Te quiero de vuelta 11

Te quiero de vuelta 11

Fic TOLL de Myla Near

Capítulo 11

– Hmm, ¿Tom? – preguntó el de rastas recién despertando y tocando la cama a su lado. Al no sentir a nadie por ahí abrió los ojos y buscó por toda la habitación. Nada. Ni siquiera la ropa. Aún no queriendo sacar conclusiones erróneas, se puso de pie y se tapó con la sábana de su cama, lo fue a buscar por el resto de la casa. – ¿Tom? – lo llamó buscándolo en el baño, después en la cocina, en el living y nada. Se había ido. – Me siento ridículo. – dijo yendo a su cuarto, miró la hora en su celular, marcaba las 21: 43 hrs. – No puede ser que haya dormido todo el día. 

Se fue al baño y se duchó con agua tibia. Una ducha larga de más menos 45 minutos, la disfrutó como nunca, recordando la noche anterior y lo que había pasado hacía solo unas pocas horas. Sonreía como un idiota (como uno enamorado) hasta que recordó que el mismo que le había perforado el culo como quiso, se fue sin siquiera darle un beso o despedirse. El enojo lo invadió y se salió de la ducha. – Estúpido Tom. – se puso su pijama y tras secarse el cabello se acomodó para dormir. A pesar de que lo enojaba mucho el hecho de que Tom se fuera así como así, no podía borrarse la sonrisa de estúpido al recordar cuando lo hicieron como antes.

Cuando despertó al otro día, su cuerpo se sentía cansado y tenía una leve molestia en su trasero. Las consecuencias del «amor», pensó riéndose y levantándose de la cama. Estuviera o no cansado tenía que ir a trabajar igual. Cuando estuvo listo bajó y estaba a punto de subirse a su auto cuando apareció el auto de Chris. Un leve tic apareció en su ceja y se puso un tanto nervioso, no se había acordado de él y ahora tenía mucha vergüenza como para mirarlo a los ojos sin sonrojarse.

– Hola, ¿cómo estás? – el castaño se acercó a él y quiso saludarlo con un beso en los labios, pero le puso la cara.

– Estoy bien, sí, ¿y tú? – el otro un tanto extrañado le contestó y lo invitó a su auto, para que se fueran juntos al trabajo. – Oye en serio lamento lo del sábado, pero es que me llamaron a última hora para que fuera. 

– No te preocupes, la pasé bien igual el sábado, no tanto sin tu compañía, pero no me quejo. -Ese comentario no lo hizo enojarse, pero si le molestó mucho que lo haya hecho. Y eso de alguna manera le decía que sí había estado con una mujer, que probablemente él conocía. Tenía que sacarse esa duda de la cabeza como fuera posible.

– Ehm, bueno, ¿vamos? Se hace tarde. – se subió al auto y tratando de que no se le notara el enojo miró por la ventanilla todo el camino. Al llegar a la editorial subieron a su piso y se encontraron con Tara, que de nuevo estaba despeinada y ojerosa.

– Parece que estuvo buena la fiesta. – dijo el castaño molestándola, ella lo miró sonriendo y no dijo nada. 

– Supongo que esta vez si trajiste café. – dijo el de rastas riéndose. La chica también se rió y entonces su sonrisa se esfumó. Esa era la risa que había escuchado cuando hablaba con Chris en la mañana del día anterior, ¿será que… ? No, imposible, pensó el pelinegro tomando un poco del café que tenía ahora en sus manos. El administrador se despidió y quiso besarlo en los labios, pero él le puso la cara y con una sonrisa desvaneció la cara de sorpresa del otro.

– ¿Cómo estuvo tu fin de semana con tus amigos? – preguntó la pelirroja prendiendo su laptop. Bill se sorprendió un poco pues no le había dicho que había salido siquiera. ¿Por qué todo calzaba con que ella era la que había salido con Chris? Se preguntaba el pelinegro encendiendo su laptop.

– Muy bien, hablamos mucho y yo… la pasé bien. – algo en su interior le decía que tenía que callar lo de Tom, e hizo bien, solo que aún no lo sabía.

– Me alegro. Y, ¿Tu ex estaba ahí? 

– Sí, pero estaba con su novia así que no pasó nada, si es lo que querías saber. – sintió la necesidad y la obligación de mentir, se sintió un poco mal por mentirle y por desconfiar de ella después de tanto tiempo.

– Oh, ¿no hubo nada como lo de la encimera? 

– Jaja, no, no hubo nada de eso. – ‘Hubo mucho más’, pensó sonriendo internamente. – ¿Y tú? ¿Fuiste a alguna parte el sábado? 

– Por supuesto y la pasé muy bien, jajaja. – esa risa le tenía los nervios de punta y por lo que le decía, si el sábado la había pasado tan bien, el domingo en la mañana aún estaría con la persona con la que la pasó tan bien. Según él todo concordaba: Chris se había ido en la noche a la Casa de Tara, se habían acostado mientras él lo hacía con Tom y a la mañana siguiente lo llamó descaradamente con la chica a un lado.

Para comprobar que eso era verdad él tenía que verlo y descubrirlo con sus propios ojos, ¿pero cómo?

– Tienes que presentarme a esa persona. – dijo mirando fijamente a su amiga y la reacción de ella lo puso más en duda: agudizó sus sentido y se notó la tensión en sus hombros y su cara.

– No, para qué. No es necesario. – a pesar de que todo, según él, le indicaba que ella se acostaba también con Chris, no podía llegar y decírselo, necesitaba pruebas.

– ¿Aún escondes la llave de repuesto abajo de la alfombrita que está afuera de la puerta de tu casa? – preguntó cambiando de tema, la pelirroja lo miró extrañado.

– Sí, ¿por qué? ¿Planeas ir a robarme? – dijo entre risas.

– No, es sólo que hace tiempo que no voy a tu casa y algún dia de estos te iré a dar una sorpresa. – sonrió amigablemente, como acostumbra hacer y eso convenció a la chica.

– Oh, me parece una estupenda idea. – se sonrieron y volvieron a lo suyo, ignorándose por el resto de la hora hasta el almuerzo. Donde el pelinegro no quiso comer con ellos, se fue con Estella, la chica de la portada. Ella siempre comía sola y un poco de su compañía no le haría mal. De vez en cuando echaba un vistazo a los otros dos y estaban muy felices riéndose y hablando, se enojó mucho. No porque tuviera celos de alguno de los dos, sino que se enojaba porque, según él, le mentían.

No la pasó mal, con Estella (que decía que no le caía muy bien) se rió mucho y hablaron variados temas, ninguno tenía que ver con la empresa, eso le gustó. Con Tara y con Chris de lo único que hablaban era de trabajo. Llegó la hora de volver al trabajo y se iba a devolver con Estella, pero alguien lo tomó fuertemente por un brazo y lo tiró lejos. Antes de que se diera cuenta su bonito rostro había sido cacheteado por la pequeña mano de una mujer.

– ¿Pero qué mier…? – antes de que pudiera siquiera terminar de hablar recibió otra. Cuando se fijó quién era la culpable se sorprendió. Era la barbie rubia, novia de Tom, Ashley. La mujer le iba a dar otra cachetada, pero Estella se lo impidió.

– Cuidado con lo que haces, rubia. – la chica de pelo castaño, con rulos y de alta estatura tenía la mano de la otra chica levantada y la miraba seriamente. La rubia se zafó del agarre y miró al pelinegro, quien buscaba con la mirada a Tara y Chris y los vio. Mirando la escena «alejados». Esa fue la gota que rebalsó su vaso, tenía sí o sí que desenmascararlos y mandarlos a la mierda.

– ¿Tú eres tonto? – dijo la rubia apuntando al de rastas con uno de sus dedos. Estella estaba protectoramente adelante de él. – ¿Acaso no entendiste cuando te dije que te alejaras de Tom? –

– ¿De qué estás hablando? – preguntó hipócritamente, no era su cualidad, pero no podía decirle abiertamente que se había acostado con su novio sino la protección de Estella podría irse.

– ¡¿Cómo que de qué hablo?! – alzó la voz y eso llamó la atención de más personas, por lo que más gente se acercaba a ver la escena y Tara con Chris seguían alejados, sin siquiera querer intervenir. – Yo sé que los días que Tom no estuvo en casa estuvo contigo. ¿Con quién más se iría que con la puta que tiene a mano? – la chica de los rulos miró por encima de su hombro a Bill y atrapó la mano de la rubia justo antes de que impactara en la cara del otro. El hecho que lo llamara puta lo enfureció, pero no podía hacer nada, no podía llegar y cachetear a la rubia hinchapelotas, pero Estella si podía.

– Mira que tu noviecito se fuera de la casa no es mi culpa. Admito que lo vi el sábado en la reunión, pero después me fui a mi casa. – la castaña la empujó hacia atrás y la sostuvo nuevamente cuando ella se volvió a abalanzar sobre el chico.

– ¡No te creo! ¡Yo sé que estuviste con él! ¡Admítelo, puta! – se llevó las manos a las sienes y suspiró sonoramente. La voz chillona de la rubia lo tenía harto y ni siquiera sabía cómo lo había encontrado ahí. Era imposible que ella supiera. – Puta, ¡me das asco! Pero no te dejaré que te quedes con… – iba a seguir hablando cuando la chica de rulos, bufó cansada y le brindó una cachetada tan grande que la hizo voltear la cara.

– Eso para que te calles, mira que haciendo escándalo por problemas que tienes con tu novio. No sé qué tendrá que ver Bill con esto, pero si dice que no vio a tu novio es porque así lo hizo y me cansó eso de que lo llames puta, ¡ni siquiera es mujer, por dios! Ahora, me harías un gran favor, y estoy segura de que a Bill también, si te vas y dejas de gritar.

Arregla tus problemas con el chico que corresponde. – la tranquilidad con la que habló dejó atónitos a los presentes y callada a la rubia. El de rastas agradeció que la chica de las portadas fuera así de directa.

La pelirroja, Tara, que miraba desde lejos la escena sentía en su interior un poco de celos. Según lo que ella pensaba, tendría que haber sido ella la que defendiera al pelinegro.

– Escúchame, Bill… te lo diré la última vez. – Ashley se zafó del agarre de Estella y caminó unos pasos hacia atrás. – Aléjate de Tom, ya te dije que es mío ahora. Pero, como veo que no entiendes con esas palabras te lo diré de otra manera. Desde hoy no tendrás ni siquiera una oportunidad, se acabó. Es mejor que lo vayas olvidando, es por tu bien. – le sonrió cínicamente, le lanzó un beso y después se acarició el estómago. Eso dejó helado al pelinegro, que iba a hablar cuando la rubia pequeña se fue del lugar.

– ¿Bill? ¡Hey, ¿estás bien?! – Estella lo movía levemente del brazo para que este reaccionara, pero al parecer no lo haría. Le dio unos leves golpecitos en la cara y fue cuando reaccionó.

– Estella, ¿viste lo que hizo en su vientre? – la mujer asintió y comenzó a caminar con Bill sujetado por las caderas. – ¿Eso significa qué? ¿Que está embarazada? – preguntó sin creérsela. La castaña se la pensó antes de contestar.

– Para serte sincera, no creo que esté embarazada. Yo creo que lo hace para alejarte del dicho Tom y para amarrarlo a él. 

– ¿Tú crees? Es que no pudo haber cambiado tanto, un día me saludaba amistosamente y ahora mentirá así, no sé. 

– Bill, créeme. Las rubias harían cualquier cosa con amarrar a sus novios, incluso mentir sobre un embarazo. – analizó mentalmente lo que la mujer decía y mientras pasaba por el lado de Tara y Chris se enfureció más, pero aún así no quiso tomarlos en cuenta. Los ignoró como ellos lo ignoraron a él. Pero dejando un poco de lado tanta amargura…

– ¡Hey, cuidado con lo que dices! Yo solía ser rubio. – le susurró en el oído haciendo que la otra chica se sorprendiera.

– Júralo. – el de rastas se mordió el labio y asintió. Estella sólo se rió y siguieron caminando hasta la editorial.

A pesar de que aparentaba no estar enojado ni preocupado por todo lo que había acontecido, la verdad es que sí lo estaba. Estaba muy enojado y muy preocupado. Cuando estaba llegando a su departamento se sintió más deprimido, se acordó de que Tom lo había dejado durmiendo solo y eso lo enfurecía más. Cuando entró en su departamento tiró su bolso y las llaves a un lado y se recostó en el sofá, sería lindo recordar viejos momentos…

.

Flashback

Estaba nervioso, en tan solo 5 minutos más Tom llegaría a buscarlo a lo que sería su cuarta cita desde la fiesta que el de rastas había dado. Resumiendo todo un poco, en la primera cita habían pasado de beso en la mejilla a uno en la comisura de los labios. En la segunda cita, fue un topón de sus labios ya que el pelinegro al darle el «beso» se entró más que rápido a su casa. En la tercera cita sus labios estuvieron pegados más tiempo, aún así no era como para llamarlo «beso». A pesar de que estaba un poco asustado de que el otro se aburriera y se buscara a alguien más fácil, en el sentido de los besos y todo. No quería apurar las cosas, no quería echarlo a perder. Además si el otro había aguantado hasta la cuarta cita, era por algo.

Estaba en la sala con su madre cuando el timbre sonó. Ella le sonrió cómplice y se puso de pie para ir a abrir. Cuando vio a Tom, nervioso a más no poder la mujer sonrió internamente y tal como lo había hecho las veces anteriores lo miró con una mirada que a cualquiera intimidaba y con el tono autoritario articuló unas palabras. – ¿Necesitas algo? – el de rastas se sabía eso, pero aún así hacían mucho efecto esas palabras.

– Bueno, sí, yo… – y se quedó callado, la presencia de Bill al lado de su madre fue más que suficiente para él. Estaba completamente pillado, pero todavía quería esperar un poco. Y acompañando la «rutina» de la mujer con el de rastas entraba la típica frase del pelinegro.

– ¡Mamá, no lo asustes! – era el mismo diálogo que cuando el de rastas lo fue a buscar para la fiesta. El de rastas estaba baboso y sólo podía mirar al pelinegro, sin decir nada, mientras que este lo miraba esperando a que actuara. – ¿Tom? – el dulce tono con el que lo llamó fue suficiente para sacarlo de su trance.

– Oh, sí. ¿Vamos? ¿Estás listo? – el pelinegro asintió y miró a su madre, que seguía con la mirada intimidadora, sólo que ahora intimidaba a su hijo.

– Cuídate, ¿eh? Sin hacer estupideces y… Tom. – la mujer lo miró y el aludido casi se moja los pantalones, por así decirlo.

– D-dígame. 

– Lo quiero intacto. – el pelinegro se sonrojó un poco al igual que Tom, quien asentía frenéticamente. Después de despedirse de la mujer se fueron a la camioneta de Tom, en donde este le abrió la puerta al otro para que subiera. Se sentía tan raro haciendo eso, tan caballero, como nunca. Y Bill también se sentía raro por eso, nunca se habían tomado tantas precauciones con él. Eso lo tenía encantado y le daba muchos puntos al de rastas.

Ese día fueron a un restaurant no muy conocido en esos tiempos, su nombre: Kalispera. Sólo unos pocos conocían de su existencia, aún era muy nuevo, pero era bonito y tenía vistas privilegiadas. El de rastas quiso llevarlo ahí porque según lo que su padre le contó, él había conquistado a su madre llevándola a un restaurant pintoresco y bonito. Se sentaron en una mesa que tenía una hermosa vista. Al principio ambos estaban muy nerviosos, pero cuando pidieron la comida empezaron a hablar fluidamente.

– No puede ser, ¿te gusta Bob Esponja? – preguntó el pelinegro tomando un poco de su jugo natural, tratando de que no se le escapara por la nariz al reírse. – No puedo creerlo, de mirarte así no es como si te gustara. 

– Sí, claro que me gusta, algo tiene esa cosa amarilla. También me gusta Pokemón, mi sueño era ser como Ash Ketchup.* – lo que ocurrió a continuación fue muy rápido. La risa invadió al pelinegro haciendo que el líquido se fuera por un lugar que no era el correcto, haciendo que se le atorara el aire en la garganta. Empezó a toser como loco y si no es por los leves golpecitos que le daba Tom en la espalda se muere ahogado.

– Yo quería ser como Brooke**, jajaja. – al reírse miró a Tom, que se había sentado a su lado para golpearle la espalda (antes estaba sentado al frente), y entonces sus rostros quedaron muy pegados. La risa de ambos se esfumó y se pusieron serios, mirando alternativamente los ojos y labios contrarios. Entonces fue cuando Tom anuló un poco la cercanía y sus respiraciones se rozaban en el aire. El de rastas sólo avanzó el 90%, dejándole el 10% restante al pelinegro, quien captó el mensaje y junto sus labios con los del de rastas.

Fue un toque mágico para los dos, se acomodaron un poco en sus asientos y continuaron con el beso, que en ningún momento pasó a ser «obsceno» a la vista de los demás que estaban en el lugar. Cuando se separaron un pequeño hilillo de saliva los seguía uniendo, entonces el de rastas con uno de sus dedos limpió los labios del otro. Y dejando otro beso corto en sus labios volvió a su puesto, frente al pelinegro.

Al terminar de cenar, se fueron a un parque. Caminaron abrazados unos minutos bajo la luz de la luna y luego se sentaron en uno de los bancos más iluminados, claro por la luz de la hermosa luna llena. La mejor luna de todas.

– ¿Tienes frío? – preguntó el de rastas quitándose su chaqueta. A pesar de que Bill andaba con un polerón y su propia chaqueta, el frío era devastador y le ganaba. Asintió y segundos después la chaqueta del de rastas estaba encima de sus hombros.

– Gracias. – le dijo mirandolo justo a los ojos. Se acercó un poco a él y le dejó un casto, pero bonito beso en los labios. El rubio agradeció el gesto y le acarició un hombro, tenía su brazo en los hombros del otro.

– ¿Te gustó el lugar? – preguntó para tener algo de conversación.

– Me encantó, era muy bonito, en serio muy lindo. Pero… 

– ¿Pero? – esa pequeña palabra no le había gustado para nada, lo tenía en la cuerda floja. Lo había arruinado y ahora sería su fin.

– Pero me gustó más la compañía. – dijo sonriendo tímidamente, pegándole la sonrisa al otro. Eso bastó para que el de rastas lo tomara con la mano, que no tenía en sus hombros, del rostro y juntara sus labios en un beso que esta vez se subió un poco de tono.

Al rato después lo fue a dejar a su casa y como era de costumbre, se despidieron en la puerta. El pelinegro se abrazó al cuello del otro y le plantó un beso, beso en los labios. De los besos «reales», con lengua incluida. Y eso dejó más baboso, más pillado, más… enamorado al otro. Quien se fue como un drogado hasta su casa.

Fin Flashback

.

– Eso no era rancio, ¿por qué no se quedó así? – se preguntó Bill mientras se iba a su dormitorio a dormir. Tenía un lío en la cabeza: embarazo posiblemente falso, ex-novio no tan ex, una amiga traidora, una nueva conquista que solo quería jugar con él, ¿qué más le podía salir mal?

Continúa…

[*No me acuerdo cómo se escribe el apellido del niño de los monitos, nunca supe en realidad.

** Tampoco, nunca supe cómo se escribía.]

por admin

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