Te equivocas 22

«Te equivocas» (Fic de Earisu)

Capítulo 22

Bill respiró hondo y se puso en marcha de nuevo como si nada.
Pasó al lado de Nathan y se limitó a decirle un frío y seco…
-…Adiós. – Descartó la idea de ir en ascensor. Bajaría por la escalera.

Había bajado el primer peldaño cuando, por supuesto, el hombre empezó a hablar.
-…¿Adiós?… – Abrió los ojos desmesuradamente, sorprendido por la frialdad del chico.
Bill se detuvo en seco y miró al techo, resoplando.
Era inútil pretender huir. No tenía escapatoria. Tenía que enfrentarse a él y cuanto antes, mejor.
Se volvió hacia Nathan.
-…¿Qué te pasa, Bill?
-…¿A mi? Nada. ¿Qué me iba a pasar?…
Nathan frunció el ceño. No le gustaba un pelo el tono de voz que estaba empleando el muchacho. Era…Vacilón.
-…No sé. Como me saludas como si fuera, no sé…El vecino…
-…Corrígeme si no estoy en lo cierto. Pero es que es lo que eres.
Las cejas de Nathan llegaron al cielo.
-…Bill, déjate de rollos. ¿Qué te pasa?…
-…Ya te lo he dicho. Nada. Y ahora si me disculpas…
-…¿Es que estás molesto conmigo por algo?… – Le preguntó el hombre.
Bill suspiró. Estaba claro que iba a tener que ser más directo.
-…No. No estoy molesto contigo. Pero no entiendo que me montes esta escena. Oye, lo de ayer estuvo bien. Pero no significó nada…Así que tú y yo no tenemos que darnos explicaciones de…
-…¿Que no significó nada?…
-…Eso he dicho.
-… – A Nathan eso le dolió. – …Habla por ti. – Escupió.
-…Está bien: Hablo por mi. Me acosté contigo por que me apeteció. No sé… Cuando era pequeño estaba encoñado contigo y como ahora he tenido la ocasión pues la aproveché. Pero ya está, no quiero nada más de ti. Ya te lo dije…
-…Por que te apeteció. – Repitió Nathan, atónito y molesto.
-…Sí.
-…Vaya. Fíjate qué suerte tengo. – Dijo con sarcasmo.
Entonces, Bill sonrió. Acababan de ponerle la ocasión en bandeja.
-…Pues ahora que lo dices, sí. Tienes mucha suerte. Me pillaste con el día generoso.
Nathan le miró descolocado.
-…Sí. Digamos que…Te dí gratis algo por lo que Jared paga seis mil euros diarios. No está mal, ¿eh?…

Nath sintió que el suelo empezaba a temblar bajo sus pies. La cabeza le daba vueltas. Los oídos le pitaban.
Abrió la boca sin darse cuenta siquiera.
-…¿Q-Qué?… – Estaba que no se lo podía creer. Apenas si podía articular palabra.
-…Pues eso. Que fue tu día de suerte. Deberías alegrarte. Bueno, pues nada. Me voy a trabajar. Ah, por cierto…No me importa si quieres seguir viéndome. Pero entonces, tendrás que pagarme… En mi profesión no puedo permitirme el lujo de hacer regalos… ¡Ciao!…

Bill bajó las escaleras con rapidez, esperando que aquello hubiera sido suficiente para ahuyentar a Nathan de su lado…Y odiándose a si mismo por ello.
Pero no podía hacer otra cosa.

Nathan se quedó como una estatua de hielo, plantado frente al ascensor.
Por un instante se debatió si ir detrás de él y decirle cuatro cosas. Le hervía la sangre.
Pero tenía que ir a trabajar y tras reflexionarlo unos segundos se dio cuenta de que quizá fuera mejor que se calmaran las aguas antes de intentar conversar en serio con él.

No podía ser…No podía ser que el Bill que él había visto y del que de hecho se había enamorado, se correspondiera con el que él se empeñaba en mostrar.

&

Aquel día ocurrió algo inaudito. Y es que después del »favorcito» en el coche y de pasar la mañana juntos, Jared invitó a Bill a comer a un prestigioso restaurante.
Ellos nunca habían acudido a ningún sitio público juntos, por que Jared se cuidaba en extremo de que ningún conocido le viera en compañía del chico, y menos aún en estos días, en los que se suponía que estaba en horario laboral.
Pero el hombre había hecho que cerraran las puertas del restaurante a golpe de talonario, con el fin de tenerlo para ellos dos solos, en exclusiva.
Un capricho que se podía permitir.

Cuando terminaron de comer, Jared se ofreció a llevarle de vuelta al apartamento.
Resultó que al final se vieron tomando el »postre» en el coche…Otra vez.

Cuando Bill entró al ascensor ya solo de nuevo se miró al espejo, comprobando que estaba bastante despeinado y con los labios enrojecidos.
Le habían dejado hecho polvo…No era tarde, pero nada más ducharse se pensaba meter en la cama hasta el día siguiente.
Lo cierto es que tampoco había dormido mucho la noche anterior…Estaba muy cansado.

Pensando estaba en sus tentadoras y cómodas sábanas mientras revolvía su cabello con una de sus manos al salir del ascensor.
En cuanto llegó a su puerta se quiso morir o al menos que la tierra le tragase.

Nathan estaba con la espalda pegada a ella y cruzado de brazos, observándole.
Debía estar enfadado, pero lo disimulaba muy bien. El hombre sabía que no ganaba nada atacándole…Y después de todo, él sólo quería una explicación.

Bill cubrió sus delatadores labios con sus dedos, realmente avergonzado. Pero luego supo que tenía que mantener la compostura.
-…¿Qué haces…?
-…Esperándote. – Le cortó Nathan, imitando la respuesta que el mismo Bill le había dado el día anterior. Sin embargo, él no utilizó el tono que había usado él.
Kaulitz no sabía dónde esconderse. Oía su propio pulso en el fondo de sus oídos.
-…Vamos a ver…¿Es que no me has escuchado esta mañana?…Te dije que no quería nada más de ti…Al no ser que me pagaras… – Bill abrió mucho los ojos, enmudeciendo de repente ante una posibilidad que le asaltó… – ¿Es que vas a pagarme?…
-…Yo nunca te pondría un precio.
-…Claro que no. El precio me lo pongo yo…
-…Eso es una barbaridad…
-…Puede ser. Pero todos tenemos uno…Te lo aseguro.
-…No estoy de acuerdo. Eres una persona. Ya sólo por eso vales demasiado…Nadie tendría que tener la oportunidad siquiera de comprarte. Pero es que ni a ti ni a ninguna otra. Y si tú estás consintiendo esta situación, es que te quieres muy poco, Bill.
-…Nathan, yo estoy muy cansado para esto… – Bufó el muchacho, sacó las llaves de su piso y le dio la espalda a el hombre.
Pero él le cogió de la muñeca. Lo hizo sin fuerza, pero obligándole a mirarle de nuevo.
Ambos quedaron muy cerca el uno del otro, sus rostros a escasos centímetros. Nathan atravesaba a Bill con sus ojos. Él no podía aguantarle la mirada, así que clavó la vista en el suelo.
-…Suéltame… – Pidió casi en un susurro. El estar manteniendo esta conversación con Nathan de verdad hacía que se le cayera la cara de vergüenza y aunque trataba hacerse el duro y no salirse de su »personaje», le estaba costando horrores.
-…Bill, no te entiendo…Eres joven, eres inteligente…Joder, tienes talento… Podrías hacer lo que te diera la gana en la vida…
-…Estoy haciendo lo que me da la gana. – Se las apañó para contestar todavía mirando al suelo.
-…Sí, hombre…Me vas a decir que es que tú eres feliz así. Y yo que me lo creo.
Bill se empezó a reír para desconcierto del hombre, que le zarandeó levemente muy serio para que dejara de hacerlo y le mirara de nuevo.
Kaulitz lo hizo y se empezó a desahogar al fin.
-…Hemos hablado un par de veces…Hemos echado un par de polvos y ya te crees que lo sabes todo de mi…Ya te crees con derecho de poder opinar sobre lo que hago o lo que dejo de hacer.

Nath iba a contestarle pero Bill no le dejó.

-…Pues déjame decirte una cosa…Como ya te he dicho alguna vez…Tu problema es que te hiciste una idea de mi que no corresponde a la realidad. Y yo no tengo la culpa de eso. La culpa ha sido tuya…¿Quieres oír la verdad?…Yo te diré la verdad.
No, no soy feliz chupando pollas de tíos que perfectamente podrían ser mis padres y en la mayoría de ocasiones, hasta mis abuelos.
Cuando soy feliz es cuando compruebo lo que ha aumentado mi cuenta corriente después de hacerlo. Por que es una auténtica exageración…
¿Quieres que te diga la verdad, en serio?
La verdad es que con ese dinero podría retirarme. Con ese dinero, cualquier persona podría vivir cómodamente administrándose.
Pero yo no quiero eso. Yo quiero más.
Gano más dinero chupando pollas que cantando incluso en mis mejores tiempos.
Y eso es lo único que me importa. ¿Entiendes?
Tú has visto una parte de mi…Y habrás pensado »pobrecito»…De verdad te has hecho a la idea de que soy un desgraciado que se está destruyendo él solo por las cosas malas que le han pasado en la vida…Habrás pensado que soy alguien que se siente atrapado, que debe sentirse fatal, que llora por las noches hasta que se queda dormido o que se pasa dos horas debajo de la ducha después de acostarse con un cliente, por que se sentirá sucio, por que no podrá con los remordimientos…
Y si has pensado eso…Te equivocas.
Por que te aseguro que no es así.
Habrás pensado que yo lo único que necesito es a alguien, a alguien como tú, que me quiera y a quien yo pueda querer. Que llegue y que me diga lo maravilloso que soy. Que me abra los ojos y que me saque de esto… Por que en tu cabeza has querido pensar que yo no puedo ser así. Que en el fondo soy una bellísima persona que lo que necesita es ayuda, que le salven…Que sería feliz si ese alguien me cogiera de la mano y me llevara lejos…A vivir a una casa con jardín.
Y te vuelves a equivocar.
¿Te has molestado en preguntarme si yo quiero cambiar?

Demasiada información en muy poco tiempo. Nathan estaba tratando asimilarla con la boca entreabierta.
Tras unos segundos, consiguió intervenir.
-…Bill…¿Es que cómo vas a querer…? – Pero no pudo acabar la pregunta.
-…Despierta, Nathan, joder. Que esto no es Hollywood ni yo el protagonista de una película que al final resulta que se vuelve bueno y todo cambia. Lo que soy es esto. No trates de buscar más, por que no lo hay. No me voy a convertir en otra persona. Me halaga que hayas creído de mi que en el fondo puedo enterrar algo que merezca la pena. Pero siento sacarte de tu error. Yo no soy esa bellísima-persona-sólo-que-jodida-con-el-mundo que tú esperas.
Una buena persona sentiría remordimientos haciendo lo que hace y no se propondría ser cada vez mejor en ello. Una buena persona no se movería únicamente por el dinero, ni podría ser tan egoísta. Una buena persona no se hubiera reído una hora cuando se enteró de que su madre se estaba muriendo de Sida pensando que ya tenía que ser estúpida. No le habría hecho gracia que la hubieran condenado a muerte por menos de treinta miserables euros que cobraba por polvo…
¿No querías saber la verdad?…
Pues ya la has oído.
Ahora, ¿me dejas que me vaya a dormir?…

Nathan soltó su muñeca y ambos se miraron unos segundos más a los ojos.
A Bill se le veía realmente agotado. A Nathan increíblemente pensativo.
Kaulitz negó con la cabeza tras un rato y se volvió para abrir de una vez la puerta que tras entrar cerró de un portazo.

Bill fue directo al cuarto de baño, a refrescarse cara y nuca con un poco de agua.
Apoyó sus manos en el lavabo tras hacerlo, con la cabeza gacha, respirando profundamente.
No habían pasado ni cinco minutos cuando llamaron a la puerta.
Kaulitz se mordió el labio. Contrajo el rostro.
Sabía que tenía que ser Nathan y como no podía fingir que no había nadie en casa, fue a ver qué coño quería ahora.

Abrió y en efecto, ahí seguía él.
-…Bill…Tú no eres una mala persona. Sólo estás perdido.
Dices que no tienes remordimientos por lo que haces. Claro que no. ¿Cómo vas a tenerlos?…Si estás haciendo algo que ha sido simplemente lo que has estado viendo toda tu vida, desde muy pequeño. Desde que no eras más que un niño que no podía distinguir entre si aquello estaba bien o estaba mal. Creciste con ello, y en realidad todavía a día de hoy no lo sabes. Por eso no te sientes desgraciado. Pero algo en el fondo de ti intuye que no es lo correcto…Por eso tampoco te puedes sentir feliz.
Dices que la felicidad la encuentras en el dinero. Pero eso no es verdad.
Tú lo único que buscas es que te presten atención. Por eso te hiciste cantante y por eso cuando fracasaste caíste en algo donde siguieras obteniéndola.
Como de pequeño no te la dieron, ahora la necesitas el doble.
Te reconforta cuando te sabes el centro de la atención de cualquiera de esos hombres que es que encima PAGAN por estar contigo.
Esa es la razón principal por la que sigues con esto…Lo del dinero…
Tienes la imperiosa necesidad de tener cada vez más y más no por que seas egoísta, malo, o frívolo. Necesitas tener dinero por que sin él…Sin esa ropa de firma que llevas, sin tus gafas de sol de marca, o sin tu coche último modelo CREES que nadie se fijaría en ti, que nadie te miraría siquiera. Que sin todo eso, tú no vales nada.
Y el que se equivoca, eres tú.
…Lo demás, sólo son rencores y miedos que arrastras desde la infancia.

Kaulitz se quedó plantado frente a él con un nudo en la garganta y los ojos muy abiertos.
Tras unos instantes se las apañó para soltar una risita incrédula.
-…Vaya, Nathan. ¿Qué pasa?…¿Que eres psicólogo ahora?
Ahora fue Nath el que guardó silencio unos segundos.
-…Pues sí, Bill. Lo soy. A la mayoría de la gente que voy conociendo les intimida que lo diga así de entrada, por que les da como miedo hablar conmigo, no sé…Aunque parezca una estupidez. Por eso no lo suelo decir de primeras. Pero sí…Qué le voy a hacer.

Kaulitz negó con la cabeza mientras seguía con su risa carente de humor y se llevaba una mano a la frente en un gesto dolorido.
Después trasteó en los bolsillos traseros de sus pantalones…Y cogió su cartera.
Bill sacó tres billetes, dos de cien euros y uno de cincuenta y se los tiró a la cara al hombre de muy mala manera, despreciándole.
-…Pues muchas gracias por su análisis, doctor. – Escupió sus palabras como si fueran dardos envenenados. – ¿Ahora sí puedes irte o quieres algo más?

Nathan se limitó a suspirar. Decidió dejar al chico en paz, no apretarle más las tuercas…Así que se dio la vuelta y se fue. Ya le había dicho todo lo que tenía que decirle…O casi.
Era mejor darle tiempo para que reflexionara y eso no iba a hacerlo en caliente.
Bill volvió a cerrar de golpe.

Sólo entonces se dejó caer, sentándose en el suelo.

Se abrazó a sus rodillas y se puso a llorar escandalosamente, como no lo había hecho en años.

Continúa…

por Earisu

Escritora del Fandom

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