Te quiero de vuelta 12

Te quiero de vuelta 12

Fic TOLL de Myla Near

Capítulo 12

Había pasado la semana laboral y ya era sábado. En esa semana se había acercado tanto a Estella que se dio cuenta de que era muy simpática y que no tenía razones para que no le cayera bien. Había ignorado completamente a Tara y a Chris, se había ido a trabajar a la oficina de Estella y la pelirroja y el castaño no se habían molestado en hablarle, eso le hacía hervir más la sangre. Tom tampoco lo había llamado esa semana ni siquiera para decirle… ¡cualquier cosa!

Como se hizo tan cercano a la chica de las portadas, terminó contándole su historia con Tom y a pesar de que ella le reprochó el haberse acostado con un hombre con novia, no se alejó.

También le contó de las sospechas que tenía de Tara con Chris y la castaña se ofreció a ayudarlo en lo que necesitara. Con Leah había hablado solo por teléfono ya que la chica no tenía mucho tiempo como para ir a verlo, por su trabajo. A su madre la había visto 3 veces en la semana solo porque ella lo había ido a visitar, él no había querido ir para evitar ver a Tom.

En una de las visitas que su madre le hizo le dijo que el de trenzas había ido a la casa para preguntarle por él, eso en vez de animarlo lo hizo enojar. Si quería saber de él, ¿por qué no llamaba o lo iba a ver? Ya sabía en dónde vivía.

– ¡Ay, Estella! Mi vida es un desastre. – dijo dejándola entrar en su departamento.

– No digas eso, Billiberto. – se rieron un poco de eso y después estaban saliendo. Iban a pasar el día en el centro comercial, para en la noche ir a escondidas a la casa de la pelirroja y si era posible, encontrarla con Chris.

Al final el pelinegro se compró unos cuantos pantalones, poleras, polerones y un par de zapatillas, al igual que Estella. Se habían pasado todo el día en el centro comercial y había llegado la noche. Dejaron las bolsas en el auto de la castaña y entraron en el edificio en donde la pelirroja vive. Pegaron sus orejas en la puerta y escucharon un poco, había más de una persona dentro del departamento, a pesar de que le hervía la sangre Bill pudo controlarse y actuar con tranquilidad. Entonces se agachó a recoger la llave que estaba abajo de la pequeña alfombra frente a la puerta y cuando no escuchó ruidos cerca abrió.

Entró seguido de Estella, que cerró con cautela la puerta, sin hacer ruido. Avanzaron silenciosamente por la casa y un ruido los asustó, era una risa, la risa de Tara que venía desde la habitación. Iba a ir corriendo si no es por la castaña que lo tomó por un brazo y le hizo una señal de silencio con sus dedos. Entonces asintió y caminó lentamente llegando a la puerta de la habitación, estaba abierta y pudo distinguir dos risas. Y entonces entró sin que Estella pudiera evitarlo y como él sospechaba, la pelirroja estaba con Chris.

Ellos no se habían dado cuenta de su presencia, pues estaban muy concentrados besándose encima de la cama. Bill no pudo contener la sonrisa que se le formó en el rostro y carraspeó. – Muy bonita pareja que hacen. – dijo y eso hizo que los otros dos se sobresaltaran, Estella entró en la habitación y se puso atrás de Bill, afirmándolo (por si acaso) de una de sus caderas. No fuera a ser que se le escapara y empezara a pegarle a los dos.

– Bonita. – repitió asintiendo. En eso la pelirroja se puso de pie y se situó frente al pelinegro, mientras tanto Chris no podía ni reaccionar encima de la cama.

– No es lo que tú crees. – dijo Tara queriendo tocar al de rastas, pero antes de que pudiera hacerlo Estella lo movió hacia atrás. – Tú no te metas. – le dijo enojada a la chica que estaba con el pelinegro.

– Yo no me estoy metiendo en nada, sólo no quiero que lo toques. – dijo tranquilamente la castaña sin titubear o dejar de mirarla.

– Bill… en serio, no es lo que crees. – dijo Chris desde la cama, se puso de pie y también quiso tocarlo, pero fue él mismo quien se lo impidió.

– Sólo para que ustedes sepan, no soy idiota y sé perfectamente lo que estaban haciendo. ¡Oh, me acabo de dar cuenta que interrumpimos! Bueno, los dejo con lo que sea que estuvieran haciendo, Estella vamos. – se dieron la vuelta para retirarse, pero el castaño lo tomó de un brazo y lo hizo girarse nuevamente para que lo mirara a los ojos.

– Perdóname, yo no… – antes de que pudiera terminar, le dio una fuerte cachetada en la mejilla derecha, haciéndolo voltear la cara.

– ¿Tú también quieres una? – dijo mirando a Tara, quien estaba a punto de llorar por quién sabe qué. – Púdranse, no los quiero ver más. – y dicho eso se retiró junto con Estella, quien muy apenada solo podía abrazar a su nuevo amigo.

– Bill, lo siento. -dijo la chica de las portadas mientras manejaba a la casa del pelinegro. Puso una mano en la rodilla del chico y él con una de sus propias manos la tomó.

-No te preocupes. Gracias por estar ahí. – le dijo sonriéndole. Le había sido tan grata la semana que pasó con ella.

– Ya sabes, cuando quieras, me pegas un silbido y llego. Aunque tiene que ser una llamada porque no voy a escuchar un silbido. – se rieron del comentario de la chica y a los minutos llegaron al edificio en donde el pelinegro vivía. La castaña lo ayudó a subir las bolsas con sus cosas hasta el departamento. Eran muchas bolsas y muchos pisos.

– En serio, no era necesario que me ayudaras. – dijo Bill cuando estuvieron con todas las cosas adentro y encima del sofá.

– ¿Hablas en serio? ¡Eran como cinco toneladas en ropa! – respondió ella caminando hasta la puerta, el pelinegro la siguió hasta ahí y se quedaron mirando sin nada para decir.

– Bueno, me voy. No hagas nada ridículo, no valen la pena esos dos. – el de rastas asintió mientras ella le dejaba un amigable beso en la mejilla. Cuando la chica se estaba retirando Bill la alcanzó, la tomó de una muñeca para girarla y le dio un beso en los labios. Se aferró a su cuello y continuó con el beso, subiendo un poco la intensidad, fue entonces que Estella lo tomó por las caderas y lo acorraló contra la pared que estaba cerca de la puerta abierta del departamento del pelinegro. Era una imagen un tanto confusa, porque cuando uno se imagina un beso entre una mujer y un hombre, siempre imagina que es él quien es el más «rudo» y ella la tierna y la que se deja acorralar, tocar y muchas cosas.

Por como Estella lo acorralaba y apretaba con su cuerpo, el pelinegro sentía que estaba besando a Tom, pero sabía que era ella. Mientras que ella, por como el otro se dejaba dominar y tocar, pensaba que estaba con… Allison, alguien muy especial para ella, alguien a quien estaba engañando. Al pensar en eso se separó del pelinegro.

– Lo siento, no puedo hacer esto. – dijo cerrando los ojos y apoyando su frente en la de Bill, quien se sintió un poco incómodo con lo que ella hizo.

– No, yo lo siento, no debí… ya sabes. 

– No te preocupes, ya pasó. Nos vemos el Lunes. – le dejó otro beso en la mejilla y empezó a caminar al ascensor.

– Estella… el Lunes, voy a renunciar. – dijo el pelinegro desde la pared en que estaba apoyado. Esas palabras entristecieron a la chica de rulos y se devolvió frente a él.

– ¿Por qué? ¿Sólo por ellos? ¡Vamos, no les des en el gusto! Van a creer que eres débil, Bill por favor, no te vayas. Te lo pido como tu amiga y nada más. – lo tomó por los hombros y le miró amablemente a los ojos, pero el de rastas bajó la mirada.

– Es que… no es sólo por ellos. Voy a renunciar y… me voy a ir. Me voy a ir de la ciudad a hacer mi vida de nuevo. – esas palabras hicieron que la mandíbula de Estella casi llegara al piso.

– ¿Irte? ¿Por qué? No puedes irte. Tus amigos están aquí, toda tu vida está aquí. ¿Por qué te quieres ir? –

– Me quiero ir para alejarme de ellos, alejarme de los problemas de la rubia que me fue a pegar y por sobre todo para alejarme de Tom. – alejó las manos de Estella con suavidad de sus hombros y la miró a los ojos. – Lo decidí mientras veníamos a mi departamento. Desde mañana busco casa o departamento en otro lugar. 

– ¿No hay nada que te haga cambiar de parecer? – el de rastas negó con la cabeza y la chica muy apenada asintió. – Hablamos el Lunes, no te puedes ir sin antes despedirte. 

– Lo sé, no planeaba hacerlo. Sólo que serás la única que lo sabrá. 

– ¿Yo, la única? ¿Y tu madre y tus amigos? 

– Si les digo a ellos me harán cambiar de opinión y yo no quiero eso. 

– O sea que tengo una responsabilidad encima, ¿verdad? – el pelinegro asintió volviendo a apoyarse en la pared. – ¿Y si yo me consigo el número de tus amigos y les aviso que te quieres ir? – Bill sonrió. Una parte de él quería que sus amigos y madre se enteraran para que lo detuvieran y la otra parte quería irse lo más pronto posible. ¿Cómo entenderlo?

– ¿Me traicionarías de esa vil manera? – preguntó con una sonrisa en los labios.

– No te quieres ir… entonces lo haré, te traicionaré. Ahora me voy porque me esperan. –sonrió y tras volver a darle otro beso en la mejilla se fue, esta vez de verdad.

– Si no me convencen antes de que encuentre departamento, me voy. – dijo yéndose a su habitación, se puso el pijama y se acostó. Se quedó dormido rápidamente. Soñó con Tom.

.

Flashback

Era la séptima cita que iban a tener y ninguno de los dos se aburría del otro, por el contrario, cada día se atraían más y más. Ese día Tom decidió llevarlo al cine, a ver un thriller que había salido hacía menos de una semana y según la crítica era muy buena.

Cuando lo fue a buscar Simone no lo molestó, en vez de eso lo hizo pasar a la sala ya que el joven pelinegro aún no estaba listo. Lo hizo sentarse en uno de los sofás y lo dejó solos algunos minutos para ir por unos refrescos. Le tendió uno y se sentó a su lado, pero no le dijo nada, solo lo miró mucho.

Minutos más tarde venía bajando el pelinegro buscando algo en su bolso. – ¡Mamá! – se quejó como niño. – ¡Mi celular se perdió! – al llegar abajo miró a los sofás y al ver a Tom se puso un tanto nervioso. – Oh, h-hola. – se mordió el labio y caminó hasta donde él estaba, lo saludó con un beso en la mejilla. Muy buena relación tendría con su madre, pero le daba vergüenza besarlo frente a ella.

– Bill, tu celular está en la cocina. – el pelinegro se fue corriendo a la cocina y encontró el aparato, volvió casi corriendo a la sala. El de rastas le devolvió el vaso a Simone y se despidieron de ella. – Cuídense, no quiero ir a reconocer cuerpos. –

– ¡Mamá, no digas esas cosas! – dijo el chico de pelo negro enojado, no le causó gracia eso y el de rastas tampoco le había encontrado la gracia, pero no podía decir nada para no causar mala impresión.

– Lo siento. Sólo cuídense. – dicho eso se despidieron de ella y salieron de la casa. Cuando llegaron al auto, antes de subirse se saludaron como se «debía». Como era de costumbre el pelinegro se «colgó» al cuello de Tom y este lo tomó por las caderas para pegar sus cuerpos.

– Hola. – dijo Tom cuando terminaron el beso, eso sí le pareció gracioso al pelinegro y se rió. – Vamos. – se subieron al auto y se fueron al cine más cercano, que tampoco estaba tan cerca, estaba casi a una hora de sus casas. Al llegar compraron las entradas, un paquete pequeño de palomitas de maíz y una soda grande, querían compartir babas.

Cuando entraron a la sala Bill se puso nervioso, le daban mucho miedo las películas de terror, pero sólo había aceptado por dos cosas, la primera era que iría con Tom y la segunda era que podría apegarse a él y abrazarlo cuando le diera miedo, cosa que obviamente haría. Se sentaron casi al final, en donde no había casi nadie, estarían solos.

Había pasado casi la mitad de la película y no habían visto nada. A penas comenzó, con la canción de suspenso y terror, el pelinegro puso su cabeza en el hombro del otro y le dejó un pequeño beso ahí. Eso lo hizo emocionarse, al de rastas, quien giró su cabeza y empezó a besarlo en los labios. Compartieron las palomitas, dándole al otro en la boca seguido de un beso, también compartieron las babas de la soda, pero más compartieron babas directamente de sus bocas. Los besos cada vez eran más «subidos de tono» y eso los hacía estar incómodos en los asientos, entonces Bill se sentó en las piernas de Tom y lo siguió besando, pero no fueron más allá de los besos, las manos del de rastas estuvieron siempre en las caderas del otro, como todo un «caballero».

Para cuando la película terminó estaban tan concentrados en ellos mismos que se fueron si siquiera saber quién era el malo. Se fueron a los estacionamientos, en donde estaba el auto, y se apoyaron en él para seguir besándose. El pelinegro le agradeció a Tom el haberlo invitado y él le respondió que lo haría siempre, para poder seguir viéndolo y disfrutando de sus labios y de los besos que lo tenían más que atrapado. Después de decirse eso se apretaron con más fuerza y de los besos pasaron a unos toques, que los dejó en los asientos traseros del auto del mayor. Quien estaba encima del cuerpo del pelinegro y le tocaba los costados del torso por debajo y encima de la ropa.

El menor se puso nervioso cuando el otro le quiso desabrochar los pantalones. – Hmm… Tom, espera… no. – al escuchar eso, el de rastas se detuvo de inmediato y dejó sus rostros a una distancia prudente.

– ¿Hice algo que no te gustara? – preguntó nervioso mirando directamente a los ojos del otro para descifrar cualquier cosa.

– Es que… lo que pasa es… es que no quiero. – dijo con dificultad tratando de no mirar al rubio a los ojos. El otro lo entendió enseguida y sin demorar se salió de encima del cuerpo del menor. – Lo siento, es que yo… soy virgen y no estoy listo. – el de rastas asintió un tanto sorprendido, pero no dijo nada al respecto.

– No te preocupes, yo no te obligaré a nada que tu no quieras. – le dejó un casto beso en los labios y se pasó al asiento del piloto, el pelinegro se pasó al del copiloto.

Al llegar a la casa de Tom, entraron unos momentos y el pelinegro pasó unos momentos con la familia del rastudo, hablaron y lo hicieron reír contándole cosas que el rubio hacía cuando pequeño. Como cuando se disfrazó de Mario para rescatar a la princesa del castillo de su ropero. El de rastas se reía y a la vez se sonrojaba de sobremanera con lo que su madre sacaba a la luz de él, se sonrojó más cuando de alguna parte sacó una foto de él cuando estaba recién nacido. (Como si la suegra se la mostrara al novio de su hijo).

Pasada la media noche Bill le dijo que ya era hora de que se fuera a su casa y como todo un caballero, el de rastas lo fue a dejar. Se estaban despidiendo como ya solían hacerlo, pero ese día había algo más. Había sido distinto por lo que había pasado en el auto y Tom tenía la necesidad de algo, pero no sabía cómo sacarlo a flote. Entonces cuando el pelinegro abría la puerta de su casa, lo tomó suavemente de una muñeca y lo hizo girarse, lo miró fijamente a los ojos antes de besarlo, después lo abrazó y suspiró.

– Tengo algo que decirte. – el menor pasó los brazos por su cuello y pegó sus frentes.

– Soy todo oídos. – dijo dejándole un beso en la nariz.

– Q-quiero… q-quiero que tú… ¿Quieres… quieres ser mi novio? – le costó, pero pudo sacarlo de su cabeza. Le costó más que cualquier cosa que haya hecho antes. El pelinegro abrió levemente su boca y sus ojos y sonreía un poco. Luego de unos segundos se mordió el labio inferior sin poder contener la sonrisa.

– Yo… – no quiso terminar. En realidad quería responderle de otra manera y esa manera era besándolo tiernamente en los labios.

– Eso es… ¿un sí? 

– Es un sí. – aseguró volviendo a besarlo. Más que contentos se volvieron a despedir y el pelinegro entró a su casa y el rubio se fue a la suya. Ambos le contaron a sus familias lo acontecido.

Fin flashback

.

– ¡Aah! ¡Lo quiero de vuelta! – dijo golpeando el colchón a la mañana siguiente cuando despertó. Era temprano aún por lo que quiso quedarse en la cama descansando. Pero a pesar de que lo quería de vuelta, no podía dejar de pensar en como Estella lo había tratado en el beso. – Igual que Tom. – se dijo haciendo memoria. Recordó también que ella le había dicho que lo traicionaría (en un buen sentido) para que se quedara.

Estaba recostado en su cama mirando el techo cuando el timbre sonó. Se arregló un poco el cabello, se puso una polera y fue a abrir. Se sorprendió y se enojó un poco, era Tom. No quería verlo, porque lo había dejado solo el día que lo hicieron, pero también quería verlo para… para algo. Lo dejó pasar y cuando quiso saludarlo le puso la cara, pero el otro pasó de largo. Eso le dolió y le hizo enojarse más, por el momento el que ganaba era el enojo.

Cuando cerró la puerta y se giró para mirar al otro, este le dio un empujón que lo dejó estampado contra la puerta. – ¿Qué fue eso? – preguntó con los ojos aguados y casi llorando.

– ¿Tú le dijiste a Ash que nos acostamos juntos? – abrió la boca sorprendido y negó fuertemente con la cabeza. El de trenzas se llevó las manos a las sienes y suspiró fuertemente. – Entonces alguien le dijo, porque lo sabe. 

– No creo que le hayan dicho, debe haberlo intuido. Fue a donde yo almuerzo a cachetearme porque su novio no estaba en la casa con ella. – el mayor frunció el ceño enojado. La rubia no había mencionado de haber ido donde Bill a pegarle.

– ¿Te dijo algo ese día? ¿Cualquier cosa? 

– ¿Algo como que si estaba embarazada? – el de trenzas se sorprendió, pero al final asintió.

– No lo dijo con palabras, pero lo supuse. Se tocó el estómago mientras me decía que no tendría ninguna oportunidad contigo. 

– ¿Entonces estamos claros? 

– ¿Claros con qué? – el pelinegro se acercó a él, pero este retrocedió sin dejar de mirarlo a los ojos. Se notaba en los ojos del mayor que estaba triste, algo había en sus ojos que lo delataba.

– En que no nos podremos ver más y que por ningún motivo se puede repetir lo de la otra noche. – el menor casi se cae de culo al escuchar esas palabras, se acercó más a Tom y cuando estuvo frente a él no lo aguantó. Se puso a llorar como bebé, nunca se le pasó por la mente, siquiera, que sería Tom el que le dijera que no se verían más. Al parecer al pobre pelinegro de rastas sí le podía salir algo más mal.

Continúa…

¿Les gustó? no creo que les haya gustado mucho el final si xD Nos leemos (:

por admin

Administrador del sitio

4 comentario en “Te quiero de vuelta 12”
  1. Nooo, pobre Bill, primero lo de Tom y luego lo de Tara y Chris. Solo espero que al final la rubia no esté embrazada y solo lo haga para manipular a Tom 😭

    1. Ahora si Bill se va lejos y no vuelve en un buen tiempo, aunque es un poco gracioso que le crean un embarazo a Ashley con solo tocarse el vientre en lugar de con una prueba XD

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