Te quiero de vuelta 13

Te quiero de vuelta 13

Fic TOLL de Myla Near

Capítulo 13

– N-no puedes… no puedes decirme eso. – dijo llorando y estirando sus brazos hacia el otro, pero este se alejó.

– Créeme que lo hago con el dolor de mi alma. – el mayor no podía ni siquiera mirarlo a los ojos.

– Pero… pero yo te… te quiero de vuelta conmigo. – sin previo aviso se acercó al de trenzas y lo abrazó por el cuello.

– Bill, entiéndeme no puedo dejar a Ash ahora, está embarazada. 

– Pero… ¿y si no lo está? – el mayor se alejó bruscamente del menor y lo miró con tristeza.

– ¿Cómo no va a estar embarazada? ¿Estás loco? ¿Tú crees que sería capaz de algo así? 

-¡Sí, lo creo! Por eso te lo digo, porque sé y me dijeron que no estaba embarazada. 

– ¿Ah, sí? ¿Y quién te dijo? ¿Un ginecólogo? Porque si es así te creo. 

– Tom, por favor créeme, dile que se haga una prueba y sabrás que no está embarazada. 

– No puedo hacerle eso, no puedo desconfiar así de ella. 

– Eso quiere decir que no me quieres ni un poco. No estás dispuesto a dejarla por mí, eso lo entiendo. Pero quiero que sepas que yo…yo… desde que te volví a ver, te volví a querer mucho. – bajó la mirada y se llevó las manos a la cabeza.

– Bill yo si… si te quiero. Pero hacer eso de una prueba… no sé. 

– Entiendo que quieras tener hijos y tener una familia, yo sé que no puedo darte eso así que… creo que es todo. Ahora te pido por favor que te vayas. – se dirigió a la puerta y la abrió, el de trenzas caminó hacia él y lo tomó por los brazos.

– Está bien. Le diré que se haga la prueba, lo haré por tí. Si no está embarazada, la dejaré por tí y si lo está…ahí veré qué hacer. 

– ¿En serio harías eso? ¿Lo dices en serio, Tom? – en los ojos miel del pelinegro de rastas se notaba la emoción. Era tanta que a pesar de tener los ojos llorosos lo besó y lo abrazó. Ahora que lo tenía ahí, no quería dejarlo ir.

– Ya me tengo que ir, si es posible le diré que se haga los exámenes hoy. Y si no se puede hoy, mañana a primera hora. 

– No quiero que te vayas. Quédate conmigo. – le besó el cuello y cerró la puerta con uno de sus pies.

– Hmm… no puedo quedarme. – a pesar de que decía que no, su cuerpo no actuaba en consecuencia con sus palabras, ya que le correspondía el beso al otro y también lo tomaba con más fuerza por las caderas. Lo acorraló contra la puerta y siguió besándolo, el otro al ser acorralado recordó a Estella y se sobresaltó un poco, aún así quiso seguir con el beso.

– Tom… respóndeme algo. – dijo de pronto separándose de la cara del otro.

– Dime, soy todo oídos. 

– ¿Por qué cuando lo hicimos te fuiste sin despedirte de mí? – el de trenzas sonrió ante la pregunta, pero el de rastas no le encontraba la gracia.

– Porque… si lo hacía, abusaría de ti. – el menor se rio de eso y a pesar de que el otro no tenía una mejor explicación que esa, dejó el tema de lado.

– ¿Te vas a quedar? – preguntó subiendo una de sus piernas a las caderas de Tom haciendo que sus miembros se tocaran por encima de la ropa.

– Oh, con una motivación así, cualquiera se queda. – y dicho eso lo tomó en sus brazos y se lo llevó a la habitación. En donde lo desvistió rápidamente y le hizo el amor un sin número de veces.

– Despídete. – dijo el de rastas acostado en la cama, tapado solo con la sábana, mirando como el otro se vestía.

– ¿Tan pronto quieres que me vaya? 

– Te estás vistiendo, eso me dice que te vas. – el menor se paró de la cama y se tapó el cuerpo con la sábana. – A menos que no te quieras ir. – al llegar frente al de trenzas dejó caer «accidentalmente» la sábana y lo miró con cara de niño bueno. Eso fue irresistible para él quien lo tomó por las caderas y lo volvió a tirar a la cama.

– Oh, sí… así, más rápido, Bill…oh… – gemía el de trenzas afirmando las caderas del otro y haciéndolo bajar sobre su miembro. Era la tercera vez que lo hacían y ambos estaba a punto de terminar. Sólo tres «montadas» más bastaron para que ambos acabaran, Bill entre sus cuerpos y Tom obviamente dentro de Bill. Quien se recostó al lado de Tom y se lo quedó mirando.

– ¿Ahora te irás, verdad? – el otro asintió mientras se levantaba de la cama.

– Pero si se me ocurre algo muy inteligente para inventar, vendré en la noche. 

– ¿Hablas en serio? – el de rastas se incorporó en la cama, emocionado.

– Sí, me afectó eso de que tú dices que no te quiero y que no haría nada por ti. Me dejó mal. – el de trenzas se vistió rápidamente, el menor se paró de la cama y se cubrió el cuerpo con la sábana. – Oh, por favor no. Que no se te caiga accidentalmente de nuevo que no me podré aguantar. – dijo poniendo una mano frente a su pecho en señal de alto, el otro solamente se carcajeó.

– ¿Qué inventarás para venir? – preguntó haciendo un nudo con la sábana en su cadera.

– Algo así como que iré a la casa de Georg, creo que ella no sabe dónde vive. Pero Bill… escúchame. Si resulta que está embarazada… lo pensé y no va a significar que nos separemos para siempre. 

– ¿No? ¿Y entonces? 

– No lo tengo claro, pero lo que sí tengo claro es que no te quiero perder de nuevo. 

– Eres un amor. – le dijo el de rastas avanzando abrazado a su cuello hasta la puerta de salida.

– Ya lo sé, jajaja. – al llegar a la puerta se despidieron y después de separarse (como pudieron) el de trenzas se fue.

Suspiró como enamorado, pegó un leve saltito y se fue al baño. Al principio Tom había ido para decirle que no se vieran más y luego de un poco de palabras, lo dio vuelta y lo hizo querer ir nuevamente. – Si fue tan fácil, quiere decir que no estaba convencido de lo que me decía. – se dijo sintiendo el agua tibia recorrer su cuerpo. Al salir de la ducha se fue a su dormitorio para vestirse y miró la hora en su celular y se sorprendió, eran las 4:45 de la tarde y cuando se despertó (cuando el de trenzas llegó a su departamento) eran más menos las 10 de la mañana.

Al no tener nada más que hacer se fue al living a ver películas y a recordar cosas de su noviazgo con el chico que se había ido hacía unos pocos minutos. Recordó la primera vez que pelearon, fue una pelea sencilla, meses antes de que lo hicieran por primera vez. Para ser exactos, llevaban dos meses y medio juntos.

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Flashback

Habían quedado de ir a la fiesta de uno de sus amigos en común y el pelinegro se había olvidado, por lo que cuando el de rastas lo fue a buscar él andaba en bóxer en la casa, estaba viendo una película comiendo fresas con crema. Y aunque al rubio le hubiera gustado quedarse ahí y comer algo más que fresas le insistió en que se apurara.

El pelinegro, bajo los insistentes «apúrate» del otro, se demoró en arreglarse. No era sólo para verse bien, quería que los demás se dieran cuenta de la belleza que el de rastas tenía por novio… que era casi lo mismo que verse bien. Cuando estuvo listo y llegó abajo, el otro estaba tan enojado que ni siquiera le dijo algún comentario baboso, sólo se paró y salió de la casa. Simone no estaba, por lo que salió atrás de él.

– ¡Hey! ¿Se te olvida acaso que irás conmigo? – le dijo llegando a su lado y mirándolo insistentemente. El de rastas solo lo ignoró. – Tom, te estoy hablando. ¡Ponme atención, Tom! – como el rubio lo ignoró, cuando este le abrió la puerta del auto lo empujó y se devolvió a su casa.

– ¡Hey, Bill! ¿Qué haces? – le dijo siguiéndolo.

– ¡Suéltame! – se quejó moviendo su brazo, cuando el otro lo tomó de una muñeca para girarlo. – No quiero ir a ninguna parte. No si me vas a ignorar. 

– Pero no era mi intención, yo sólo… 

– ¡¿Que no era tu intención?! ¡Me ignoraste completamente y sí parecía tu intención! ¡Ni siquiera me miraste cuando bajé las escaleras! ¡Ahora me miras porque te estoy gritando! ¡Y te dije que me soltaras! – lo empujó y se dio media vuelta para entrar a su casa, pero el rubio avanzó, lo tomó por los hombros, lo giró y lo acorraló contra la puerta para besarlo.

– Dime ahora que te suelte. – le dijo besándole el cuello, el pelinegro estaba en otro mundo.

– Suéltame. – susurró casi en contra de su voluntad, la inconsecuencia no se encontraba dentro de su vida, o a veces sí, pero esa no era una de esas veces.

– ¿Vas a ir conmigo o tendré que ir solo? – dijo el de rastas cuando lo hubo soltado. El menor levantó una de sus cejas y se cruzó de brazos.

– O sea que si no voy, irás igual. Me parece perfecto, entonces pásalo bien. – se dio media vuelta y sacó las llaves del bolsillo de su pantalón.

– Bill, yo no quise decir eso, no era esa la manera. ¡Ponme atención! – se desesperó cuando el pelinegro abrió la puerta y estaba entrando. Antes de que cerrara entró en la casa.

– Molesta que te ignoren, ¿viste? 

– Por favor, Bill, no te enojes. Quiero que vayas conmigo. – dijo tomándolo de una mano y acercándolo a su rostro. – Por favor. 

– ¿Prometes que no te volverás a enojar? 

– Lo prometo, lo prometo. – le rodeó el cuerpo con sus brazos y lo besó en los labios.

– Está bien, vamos. – salieron de la casa y se fueron rápidamente a la fiesta, tenían más de una hora de retraso. Cuando llegaron el anfitrión de la fiesta, Nicholas alias «el fiesta», los recibió y los hizo pasar enseguida a la «zona vip», que sólo era el lugar que tenía las botellas de trago en una mesa.

Tomaron, bailaron, se besaron, se tocaron, se cayeron, saltaron, gritaron, jugaron… qué no hicieron. Y cuando la fiesta terminó el rubio estaba tan mareado que en esas condiciones no podía manejar. – ¿Qué vamos a hacer? – preguntó el pelinegro sosteniendo al otro como podía afuera del auto.

– Duerme… conmigo, en los asientos… de atrás. – el de rastas estaba durmiendo de pie y cada que podía besaba al otro, que solo se dejaba para que el otro no se enojara porque el olor a alcohol y cigarrillo lo tenían enfermo.

– Pero… no sé, no me convence esa idea. – dijo un tanto nervioso por la propuesta que el rubio le había hecho.

– Bill, mírame… no te estoy pidiendo que te acuestes conmigo, solo que duermas. ¿Se entiende? – el menor asintió y entonces le sacó la alarma al auto. Subieron y se acostaron en los asientos traseros, el mayor abajo y el pelinegro encima. Se acomodaron un poco y luego de darse las buenas noches con un tierno beso, se durmieron hasta la mañana siguiente, en donde se fueron a la casa del de rastas y se acostaron en su cama, sin hacer nada más que dormir.

Fin Flashback

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– ¡Me aburro! – gritó parándose del sofá. Tomó las llaves de su auto y de la casa, fue a la cocina por una fruta y salió. Tenía hambre y sólo había un lugar a donde podía ir: la casa de su madre. Se vería como que estaba siguiendo al de trenzas, pero no era así, sólo quería seguir viviendo y no morir de hambre.

Al llegar se bajó del auto y Tom salía de su casa, al verlo se rió y le hizo una seña con la cabeza. Al darse cuenta de que no lo iba a ver a él se subió a su auto y salió, quizá a dónde iba. Quedó con la duda en la cabeza. Tocó el timbre de la casa de su madre y a los segundos la mujer abrió. Lo llenó de besos y lo abrazó para luego dejarlo entrar en la casa.

– ¿Qué te trae por aquí? – dijo ella cerrando la puerta de entrada.

– Sé que es tarde, pero estuve ocupado… vengo a almorzar. – la mujer levantó una ceja y lo miró varios segundos antes de hablar.

– ¿Qué era tan importante como para que aplazaras la hora de comer? – el pelinegro se rió solo y no pudo evitar sonrojarse. – ¡Tienes que contarme! – reclamó su madre después de que se la pasó varios minutos riéndose solo y no decía nada.

– Tiene que ver con Tom. – dijo el chico emocionado. Su madre también se emocionó y se fueron a sentar en el sofá, el de rastas le contó todo lo que había sucedido (incluso cuando lo dejó solo) y la cara de su madre cambió un poco al escuchar lo del embarazo de la rubia.

– ¿De verdad crees que no está embarazada? – preguntó mientras se ponía de pie, le serviría la comida a su hijo.

– ¿Y tú de verdad crees que sí lo está? – la siguió hasta la cocina y se sentó en la mesa que ahí había. La mujer no respondió. – En fin, como sea. Creo que él igual la dejará por mí. 

su madre no muy convencida le sonrió, sólo quería que su bebito fuera feliz. Y si eso implicaba dejar a una madre soltera… lo sentía mucho por ella.

– Siempre serás tú primero. – dijo y el chico no la entendió, pero le restó importancia y le sirvió su plato de arroz árabe con un filete de vacuno.

– Haré la del colectivo: se llena y se va. – dijo al terminar de comer. Su madre lo miró con la ceja alzada, pero al final igual sonrió. Ese día sólo le había contado de Tom, pero no le había contado de Tara con Chris y menos de Estella… Estella, ¿qué estaría haciendo? 

-Cuídate, hablamos otro día. – al salir de la casa de su madre miró al lado y el auto del de trenzas no estaba estacionado, por lo que supuso aún no llegaba. Más intrigado estaba pensando en dónde podría estar.

Al subirse a su auto quiso llamarlo a él y a Estella, pero no encontró su celular, lo había dejado en su casa.

De un momento a otro, cuando manejaba a su casa, recordó una conversación con Leah, hablaban de Tara.

– Como que ella no me cae muy bien y te lo he dicho antes. 

– ¿Pero por qué no te cae bien? Es una persona muy agradable. 

– No sé, algo en el fondo me dice que no es de fiar, puede ser agradable y todo lo que quieras, pero en el momento en que la necesitas no estará. O puede traicionarte, no sé, qué sé yo. Eso es lo que pienso de ella. 

– Bueno a mí no me ha dado razones aún para desconfiar, por lo que no desconfío. Cuando me haga algo, serás la primera en enterarte y si quieres masacrarla tendrás mi permiso.

Pero recuerda, sólo si me hace algo y yo te lo informo. – Leah sonrió con gusto, imaginándose la imagen de ella golpeando a Tara.

– Jajaja, no debiste usar la palabra «masacrar», con eso no sabes lo que me imagino. 

– Ya no seas mala, por favor. No puedo creer que tengo por mejor amiga a una psicópata. –Dobló en una esquina y cambió de rumbo, iría donde su amiga a contarle lo que había pasado. Se lo tenía que decir, él le dijo que si algo pasaba sería la primera en enterarse, pero no sería la primera, aunque la chica no tenía por qué saber eso. Al llegar a la casa de su amiga vio afuera el auto del de trenzas, ya no tenía dudas pero… ¿qué hacía ahí? – ¿Cómo hablaré con Leah? – se dijo mientras bajaba del auto.

Se acercó a la puerta y tocó el timbre, fue Gustav quien abrió. – ¡Mira a quién tenemos aquí! – dijo subiendo el tono de voz, lo dejó entrar y los ojos del de trenzas brillaron.

– Empiezo a creer que me sigues. – dijo entre risas.

– Cómo te gustaría. – le cerró un ojo y se sentó en el sofá a su lado. Lo «saludó» con un beso en los labios y miró por el lugar buscando a su amiga. – ¿Dónde está Leah, Gus? – el rubio se sentó en el sofá frente a los pelinegros.

– Fue recién a su habitación, si quieres hablar con ella anda. 

– No estaba esperando tu autorización para ir. – le sonrió amigablemente y se puso de pie.

Como pudo hizo que el de trenzas le soltara la mano y subió al cuarto de su amiga. Entró sin golpear. La chica se estaba poniendo una polera, seguramente era la tercera del día. –Oye, idiota, tenemos que hablar muy seriamente. – dijo ocupando un tono serio, casi enojado, y también una mirada seria al borde también del enojo. La chica puso una cara de terror y eso arruinó su actuación, se puso a reír.

– ¡Idiota, me asustaste! – le gritó tirándole una polera que estaba encima de la cama. – Hace tiempo que no sabía de ti, ¿una semana? – el pelinegro asintió y cerró la puerta, se sentó en la cama mirando el techo. Leah se acomodó a su lado, mirando también el techo. – Escuché que Tom estuvo en tu casa hoy. Soy toda oídos. 

– ¡Demonios! Yo que quería contarte otra cosa. – se quejó levantando sus piernas y dejándolas caer. La chica hizo lo mismo.

– Primero Tom, después Chris. – ese nombre… a pesar de que lo enojó y enseguida se le vino a la mente la imagen de él con Tara, se contuvo y le habló de Tom.

– Lo que pasa con Tom es… – le contó sobre lo que había pasado desde después de la reunión en que los vieron muy pegados, hasta que lo saludó hacía unos minutos en la parte de abajo de la casa. Eso incluía todo lo del embarazo que creía falso y lo que le había dicho el de trenzas de no querer perderlo de nuevo. Tampoco le contó sobre Estella, porque ella venía en la parte de Tara con Chris. En realidad sí le contó de ella, pero indiscretamente, le dijo que ella lo había defendido de la rubia y que había sido ella quien le dijo que no creía que estuviera embarazada.

– Yo tampoco lo creo. No sé cuánto lleva con Tom, pero si viven juntos debe ser mucho y que después de que su novio se encuentre con su ex, se embarace… es muy raro. Yo no le compro el embarazo y si se hace un exámen tiene que ser en un lugar que lo escoja Tom, no vaya a ser que ella le pague al médico para que altere los resultados. 

– Supongo que Tom sabe eso. – se quedaron en silencio algunos minutos y se miraron, aún con el cuerpo en dirección al techo.

– Dijiste que me contarías otra cosa. – el pelinegro volvió a mirar el techo y se mordió el labio.

– Oh sí, esto te va a encantar. 

– Entonces si me va a encantar, cuéntame rápido. 

– Ya sé, es solo que no sé qué harás, ahora me preguntó qué harás. 

– No me hagas esperar, a ti no te gusta que te hagan esperar. 

– Es cierto, me carga eso. No entiendo por qué se demoran tanto en contar algo tan simple… oh, Leah, yo estoy aquí cuando podría estar con Tom abajo. 

– ¡Bill! 

– Ya voy, ya voy. No seas tan apurona, por Dios. 

– Estoy que me como la uñas, por favor Bill no me hagas esperar más. 

– Muy bien… ¿recuerdas a Tara, verdad? Bueno lo que te tengo que contar, tiene que ver con ella y con Chris. – la chica se sentó en la cama y agudizó los sentidos. Entonces el pelinegro le contó, sobre Estella, sobre cuando los vio, cuando estaba en el centro comercial con Estella y le hizo jurar que no le diría a nadie sobre el beso que le había dado.

Leah estaba con la mandíbula más que abierta, sorprendida, shockeada, enojada, furiosa, rabiosa… ella sabía que la tal Tara no era de fiar y con lo que había escuchado lo comprobó, ahora solo le quedaba…

– Masacrarla. – dijo haciéndose sonar los nudillos de las manos, con una expresión seria.

Asustó al pelinegro… en serio, además la chica sí hablaba en serio.

Continúa…

¿les gustó? Apuesto lo que quieran a que no eran lo que esperaban! La mayoría quería que Bill se fuera xd, Pero no! Tom no estaba convencido (?) kjdkja insisto en que no era lo que esperaban xd En fin, esperaré por sus comentarios (: Adiós, nos leemos (:

por admin

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