
«Te equivocas» (Fic de Earisu)
Capítulo 2
Billy entró en el salón con sigilo. No sabía si su mamá se había quedado dormida en el sofá y en ese caso, no quería despertarla.
El pequeño llevaba una pelota roja del tamaño de un balón de fútbol entre las manos y un chándal gris…
Kasandra tenía la mirada puesta en el televisor aunque el volumen era casi inaudible: Estaba de resaca.
-…Mami, ¿»Piedo» ir al jardín a »jubar» con la pelota?
Su madre le dio permiso desganada, y el niño salió a toda prisa.
Como en la noche anterior habían caído cuatro gotas, había barro en el césped y Billy sabía que eso escurría, así que salió del cerco a la calle, por la acera.
No le gustaba el fútbol, y aunque le gustara ése no era un deporte para una sola persona…No tenía ningún hermanito o hermanita para jugar y nadie de su »cole» vivía cerca de él.
De hecho, todos sus vecinos eran demasiado mayores, no había nadie de su edad con quien pudiera relacionarse.
Lo dicho, no podía jugar al fútbol, así que se dedicaba simplemente a ir botando su pelota y batir su propio récord sin que ésta se le escapara. Su récord máximo estaba en diez. Aunque en realidad no sabía si lo había superado nunca, por que era hasta diez hasta donde sabía contar.
Procuraba no salirse de la acera, por que en la carretera podía venir algún coche aunque no era una zona peligrosa. Los pocos coches que iban y venían eran los de los vecinos al ir o regresar del trabajo o de los recados…No era una calle abierta.
En un momento determinado, mientras caminaba , su pie tocó la pelota por lo que perdió el control.
El balón salió rodando y él corrió a cogerlo y cuando lo consiguió, ya cansado de ese juego, se propuso inventar otras proezas. Decidió ver si era capaz de pasarlo por debajo de una de sus piernas y después atraparla en el aire.
Pero no calculó bien y la pelota salió disparada hacia un muchacho que estaba de cuclillas en la acera , arreglando su moto.
-…¡Au!..
-…¡Perdón! ¿Me »vuelves» mi pelota?
El chico miró a Bill algo enfurruñado. Pero cuando descubrió que era un niño tan pequeño se relajó.
-…Bueno…Si prometes no volver a estampármela en la cabeza…
Billy se rió de una manera muy graciosa y el chaval le devolvió el balón.
El muchacho debía tener unos dieciséis años, era rubio , pelo corto, de ojos claros y labios carnosos. Empezaba a echar cuerpo de hombre, musculado y bronceado; A pesar de que estaba acabando el otoño – empezando el invierno, llevaba una camiseta de tirantes que así lo evidenciaba, aunque con el esfuerzo, después de todo estaría pasando calor…Y unos pantalones anchos y manchados de tizne negro.
El resumidas cuentas: Posiblemente, un ídolo entre las chicas de su instituto.
(Nota de la Autora: A mi me gusta imaginármelo así… No es obligatorio que veáis la foto, podéis imaginároslo como queráis, pero si queréis… PARA MI…Es algo como este chico, el de la camisa verde: Nathan)
-¿Qué ‘tas »hasiendo»?… – Bill estaba en la edad de la curiosidad…En la de hacer preguntas. Si no fuera por que la mayor parte del tiempo estaba solo, preguntaría por todo…Había tantas cosas que le intrigaban…
-…Arreglando mi moto…
-…¿Y po’ »qué»?
-… – El muchacho sonrió. El niño parecía muy simpático. – …Pues por que se ha roto.
-…¿Po’ »qué»?
-…Pues por que…Todo se acaba rompiendo, o deja de funcionar, tarde o temprano. – Al chico se le ensombreció la mirada, quizá hablando con doble sentido.
-…Ah…¿Y po’ »qué» no te »compas» »ota»?…
-…¿Me vas a dejar tú el dinero? Jajaja… – Suspiró el chaval mientras limpiaba con un trapo una pieza.
-…¡Yo »teno» hucha!…
-…¿Ah, sí?…
-…¡Sí! Con »musas» monedas…
El chico se hizo el sorprendido.
-…¿Sí?…¿Cuántas?
-…¡Todas estas! – Y Bill levantó tres deditos.
-…¡Anda, qué bien!…¿Y cómo te llamas?
-…Billy. ¿Y tú?
-…Yo Nathan…
-¿Y este niño tan guapo?… – Una mujer que debía ser la madre de Nathan regresó de la compra. Llevaba una gran bolsa de papel marrón entre sus brazos.
-…Es nuestro vecino… – Contestó el chico.
-…Ah, sí…Me suena haberlo visto antes…¿Está solo?…
-…Eso parece…
El niño había vuelto a botar su pelota.
-…¿Estabas jugando solo, Billy?…- Preguntó Nathan.
-…Sí…¡Oh!…Llevo mucho rato fuera…¡Me voy!…- Y Bill se fue corriendo con su pelota.
-Hay que ver algunas madres…No sé cómo se quedan tan tranquilas dejando a un niño tan pequeño a sus anchas, sin echarles un ojo…
-…Pues sí… – Nathan se encogió de hombros y siguió con su tarea.
&
Habían quedado en el apartamento de siempre.
Bill sabía poco de su cliente: Aparte de que se llamaba Jared, no mucho más.
Pero sabía lo más importante: Era un hombre muy rico…
Aunque él lo ignoraba, era un importante banquero de cuarenta y tantos años con una vida en apariencia perfecta: Casado, con dos hijas…Sin problemas financieros, una vida social envidiable y una imagen impoluta…
Por supuesto, nadie podía imaginarse que al hombre le gustaba gastar su dinero en caprichos carnales.
De ese apartamento sólo conocía su existencia él mismo (y su amante ocasional, claro) por que era el que utilizaba como picadero.
Kaulitz esperaba sentado en el gran sofá de cuero. Llevaba unos simples vaqueros y una camisa negra que a cada movimiento revelaba más o menos piel de su cintura…El pelo liso suelto sin más, con los ojos pintados de oscuro y brillo de labios…Un contraste de lo más llamativo.
Jared apareció con dos copas de un champagne francés realmente bueno, posiblemente el más caro.
No era un hombre exageradamente atractivo, pero tampoco desagradable…Llevaba traje y corbata, su cabello bien cortado y aunque no tuviera un cuerpo muy trabajado, el arreglo jugaba mucho a su favor.
(Nota de la A: Foto aunque…Lo mismo digo, no es obligatorio verla:
Jared)
Le tendió una copa a Bill y éste dio un pequeño sorbo en cuanto la tuvo a mano.
-…¿Sabes lo que he estado pensando y creo que sería divertido?… – Preguntó Jared sentándose a su lado.
-…Qué.
-…Que un día vinieras vestido como una mujer.
-…Ni lo sueñes.
Siendo Bill quien era, podía permitirse el lujo de negarse a hacer cosas que simplemente no le diera la gana hacer…Como también podía permitirse no ser del todo encantador…
De hecho quizá hasta cierto punto fuera un aliciente más…
Los clientes sabían que por muy »diva» o por mucho carácter que se gastara el chico, al final siempre iban a acabar dominándole…Y eso les gustaba…Era otra muestra de poder, de quién acababa mandando después de todo.
-…¿Por qué no? Tampoco habría tanta diferencia…Serían sólo una falda y unos tacones.
-…No soy un puto travelo, así que olvídalo…
-…Pst, pst…Qué carácter…
Jared empezó a repasar la línea de la mandíbula de Bill con la yema de sus dedos.
Kaulitz soltó la copa en la mesita que tenía en frente sabiendo que el otro quería dejarse ya de tonterías y pasar a la acción.
Entonces comenzaron a devorar sus bocas con fiereza. Como resultado el brillo de labios de Bill empezaba a desaparecer no sin antes manchar la parte inferior de su boca.
Kaulitz fue bajando la cremallera del traje de su cliente y a colar su mano dentro mientras que sus lenguas se fundían en una con repentina lentitud pero insistentemente, como si pretendieran borrarse la una a la otra.
La respiración del hombre se volvió muy irregular cuando empezó a sentir dos muy ralentizadas sacudidas, que acabaron con un giro tras el cual Bill pegó la palma a la punta de su sexo, que estaba algo húmeda y tras eso , la sacó ante la atónita mirada del hombre.
Bill tenía un plan malvado y así lo reflejaban su media sonrisa y sus ojos cuando llevó su palma muy cerca a la boca de Jared. Éste sabía lo que pedía.
-¿…Pretendes que te chupe la palma de la mano después de que la hayas tenido…Ahí?
-…¿Qué pasa? Pues es tu polla. Ni siquiera es la de otro.
-… – Jared torció el gesto todavía no muy convencido.
-…¿Nunca te has masturbado y cuando has terminado has lamido tu propio sem…?
-…¡Dios, Bill! ¿Quién iba a a hacer eso?…
Bill ahogó una carcajada…
-…¿Tú?… – Preguntó intrigado el banquero.
-…Claro. Por probarlo…Yo sé cómo es mi sabor. – Bill seguía con su sonrisa maquiavélica en la cara.
-…Por favor…Qué vulgaridad. – Aunque Jared estaba disfrutando de tan morbosa confesión y disimulaba su lujuriosa sonrisa.
-…A ti te gustan los travelos. No sé quién de los dos es más vulgar.
Ahora sí que Jared sonreiría abiertamente. Agarró la mano de Bill y lamió su palma con decisión.
Kaulitz, triunfante, devolvió la ahora muy húmeda mano al lugar anterior y comenzó un erótico masaje para deleite de Jared, que gozó de cada segundo, sumido en un inmenso placer…
Desde luego, Bill valía lo que pagaba por él.
Incluso puede que más.
Continúa…