
«Te equivocas» (Fic de Earisu)
Capítulo 21
La noche había llegado y con ella el silencio.
Nathan llevaba ya un buen rato dormido.
Bill jamás había estado más despierto.
Ambos estaban tumbados de lado, desnudos en la cama…Pero no frente a frente. Nathan estaba abrazado a Bill desde atrás, y éste estaba con la mirada fija en la puerta, con expresión inamovible.
Sentía el aliento de Nathan en su nuca y le hacía estremecer.
Se sentía diminuto entre los brazos que le rodeaban. Pero era agradable…Era como si hubiera encontrado un refugio en medio del caos.
Ambos estaban tapados hasta la cintura por un edredón azul marino muy oscuro.
Sin embargo Bill de cuando en cuando pegaba más aún si cabía su espalda a el cuerpo del otro y posaba sus propios brazos sobre los de él, enlazando sus dedos con los dedos dormidos de Nathan.
Tenía frío, pero no era del tipo que se soluciona tapándote más con el edredón. La calidez que buscaba era otra clase de calidez…Y era la que conseguía de su piel.
»La primera vez que lo habían hecho no había servido para calmar la sed que tenían el uno del otro ni para disipar las llamas. Todo lo contrario…Lo que habían conseguido era avivarlas aún más , desbocarlas…Se habían descontrolado, vuelto mucho más violentas…
Los dos llegaron al orgasmo y no se tomaron ni un minuto para recuperarse. Siguieron besándose con la misma intensidad que al principio…Quizá incluso con más.
Nathan estaba sobre Bill…Entre beso y beso se detenía a contemplarle. Kaulitz le lanzaba unas miradas que le convertían en ceniza. Entonces el muchacho alzaría su cabeza, despegándola de la almohada para volver a buscar sus labios. Y no tardaría en hallarlos de nuevo.
Ambos sabían que en poco tiempo estarían listos para hacerlo otra vez.
Era una necesidad ya que una vez no había bastado para tranquilizarles.
Y no estaban en un error.
En cuestión de minutos estaban recuperando sus respectivas erecciones.
Entonces, Bill se removió en su postura y consiguió intercambiar posiciones.
Tumbó a Nathan boca arriba en la cama y no dudó en ser ahora él el que llevara la iniciativa.
Pasó una pierna por encima del hombre de modo que cada una de ellas quedara en un costado diferente de Nathan.
Se quedó de rodillas unos segundos. Antes, cuando Nathan había rebuscado el lubricante en el cajón de su mesita de noche, también había sacado una tira de nuevos preservativos por lo que pudiera pasar, tener un repuesto.
Bill había recuperado la tira, había cogido uno y mordía una esquina del envoltorio para abrirlo.
En cuanto lo hubo hecho, él mismo puso el condón a Nathan, dándole un sensual masaje.
Como él seguía lubricado ya de antes no tuvo que hacer nada más. Ya estaba suficientemente preparado.
Agarró el miembro de Nathan de la base y se fue posicionando sobre él. No lo soltó hasta que no tuvo el glande prácticamente en su interior. Ya no necesitaba sujetarlo, así que lo soltó mientras que se iba sentando sobre él despacio, con cuidado…Pero sin titubear.
La penetración fue limpia y fácil. En cuanto tuvo el sexo del hombre completamente dentro de él, los dos gimieron…»
Miraba a la puerta sabiendo que todas las alertas en su cabeza le estaban indicando que se fuera.
Pero no se encontraba con fuerzas para obedecer.
…Se sentía bien ahí.
Bill giró la cabeza, encontrándose de cara con Nathan, que seguía sumido en un profundo sueño.
Repasó con la punta de su nariz el perfil de la de él, y también su mejilla. Después se detuvo muy cerca del cuello del hombre, respirándole, llenándose de su perfume.
Tras esto le dio un muy corto y delicado beso en los labios, para no despertarle.
Y regresó a su posición inicial, suspirando, con la piel erizada.
»…Bill había empezado a moverse sobre el cuerpo de Nathan. Había comenzado lentamente, pero no se mantuvo así mucho.
Muy poco después había iniciado un ritmo mucho más fiero, elevándose y descendiendo con rapidez y sin un atisbo de torpeza. Sus movimientos eran maestros, totalmente efectivos, directos.
Nathan tenía que recodarse de cuando en cuando respirar.
Kaulitz no dejaba de gemir…El placer se había apoderado de él y no parecía darle una tregua.
Su brillante espalda se arqueaba…El sudor recorría su columna…
Echó para atrás la cabeza tras un especialmente fuerte jadeo, sabiéndose cerca.
Después la agachó y de hecho tuvo que apoyar sus manos en el pecho de Nathan para poder obligarse a seguir.
En cuestión de segundos ambos habían estallado de nuevo en un cegador y casi doloroso clímax.
El chico se dejó caer sobre el regazo de Nathan, que le abrazó tranquilizador.
Kaulitz se quedó inmóvil y jadeante…Totalmente falto de oxígeno.
Por el esfuerzo…Por las emociones…
Por las dos cosas.»
Bill acariciaba con las yemas de sus dedos el dorso de la mano de Nathan.
Volvió a girar la cara para mirarle.
Ahora sabía algo. No le quedaba más remedio que reconocerlo.
Quizá sí que cambiaría su vida actual por él.
Pero el descubrimiento no le hizo ilusión, precisamente. No podía parecerle bonito o romántico.
De hecho, le resultaba aterrador.
…Esto era algo desconocido para él. Algo completamente nuevo.
Y le daba miedo.
&
Billy estaba encerrado en su cuarto, llorando con amargura, empapando su almohada.
Acababa de enterarse de la devastadora noticia. Si alguien le hubiera anunciado que el mundo se iba a acabar mañana le hubiera parecido menos desolador.
Nathan se iba…
Se iba a estudiar fuera.
Le iba a dejar solo.
¡Y ni siquiera había tenido la decencia de avisarle con tiempo!
Quizá…Quizá si lo hubiera sabido antes…
Podría haberle convencido para que no se fuera…Para que se quedara con él.
Hubiera hecho cualquier cosa…Cualquiera…
-…¡BILL! – Le llamó Kasandra desde el otro lado de la puerta. – ¡Aquí hay un chaval que dice que viene a despedirse de ti!…
-…¡Dile que se vaya!…
Kasandra y el joven Nathan estaban los dos frente a la puerta cerrada a cal y canto. La mujer le miró encogiéndose de hombros y el chico, que había oído a Billy perfectamente, se dirigió a ella.
-…Em…¿Me dejas que hable con él?…
-…Tú mismo.
Kasandra no conocía a el chaval de nada. Ya podía ser un premio Nobel o un psicópata asesino. Pero a ella lo mismo le daba.
La mujer se fue dejando al chico solo frente a la puerta.
-…Billy, estoy aquí.
El pequeño ya no contestó.
-…Billy, por favor, no te enfades. Yo no quiero irme así.
Nada.
-…Yo también te voy a echar mucho de menos…Pero piensa que no me voy para siempre. Te prometo que algún día volveré. Y seguiremos siendo amigos, ¿vale?…
No obtuvo ningún tipo de respuesta.
Por más que lo intentó no consiguió que el pequeño saliera de la habitación a despedirse, ni que le dijera ni una sola palabra.
Tuvo que irse con esa pena, ya que si no lo hacía perdería el avión.
&
Bill seguía mirando a Nathan.
»No cumpliste tu promesa.»
Estudiaba su rostro con pupilas nerviosas.
»…No la cumpliste. Si no fuera por que la relación que empezaste en Estados Unidos acabó mal, no habrías vuelto jamás.»
Acarició una mejilla del hombre.
»…Tampoco te culpo. ¿Por qué iba a importarte un mocoso de mierda que no era más que tu vecino?…
No importa lo que digas, me olvidaste.»
Bill vuelve a tener cinco años.
Vuelve a estar en ese cuarto de baño, viendo a su madre llorando desnuda en la bañera.
»…¿Quieres que te dé un consejo, mocoso?
…No te enamores nunca de nadie…Porque te romperán el corazón…»
A Bill los ojos le brillan acuosos. Pero se niega a ponerse a llorar.
»Tu padre decía que me quería. Y yo me lo creí. Pero en cuanto otra fulana más guapa y más delgada que yo se le cruzó por el camino, no dudó en abandonarme. Ni siquiera tú conseguiste que tuviera algún tipo de reparo.
¿Sabes por qué?…Por que las personas somos malas, Billy. Todas. Sólo nos importa nuestro propio beneficio…No nos importa si con él perjudicamos a los demás.
No nos importa hacer daño.
No te enamores, Billy.
…Por que no importa lo mucho que te esfuerces…En el momento que hayan tenido de ti lo que han querido…En el momento que se encuentren con algo mejor…Te dejarán…Y les dará igual si con eso sufres o no.»
Bill, haciendo un esfuerzo sobrehumano, se deshace del abrazo de Nathan con cuidado.
Nathan ya le había hecho daño una vez. Aquella vez no era más que un crío inocente que poco sabía de la vida. No quería ni imaginarse cómo sería que le hiciera daño ahora.
Sí. Puede que cambiara su vida por él, porque con él se siente bien.
Sin él no tiene esa sensación de paz que le invade. Pero tampoco la sensación de pánico que le paraliza.
Su vida actual está vacía de sentimientos. De acuerdo…
Pero tiene una ventaja.
Si no hay sentimientos, tampoco hay sufrimiento. Nada puede afectarle lo suficiente como para herirle…
Bill se incorpora. Antes de levantarse da otro suave beso en los labios a Nathan.
-…Adiós. – Susurra.
Busca por el suelo su ropa y comienza a vestirse.
Tras ponerse sus botines lanza una última mirada al hombre dormido, ajeno a todo.
Se muerde el labio, mira al techo suspirando y regresa a la cama, poniéndose de rodillas en el colchón.
Vuelve a besarle igual de delicadamente, pero ahora sus labios se posan en los de él durante mucho más tiempo.
…Ese será el último.
Se obliga a separarse de él con el pecho oprimido y se regaña a si mismo por seguir ahí.
Se levanta y se las apaña para marcharse con toda la prisa que le es posible sin hacer ruido.
&
Cierra la puerta de su piso con su espalda y en cuanto está dentro se tapa la boca, inspirando profundamente para calmarse.
¿A partir de ahora qué va a hacer para esquivar a Nathan?… Todavía le queda una semana de »contrato» con Jared.
O se le ocurría algo, o la cosa iba a complicarse más aún si cabía…
&
Nathan abrió los ojos ya temprano por la mañana.
En su cama no tenía más compañía que la de los primeros rayos del sol.
Alzó la cabeza agudizando el oído…¿Podría estar Bill en el cuarto de baño?…
Tras un rato sin oír ninguna señal que se lo confirmara, miró el reloj y dio un salto en la cama.
Dios, tenía que ir a trabajar y llegaba tarde.
&
Bill se había levantado, duchado y arreglado. En ese momento estaba en la cocina, bebiéndose un té muy caliente. Tenía la enorme taza marrón entre sus manos, y soplaba un poco la infusión antes de darle pequeños sorbos.
De repente, su móvil sonó sobresaltándole.
Se le aceleró el pulso mitad ilusionado mitad asustado por que fuera Nathan. Se volvió a reñir a si mismo. Nathan ni siquiera tenía su teléfono. Como se tenían al lado no había surgido el intercambiarse los números.
Era un mensaje de Jared.
Bill lo leyó.
»Me he dado cuenta de que hay un lugar donde nunca lo hemos hecho».
Bill puso los ojos en blanco y se limitó a teclear un »¿Cuál?»… No tenía ganas de currarse una respuesta ingeniosa.
Al segundo le llegó la contestación.
»Mi coche.»
Bill captó la directa indirecta. Soltó la taza, se puso una cazadora blanca estrecha, se colocó bien el pelo que llevaba liso, buscó y se plantó unas gafas de sol enormes, con los bordes inferiores de pasta roja y sin más se dispuso a dirigirse a la cochera.
.
Cerró con llave la puerta del apartamento y en cuanto se dio la vuelta se dio cuenta de que Nathan estaba esperando el ascensor, seguramente para irse a trabajar.
Maldijo para sus interiores, por que Nathan se había percatado de su presencia e inevitablemente se iban a tener que cruzar.
Continúa…