
«Te equivocas» (Fic de Earisu)
Capítulo 16
-…Mierda…¿Tienes un cigarro? – Tras la pequeña confesión, Bill necesitaba fumar…No lo hacía a diario, no se consideraba un fumador. Pero había veces en que, simplemente, se lo pedía el cuerpo.
-…No, no fumo.
-…Vaya, hombre. – Kaulitz no se movió del lugar. Siguió tumbado en el césped, mirando al cielo.
Apenas había estrellas aquella noche.
Nathan también estaba acostado en la hierba, pero él se había movido y estaba de perfil, observando a Bill con un codo apoyado en la tierra y una mano sujetando su cabeza.
Nathan arrugó la frente cuando visualizó una pestaña del ojo izquierdo de Bill sobresaliente , algo más torcida que las demás, como si fuera a desprenderse de un momento a otro.
-…No te muevas. – Le advirtió el hombre de repente, dispuesto a cogerla.
Bill sólo movió las pupilas para mirar a Nathan, alarmándose.
Vio como el rubio se disponía a llevar una mano a su cara.
-…¿Qué…Qué tengo? – Preguntó algo asustado.
-…Tú no te muevas.
-…Ogh, dios mío. ¿Es un bicho?…Es un bicho, ¿verdad?… – Bill alzó las dos manos, nervioso.
Nathan no pudo evitar sonreír ampliamente.
-…Que no…Que no es un bicho. Es sólo una pestaña que se te va a meter en el ojo.
-…Ah. – Bill se tranquilizó al instante y se quedó muy quieto cuando las yemas de los dedos de Nath se acercaron a sus párpados.
Éstos agarraron el pelito a modo de pinza, con precisión.
-…Ya está. – Nathan examinó la pestaña. – Dios mío. Tienes unas pestañas muy largas.
Era un comentario cotidiano e inocente. Pero sin saber por qué, causó algo de rubor en las mejillas del chico.
-…Pide un deseo. – Nathan había colocado el arqueado y minúsculo pelo en la palma de su mano.
Bill se incorporó apoyándose en sus codos.
-…Oh, vamos… – Desmereció el chaval. – ¿Cómo puedes creer en esas cosas, a tu edad?
-…¿Quién sabe?…Vamos, hazlo.
-…Deseo un paquete de tabaco.
-…Vaya mierda de deseo. Eso es un desperdicio. Además si se dice no…
-…Pues no quiero nada más… Pide un deseo tú.
-…Está bien. Porque para que tú lo malgastes… – Nathan estuvo pensando unos segundos y después sopló sobre la palma de su propia mano.
-…¿Qué has pedido?… – Preguntó Bill, curioso.
-…Si lo digo, no se cumple.
-…Eso es si la pestaña no sale volando.
-…Ha volado. – Informó Nathan, satisfecho.
-…Pues entonces se cumplirá. Dímelo.
-…De eso nada. – Le molestó Nathan.
-…Boah. Vaya tontería. – Restó importancia el otro, aunque estaba frustrado.
Nathan sonrió algo enternecido.
-…Venga, vamos. La noche sigue siendo joven.
Nath se puso los zapatos, se levantó y se sacudió el trasero en un acto reflejo.
-…Oh, no… – Bill empezó a tener miedo de nuevo, aunque lo que dijo lo dijo casi bromeando.
Nathan le ofreció sus dos manos para ayudarle a levantarse.
Kaulitz las aceptó y se fue levantando haciendo ruiditos como si le supusiera un gran esfuerzo.
-…Podemos gorronear el tabaco de algún transeúnte. Eso también es muy recurrente en una cita.
El chico le miró arqueando una ceja y después se rió.
-…¿Qué clase de citas has tenido tú en tu vida?… – Y siguió riéndose.
Comenzaron a caminar de nuevo…Tiraron las bolsas y demás desperdicios de su comida a una papelera y se pusieron en marcha.
-…¿Ves? Mi deseo se ha cumplido.
Bill le miró extrañado.
-…Había pedido volverte a ver sonreír hoy.
&
Nathan y Bill entraron a un bar, el primero mucho más animado que el segundo que miraba hacia todas direcciones como no creyéndose que de verdad al final le hubieran llevado allí.
El local era un sitio acogedor a pesar de ser barato. El típico lugar que se escoge para estar a gusto con los amigos de siempre.
Al fondo estaba la barra, pero el bar era lo suficientemente amplio para tener también sofás y mesitas colocados en lugares estratégicos.
En una esquina estaba el karaoke, que en realidad era una consola PlayStation reproduciendo el juego Sing Star o alguno parecido.
En ese momento, dos hombres estaban compitiendo ambos con micro en mano, cantando una canción de Beyoncé. Aunque decir »cantar» sea una manera demasiado generosa de describir sus escasas cualidades interpretativas.
La canción era »Crazy In Love», y la pareja de hombres, rechonchos y sudorosos los dos, sólo bordaba la parte en la que se repetían una serie de »oh’s».
-…Dios mío…¿La gente no tiene sentido del ridículo?… – Se preguntó Bill.
-…Aquí no. Ni lo tienen ni lo han conocido en la vida. Jajaja.
Ambos se dirigieron hacia la barra. Tras preguntar a Bill qué quería tomar, Nath fue el encargado de pedir.
Mientras lo hacía, el chico visualizó una máquina de tabaco y se dirigió hacia ella para comprar un paquete.
Cuando regresó, Nathan le tendió su cerveza. La habían servido en un gran vaso de plástico de cuba.
-…Virgen santa. – Bill cogió el enorme vaso mirándolo como si aquello fuera lo más grotesco que hubiera visto jamás…Cosa que le hizo mucha gracia al hombre, que tras dar un sorbo al suyo, se empezó a reír.
-…Eres tan pijo…Luego dicen de mi.
-…No soy pijo. – Aunque Bill dio un trago a su cerveza con cara rara y una ceja en alto.
-…Jajajaja…
Los dos se sentaron en sendos taburetes en la barra y conforme fue pasando el tiempo, Bill se fue acostumbrando al lugar y a disfrutar más de la novedad.
Un rato después los dos se estaban riendo de los improvisados »cantantes» y de sus actuaciones en el karaoke y charlando un poco también…Aunque ahora de temas mucho más ligeros.
&
Por supuesto, la pareja también empezó a beber más de lo normal, en especial Bill que tras un día especialmente lleno de emociones por llamarlo de un modo, encontraba una cierta vía de escape en el alcohol.
De todos modos ambos se estaban divirtiendo así que Nathan no se alarmó por ello…Al fin y al cabo Bill no dejaba de ser un chico joven un fin de semana.
Un par de horas después de que empezaran a beber, Bill ya tenía media borrachera encima.
En ese momento tenía un ataque de risa sin motivo aparente alguno más que el servilletero que tenía delante.
Nathan se reía pero sólo de verle. Tenía una risa contagiosa. Él estaba también »contento» pero mucho más lúcido que el muchacho.
-…Oh, Bill. Tengo que ir al servicio. – Nath tenía la vejiga a punto de explotar.
-…VaaaAaale. – Bill alzó un brazo casi perdiendo el equilibrio en el taburete.
-…Joder, miedo me da dejarte solo. No te muevas de aquí, ¿eh?… No tardo nada. – Se puso en pie.
-…Yo no…Muevo…Es el bar el que se…¡Mueve! …Mmm… – Entonces infló sus mofletes ahogando una risa, pero se le acabó escapando al final. – Mmm, jajajaja…
-…Fffff…Te dije que más de dos cubas es una bomba. – Nath fue corriendo a los baños porque necesitaba orinar sí o sí.
-…Boom…Adióooooh. – Se despidió el chico como si se fuera al extranjero.
Ya en el servicio Nathan, mientras orinaba, escuchó como de nuevo alguien se retaba al karaoke y en esta ocasión, la canción »Wannabe» de las Spice Girls empezó a sonar.
Si la canción ya era insoportable con sus voces originales, oírla de boca de dos voces masculinas, bastas y roncas ya era casi tortuoso.
Aunque increíblemente gracioso también. La cerveza también ayudaba.
Nathan se empezó a reír solo en el aseo negando con la cabeza.
Cuando salió vio algo que le heló la sangre.
Bill seguía en su taburete, pero ahora en el lugar donde había estado él, estaba sentado otro hombre. Un hombre que debía medir dos metros, con algún kilo de más aunque se le veía fuerte, de espalda ancha.
Lo inquietante era que parecía que ese hombre y Bill se estaban peleando.
Y todo el mundo sabe lo peligroso que es eso cuando estás bebido.
De hecho, Bill parecía plantarle cara al hombre, alzaba un dedo y lo movía amenazador muy cerca de la cara del otro.
Nathan fue corriendo hacia allá para ver qué pasaba.
Por el camino ya empezó a oír retazos de la conversación.
-…La pelirroja…La pelirroja… – Decía el tipo grandote.
-…»Dessssso» nada…
-…Bill, ¿qué está pasando? – Preguntó Nath cuando llegó a su lado.
-…Este señor y yo estábamosss debatiendo. – Explicó Bill, aunque con su media cogorza la afirmación que debía ser seria sonó muy graciosa.
-…Sí. – Aclaró el Grandote. – Le pregunté a este chaval cuál de las Spice Girls le parecía que estaba más buena. Yo decía que la pelirroja, porque tiene unas tetazas de impresión. Pero lo que es no tener ni puta idea. Tu amigo dice que Victoria es la mejor.
Nathan miró a Bill con los ojos muy abiertos.
-…¡Victoria es Elegancia! – Gritó Bill alzando sus dos brazos y casi cayéndose del taburete otra vez.
Nathan le tuvo que sujetar de la cintura y no pudo evitar reírse a carcajadas, aliviado. – Ella essss tan elegante…¡Una señora!…
-…Pero que nadie te dice que no, chico…Pero no estamos hablando de elegancia, estamos hablando de quién está más buena. Y esa no puede competir con las tetazas de la otra. – Fue el argumento aplastante del Grandote.
-…¿Tú qué dices, Nath? – Preguntó Bill buscando un apoyo. Él le soltó de la cintura ahora que parecía que se le había pasado la exaltación.
-…Em…Pues… – Nathan no tenía ni idea. Él no pensaba en mujeres nunca de esa manera. ¡Él era homosexual, por el amor de dios! … – …Supongo que la pelirroja me cae mejor.
-…¡Hombre!… ¡Por fin alguien con criterio! – Asintió el Grandote complacido. Ahora que le veía la cara, Nathan supo que el tipo no suponía amenaza alguna. Tenía cara de bonachón y gafas de pasta negras. Un freak de »La Guerra de las Galaxias» a juzgar por su camiseta.
Bill miró a Nathan achinando la mirada.
-… Pues tú … – Escupió Bill señalando a Nath con su dedo índice. – …Y tú… – Señalando al Grandote… – …Soisss vulgares.
Nathan se rió como única respuesta.
Grandote, no.
-…Nadie le dice eso al Rey del Karaoke. Te reto a una partida de Sing Star. Si pierdes, te teñirás de pelirrojo.
Nath se limitó a observar a Bill entretenido, esperando su reacción.
-…¡De acuerdo!…Pero si pierdesssss tú, el próximo sssábado vendrás aquí con taconesss.
Grandote se planteó la apuesta tragando un poco de saliva.
-…Y tú vas conmigo. – Le planteó Bill a Nathan como una orden.
El hombre aceptó ser su pareja encogiéndose de hombros, sonriendo y sorprendido de que en verdad Bill fuera a participar.
-…Por parejas, ¿eh?…¡Markus! – Grandote llamó a uno de sus amigos. – ¡Ven aquí! … ¡Estos dos acaban de aceptar un reto!…
-…Ah, por cierto, nuestras parejas también participan en la apuesta. – Apuntilló Bill.
Nathan se puso serio de golpe, abrió mucho los ojos y dio en pequeño codazo al chico.
-…¡BILL! – Se quejó el hombre.
-…¿Qué?… – Preguntó Kaulitz.
-…¿Estás loco?…Que si perdemos…¡Yo no pienso tintarme de pelirrojo!
-…Pues entonces, procura esforzarte…»La Pelirroja Me Cae Mejor». – Esto último lo dejó caer como un apodo, resentido.
Y con esto, Bill se levantó y siguió al Grandote que por lo visto era »El Rey del Karaoke» y al tal Markus, un bajito calvo.
Nathan se quedó con sus ojos como platos y sudando frío, tratando de verse con el pelo naranja zanahoria.
Le dieron escalofríos sólo con la imagen mental.
-…Oh no…No, no, no..
Pero luego miró hacia el rincón donde estaba la consola, y donde Bill ya se encontraba cogiendo uno de los micros con decisión.
Y por alguna razón ya todo le daba igual.
Sólo quería ir allí…
Y cantar con él.
Continúa…
Nota de la Autora: Este era el momento K. K de karaoke xDDD…Y akí se dice más claro aún ke en el anterior que Nathan es homosexual