
Fic TOLL de Myla Near
Capítulo 15
– No me quiero levantar. – dijo el de rastas para él mismo cuando sintió la alarma de su celular sonar. Había decidido que no se dejaría amedrentar por lo que había sucedido y seguiría con su vida normal. Sólo que ya no tendría una amiga pelirroja y no tendría a alguien para coquetear, pero se había ganado a alguien que lo amara, ¿qué mejor que eso?
A pesar de sus quejidos en su misma contra, se levantó y se dirigió al baño. Se bañó, se vistió, se comió una naranja, se tomó un café y luego de tomar sus cosas para trabajar bajó y se fue a su trabajo. Al llegar saludó a la recepcionista y le preguntó con un tono indiferente si había llegado la pelirroja o el castaño.
– Sí, ya llegaron. Llegaron al mismo tiempo, pero ni se miraron y yo que pensaba que eran amigos, incluyéndote obviamente, pero…
– No, ya no me incluyas con ellos, lo agradecería. Gracias, Fer, nos vemos. – se despidió de ella y caminó al ascensor que lo llevaría a su piso. No podía evitar estar muy nervioso, pero tenía que ser fuerte y aguantaría. O por lo menos los ignoraría.
– Por más que investigué no pude encontrar el número de alguno de tus amigos para decirles que te detuvieran, así que tendré que hacerlo yo: por favor no te vayas. – le dijo Estella a penas se abrieron las puertas del ascensor. El pelinegro sonrió y le abrazó los hombros con uno de sus brazos.
– No hace falta que te consigas el número de nadie, no me iré a ninguna parte y… tampoco voy a renunciar. Soy una persona valiente, amada y… muy… linda, jajaja. – la castaña abrió un poco su boca y sus ojos y sonrió, lo abrazó.
– Me alegra que te quedes. Me alegra también que seas feliz, te tocaré a ver si se me pega un poco de tu felicidad. – y dicho eso, lo tocó un poco.
– ¿Cómo es eso? ¿Acaso no eres feliz? – la chica negó con la cabeza mientras caminaban a su oficina. Ahí es donde el pelinegro trabajaría de ahora en más.
– No es que sea infeliz completamente, pero… acabo de terminar una relación bastante larga y terminó mal, pero mal, mal, mal, mal, mal mal…
– ¡Ya entendí! – le interrumpió un tanto incómodo por lo que le contaba. – Yo tengo un amigo que está, solo, solo, solo, solo, solo. Por si quieres a alguien… – dejó la frase incompleta ya que la castaña lo miró con un indicio de interés.
– Me parece bien, podrías arreglar un encuentro y ahí vemos si… funciona. – se rieron de eso y caminaron a la oficina de la chica, pero cuando llegaban se toparon con Tara, quien no dejó de mirar a Bill como pidiéndole hablar, pero Estella antes de cualquier cosa, lo guió hasta su oficina.
– Bill, puedo… ¿puedo hablar contigo? – dijo la pelirroja tomando un brazo del pelinegro, este deshizo el agarre.
– No tenemos nada de qué hablar. ¡Ah! Mándale saludos a tu noviecito. – y dicho eso se retiró «victorioso» del lugar. No pensó que sería tan fácil afrontar esa situación, y él quería renunciar e irse, ¡pf! pura mierda.
– Eres una bestia. – dijo Estella empujando con su cadera a Bill, él sólo sonrió.
– Quiero hablar con mi bestia, jajaja. – la castaña lo miró raro. – Con Tom, dijo que terminaría con esa rubia y ¡ah! no sé. – se sentaron en sus lugares de trabajo y empezaron con lo suyo. Ella trabajando en la nueva portada, con ayuda de Bill, y él haciendo un libro que le habían dejado, sin ayuda de nadie ya que Estella poco y nada sabía de contabilidad.
Pasadas un par de horas de haber comenzado con el trabajo, el celular del pelinegro sonó. Miró la pantalla y era Tom, se puso contento y sin esperar más ni dejar de sonreír contestó. –Hola, chanchulín. – saludó con la misma manía de su amiga: poner sobrenombres ridículos.
A pesar de que estaba un poco deprimido por todo lo que le había pasado en la noche anterior y por lo que había soñado, el saludo de Bill lo animó un poco y lo hizo sonreír. –No voy a preguntar de dónde salió ese nombre.
– No quieres saber. – respondió el de rastas sonriendo. – Casi nunca me llamas… ¿es importante? – el de trenzas se tensó mucho y agradeció que el otro no lo pudiera notar.
– Sí, bueno… no quiero alarmarte, pero tenemos que hablar sobre algo muy importante. –esta vez fue el de rastas quien se tensó y no evitó casi llorar por las palabras del otro.
– Sé que no querías alarmarme, pero lo hiciste, así que… hablemos más tarde ¿si? Anda a mi casa, te… te amo. – dijo con dificultad y sonrojándose, además Estella lo miraba sorprendida y con una leve sonrisa en los labios.
– Yo también te amo, adiós. – y después de eso cortaron la llamada, no se sabía cuál estaba más nervioso. Pero Bill era el más sonrojado, eso seguro, no porque Tom le haya dicho que lo amaba sino porque la chica lo miraba con una de esas miradas que vienen seguidas de las burlas. Y así fue.
Ella lo molestó en todo momento, diciéndole a veces «te amo» como él lo había hecho, o sea, tartamudeando. Llegó la hora del almuerzo y el pelinegro esta vez se topó con Chris en la salida de la editorial, estaba solo ya que Estella había olvidado su celular en el escritorio, en su oficina. A pesar de que se puso nervioso, no lo hizo notar. El castaño al notar al otro tan indiferente se sintió pequeño, pero aún así se le acercó.
– ¿Podemos hablar? – preguntó manteniendo su distancia. – Por favor.
– No sé de qué podríamos hablar, no sé nada de administración y si quieres saber de contabilidad, hay otra más en el piso ocho. – «¡BAM!» , pensó Bill mentalmente y si no fuera porque ese era un momento serio hubiera sonreído. Nunca pensó que actuaría con tanta indiferencia, era lo que quería, pero… fue mejor de lo que cualquiera hubiera imaginado.
– Por favor Bill, no lo hagas difícil. – el de rastas se cruzó de brazos y lo miró de pies a cabeza, levantó una ceja.
– No lo hago difícil… ¿de qué mierda me vas a hablar? ¿Me dirás que lo que vi «no es lo que creo»? O tal vez que fue un error… ahórrate las excusas baratas porque sabes qué, te vi y Estella también lo hizo, no estoy loco. Ahora anda donde Tara que te debe estar buscando. ¡Ah! Una cosa más… ¡Púdrete! – y dicho eso fue al encuentro de la chica que lo esperaba metros más adelante.
El castaño quedó atónito, sin habla. Quería disculparse, porque en verdad le gustaba Bill, pero nunca esperó que lo odiaría tanto. Se lamentaba internamente haberlo cagado con la pelirroja, «ni a los talones le llega» , pensó tomándose la frente con una mano. Se fueron al restaurant con la chica a comer y pidieron una comida liviana.
– Estoy nervioso, Tom no sonaba muy animado por el teléfono. – puso una cara de preocupación y la castaña se sintió mal por su amigo.
– ¿De qué crees que quiera hablarte? – él levantó los hombros y probó un poco de su comida. – Yo, si quieres mi opinión, creo que tiene que ver con la rubiecita esa que vino a pegarte la otra vez. Si no es de ella, es por lo del supuesto embarazo. – el de rastas quedó pensativo ante las palabras de la chica, se puso nervioso porque Tom quería hablar con él, sí, pero nunca se puso a pensar en algún tema.
– Si esa mujer está embarazada… juro que no sé qué haría. Quizás… reconsideraría lo de irme.
– ¡Pero cómo! Decidiste hoy que te quedarías ¿y decidiste volver a irte de nuevo? No te entiendo.
– Yo tampoco me entiendo, pero ya te dije: si resulta que está embarazada voy a reconsiderar lo de irme. – siguieron comiendo y cuando terminaron de hacerlo se devolvieron a la oficina. Al llegar al edificio, Estella volvió a hablar.
– Suponiendo que si está embarazada, ¿qué haces? – el pelinegro la miró y apretó los labios, levantó los hombros.
– No quiero responderte eso, porque no lo sé. Ahora dejemos el tema. – llegaron a su lugar de trabajo y empezaron de nuevo con lo suyo.
Mientras tanto el de trenzas estaba en un consultorio junto a la rubia esperando por los resultados. Se había tomado la hora del almuerzo para saldar las cuentas pendientes con la chica. Ambos estaba en una sala de espera, en silencio. El pelinegro había pensado toda la noche en lo que quería y en lo que haría para obtenerlo. Y aunque la decisión lo dejaría un poco pobre, estaba dispuesto a dejarlo todo por estar con Bill.
– Ash… – la mujer lo miró y suspiró, nunca pensó que quedaría embarazada de un hombre que no la querría en esos momentos. Pero esa era la suerte que le había tocado y no había nada qué hacer.
– Tom, ya sabes lo que haré y a penas nazca este bebé, me iré para siempre de sus vidas. Aunque eso implique dejarte en manos de ese… de Bill. – se retractó de insultarlo por lo que había pasado el otro día, cuando Tom casi se muere.
– De eso quería hablarte. Yo no quiero tener nada tuyo, ni nada que venga de ti. – la rubia lo miró con la duda pegada en la cara.
– No te entiendo, por favor explícate.
– Sea cuál sea el resultado de este examen tu te irás y me dejarás tranquilo. Lo que digo es lo siguiente: si resulta que no estás embarazada, solamente te vas. Pero si de verdad estás embarazada… te vas igualmente, pero te daré algo de dinero. ¿Se entiende? – Ashley abrió su boca e indignada se puso de pie. – Siéntate y escúchame. No armes un escándalo, por favor. – la chica respiró agitadamente varios segundos antes de volver a sentarse.
– ¿Es cierto lo que me estás diciendo? ¿Me pagarías para que me vaya?
– No, no lo «haría», lo «haré». – por unos segundos la rubia dejó de respirar y cuando volvió a hacerlo sus ojos se aguaron. – Así que creo que no necesitaremos esto. – y sacando el poder notarial de la carpeta, junto con la copia, los rompió. Los dejó en pedacitos pequeñísimos, los puso nuevamente en la carpeta y se la pasó a la rubia, quien después de soltar un par de lagrimas la tomó en sus manos.
– Si vamos a irnos con lo de «no quiero nada tuyo», yo no quiero que me des dinero para irme. Me devolveré a la casa de mis padres y ya. – el pelinegro negó con la cabeza, se rascó la frente y suspiró.
– Si resulta que estás embarazada, no voy a dudar de que es mío y te voy a dar un poco de dinero para que compres algunas cosas. No puedo solamente lavarme las manos y dejarte sola con todo. – la rubia se lo quedó mirando sin decir nada, estaba tan triste que ni siquiera para insultarlo tenía ánimos.
Se quedaron en silencio y esperaron por los resultados. Tom tenía el permiso de su superior para quedarse fuera del trabajo el resto de la tarde, por eso aún estaba ahí. No supo cuánto tiempo pasó, pero venía un enfermero, vestido completamente de verde, con un sobre en sus manos. Ambos se pusieron de pie y abordaron al pobre muchacho.
– Les pido por favor que se calmen y tomen asiento. – le hicieron caso y tranquilizándose se volvieron a sentar. – ¿Quieren que yo lea el resultado por ustedes o prefieren hacerlo? –preguntó con el sobre aún sobre sus manos.
– Por favor, léalo. – dijo la rubia apretando la carpeta que contenía pedazos de papeles dentro. El chico asintió y abrió el sobre.
– Bueno… según los resultados usted… – dijo refiriéndose a ella. El pelinegro quería arrebatarle el papel de las manos y leerlo él mismo, en las películas salía que se demoraban en leer los resultados o en hablar, pero nunca pensó que pasaría en verdad, ¡era imposible!
– Le agradecería leyera los resultados y ya. – el nerviosismo se notó en su voz y el chico asintió.
– Bien, los resultados indican que está, efectivamente, embarazada. – después de ese momento, todo fue muy lento. El de trenzas apretó los ojos y se maldecía internamente, el enfermero felicitó a la chica, quien recibió en sus manos el sobre y agachó la mirada y el enfermero se retiró. Tom se llevó las manos a la cabeza y suspiró, después se puso de pie.
– Quiero que te vayas lo antes posible, si se puede, hoy mismo. Yo voy a hablar con Bill. –ella desde su lugar, aún sentada, asintió, pero no pudo evitar sonreír. – ¿De qué te ríes?
– No, nada, sólo… que voy a ser madre. – dijo mirando el suelo sin borrar la sonrisa de sus labios.
– Felicitaciones. – después de eso, se sintieron incómodos y fue Tom quien rompió el silencio que se había formado. – ¿Cuánto crees que pueda servirte? – preguntó refiriéndose al dinero, ella lo captó y negó con la cabeza.
– No te preocupes, mis padres podrán con todos los gastos, lo sabes. – se puso de pie y caminó hacia él. Lo abrazó, pero el de trenzas deshizo el abrazo enseguida. – Si alguna vez… no, olvídalo. Cuídate y sería todo lo que nos une, adiós. – y dicho eso, salió de ese lugar.
El de trenzas se la quedó mirando hasta que se fue y no la podía divisar. A pesar de que se sentía inmensamente culpable por dejar a aquel niño sin padre, no podía dejar de estar inmensamente feliz de que podría estar con Bill, ahora sin obstáculos.
– No pensé que fuera tan fácil deshacerme de ella… lo hubiera hecho antes. – pensó en voz alta, pero se anduvo arrepintiendo un poco, eso había sido muy cruel. Se le hacía increíble pensar en que ya no vería a la rubia nunca más o por lo menos en varios años. (En sus planes no estaba buscarla, pero podía topársela) Llegó a los estacionamientos y se subió a su auto. – Muy bien, Chanchulín… – dijo hablándose a él mismo. – Hora de preparar el discurso. – a lo que se refería, era que tenía que buscar las palabras adecuadas para decirle a su ex-novio no tan ex que podrían estar juntos lo que ellos quisiera, cuando quisieran, donde quisieran y… cuantas veces quisieran. Sólo que tenía que contarle cómo había pasado todo y eso se le complicaba.
Echó a andar el motor y se fue a su casa a descansar, aún pensando en lo increíble que era haberse desligado de la rubia. – Increíble. – dijo antes de dormirse para una siesta.
El de rastas salía de su trabajo y estaba feliz. Por alguna razón, que desconocía, de un momento a otro empezó a irse la preocupación y pasó a ser felicidad. Estella se dio cuenta y le preguntó qué le pasaba, pero no sabía qué era exactamente, por lo que no respondió.
Estaban en los estacionamientos y se pusieron a hablar de otro tema.
– Cuando fui al baño, oí un rumor bastante… descolocador. – dijo la castaña en un tono más bajo del habitual. El pelinegro la instó a continuar. – Parece que Tara con Chris van a renunciar. – susurró y se tapó la boca con las manos, el de rastas sorprendido, solamente levantó sus cejas.
– Y era yo el que quería renunciar. – dijo soltando una gran carcajada. – Oye, ¿vas a querer salir con mi amigo o no? Te digo enseguida que es la personita más adorable de la existencia. Y si llegara a pasar algo… serías cuñada de mi mejor amiga. – le pegó un codazo leve y volvió a carcajearse.
– Jaja, qué enredo… ¿sabes? Si voy a salir con tu amigo. Que sea una cena, uno de estos días… el miércoles a las 9 en el Kalispera.
– Muy bien, yo le diré. Por cierto, se llama Gustav, para que te hagas una idea. – después de eso se despidieron y se subieron a sus respectivos autos.
Cuando el de rastas llegó a su departamento, se sacó los zapatos, sacó su celular y echándose en el sofá llamó a Tom. – ¿Hola? – le contestó del otro lado y enseguida supo que lo había despertado.
– Lamento despertarte, pensé que aún estarías en tu trabajo o… levantado. – dijo jugando con una de sus rastas.
– Oh, es que estuve solo medio día en el trabajo.
– ¿Medio día? ¿Por qué? ¿Te pasó algo? – preguntó un tanto desesperado, tanto así que se tiró la rasta y le dolió. – Ouch.
– No me pasó nada, sólo estaba arreglando los asuntos con Ash y… ¿sabes? Esto es impersonal, iré a tu casa. Espérame. – cortó la llamada y se puso a esperarlo. Pasaron unos 20 minutos y Tom estaba tocando el timbre de su departamento. Se levantó del sofá y abrió la puerta al ver a Tom enseguida se lanzó a sus brazos y lo saludó con un beso en los labios.
– Me alegra que vinieras, ya me acostumbré a estar contigo. – lo volvió a besar y lo dejó entrar en el departamento. Se sentaron en uno de los sofás y se miraron varios minutos, la posición en la que estaban los tenía en completo contacto: sólo Tom estaba sentado en el sofá y Bill estaba encima de sus piernas, con las suyas a cada lado del cuerpo del otro, sus manos las tenía en los hombros de Tom y este tenía las suyas en las caderas de Bill. El mayor rompió el silencio.
– Hoy nos dieron el resultado de los exámenes. – el de rastas se tensó un poco, pero se calmó con el abrazo que le dio el otro.
– ¿Y… qué decían? – su voz tembló un poco, no podía evitar estar nervioso ante una situación como esa.
– Decían que sí estaba embarazada. – el menor bajó la mirada y sacó sus manos de los hombros de Tom, asintiendo. Pero de pronto se acordó de algo.
– Si ella está embarazada, ¿por qué estás aquí? – al preguntar eso levantó enseguida la mirada con un dejo de esperanza en la mirada. Y la sonrisa del de trenzas lo hizo sonreír a él también.
– Estoy aquí, porque quiero y puedo estar contigo, sin rubias ni embarazos ni nadie más.
Sólo tú y yo. – se sonrieron tiernamente y se besaron lento. Bill volvió a poner sus manos en los hombros de Tom y se apegó más a él.
– Explícame cómo fue todo, quiero… quiero saberlo. – dijo el de rastas emocionado a más no poder. Estaba feliz porque sabía que iba a estar con su ex ahora no tan ex, todo lo que quisiera. El de trenzas se puso un poco nervioso, porque no sabía cómo reaccionaría ante todo lo acontecido.
Quizás podría enojarse porque le ofreció dinero a la otra chica o podría enojarse porque no le contó sobre lo del poder y… en fin ¡tenía un caos en su cabeza! Entonces decidió que una pequeña mentira, para salvar lo que podrían tener a futuro, no le haría mal a nadie, ya que nadie lo sabría.
– Ella al enterarse de que nosotros teníamos algo a escondidas, decidió que termináramos. –no era tan mentira esa parte, sólo omitió la parte desagradable. – Y entonces cuando se enteró de que estaba embarazada… decidió irse de nuevo a Dresden, donde sus padres viven.
– ¿Así? ¿Tan fácil? – se puso un tanto nervioso, Bill no le había creído.
– Bueno… yo… – pero antes de que pudiera terminar, el de rastas lo calló con un beso apasionado. Al parecer sí le había creído y mucho. Se recostaron en el sofá y siguieron besándose. Pero esos besos se pasaron a caricias y las caricias a toques desesperados y después de los toques desesperados… todo queda a la imaginación. Obviamente se imaginan qué vino después, ¿verdad?
Continúa…
¿Y bueno? ¿Les gustó? Les diré algo, yo creo que no dura más de 3 o 4 capítulos. Si llegara a durar más, sería alargarlo por las puras. Así que eso, espero con ansias sus comentarios a ver qué opinan :Z
Porfavor, amo los longfic ❤️🔥✨✨✨