Te equivocas 4

Te equivocas 4

«Te equivocas» (Fic de Earisu)

Capítulo 4

Nathan refunfuñaba toda clase de improperios mientras que con una esponja mojada quitaba la suciedad del capó del coche de su padre. Estaba castigado y esa era su sentencia.
-…¡Hola, Nathan! – Le saludó una alegre vocecita.
-…¡Hombre, pero si es el gran Churretes Bill!…

En todo ese tiempo, raro era el día en que el pequeño Billy no se pasaba frente a la casa de su vecino que casi siempre estaba fuera haciendo cualquier cosa. Él ya lo consideraba como un amigo. Uno muy mayor. Pero su amigo a fin de cuentas.

Al día siguiente de su primer encuentro, Billy se había acercado a él (que por aquel entonces seguía ocupado intentando arreglar su moto) con las manitas en la espalda.
-…¡Hola!…¡Mira lo que »teno»! – Había dicho.
Nathan intrigadísimo le prestó toda su atención y Billy le enseñó las únicas tres monedas que tenía en su hucha.
-…¡Anda! – Había exclamado Nathan, fingiendo impresionarse con el »tesoro» del niño, sin recaer en las intenciones de la criatura.
-…Cógelas, son para ti…Te las regalo.
-… – Nathan abrió mucho los ojos. – ¿Por qué?…
-…Para que te »compes» »ota» moto.
Nathan se había reído mucho.
-…Muchas gracias, Billy…Pero no puedo aceptarlo. Guárdalas y así podrás comprarte tú una.
-…Pero…Yo no »quero» una moto…Soy pequeño. No »piedo» »condusí»…
-…¿Tú crees?… – Entonces, Nathan le había cogido en brazos y le había montado en su moto.
Billy había gritado de una manera muy graciosa y se había agarrado al manillar.
Por supuesto, la moto estaba bien asegurada. De cualquier modo, Billy no llegaba al pedal.
-…¿Ves? No llego…
-…¿Adónde vas, Billy? – Pero Nathan se había alejado unos pasos y fingía que Bill se alejaba a toda velocidad.
-…¡Aaaajajaja…! – Y al niño esto le divirtió muchísimo.
-…¡Dios mío! ¡No corras tanto!…
-…¡Buuum, buum, buuum! – El pequeño imitaba el ruido del motor con maestría.
Estuvieron »jugando» un buen rato y cuando Nathan le bajó de la moto al final, el niño volvió a tenderle sus monedas, insistiendo en que él no las necesitaba.
-…Bueno, lleguemos a un acuerdo. Yo te cojo una moneda…Y tú te quedas las otras. Así, los dos podremos ahorrar para una moto nueva.
Billy se lo pensó unos segundos y después asintió.
Nathan sonrió y guardó su prácticamente carente de valor moneda enternecido.
-…Y venga, va…¿Has merendado? Te invito. Mi madre estaba haciendo bizcocho.

El apodo »Churretes» le llegaría poco después, por que Nathan descubrió que Bill o siempre los tenía ya en la cara cuando le veía…O cuando le invitaba a algún dulce o batido, acababa haciéndoselos sin solución.
El chico le había cogido mucho cariño a Bill y el sentimiento era correspondido. Para Billy, Nathan era como un ídolo.

-No me llamo »Retes». – Se enfadó Billy.
-…Bueno, bueno… – Nathan aclaró la esponja en el cubo de agua.
-…¿Qué ‘hases’?
-…Limpiando el coche de un ogro.
-…¿De un ogro? ¡AGH! – Bill se asustó mucho.
-…Bueno, en realidad es mi padre.
-¿Tu »padle» es un ogro?
-…Sí, un maldito ogro… – Nathan estaba cabreado por que aquella tarde tenía planes de salir y en su lugar ahí estaba, pringando.
-…¿Entonces tú »tabién» eres un ogro? – El pequeño torció el gesto.
En ese momento la madre de Nathan llegaba de hacer sus recados. Su hijo la vio por el rabillo del ojo.
-…No, por que mi madre es un hada buena y guapa y yo he salido a ella.
-…Buen intento, pero no cuela, jovencito. – Se rió la madre.
-…Mamá, no es justo…Puedo limpiar el coche más tarde.
-…¡Ah, no!…A mi no me líes…
-…Vengaaa, déjame salir un rato…Además, había prometido a Billy llevarle a la piscina de bolas.
-…¿Ah, sí? – Preguntó el niño frunciendo el entrecejo.
-…Bueno, está bien, pero te quiero aquí en un par de horas. – Accedió al final la buena señora.

Nathan le dio un beso en la mejilla, feliz y repentinamente muy nervioso y excitado.
-…Pero avisa a la madre de Bill y ten cuidado con él que no le pase nada…
-…Tranquila…¡Vamos, Churretes!
-…¡¡¡Bieeeeeeennn!!! – Billy estaba muy contento porque en realidad nunca habían hecho nada saliendo de la urbanización y le hacía mucha ilusión.
-…Dame la mano y no te sueltes, ¿eh?

Bill obedeció e iba andando dando saltitos agarrado de Nathan, contentísimo.
-…Vamos a avisar a tu mamá…
-…No »etá»…
-…¿Que no está en la casa?…
-…No…
-¿Y dónde está?…
El niño se encogió de hombros.
-¿Y te deja solo tanto rato?…
-…Sí, a veces…
-… – El chico se quedó de una pieza.
Al cabo de un rato, volvió a hablar.
-…Billy, eso no se lo digas a ningún desconocido nunca, ¿vale?…
-…¿»Po» qué?…
-No quiero asustarte…Pero es mejor que no se corra la voz, hay gente con muy mala idea por el mundo y si se enteran de que estás solo…Pueden no sé…Intentar hacer algo malo en tu casa.
-…¿Quieres decir…Robar?…
-…Exacto…O cosas peores. Por eso, no lo vayas diciendo por ahí…De todos modos, tú sabes que cuando no tengas compañía o tengas algún problema puedes venir a mi casa.
-…¡Me dan miedo los »ladlones»!

Los dos seguían caminando por la calle. En ese momento se detuvieron frente a un semáforo.
-…Tranquilo…
-…¿Qué pasa si vienen cuando »toy» »dentlo»?…
-…Pues me llamas y voy corriendo a salvarte.

Billy alzó la cabeza para mirar a Nathan y se puso un poco rojo…

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-…¿No íbamos a la piscina de bolas?
-…Sí, pero antes voy a recoger a un…Em, amigo…Con el que había quedado en realidad. Pero oye, no le digas a nadie que he quedado con él…
-¿Es un »secleto»?
-…Sí, un secreto. Verás que Chris te cae muy bien.

&

Bill se lo estaba pasando en grande en la piscina de bolas de colores. Allí sí que habían otros muchos niños y se había hecho amigo de uno que llevaba las gafas torcidas, mocos secos sobre su labio superior y tirantes.
Habían iniciado una competición y era que el que acumulara más bolas amarillas, ganaba.

Mientras tanto, Nathan y Chris tomaban un café en una mesa cercana, sin perderle de vista pero enfrascados en su conversación.
Tras un grito particularmente estridente de Bill ambos se giraron, pero no había sido nada: Simplemente todas las bolas que el niño había acumulado en su camiseta se habían caído.
-…Qué gracioso es… – Comentó Chris.
-…Sí…Oh, dios…¡Mira qué hora es!…

En ese momento Billy miró hacia la mesa donde estaba sentado Nathan y su amigo y lo que vio hizo que le hirviera la sangre tras sentir un extraño dolor en su pecho.
Nathan y Chris se habían dado un corto beso en los labios.
Entonces Billy chilló esta vez con todas sus fuerzas y empezó a llorar con la cara roja de puro berrinche.
Su vecino y Chris se levantaron enseguida para correr hacia él…En especial Nathan, que se había asustado mucho.
-…¡Billy! … ¡Por favor , sáquenle de ahí! – La piscina estaba dentro de una especie de enorme ‘jaula’.

Sacaron a el niño que no dejaba de llorar y patalear.
Nathan se dirigió hacia él.
-…¡Billy!, ¿qué te pasa? …¿Te has hecho daño?
Bill no contestó, llorando estridentemente en una rabieta total.
-…No llores, no llores…¿Qué te pasa?… – Nathan, desesperado, le cogió en brazos.
-…¿Te has hecho pupa? – Le preguntó Chris.
El niño le lanzó una mirada llena de odio…Y siguió berreando.
-…No llores…Ea, ea…No llores…Ya pasó…Ya estás conmigo…¿Vale?… – Nathan intentaba calmar a el niño y Billy enterró su carita llorosa en su cuello. – …Nos vamos a casa, Chris…
-…Vale, llámame cuando llegues…
-…Sí, sí…Ea, ea…Billy…Chiquitín…

&

Eran las últimas horas de la tarde y el cielo empezaba a tornarse naranja cuando Nathan llegó a su urbanización.
Billy no había dejado de llorar aunque ahora lo hacía con mucho menos escándalo y seguía abrazadito a el cuello de su vecino…Con su cara pegada a su piel.
-…Ya está, ya está…Ya pasó. Mira, ya hemos llegado a tu casa…¿Me vas a decir…?
Mientras hablaba, Nathan fue soltando a Bill en el suelo. Pero en cuanto los pies del pequeño tocaron tierra, éste salió corriendo, alejándose de Nathan.

Nathan no entendía nada.
Cuando se metió en su casa, el niño dio un portazo que retumbó en toda la manzana ante la atónita mirada del pobre chico.

Continúa…

por Earisu

Escritora del Fandom

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