Tal vez 1

Tal vez 1

Fic TWC de lyra

Capítulo 1

Separaba los labios, pero de ellos no salía sonido alguno. Escuchaba las palabras que el mejor amigo de sus padres les decía a él y a su hermano, pero aún así seguía negando.

Sus padres no podían haber muerto en un vulgar accidente de tráfico, no podía haberlos dejado solos a él y a su hermano… ¿quién iba a cuidar ahora de ellos? ¿A arroparles por las noches? ¿A consolarles cuando llorasen?

Como en ese momento, su hermano pequeño lloraba abrazado a su cuerpo, y le tocaba a él darle ese consuelo. Lo abrazó con fuerza, le hizo acomodar la cabeza en su pecho y le besó el pelo mientras susurraba que todo iba a ir bien, que sus padres estaban en el cielo y nunca dejarían de observar a sus hijos….tan pequeños…con apenas 7 años se habían quedado huérfanos….

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Había pasado una hora desde que el concierto terminó, y durante ese tiempo Tom no dejó de observar a su hermano. Se le notaba ido, nervioso….raro, sería lo acertado.

Sentado en el sofá del backstage, le veía caminar de un lado a otro delante del espejo, cogiendo una camiseta de la bolsa de mano que tenía al lado, poniéndosela por encima y negar con la cabeza chasqueando la lengua.

Cuando ya iba por la tercera, se levantó de un salto y la recogió del suelo donde la había tirado su distraído hermano.

—Bill, ¿qué te pasa?—preguntó poniéndose a su lado.

—No me gusta mi ropa—protestó el menor de los hermanos haciendo un puchero.

—Pues tienes para abrir una tienda. Así nos forrábamos—rió Tom ante las palabras de su hermano.

—Para ti es fácil, te da igual ir a una fiesta con una simple camiseta vieja—bufó Bill.

—No me cuido tanto, lo admito. ¿Para qué? Será traspasar la puerta y una chica se me colgará encantada del brazo, lleve una camiseta de marca o vaya sin nada.

Cansado de escucharle, Bill le dio la espalda y cogiendo otra camiseta se encerró en el baño para ponérsela. Una vez dentro le cambió el gesto. Sus ojos se apagaron y la sonrisa abandonó sus labios.

Que fácil sería poder hacer lo mismo que Tom, entrar en una sala y que el chico más guapo se volviera y se fijara en él. Pero claro, tenía que guardar bien dentro esos sentimientos, ese dolor que hasta le impedía respirar con normalidad.

Solo Tom lo sabía, que era gay y que era feliz con su estilo de vida. Porque eso era lo que le daba a entender todas las noches que podían reunirse y hablar en voz baja mientras los demás dormían.

Se metía con cuidado en su cama y entre risas le pedía que le contara quien había sido el afortunado de estar esa noche en su cama. No paraba de insistir al ver que él se negaba, entonces bajaba las manos y subiéndole la camiseta le hacía cosquillas hasta que ya sin aliento le suplicaba tiempo muerto.

Entonces le mentía. Le decía que esa noche había sido un chico castaño de ojos azules, que nada más verlos se quedó hipnotizado. Tom se quedaba contento y él podía disfrutar de su sueño….solo un sueño…

Del que él era el dueño. ¿Qué quien había sido el afortunado de estar esa noche en su cama? Pues su propio hermano, pero no lo sabía….ni él pensaba contárselo….

—Bill, nos vamos—llamó Tom a la puerta del baño.

Pestañeó alejando las lágrimas que sentía en sus cansados ojos. Siempre que pensaba en lo que podía ser si encontraba el valor necesario, se echaba a llorar sin remedio.

Respiró hondo cogiendo aire. Tragó las lágrimas y con ellas sus sentimientos, y se cambió de camiseta procurando no despeinarse ni mancharla de maquillaje. Se miró al espejo y tras murmurar un triste “perfecto”, salió del baño a reunirse con sus compañeros.

—Ah, ya estás aquí—dijo David al verle—Bien, pues nos vamos. Ya sabéis las reglas, una hora de fiesta y al hotel derechos. Nada de chicas, mañana madrugamos y os quiero bien descansados. Tom… ¡Tom! ¿Me has oído?

—Si, le diré a la afortunada que haga ella todo el trabajo, mi productor me ha prohibido cansarme—rió Tom guiñando un ojo a sus compañeros.

Poniendo los ojos en blanco y lanzando una maldición por lo bajo, David hizo una señal a Saki y se pusieron en marcha. Salieron al parking donde un grupo de fans les esperaba y tras estar con ellas un rato subieron a la furgoneta plateada en la que habían llegado.

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Una vez en el local en el que se daba la fiesta, los cuatro muchachos se dispersaron. Georg fue corriendo al baño, Gustav buscó sitio en la barra y Tom ya estaba en medio de la pista de baile, con una guapa chica colgada de su brazo.

Solo faltaba el cantante, que desde su solitario rincón los observaba suspirando. Todos se divertían a su manera….bueno, a saber que hacía Georg en el baño. Todos menos él, que solo podía suspirar mordiéndose los labios.

—Cansancio, ¿verdad?

Se giró de inmediato a ver quien había hablado, encontrándose con un chico muy guapo. Le sonreía mientras sostenía en sus manos una bebida que apenas había probado. Se la tendió pero negó con la cabeza de inmediato.

—Tranquilo, solo es agua—le dijo el chico sin perder la sonrisa de los labios.

—Ya estoy servido, gracias—contestó enseñándole la botella que estrujaba en su mano.

Estaba tenso y no podía remediarlo, había algo en él que le hacía sentirse nervioso, pero a la vez confiado. Se preguntaba que sería, arrugando la frente de paso.

—Te estoy molestando, lo siento—se disculpó el chico al ver su gesto.

—No, no es eso…—comenzó a decir.

Pero ya era tarde. El chico había dado media vuelta y se iba de su lado. Se le quedó mirando, no pudiendo resistirse a echar un vistazo más abajo. Se pasó la lengua por los labios viendo como los vaqueros le marcaban la parte baja de la espalda, suspirando sin poder evitarlo.

Unas risas a su izquierda le hicieron desviar la mirada, encontrándose en el centro de tanta diversión a Tom, que estrechando a la chica en cuestión en sus brazos la besaba ante la atenta mirada de miles de chicas que reían y gritaban emocionadas.

Alguna de ellas sería la siguiente afortunada, pero él….nunca, ni en su mejor sueño…

Ahogó un sollozo y sintiendo que se ahogaba, echó a correr a la salida. Se internó en el oscuro parking, sintiendo que le pisaban los talones. Se giró malhumorado, no estaba para ningún tipo de fiesta esa maldita noche.

—¿Es que ya no puedo fumarme en paz un maldito cigarro?—gritó sin ver quien era.

Maldijo por lo bajo. Se había marchado solo de la fiesta y era lógico que Saki le siguiera. Estaba allí para cuidar de ellos, no para reñirle si al día siguiente su garganta estaba resentida por el tabaco.

—Perdona Saki, pero necesito estar a solas—le dijo resoplando.

—Sabes que no puedes, si te marchas de la fiesta debo seguirte o David…—comenzó a decir Saki sin perder la paciencia.

—¡Odio ser famoso!—estalló Bill sin poder remediarlo—No me dejan ni a sol ni a sombra, el día menos pensado abandono el grupo y a la mierda todo.

Dio media vuelta tratando de alejarse, pero fue sujetado por la muñeca.

—No debes ir solo—dijo Saki con voz grave.

—Solo iré paseando al hotel, dile a David que mañana me levantaré a la hora programada como un buen niño—dijo con sarcasmo.

—¿Y paseando? Ni pensarlo, te pueden secuestrar o algo parecido—se negó Saki en rotundo— Y Gordon…

—Fijo que le daría igual—se le escapó—A nadie le importo, solo soy el que les hace ganar dinero y fama, aparte de eso no soy el hijo ni el hermano de nadie.

Viendo que estaba imposible de tratar, Saki le soltó suspirando resignado. No era la niñera de nadie, allá él si quería irse andando. Ya era mayorcito para cuidarse solo.

—Ten cuidado—le dijo con firmeza.

Bill asintió y echó a andar antes de que le detuviera. Sorteó las filas de coches y enfiló calle abajo metiéndose las manos en los bolsillos. Agachó la cabeza pensando en las palabras de su guardaespaldas. ¿Quién le iba a querer secuestrar? Todas las miradas estaba puestas en su hermano, las chicas se le rifaban. Era a él a quien debían mantener entre algodoncitos, hacer que nada le hiciera daño ni le perturbara.

Él solo era una voz bonita que encandilaba a las chicas, pero nada más. Ninguna se fijaba en él si su hermano estaba al lado, era como si no estuviera o fuera invisible. Si alguien le secuestraba, como le habían dicho, solo se darían cuenta de que faltaba cuando al llegar a final de mes necesitaran la paga.

Absorto en sus pensamientos como estaba, no vio que le volvían a seguir los pasos. No se dio cuenta de que una sombra le adelantaba y cuando quiso alzar la mirada, tiraron con suavidad de su mano y ahogaron su grito de auxilio apoderándose de sus labios.

Continuará…

por lyra

Escritora del Fandom

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