sala de grabación. La puerta estaba entre abierta, pero no entró.
Aún le era doloroso volver a estar cerca de un micrófono. Solo se asomó a la sala, viendo como Tom estaba detrás de un cristal con los auriculares puestos y cantando con ganas. Se le veía muy feliz en su trabajo, incluso bailaba sin poder evitarlo.
Se quedó mirando unos minutos hasta que de repente se levantó una persona que no había visto bien desde donde estaba. Le reconoció al momento. Era Sammy, el gran Sammy Deluxe. Le vio acercarse al interfono y decirle a Tom que la toma era buena
Vio como Tom sonreía encantado y se quitaba los auriculares antes de salir de la cabina y acercarse a Sammy. Iba a dar media vuelta antes de que le vieran, pero algo le hizo quedarse, como si presintiera que la conversación que iban a mantener fuera de su interés….
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—Tom, has estado estupendo—le halagó Sammy.
—Muchas gracias, y perdona por el retraso—se disculpó Tom por enésima vez.
—De eso quería hablarte—empezó a decir Sammy en voz baja.
Echó una mirada a su alrededor y se lo llevó a un rincón apartado de los oídos de los técnicos, cerca de la puerta que estaba entre abierta…
—Mira, sé que tú y Bill habéis estado separados mucho tiempo y ahora estáis juntos de nuevo, y con un bebé de por medio, pero….Tom, te veo desconcentrado—dijo Sammy muy serio—Tienes la cabeza en otro lado, si quieres tener éxito con el disco tienes que hacer algún sacrificio.
Tom le miró en silencio. Sabía por donde iban los tiros. Debía elegir entre Bill y familia, o una carrera que gracias a la amabilidad de Sammy estaba empezando con muy buen pie. Le debía mucho, pero su hermano era su hermano.
—Sammy perdona, pero te necesitan abajo—les interrumpió uno de los ayudantes de Sammy entrando en la sala.
Sammy asintió y tras apretar con cariño el brazo de Tom le dejó que siguiera con al grabación del disco. Salió al pasillo, pero un ruido a su derecha le hizo volverse con rapidez y descubrir al otro hermano medio escondido.
—¿Bill?—le llamó caminando en su dirección.
Estaba claro que les había estado escuchando, no había más que verle la expresión de miedo que llevaba en la cara. Sin decir nada, le cogió con suavidad del brazo y mirando a su alrededor se metió con él en el baño, donde le soltó.
—¿Estás bien?—preguntó preocupado.
Bill asintió en silencio y se alejó de él unos pasos, apoyándose en el lavabo y cruzándose de brazos. Sentía temblarle el cuerpo, no le gustaba estar tan cerca de alguien a quien casi no conocía, ya vio lo que pasó la última vez…
—No debería estar aquí—susurró Bill.
Sammy suspiró. Se maldijo por haber permitido que le escuchara hablar con Tom, no era su intención hacerle daño con sus palabras.
—Solo lo he dicho por el bien de Tom, no es mi intención que os separéis—se justificó.
—Si…si me alejara otra vez de Tom, le haría mucho daño. Siempre tan pendiente de mi, preocupado de mi bienestar…
—Yo me encargaré de que no te falte de nada—le interrumpió Sammy—Puedo conseguirte alojamiento donde tú quieras, una buena niñera…a Matthew ni a ti os faltará jamás de nada.
—¿Y qué le dirás a Tom? ¿Qué me entró miedo otra vez y huí de él? ¿Qué esta vez me llevé a Matthew porque me veía capaz de cuidar de él?—preguntó Bill tratando de no elevar la voz.
Se le quedó mirando jadeando. Tom nunca se tragaría esa mentira, sin él a su lado no sabría como coger a Matthew cada vez que llorara, pensando si había caído enfermo y él no se había dado cuenta hasta que ya era tarde, podía perderlo como ya perdió a su otro hijo…
—Piénsalo por favor—le pidió Sammy—Con el tiempo se lo diría yo a Tom, que solo lo hicimos por su carrera y que tú y el bebé estáis en buenas manos.
—Pero…Tom sufriría por mi culpa de nuevo….no me lo podría perdonar…
Se maldijo por empezar a llorar. Pero no podía evitarlo, desde que escuchó la conversación que mantuvo con Tom sus ojos se le llenaron de lágrimas sin poder evitarlo. Sammy le vio y se le cayó el alma a los pies. Esos dos hermanos estaban muy unidos, el destino los separó para luego volver a reunirlos con más fuerza si se podía.
Estaba a punto de decir algo para tratar de consolarlo en vano, cuando escuchó la voz de Silke.
—¿Bill? ¿Estás ahí?
El aludido se llevó un dedo a sus temblorosos labios, si Silke le veía hablando con Sammy encerrado en el baño, se podía pensar algo que no era. Señaló una de las cabinas vacías y Sammy asintió en silencio entrando en ella.
Se quedó a solas un momento mientras cogía aire con esfuerzo. Se miró al espejo y con una toallita de papel limpió esa lágrima negras que bajaba pos su mejilla derecha.
Una vez comprobado su aspecto, abrió la puerta esbozando una sonrisa con esfuerzo.
—Perdona, pero Matthew debe ser cambiado y no encuentro sus pañales—se excusó Silke pasándole a su hijo.
—Perdóname tú a mi, se me fue el santo al cielo—murmuró Bill besando la frente de su hijo.
Regresó al despacho de Silke y cambió a su hijo mientras pensaba detenidamente lo que le acababan de ofrecer.
Tom tenía una brillante carrera por delante, y él era solo un estorbo. Ya le estropeó el otro sueño, ese debería dejarle que lo llevara a término. No le quedaba más remedio que volver a alejarse, llevándose a su hijo con él. Poco a poco había comenzado a quererle con toda su alma, y le dolía el pensar en separarse de él aunque fueran unos solos minutos.
“Desde que supiste quien era su verdadero padre”—se riñó a sí mismo con dureza—“Hasta entonces solo deseabas poder deshacerte de él, y de su hermano también…”
Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas y tragando con esfuerzo, terminó de vestir a su hijo de nuevo. Lo cogió con suavidad en sus brazos y se levantó del sofá en el que estaba sentado.
—Silke, no me encuentro muy bien—empezó a decir en voz baja.
—Tienes mala cara, ¿habrás cogido algo?—preguntó Silke muy preocupada.
—Puede, me duele todo el cuerpo… ¿me consigues un coche que me lleve a casa? Y por favor, no le digas nada a Tom, que termine de grabar el disco y luego le veo—pidió con voz temblorosa.
—Claro, baja a recepción y te avisarán de cuando esté listo el coche—dijo Silke cogiendo el teléfono.
Asintió en silencio y tras colgarse al hombro la bolsa con las cosas de su hijo, salio del despacho y bajó a recepción. Vio un gran coche negro aparcado en la puerta y un chófer que le miraba asintiendo.
Le hizo una señal con la mano para que le esperase un momento y se dirigió a la chica del mostrador de recepción.
—Necesito hablar con Sammy—pidió mordiéndose los labios.
La chica asintió sin preguntarle el motivo ni nada. Cogió el teléfono y a los pocos minutos se lo tendía con una gran sonrisa.
—El señor Deluxe esperaba su llamada—le explicó.
Bill cogió con manos temblorosas el teléfono que le ofrecían y se lo llevó al oído dándose media vuelta.
—La respuesta es si—susurró en voz muy baja—Que sea cuanto antes, por favor.
—Silke ya me ha informado de que te vas a casa, esta misma tarde un coche te llevará a tu nuevo hogar. Yo me encargo de Tom, le mandaré a hacerse unas fotos y no regresará al piso hasta la noche—le explicó Sammy, como si lo tuviera ya todo planeado.
—Y ya sea tarde—murmuró Bill alejando el teléfono de su oído.
Se lo devolvió a la chica y entró en el coche que aún le esperaba. Rezando por estar haciendo lo correcto por una vez en su maldita vida.
Continuará…