Te equivocas 3

«Te equivocas» (Fic de Earisu)

Capítulo 3

Era la tarde-noche de un viernes y el pequeño Billy estaba tirado en el suelo del salón, haciendo un dibujo con sus ceras blandas. Se estaba poniendo perdido de cera pero, ¿a qué niño le importa eso?…
Era el dibujo de un perrito…O de algo parecido a un perrito ya que las técnicas plásticas de Bill tampoco daban para mucho más.
A él le encantaría tener un perrito con el que poder jugar…Y que le hiciera compañía.
Aunque su mamá ahora pasaba mucho más tiempo en casa ya que no iba al trabajo…(Aunque él lo desconocía, la habían despedido. Sus excesos con el alcohol comenzaron a afectar a su rendimiento) Lo cierto es que tampoco era una mamá muy divertida. Se pasaba el santo día ignorándole, encerrada en el despacho de papá…Y cuando le hacía caso era para regañarle por cosas que él no había o no recordaba haber hecho.
Billy tampoco lo sabía, pero a los problemas de la mujer se le añadió el económico: Su ex marido le pasaba una pequeña cantidad de dinero para la manutención del niño…Pero no era lo suficiente como para que ella pudiera permitirse el no trabajar. Tenía que hacerlo para pagar facturas…De lo contrario…
Pero la mujer estaba hundida, incapaz de pasar sin su fiel amigo Jack Daniels y eso empezaba a notarse…Lo que dificultaba que la contrataran en cualquier otro sitio.
Si tuviera a Robert delante le…Le…
¿A quién pretendía engañar?…Todavía le amaba, pero ya no había nada que hacer. A Rob ni siquiera le había retenido su hijo.
Había conocido a una francesa impresionante…Y se había marchado con ella…Poniendo miles de kilómetros de distancia entre ellos.
Bill o ella misma podían morirse…Y él ni se enteraría. O si se enterara…Le daría igual…Que era lo peor.

De su despido habían pasado dos meses, las facturas se acumulaban y con eso la amenaza todavía no oficial pero que siempre queda en el aire del embargo.
Y a Kasandra, en su desesperada situación, sólo se le había ocurrido una cosa.

Billy pintaba con su cera amarilla un collar a su perrito cuando Kasandra entró al salón, poniéndose un pendiente.
-…¡Dios mío, Bill!…Me había olvidado de ti…¡Joder! – Y era verdad. »Maravillas» del alcohol.

Kasandra se había arreglado como nunca por primera vez en mucho tiempo.
Llevaba un jersey muy escotado: Sus pechos realzados gracias a un rojo Wonderbra, a juego con la falda que llevaba. Se había puesto tacones y olía a perfume y a pastillas de menta.
Cogió a su hijo por las axilas y le alzó en el aire.
-…Estás tan sucio…Te vas a dar un baño y te vas a acostar a dormir, ¿entendido?…
-…Pero mami…¡Mañana no hay cole…!
-…¡Me da igual, mocoso!… – La mujer llegó al cuarto de baño con su hijo cogido de la misma manera. – …Vas a dormir, y no vas a salir de tu cuarto bajo ningún concepto. ¿Me oyes?
-¿»Po» qué?
-…Por que yo lo digo. ¡Y punto!

Kasandra puso el tapón a la bañera y abrió el grifo de agua caliente. Se sentó en el bidé para ayudar a su hijo a quitarse la ropa. No es que fuera lo natural en ella, pero tenía prisa y el enano era lento como él solo.
Le quitó su sudadera blanca de Piolín y los pantalones negros de chándal que llevaba. Como Billy solía ir descalzo por la casa, no hubo problema.
Después le quitó los calzoncillos de Popeye y le volvíó a agarrar de las axilas para meterle en la bañera.
-…¡Au! ¡Quema! – El agua quemó los piececitos del niño.
-…No seas quejica, anda…Siéntate.
-…¡Quema »muso»!
-…La madre que te parió…¡SIÉNTATE! – La madre obligó al niño a sentarse a la fuerza. Torció sus delicados bracitos de mala manera y le hizo daño, así que empezó a llorar.

Kasandra cogió la alcachofa de la ducha, tuvo el detalle de tantear el agua con su mano y tras ajustarla comenzó a mojar el pelo del pequeño y el resto del cuerpo que no quedaba sumergido.
Billy no dejaba de llorar.
-…Buuuuuu… – Gimoteaba.
Kasandra cortó el grifo cuando el pelo estuvo totalmente empapado y fue a coger la botella de champú. Vertió un poco del jabón en su mano y empezó a lavarle la cabeza a Bill, frotándola quizá con demasiada fuerza.
El niñito se había tapado los ojos ya no por el llanto sino para que no se le llenaran de espuma, como siempre. Aquello escocía horrores.
-…Buuuuu…Snif… – Seguía el pequeño.

Unos minutos después, su madre aclaró su cabeza y cogió la esponja para limpiar también su cuerpo.
-Ponte de pie.
A aquellas alturas el agua ya llenaba casi la mitad de la bañera y a Bill le llegaba por las rodillas.
Kasandra enjabonó la piel de su hijo.
Había mucha espuma en el agua y ahora que la cabeza de Bill estaba libre de ella, éste dejó de llorar por que se entretuvo cogiendo una poca entre sus manos.
-…Como me llenes la ropa de espuma, te parto la cara…¡No te muevas!…

La mujer estaba terminando de enjabonar al niño cuando llamaron a la puerta.
-…¡Mierda!… ¡Mierda, mierda, mierda!… – Soltó a la criatura y fue a secarse las manos. Cuando lo hubo hecho, cogió la toalla grande y sacó a Billy de la bañera de la misma manera con la que le había metido. Secó muy por encima su cuerpo y de refilón la cabeza y después dejó la toalla sobre el lavabo. – …Billy, termina de secarte, ve a tu cuarto, enciérrate y no salgas para nada, ¿me has oído?…
-…Sí…¿Quién llama?…
-…Tú haz lo que te digo. – Y la mujer salió del cuarto de baño cerrando la puerta tras de si.

Billy iba a coger la toalla, pero entonces echó un vistazo a la bañera, llena de tentadora espuma blanca y brillante…Si tenía cuidado con sus ojos, era divertida.
Así que sin pensárselo dos veces se metió de nuevo en la tina, chapoteando. Cogía algo de espuma entre sus manos y soplaba, esparciéndola por todos lados y buscando que de una de esas, surgiera una pompa de jabón. Le encantaban las burbujas.
Rió divertido cuando una muy pequeña explotó justo delante de su naricita.
Entonces, divisó los botes de gel, champú y alguna que otra crema.
Se le ocurrió una idea.
Le quitó los tapones a todos los que pudo (algunos no tenían tapón, sino una lengüeta que le arañaba los dedos). Consiguió tres: Uno rosa, uno verde y uno amarillo.
A partir de ahora, esos tres tapones no serían tapones, sino barcos. La bañera sería el mar…Y él sería el viento.
Los »barcos» harían una carrera. Sí, eso es. El que llegara a tocar primero la »línea de plata» (esto es, el cordón de bolitas metálicas que iba pegado al tapón y que estaba en el lado contrario a Bill en la bañera) , ganaría.
El niño se pegó a la pared contraria alineando los tres »barcos» ante si. Cuando lo hubo hecho, empezó a soplar. De momento, el barco verde iba ganando.
Pero Bill no quería que el barco verde ganara.
-¡Oh, no!…¡El »baco» cargado de espinacas nos invadirá! – Billy odiaba las espinacas.
Así que con una mano provocó un »fuerte oleaje» para que lo que en realidad era un tapón verde, retrocediera.
-¡Psum! ¡Psuuuum!… – Comenzó a fingir que un viento feroz provocaba maremotos en el agua.

Billy se perdió en su juego durante largos minutos. Hasta que de repente, de la habitación contigua, que era la de su madre, le llegaron unas voces.

»Tienes que pagarme por adelantado. La mamada son sesenta marcos…El polvo entero son…»

(Nota de la A: Un Euro actual equivaldría a unos dos Marcos Alemanes de la época.)

El pequeño se quedó mudo ante aquellas palabras que carecían de significado para él.

»¿Cobras la mamada más cara que el polvo?»

Kasandra tenía la teoría de que un hombre disfruta más una mamada que un polvo.

Billy ahora estaba congelado de la impresión. Esa había sido la voz de un hombre.
Se asustó mucho, por que no era una voz que inspirara mucha tranquilidad.
Era ronca y peyorativa: Aunque esto último Bill todavía no era capaz de distinguirlo, sí le inquietaba.
Decidió concentrarse en su carrera para no pensar en eso.
Así estuvo unos minutos.
Hasta que empezó a oír ruidos extraños…Golpes que él no lograba identificar pero que se debían al impacto del cabecero de la cama de su madre contra la pared , algo parecido a gritos, no sólo de su mamá, sino también de aquella desagradable voz…Y palabras…Cosas que aunque él no hubiera oído en la vida sabía que eran sucias.
Una de las que más se repetían era »Zorra», o en su defecto, »Puta».

Al final salió de la bañera , se secó con manos temblorosas y fue hacia su habitación como le había dicho su mamá.
Pero aún encerrado, de cuando en cuando oía esos golpes.

&

Bill se encontraba en una de sus tiendas de firma favoritas. Le encantaba todo lo que tenían ahí.
Podría pasarse la vida allí metido…Tras mucho rato y al fin se decidió por un par de cazadoras y unos pantalones.
La trajeada encargada metió sus compras en sendas bolsas.
Pagó con su tarjeta Oro y salió de allí, ocultándose en sus enormes gafas.
Recordó que ese fin de semana tenía que ir a una fiesta privada, por primera vez acompañando a un cliente…
Por un lado no le gustaba mucho la idea de que miradas indiscretas pudieran posarse en él…Pero a la vez…Deseaba que así fuera, que le miraran…Que fuera el único centro de atención.
Era una absoluta contradicción o ni siquiera eso…Era como si una parte de él le dijera »no» y otra, mucho más fuerte le dijera »a quién pretendes engañar, por supuesto que sí».

Se daba cuenta de que la contradicción no acababa ahí…A veces, si se paraba a pensarlo se daba cuenta de que no se entendía a si mismo…Por eso procuraba pensar poco.
Un ejemplo era el sexo con sus clientes.
Ninguno de ellos le atraía de ninguna de las maneras. Ni cabe decir que tampoco les quería.
Y si alguien le preguntara si disfrutaba o le gustaba lo que hacía con ellos la respuesta sería un ‘no’ rotundo.
En ese caso, ¿no debería sentirse sucio o tener remordimientos?…Pero si se lo planteaba se daba cuenta de que no, de que no había nada de eso…Y que además, cuando estaba con ellos se convertía en otra persona, aunque con sus reticencias al principio, luego siempre acababa proponiéndose impresionar al otro…Hacer su trabajo y hacerlo bien…Si esos tipos se acostaban con otras personas, de él tenían que pensar que era el mejor. De lo contrario, se sentiría ofendido.
¿Pero por qué?…Si es gente que a él no le importa nada, y si él no disfruta con eso… ¿Por qué tenía esa necesidad?
¿Orgullo propio?…¿Intereses propios?…Esto último tendría sentido y es que si no fuera bueno en lo que hacía, acabarían dejando de llamarle también.

Bill se metió en otra exclusiva tienda para buscar algo para esa fiesta.

Si alguien le preguntara si es feliz…Él respondería que no.
Y a la vez…Por nada del mundo cambiaría lo que tiene por otra cosa.
Suspiró mientras le ponían en mano una carísima pulsera única.

Definitivamente…Era mejor no pensar.

Continúa…

por Earisu

Escritora del Fandom

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