
Fic TWC de lyra
Capítulo 6
No pudo dormir en toda la noche, a pesar de que Bill estaba de nuevo a su lado. Cuando vio en su móvil que ya eran las 8 se levantó de la cama, cansado de dar vueltas y más vueltas. Tenía que hacer una llamada, y no podía esperar más.
Marcó de nuevo el número de Silke, odiándose por molestarla a esa hora tan temprana.
—¡Tom! Dime que está contigo—dijo Silke nada más descolgar.
—Ahora mismo duerme en la habitación de invitados—explicó Tom sonriendo.
Silke era muy dulce preocupándose de esa manera por su hermano, a pesar de no conocerle en persona.
—Dime que quieres que haga—se ofreció Silke de nuevo.
—Bill se va a quedar en casa una temporada, necesita ropa nueva y yo diría que también una cita con algún ginecólogo—dijo Tom poniéndose muy serio.
—Deja todo en mis manos, en un par de horas haré que te manden algo de ropa en varias tallas, y para la hora de comer a tu hermano le verá el mejor médico de la ciudad—le prometió Silke.
Tom se lo agradeció una vez más y colgó satisfecho. Se levantó de la cama y preparó un desayuno para dos que se tomaría en la cama de Bill. Abrió la puerta con un pie al tener las manos ocupadas por la bandeja que llevaba y al dejó sobre la mesilla. Descorrió con suavidad las cortinas, sonriendo al escuchar a su hermano gemir en sueños.
—Buenos días—saludó muy ilusionado.
Esperó a que se despertase del todo y se incorporara en la cama frotándose los ojos con ambas manos.
—¿Has dormido bien?—preguntó Tom sentándose a su lado de nuevo.
—Como nunca—contestó Bill entre bostezos—¿Qué hora es?
—Las 8 y media—contestó Tom poniendo sobre sus rodillas la bandeja—Siento haberte despertado tan pronto, pero tenemos mucho trabajo por delante.
—Si te estoy entreteniendo…—comenzó a decir Bill.
—Tenemos…tú y yo—le aclaró Tom—A las 9 te traerán algo de ropa para que te la pruebes y elijas la que más te guste, y luego tienes una revisión médica.
—No necesito ropa y me encuentro perfectamente—dejó muy claro Bill.
—¿Cuándo fue la última vez que te hicieron una ecografía?—preguntó Tom sin darse por vencido.
—Hará un par de meses—murmuró Bill dándole la razón.
—Pues no hay nada más que decir, y en cuanto a la ropa, creo que la bolsa se pude tirar tal y como está. Está toda rota, Bill…
—Es lo único que tengo, prefiero que esperes y me compres algo cuando nazca el bebé—dijo Bill en sus treces.
—¿Qué es?—preguntó Tom de repente.
—Qué es, ¿qué?—repitió Bill sin entender.
—El bebé—aclaró Tom señalando su vientre.
—No lo sé—contestó Bill con sinceridad.
—Ah, prefieres esperar a que nazca y llevarte luego la sorpresa—rió Tom en voz baja.
—No, Tom. No lo sé porque no me interesa—dijo Bill con dureza.
Tom se le quedó mirando sin poderlo entender. Era su hijo, lo estaba llevando dentro todo ese tiempo y para su hermano solo era una carga pesada de la que se quería deshacer cuanto antes.
Separó los labios dispuesto a decir algo, pero Bill lo vio y se movió con rapidez.
—Tengo que ir al baño—murmuró cogiendo la bandeja de su rodillas y pasándosela.
Esperó a que Tom al dejase encima de la mesilla y se levantara, ayudándole a él de paso. Se encerró en el baño y no salió de el hasta que Tom le llamó para comunicarle que su nueva ropa había llegado.
La aceptó a regañadientes, viendo que en las etiquetas le habían tachado el precio para que él no lo viera. Se vistió con unos vaqueros azules y una amplia camiseta negra. Se calzó unas playeras y sonrió cuando vio su cazadora nueva, también negra.
Se recogió el pelo en una coleta y salió de la habitación para que Tom le viera.
—Estás como antes—admiró Tom sonriendo.
Ese era el hermano que recordaba, llevando ropas caras y una gran sonrisa que le iluminaba la cara.
—Cuando quieras nos vamos—dijo Tom cogiendo las llaves del coche.
—¿Todavía sigues con eso?—resopló Bill.
—Tranquilo que no entraré, podrá contarle lo que quieras al médico que no me va a decir nada—le trató de calmar Tom.
Entraron en el ascensor y condujo hasta la clínica que Silke le había conseguido. Se quedó en la sala de espera, charlando animadamente con una chica que le reconoció en el momento justo que entró por la puerta.
Pero no fue el único en ser reconocido. Las revistas ya habían salido y media Alemania ya sabía que Bill estaba embarazado.
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—Ya puedes bajarte de la camilla, Bill—le dijo la doctora que le examinaba.
Bajó las piernas de los estribos con la ayuda de una enfermera y fue tras el biombo a vestirse de nuevo. Se sentó delante de la mesa del médico que Tom le había conseguido, sin despegar los ojos del letrero en el que estaba escrito su nombre, la doctora Doyle.
—Bueno, viendo la ecografía y las pruebas, tu bebé está muy sano, pero no puedo decir lo mismo de ti—empezó a decir la doctora Doyle —Tienes una ligera anemia, las defensas por los suelos, bajos los niveles de hierro y potasio…
Bill le escuchaba sin decir nada. Había hecho todo lo que podía por cuidarse pero sin el debido dinero…
—Te recetaré unas vitaminas y la semana que viene quiero volver a verte—dijo la doctora Doyle abriendo su recetario—Con lo que me has contado te he abierto un historial, pero si me das el nombre del médico que te ha tratado podré consultar sus notas por si necesito algo.
—No tenía uno en particular, la última ecografía era de rutina, por…una emergencia que tuve en el 4º mes de embarazo—le explicó Bill en voz baja.
—¿Qué emergencia?—preguntó la doctora Doyle dejando de escribir—Necesito que me cuentes todo, Bill. Sabes que nada va a salir de este despacho, ni siquiera se lo contaré a tu hermano.
Bill suspiró resignado. Tendría que contárselo, solo así le podría ayudar con su bebé…
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Terminada la consulta, Tom se lo llevó sin decir nada a la mejor tienda especializada en bebés de toda la ciudad. Enseguida habló con la encargada y en menos de 10 minutos elegía él mismo una cuna en vista de que Bill se negaba.
—Tom, no es necesario—insistía Bill en vano.
—No vamos a dejar que duerma en el suelo, ¿verdad?—bromeó Tom, sabiendo a que se refería exactamente—Bill, déjame que cuide de mi futuro sobrino, que os mime a los dos…
Bill se dio por vencido. Dejó que lo eligiera todo mientras él lo observaba de brazos cruzados. Le vio quedar con la tienda en que se lo llevarían todo a lo largo de la semana y salió de la tienda llevando un oso de peluche bajo el brazo.
—Esto es tirar dinero—murmuró Bill sin poderlo evitar.
—No te preocupes por eso ahora, estando conmigo no te va a faltar de nada, y no tendrás que recurrir a una nueva portada para pagar la comida—se le escapó a Tom.
Bill no le contestó, tras haber visto como y donde vivía, no era un secreto que lo había hecho por dinero. Subieron al coche de nuevo y regresaron al piso, donde comieron en silencio.
—¿Qué es eso?—preguntó Tom al ver que sacaba un frasco de pastillas.
—Unas vitaminas que me han recetado—respondió Bill encogiéndose de hombros.
—No te he preguntado antes para no agobiarte, pero ¿va todo bien? ¿Qué te ha dicho?
—Tranquilo, que el bebé está bien—contestó Bill tras tomarse una de las pastillas.
—Pero, ¿y tú?—insistió Tom.
—Ya lo estaré—contestó levantándose—Estoy cansado, voy a echarme un rato.
Tom le vio salir del comedor sin decir nada. Se moría por llamar al médico y no parar hasta que le asegurara que Bill estaba realmente bien. Pero sabía que no le iba a contar tampoco nada, y no podía romper esa nueva confianza que Bill estaba depositando en él.
Se levantó de la mesa suspirando y se dedicó a recogerla. Maldijo por lo bajo cuando le sonó el móvil cuando tenía las manos ocupadas. Dejó de nuevo los platos y arrugó al frente al reconocer el número que le llamaba, no extrañándose mucho en tener noticias suyas en esos momentos.
—Gordon—saludó cerrando la puerta del comedor.
—¿Lo has visto?—preguntó Gordon olvidándose de saludar.
—Está conmigo—contestó Tom sin dar más explicaciones.
—¿Está bien? Pero, ¿cómo lo ha podido hacer?
—Gordon, no te preocupes que lo tengo todo resuelto. Se quedará conmigo hasta que nazca el bebé, y luego también. Es mi hermano pequeño y mi responsabilidad es cuidar de él.
—Mantenme informado de todo, por favor. Sabes que solo velaba por vuestro bien.
Se lo prometió a regañadientes y colgó el móvil, viendo que durante la conversación con su ex tutor le habían llamado. Buscó en el registro de llamadas perdidas y no se sorprendió de ver dos de sus antiguos compañeros de grupo.
Parecía que tras la “aparición” estelar de su hermano, todos estaban de repente preocupados. De Gordon y los muchachos se lo esperaba, solo rezaba para que alguna rata se quedase allá en su cloaca…
Continuará…