
«Te equivocas» (Fic de Earisu)
Capítulo 20
Nathan alzó una ceja, un típico gesto suyo cuando algo le descolocaba.
-…Esperándome. – No lo planteó como una pregunta aunque en realidad lo era.
-…
Bill no le contestó; Se acercó a él, le agarró de la cara y le besó en la boca sin más. Fue un beso directo, con fuerza y apasionado. Sin paños calientes.
Nathan no participó en ese beso, estaba demasiado atónito…Aunque tampoco lo rechazó…En otras palabras, se dejó hacer más que nada.
Pero tras unos segundos, cogió a Bill de un brazo y le apartó, no bruscamente pero sí con decisión.
Se quedó mirando al chico ahora con las dos cejas en alto y con un interrogante en la cara.
-…Hoy no estoy borracho…¿Qué excusa me vas a poner? – Preguntó Kaulitz.
-…Ninguna…Ninguna…
-…Bien.
Bill volvió a besarle con el mismo ímpetu de antes.
Nathan le agarró de la cintura con la mano que no sostenía el periódico para no perder el equilibrio y caerse para atrás.
Kaulitz sentía su corazón a mil por hora, como si en vez de ir a dar un beso fuera a saltar al abismo sin red.
Quizá para el caso fuera lo mismo.
En esta ocasión fue él el que rompió el beso mirando al hombre de un modo que ningún mortal soportaría sin acabar ardiendo.
-…¿No me vas a invitar a pasar?…
-…Em…Claro. – Pero Nathan seguía con la mosca detrás de la oreja y esa sensación era más fuerte que el deseo o que cualquier otra cosa.
Nath buscó sus llaves en un bolsillo de su gabardina y mientras lo hacía Bill se colocó a sus espaldas, le rodeó por la cintura y dio pequeños besos en la parte de atrás de su cuello. El hombre tuvo que hacer un gran esfuerzo para concentrarse en abrir la puerta.
En cuanto estuvieron dentro, y tras que Nathan dejara llaves y periódico en el mueble de la entrada y se deshiciera de su gabardina, Kaulitz se abalanzó otra vez contra él, atacando de nuevo sus labios.
Nathan volvió a agarrarse a su cintura más por razones prácticas que por otro motivo y siguió con la misma actitud de antes…No rechazaba el contacto, pero tampoco tomaba parte en él.
Por supuesto, Bill no tardó en darse cuenta.
Pero no se rindió.
Siguió besándole poniendo el alma en ello…Esforzándose al máximo en hacerlo bien…
Cuando fueron pasando los segundos y vio que no conseguía mucho, decidió que tendría que recurrir a lo más cómodo.
Así que fue deslizando una de sus manos por el torso de Nathan poco a poco, hasta que llegó a su entrepierna, por encima de su ropa.
En ese momento, Nath le volvió a coger esta vez de los dos brazos y le detuvo.
-…Bill…¿Qué haces?… – Preguntó al fin.
-… – Kaulitz tragó saliva. – …¿…No quieres…?
-…Bueno. No te digo que no. Pero…¿Tienes prisa?…
-…Eeh…No…Pero… – Bill arrugó la frente. Ahora era él el descolocado.
-…Bien…¿Quieres tomar algo?…
-…No. – Siguió el chico con su mismo semblante.
-…Pues yo sí. Siéntate si quieres. – Nath le señaló el sofá y tras esto se dirigió a la cocina.
Bill miró el sofá casi atónito y se dirigió hacia él arrastrando los pies. Se sentó con los ojos muy abiertos y de golpe.
Después se tapó la boca con una mano y clavó la vista en el suelo.
Definitivamente, cómo detestaba cuando no tenía el control.
No estaba acostumbrado a esto.
Dios, sabía que tenía que haberse puesto otra ropa. Otra que »enseñara» más…Al menos un poco de cintura. Eso no fallaba nunca.
Nathan salió de la cocina con dos latas de Nestea. Aunque Bill no le había pedido nada, le trajo una de todos modos.
La de Nath estaba abierta y le iba dando un sorbo. Soltó la otra en la mesita frente al sofá, delante de Bill y se sentó a su lado.
Kaulitz le miró aún con su mano cubriendo su boca. Sus ojos reflejaban una rara mezcla de emociones: Confusión, extrañeza, incomodidad…¿Temor?…
Como Nathan no le dijo nada, Bill se empezó a desesperar y fue él el que rompió el silencio.
-…Nathan. ¿Es que ya no te gusto?…¿De la noche a la mañana he dejado de interesarte…?
-…Tú de la noche a la mañana has pasado de decirme que no pierda el tiempo contigo a esto. Comprenderás que me…Inquiete un poco.
Kaulitz estudió su rostro en silencio, sin saber qué contestar.
Al final probó suerte.
-…Será que tienes un enorme poder de convicción.
-…Ya…¿Y qué pasa con Jared?
Bill puso los ojos en blanco mientras suspiraba, harto.
-…Así que era eso… – Soltó.
-…¿Te parece poco?…Bill, me gustas mucho. Pero no quiero ser un premio de consolación para ti…Ni quiero ser algo que utilices para olvidarle, o incluso para hacerle daño a él…Ni…
-…No lo eres. – Le cortó el muchacho. En realidad lo hizo porque no quería seguir oyéndole hablar…Porque estaba seguro de que entonces seguiría con otros argumentos que posiblemente le harían sentir culpable de lo que pretendía hacer.
-…Ah, ¿no?…
-…No.
-…No te creo, Bill. Es imposible que en tan poco tiempo hayas cambiado de opinión, tan claras como tenías las cosas…Ojalá, ¿sabes?…Ojalá fuera así de sencillo…Pero sé que no es así…Y menos con alguien como tú.
-…Con alguien como yo. – Rió Bill aunque fue una risa carente de humor, mientras miraba al techo.
-…
-…Nathan, a lo mejor es que tú te has hecho una idea de mi que no corresponde a la realidad. ¿No lo has pensado?…
-…¿Sí? ¿Y qué idea me he hecho yo de ti?…
-…Pues a lo mejor has pensado de mi que soy difícil…Y que conquistarme sería como una especie de reto…Pero ¿sabes qué?…Yo no soy difícil. Soy fácil. Increíblemente fácil. Soy un tío, ¿sabes?…Por lo tanto, soy simple. Si lo que te gusta son las complicaciones, si lo que te gusta es lo difícil…Quizá deberías replantearte tu sexualidad y salir con una mujer.
Nathan no pudo evitar reírse del comentario.
-…Dios mío…
-… – Bill sólo se encogió de hombros.
Nath dio un sorbo a su Nestea. Cuando soltó la lata en la mesa, Bill se mordió los labios y le cogió de las manos.
-…Nathan…Si estoy aquí ahora…Es porque quiero estar contigo. Es tan simple como eso. No le busques más pies al gato… – No era una verdad absoluta, pero tampoco era una completa mentira. – …Y no me hagas más preguntas… – Esto lo dijo con un cierto tono de desesperación en la voz.
Nathan le escudriñó, quizá sopesando sus palabras para poder confiar en ellas.
Entonces Bill se acercó a él aunque un poco titubeante ahora, sin soltar sus manos…De nuevo acortó distancias para volver a besarle, esta vez no de un modo salvaje sino mucho más tranquilo.
Y en esta ocasión, Nathan sí le correspondió.
Bill supo que había dado con la tecla al final y se sintió infinitamente aliviado. Pero por otro lado, ahora que Nath estaba respondiendo a su beso, una nueva y desconocida sensación le empezó a invadir…Y fuera lo que fuera, conseguía que se le erizara la piel…
El hombre le agarró de la parte de atrás de su cuello e iba masajeando con las yemas de sus dedos la zona de piel del nacimiento de su pelo mientras que ambos iban regalándose pequeños besitos por distintas zonas de sus labios…En el de arriba o en el de abajo…Que terminaban en pequeñas succiones…
Hasta que empezaron a usar sus lenguas también.
A Bill le empezaron a dar escalofríos…De repente sintió una ola de calor por la zona de su pecho, en su interior…Un calor demasiado intenso y perfectamente tangible. Por un momento, Bill pensó que algo dentro de él, algún órgano (el corazón tenía todas las papeletas) debía estarse derritiendo y su sangre se estaba derramando sin solución, sin control y por todas partes.
Y algo dentro de su cabeza le empezó a advertir a voz de grito que se fuera de ahí. Que saliera corriendo ahora que podía…
Por que lo que estaba sintiendo no era normal…Y si pretendía conservar su vida tal y como la conocía, quedarse sería un error fatal.
Pero era demasiado tarde para echarse atrás. Ya había decidido seguir adelante con todas sus consecuencias.
Una vez más, Bill fue deslizando sus manos hacia terrenos peligrosos sin romper la unión de sus bocas.
Y de nuevo, Nathan le detuvo, esta vez sonriéndole.
-…En serio…¿Tienes prisa? – Le susurró.
-… – Tras unos segundos, Bill negó con la cabeza, posiblemente aceptando que en esta ocasión no iba a poder hacerlo a su manera.
-…Ven. – Nath se levantó y le ofreció una mano a Bill para ayudarle a hacer lo mismo.
Él la cogió y se dejó dirigir por el hombre, que le llevó hasta su dormitorio.
En cuanto estuvieron dentro, se soltaron de su enlace.
Nathan fue hacia la ventana y echó las cortinas para conseguir atenuar la luz y ganar intimidad.
Bill se quitó sus botines tras sentarse en la cama, y después gateó para acabarse poniendo de rodillas justo en el centro de ella.
El hombre le observó durante unos instantes…Era precioso…Cada pequeño detalle en él lo era.
»Here by my side, an angel.
Here by my side, the devil.
(Aquí a mi lado, un ángel.
Aquí a mi lado, el diablo.)
Never turn your back on me
Never turn your back on me again.
(No me des la espalda…
No me vuelvas a dar la espalda otra vez…)»
Se quitó sus zapatos también y acompañó a Bill en la cama, sólo que esta vez se puso tras él, a sus espaldas…
Kaulitz ladeó la cabeza para verle, pero no le sirvió de mucho. El hombre amontonó todo su pelo a un lado, y cuando empezó a besar su cuello perdió el resto del mundo de vista, que volvió al frente para dejar el área accesible a él.
»Here by my side, it’s Heaven.»
(Aquí a mi lado, está el paraíso.)
Nathan le quitó la rebeca al chico con delicadeza, la echó a un lado y acarició con lentitud los brazos de Bill, de arriba a abajo, mientras que besaba ahora la parte de atrás de una de sus orejas.
Bill tenía el vello de punta…
Dentro de él, una sensación muy parecida al vértigo.
Pese a todo, no podía disfrutar del todo aquellas caricias. Él no estaba acostumbrado a ir despacio, a la lentitud, a la calma…
No estaba acostumbrado al cariño.
Por eso le incomodaba de alguna manera.
»Here by my side, you are destruction.»
(Aquí a mi lado…Eres destrucción.)
Tras un rato, mientras los dedos de Nathan trazaban circulitos por la parte baja de su columna, Kaulitz giró la cara de nuevo, suspirando. Quedó cara a cara con él.
»Here by my side, a new colour to paint the world.»
(Aquí a mi lado…Un color nuevo para pintar el mundo.)
Ahora fue Bill el que sacando fuerzas de flaqueza llevó sus dedos a rozar la piel de Nathan, más concretamente, su rostro…Su mejilla, su mentón…Incluso sus labios, que dibujó con la yema de su pulgar.
»…Ain’t so weird how it makes you a weapon?»
(¿No es raro cómo eso te convierte en un arma?)
Estaba tocándole…Sintiendo su calor, su tacto. Como en sus sueños…
Pero aquella era la realidad. Estaba ahí, con él…La habitación no se esfumaría como aquella playa onírica.
Bill y Nathan se besaron en los labios muy despacio. Acercándose cada vez más, casi imposiblemente. No se sabía en qué parte empezaba uno o acababa el otro.
Y el beso se volvía más intenso, más profundo.
Ese beso tampoco se esfumaría…No perdería fuerza como ése soñado una vez…No se volvería cada vez más borroso, hasta que muy poco después de despertar, haberlo prácticamente olvidado.
Bill estaba seguro de que seguiría sintiéndolo cuando se quedara a solas, incluso mil años después.
Lo sentiría quemando sus labios. Lo sentiría quemando sus entrañas.
Nathan desnudó a Bill de cintura para arriba por completo. Kaulitz fue desabrochando los botones de su camisa, de abajo a arriba.
Cuando ambos tuvieron el torso al descubierto, se abrazaron. Nath besó el hombro derecho del chico…Él recorrió su espalda con las palmas de sus manos.
En un momento dado, Nathan tumbó al muchacho en la cama para poder repartir otra serie de besos por su vientre y pecho.
Cuando empezó a lamer su piel, a Bill se le escapó el primer gemido.
Bill elevó su cabeza para después apoyarse con sus codos en el colchón.
-…Nathan…¿Tienes…Preservativos?… – Preguntó intranquilo, como si lo acabara de recordar ahora.
-…Sí, claro… – Nathan se incorporó y rebuscó en el bolsillo trasero de sus pantalones su cartera.
Mientras que la abría y ojeaba su interior, Bill volvió a ponerse de rodillas, aproximándose a él y le dio un corto beso en los labios.
Nathan buscaba entre distintos apartados un preservativo cuando algo cayó sobre la cama.
Kaulitz siguió la trayectoria del objeto en cuestión y descubrió que era una moneda. Pero no era un euro…Era una moneda antigua, ennegrecida por el paso de los años.
Bill la cogió…
-…¿Un marco?
-…Sí…Siempre lo llevo encima.
-…¿Te da suerte?…
-…Nah…Es más un recuerdo que otra cosa.
-…Ah… – Kaulitz examinó la moneda, curioso.
-…Me la diste tú…
El muchacho miró a Nathan con los ojos muy abiertos.
-…¿Yo?…
-…Sí…En aquellos tiempos era buena parte de tus ahorros. Pero me lo ofreciste para que me comprara una moto.
El chico abrió la boca ligeramente, como si acabara de caer en la cuenta.
-…Me acuerdo… – Kaulitz parecía atónito.
-…¿En serio?…Eras súper pequeño…
Bill asintió, sus pupilas moviéndose nerviosas mientras escudriñaban el sucio pedazo de metal.
-…¿La guardaste todo este tiempo?… – El muchacho no se lo podía creer.
Nathan sólo sonrió.
El moreno le devolvió la moneda, que el rubio no dudó en guardar de nuevo en su cartera.
En cuanto lo hubo hecho, Bill agarró a Nathan de la cara y le empezó a besar apasionadamente.
Ahora por que sí…Por que era lo que le salía de dentro.
Su plan o sus conjeturas abandonaron por completo su cabeza.
Al menos de momento.
Ambos se fueron acostando en la cama, quedando de perfil, cara a cara, sin dejar de besarse ni de acariciarse…
-…Nathan…
-…¿Qué?…
-…Hay muchas cosas que puede que haya olvidado…Pero…Por alguna razón, creo que recuerdo cada tarde que pasé contigo. Creo…Que lo recuerdo todo…
Nathan sonrió y le cogió de la mano, enlazando sus dedos.
-…¿Por ejemplo…?… – Le preguntó el hombre.
Kaulitz se quedó pensando unos segundos.
-…Odiaba a Chris.
-…¿Chris…? – Nath arrugó la frente, después abrió mucho los ojos. – ¡Chris! – Recordó. – ¡Dios! ¿Qué sería de él?… – Se rió.
-…Ni lo sé ni me importa. Joder, qué mal me caía. – Él también se empezó a reír por primera vez desde que llegara allí.
-…¿Por qué?…Era buen chico…
Bill no pensaba reconocer que eran celos. Aunque fueran celos típicos de crío.
Se las apañó para bromear un poco.
-…Supongo que te quería sólo para mi. – De cualquier modo, había algo de verdad en esa afirmación.
Nathan negó con la cabeza y después volvió a buscar los labios del chico.
No hablaron nada más…
Bueno, sí…Se hicieron un último comentario.
-…Antes te he dicho que me gustas…Pero era mentira. – Susurró Nathan.
-… – Bill le miró alzando mucho las cejas.
-…En realidad, me encantas.
Después de eso, se dejaron llevar…
»Careful…Be careful…
Here by my side…»
(Cuidado. Ten cuidado…
Aquí a mi lado…)
Continúa…
Notas de la administración: En la siguiente entrega vienen los capítulos finales. No se los pierdan y recuerden que este fic es un rescate y sería hermoso si dejan su aprecio por la autora. Cariños y gracias por la visita.