Te equivocas 1

»Cenicienta sólo vive feliz y contenta en los cuentos. En la vida real, no importa cuántos vestidos bonitos pueda ponerse o quitarse, su corazón permanece amargado y su espíritu manchado por las cenizas que ha barrido durante la infancia.» (Clara Boothe Luce)

«Te equivocas» (Fic de Earisu)

Capítulo 1

Eran las dos de la tarde y puntual como siempre el autobús de los parbulitos se detuvo prácticamente frente a su casa.
La profesora ayudó a el renacuajo de cinco años a bajar y cruzar la calle sin soltarle de la manita y no regresó al auto hasta que se cercioró de que el niño había cruzado el jardín y llamado a la puerta de su casa.
Por petición de la madre de la criatura, que no podía ir a recogerle a la escuela, ese ritual se había convertido ya en una rutina.
La mujer volvió a su asiento y el autobús arrancó perdiéndose de vista en la aquellas horas del día desierta urbanización.

El pequeño Billy volvió a llamar a la puerta. Esperó otro minuto…Pero su madre no le abría. Él ya sabía lo que tenía que hacer si eso pasaba.
Se dirigió a una de las macetas junto a la puerta y rebuscó en la tierra de la más grande.
Cogió la llave, abrió la puerta y entró »él solito» a la casa.

El niño fue directo hacia la cocina: Tenía mucha hambre. Sin embargo, aunque sabía que su madre no llegaría hasta tarde, no esperaba que le hubiera preparado nada para comer. Ella nunca lo hacía.
Así que abrió la nevera para buscar algo con lo que calmar la barriga, que le crujía muchísimo.
Dentro del frigorífico había carne cruda liada en papel transparente, algunas botellas, un cartón de leche, fruta que en realidad ya no estaba en sus mejores condiciones y un yogur. Poco más.
Sabía que en el armario sobre la encimera de la cocina debían haber más cosas pero él no llegaba, ni siquiera subiéndose a una silla. Ya lo había probado antes.
Cogió el yogur, que era de plátano y fue a buscar una cuchara al cajón de los cubiertos.

Billy llevaba unos pantalones de chándal azules y un jersey negro con el dibujo de el Diablo de Tazmania en la pechera.
Sus cabellos eran totalmente negros, algo largos y ensortijados. Tenía churretes en la cara…: En el recreo se había caído mientras corría por el patio, se había apoyado en sus manos para amortiguar el golpe y se las había puesto negras…Por no hablar de las raspaduras ensangrentadas…Se había hecho mucho daño, se había puesto a llorar y al llevar sus sucias manos a su rostro para secar sus lágrimas lo había contaminado, y cuando sus lágrimas se secaron, la suciedad quedó adherida a su piel.

Fue toda una proeza subirse a la silla de la cocina. Era bajito hasta comparado con los niños de su edad…Para él era como una montaña…Pero finalmente lo consiguió y con sus doloridas manos separó la tapa del vaso del yogur y empezó a comérselo mientras movía sus piernecitas, que colgaban en la silla sin llegar a tocar el suelo.

&

Habían dado las once y su madre todavía no había aparecido. Aunque no era algo extraño para él…No dejaba de ser un niño muy pequeño y se asustaba cuando era tan tarde y estaba solo en una casa tan grande.
Tenía sueño, pero no podía dormir. El invierno estaba cerca y empezaban a manifestarse los síntomas: Soplaba un fuerte viento y se avecinaba una tormenta.
Billy odiaba las tormentas.
Estaba acurrucado en su cama, porque aunque había apurado hasta el último segundo en el sofá para no separarse de la compañía de la televisión, había empezado a tener frío y la idea de meterse bajo su edredón de Mickey Mouse al final le había resultado irresistible.
Pero se sentía demasiado débil por que no había comido nada más aparte del yogur en todo el día y con mucho miedo como para poder conciliar el sueño.

Después de un rato le pareció oír la puerta de la casa.

&

Kasandra, la madre de Bill, se había metido en el que en un pasado no tan lejano había sido el despacho particular de su marido.
Se sirvió un vaso de Jack Daniels.
Eso era antes. Ese despacho ya no era su despacho…Su marido ya no era su marido…
El divorcio ya era oficial y ese cabrón la había dejado sola con un hijo al que criar…
Bebió un sorbo de su vaso mientras que los ojos se le llenaban de lágrimas.
¿Cómo había podido dejarla?…¿Cómo había podido dejarla a ella?…
La puerta de lo que antes era un despacho pero ahora era una habitación más se abrió dando un susto a la mujer. Pero sólo fue la impresión inicial. Regresó a su postura anterior al comprobar que sólo era Billy.
-…¿Mami?…
-…¿Qué haces a estas horas despierto? Mañana cuando te llame para ir al colegio, verás. – A Kasandra se le notaba un deje de ebriedad en la voz…Pero Bill era demasiado pequeño para entenderlo.
-…Mami, »teno musa hambe»…
-¿Que tienes hambre?…Pues tienes hambre por que quieres, por que en la casa hay cosas para comer… – Se enfadó la mujer.
-… – Billy agachó la cabeza, avergonzado.
-…Anda ven, te prepararé algo…

Kasandra ni siquiera soltó el vaso para dirigirse a la cocina…El pequeño le siguió obediente y bien callado para no enfadarla más.
Su madre no era una mujer mayor: No había cumplido ni los veinticinco. Llevaba su pelo teñido de rubio, aunque le hacía falta retocar las raíces…Era guapa de cara, eso es indiscutible, pero estaba algo demacrada…El cuerpo…El cuerpo era ya otra historia…En otros tiempos había sido perfecto. Ahora estaba demasiado ensanchado por las caderas y flácido en partes que deberían ser firmes o tersas, como sus pechos o su barriga.
La mujer soltó su vaso al fin sobre la encimera.
Abrió la nevera , cogió el cartón de leche y después un vaso y lo llenó con humos.
Después trasteó un poco en el armario sobre la encimera de la cocina y alcanzó un paquete ya empezado de galletas.
Lo colocó todo sobre la mesa para Bill.
-…Come rápido y acuéstate.
-…¿Me la »pedes» calentar? – Pidió el niño en voz bajita.
Kasandra suspiró impaciente, cogió el vaso de leche sin ninguna delicadeza y lo metió en el microondas.
Un minuto después volvió a ponerlo frente a su hijo que ya daba pequeños mordisquitos a una galleta redonda.
Recuperó su propio vaso y terminó lo que quedaba de Jack Daniels en él. Todavía tenía la nariz dentro del cristal cuando rompió a llorar.
Su hijo la miró…
-…¿»Po» qué lloras, mami?
Echó a un lado el vaso otra vez mientras le daba la espalda a Bill.
-…¿Mami?…
-…Cállate, déjame…Todo ha sido por tu culpa…Por tu culpa, enano asqueroso…
-… – Billy miró a su madre sin entender. Esa escena sí que era una novedad. Kasandra se giró de nuevo para mirarle.
-…¿No me ves? ¡Doy asco! Yo antes no era así, ¿sabes?…Tu padre estaba loco por mi, ¡desde siempre! Como todo el instituto…Hasta que me quedé embarazada de ti…Hasta que llegaste tú…Por tu culpa, perdí mi figura… ¡Mírame!…Con las tetas caídas y como una puta vaca…Por eso me dejó…¡Por que me veía horrible…!… Snif…
-…Mami…Tú no ere’ horrible…Eres »apa»…
-… – Pero Kasandra ni siquiera le estaba escuchando, no interrumpió su discurso en ningún momento. – …Y todo por tu culpa…Nunca tenías que haber nacido…¡Yo ni siquiera quería tenerte!…

Kasandra se fue de la habitación llorando y gimoteando, destrozada y borracha.
Sus últimas palabras resonaban en la inocente mente del crío, haciéndole daño como si le pellizcaran dentro de su cabeza.
Sus bonitos ojos marrones se fueron llenando de agua salada.
Al final ni siquiera tocó el vaso de leche y dejó las galletas.
Se le había quitado el hambre…Estaba demasiado triste para eso.
Se dirigió a su cuarto de nuevo, donde acabaría empapando su almohada en silencio.

&

Bill salió de la ducha y se puso su albornoz. Después soltó la goma que había sostenido su largo cabello en un moño; No había querido mojárselo ya que estaba arreglado.
Después fue hacia su majestuosa habitación donde ya había preparado qué ponerse. El modelito esperaba dentro de unas bolsas sobre su cama.

Bill Kaulitz era (o había sido) cantante. Su primer disco había tenido mucho éxito y se había hecho muy conocido en toda Alemania. El segundo también había sido todo un triunfo… Todas las entradas de sus conciertos se vendían a el minuto de estar disponibles, y no hizo pocos.
Había ganado muchísimo dinero.
Fama.
Fans.
Nadie podía esperar lo que sucedería no mucho después.
Llegó el momento de sacar otro álbum.
Y el tercer disco fue uno de los fracasos más estrepitosos que se recuerdan. Tanto es así que la discográfica le retiró el apoyo y dejó de invertir en promoción. Por supuesto, tampoco renovarían su contrato y la cosa no pintaba tan bien como para que otra se interesara a corto plazo en él.
Total, para ellos no era de extrañar. La gallina de los huevos de oro había muerto… Lo que rápido viene, rápido se va…En el corto periodo que hay entre medias hay que sacar el máximo provecho precisamente por eso…
Es lo normal en los cantantes cuyo público es mayoritariamente gente muy joven. Los adolescentes son apasionados en un principio…Pero la mayoría se cansa ‘del producto’ rápido, muy volubles ante las ‘modas’ que vienen y van.
Los »fans» pasan de contarse de miles, a centenares, hasta quedar muchos, muchos menos. Ese es el verdadero »fenómeno».

A pesar de su juventud, Bill en realidad a esas alturas ya había hecho toda una fortuna. Cualquier persona con dos dedos de frente podría vivir el resto de su vida cómodamente con lo que había ganado sin pasar apuros.
Pero Bill se había acostumbrado a llevar un ritmo de vida. Uno MUY caro. Uno que no podía mantener si sus ingresos quedaban congelados.
Así que en lugar de concentrarse en encauzar su carrera, lo que decidió fue aceptar las propuestas que le hacían de otros campos para ganar dinero fácil y rápido.
Comenzó a trabajar como modelo, a hacer publicidad y a asistir a fiestas donde se le pagaba sólo por estar ahí…
Le fue bien un tiempo.
Después, nuevamente, esto también empezó a irse a pique.
Cada vez causaba menos interés al haber gente nueva emergente y que despertaba en el momento en cuestión más pasiones que él.
La demanda hacia su persona iba bajando…Y con eso su caché.

Bill empezó a desesperarse. Ya no le llamaban tanto como antes y cuando lo hacían no le pagaban lo mismo tampoco.
Pero su cuenta corriente bajaba constantemente y a un ritmo vertiginoso.
No podía permitirlo. Y mucho menos podía resignarse.
Necesitaba ganar dinero de nuevo, mucho y como fuera.

Fue cuando descubrió que en otros ‘trabajos’ su caché seguía siendo muy alto. Incluso se le pagaba más que asistiendo a dos fiestas juntas en sus mejores tiempos.
A fin de cuentas, seguía siendo Bill Kaulitz. El archifamoso Bill Kaulitz que tanto había salido en televisión y tanto habían deseado miles de adolescentes.

El mismo por el que más de uno con poder y dinero suficiente pagaría por estar, aunque fuera unos minutos.
Bill ya lo había comprobado. Habían llegado a pagarle dieciocho mil euros por hacer una simple mamada. Y eso era al principio, cuando ni siquiera las hacía buenas.
La situación había cambiado y para mejor. Ahora contaba con al menos tres clientes fijos, encantados con su trabajo y que pagaban lo que se les pidiera por tener preferencia entre los demás.

Parecía que había pasado una eternidad desde el primer disco hasta ese momento.
Quizá tal biografía fuera más propia de alguien mucho mayor.
Pero Kaulitz no tenía más que veinte años.

Continúa…

por Earisu

Escritora del Fandom

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