Te equivocas 10

«Te equivocas» (Fic de Earisu)

Capítulo 10

Era realmente temprano, y Bill dormía profundamente tapado hasta arriba con el edredón.
Estaba sumido en sus sueños por completo…Hasta que de algún lugar lejano le empezaron a llegar golpes cada vez más insistentes.
Abrió un solo ojo y sólo vio oscuridad. Se zafó del edredón negro que le cubría la cabeza y puso cara de »qué coño…?»…
Miró al otro lado de la cama y descubrió que estaba vacío.
Y entonces, otra vez esos golpes.
Alguien estaba llamando a la puerta.
¿Jared?…No…No podía ser, él tenía llaves y nadie más conocía la existencia de ese apartamento. Allí ninguno de los dos iba a tener visita.
Se tapó de nuevo la cabeza enfurruñado y dispuesto a retomar su sueño.
Llamaron otra vez.
Se destapó de golpe.
¿Se le podían haber olvidado las llaves a Jared?
A regañadientes, Bill se levantó para comprobarlo.

Fue arrastrando los pies desnudos por el pasillo. Llevaba unos pantalones de chándal rojos y una camiseta estrecha blanca e iba totalmente despeinado y con marcas en la cara de las sábanas.
Se iba frotando los ojos como un zombie.
Cuando llegó a la entrada echó un vistazo al mueble donde Jared solía dejar sus llaves y no estaban. O sea, que se las había llevado.
Ahora su rostro era un completo interrogante.
Y otra vez llamando.

Se encogió de hombros y se decidió a abrir, más que nada para poderse ir a dormir cuanto antes.
-…¡Buenos días! – Le saludó con energía…Nathan.

Bill abrió mucho los ojos y supo que se tenía que haber puesto rojo por que le quemaban las mejillas. La vergüenza era provocada por una mezcla de dos cosas. Una: Los pensamientos impuros que había tenido el día anterior con él de protagonista y que habían…Tenido ciertos efectos desconcertantes.
Dos: Estaba recién levantado, con a saber qué pintas, delante de él.
Quería que se abriese la tierra y le tragara.
-…¿Nathan?…¿Pero qué…?…Son las…¡Siete de la mañana!… – Susurró incrédulo.
-…Sí, lo sé. Entro a trabajar en un rato. Tengo el tiempo justo para desayunar y…
-…¿Pero qué quieres de mi a estas horas?… – Parecía que no le había estado ni escuchando.
-…Pues te lo estoy diciendo…Que vengas a desayunar conmigo.
-…¿Qué?…¿Yo?…
-… – Nathan, vestido con unos pantalones de pinzas grises, un jersey estrecho negro y una chaqueta del mismo color, se cruzó de brazos y asintió poniendo los ojos en blanco como diciendo »Evidente».
-…Pero es que yo…No puedo…
-…¿Por qué?…
-…Pues por que… – Bill tenía que pensar una excusa rápido. – ¿No ves cómo estoy?…
-…Sí. Tienes cinco minutos para peinarte, ponerte unas zapatillas y venirte.
-…Pero…
-…Pero nada…Vamos, Bill… ¡No querrás que llegue tarde mi primer día de trabajo por tu culpa! – Sonrió el hombre.
-… ¿Por qué yo?…
-…Aaahhh…- Suspiró el hombre.- Como te dije…Después de tantos años, ya no conservo ninguna amistad aquí. Eres el único a quien conozco de momento…Así que, te ha tocado el suplicio de soportarme en exclusiva durante una temporadita. – Nathan puso los brazos en jarra en un gesto realmente cómico.
-… ¿Por qué no vas a desayunar con tu madre?… – Pero a Bill seguía sin hacerle gracia la situación.
-… ¿Con mis treinta y un añazos y solterón quieres que la gente me vea tomando café por ahí con mi madre? ¿Tú qué quieres, hundirme del todo?
-…
-…Ahora tienes tres minutos para arreglarte.

Bill se quedó ahí plantado un par de segundos. Cuando asumió que no podía negarse y que encima tenía demasiado poco tiempo para ponerse decente escupió un »¡Joder!» y se dio la vuelta para cambiarse a toda prisa, rezando por que Jared no llegara en su ausencia y mientras que Nathan le esperaba llamando al ascensor y sonriendo divertido.

&

Nathan y Bill fueron a una cafetería cercana.
El local era un sitio pequeño, acogedor y elegante. El suelo era de parqué y los tonos de las paredes y de los elementos de decoración, amarronados-anaranjados. De entrada lo que se veía era la barra y algunos taburetes…Los sofás y mesitas bajas estaban en la sala contigua, buscando la intimidad para los clientes que quisieran conversar con tranquilidad.
Allí estaban ellos dos, sentados el uno al lado del otro…Esperando que el camarero les trajera su pedido.

Éste llegó a los pocos segundos con dos cafés, un croissant para Nathan y una enorme porción de tarta de chocolate y nata de la que Bill se había encaprichado nada más entrar.
Pero nada más verla en su plato, se sintió culpable.
-…¡Dios!…Creo que no debería haber pedido tarta. – La exagerada porción debía superar el millón de calorías.
-…Bah…De vez en cuando, no pasa nada.
Kaulitz cogió la cuchara con pesambre y sin mucho convencimiento de que eso fuera así. Pero el pastel tenía una pinta tan apetecible…Era imposible resistirse.
Se llevó una cucharada a la boca…Estaba riquísima.
Un pecado mortal.
Una vez que empezó, ya no pudo parar.
Ambos estuvieron concentrados en su desayuno hasta que Nathan se empezó a reír.
Bill le miró con una ceja en alto.
-…¿De qué te ríes?…
-…Tus mejillas deben ser una especie de imán para la suciedad…Churretes.

Bill tanteó uno de sus mofletes y comprobó que se lo había manchado de nata.
Nathan seguía riéndose.
Kaulitz también sonrió, aunque menos inocentemente.
-…Pues lo mismo que tu nariz.
-…¿Mi nariz?…

Antes de que Nathan pudiera olerse sus intenciones, Bill con la nata que acababa de limpiar de su mejilla hizo una maniobra vengativa: La estampó toda en la nariz del otro…
-…¡Agh, no!…
Pero demasiado tarde. Le había pringado sin solución…
-…Mmm, jajajaja… – Se rió Bill, abiertamente.
Nathan pensó que nunca le había escuchado reírse de esa manera, tan espontánea y tan simpática que parecía infantil…Era música para sus oídos.
Cogió una servilleta, se limpió y cuando lo hubo hecho, hundió su dedo índice en un costado de Bill.
Kaulitz dio un salto en su asiento…
-…¡No, Nathan!…No hagas eso, que me da coraje…Jajaja… – En realidad le hacía cosquillas.
-…¿Ah, sí? – Nathan repitió la misma operación.
-…¡Ah!…¡No!…Déjalo ya…Que además…¿No eres muy mayor para estos jueguecitos? – Le picó el chico.
-…Más mayor es tu novio y no veo que digas nada al respecto.

Bill le miró escandalizado, con la boca abierta.
-…Y dale…¡Qué perra te ha entrado con que es mi novio!…
Pero Kaulitz vio que Nathan estaba sonriendo y se dio cuenta de que el hombre sólo estaba respondiendo a su provocación…Seguía bromeando.

El chico le esquivó la mirada, que volvió a centrar en su plato de tarta.
Comió otra cucharada…
-…¿Cuándo entras a trabajar?… – Preguntó Bill más que nada por desviar el tema de conversación.
-…Me queda media hora.
-…Um.

Nathan bebió un sorbo de café mientras que Bill seguía con su dulce.
-…¿Y dónde? – Siguió el moreno. Ahora que lo pensaba, sabía que Nathan había ido a la universidad, pero no sabía qué había estudiado y por tanto…Cuál era su profesión.
-…Mmm…No sé si decírtelo tan pronto.
Bill le miró arrugando la frente.
-…¿Por qué?
-…Pues porque no sé por qué…Pero la gente se asusta cuando digo a qué me dedico.
-… Vale. Ahora sí que vas a tener que decírmelo. – Antes Kaulitz había preguntado por alejarse de otros temas de conversación más espinosos para él…Pero tras la »respuesta» le había intrigado de verdad.
-…No sé…No sé…Bueno, te he dado una pista. Es algo que la gente teme. Adivínalo.
-…¿Dentista?
-…Jajajajajajaja… – Nathan se rió con ganas. – … Buen intento. Pero no.
-…¿Eres el dueño de una funeraria? ¿Enterrador?…
Nathan siguió riéndose.
-…No y no…
-…Um…¿Paparazzi?… – Bill sonrió y bebió un poco de su taza.
Nathan le devolvió la sonrisa como única respuesta.
Bill le miró tragando su sorbo de café.
-…¡No me digas que sí!…
-…No, no, no…Tranquilo. – Nathan levantó las dos manos.
-…Pues me rindo. Dímelo.
-… – Nathan le volvió a sonreír y guardó silencio, molestándole.
-…¡Ah!…Pues iré a visitar a Simone y ella me lo dirá. – Kaulitz le sacó la lengua fingiendo enfado.
-…¡OH!…Eso es una sucia estrategia. Pero hazlo si te atreves. Todavía tiene guardado para ti ese tirón de orejas…
Bill se cruzó de brazos frustrado.
-…Vaya, hombre.

-…Ahora sí, me tengo que ir, Billy. – Nathan se levantó acabando lo poco que le quedaba de café de una vez.
Kaulitz se sorprendió a si mismo pensando que no quería que se fuera…
-…Nos vemos, ¿vale?… – Nathan se inclinó para darle un tierno beso a Bill en la mejilla.

Y con esto, se fue…Sin tener ni idea de todo lo que había provocado en el interior del chico con ese simple gesto, que le dejó con la boca abierta e inmóvil como una estatua.
No se recuperó hasta unos minutos después, y sólo lo hizo para llevar la yema de sus dedos a su cara…Justo en el sitio donde Nathan le había besado.

Continúa…

por Earisu

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!