
Fic TOLL de Myla Near
Capítulo 16
Cuando despertaron, todos doblados en el sofá, se abrazaron y sonrieron como tórtolos. Estaban felices por haber amanecido juntos, pero un tanto adoloridos por haber dormido chuecos en ese sofá.
– Todavía se me hace increíble que todo haya sido tan fácil. De que haya querido irse sola, sin que nadie se lo dijera y… no, no me lo creo, pero voy a tener que acostumbrarme. –sonrió y se acomodó encima del cuerpo de Tom, quien no dejaba de sonreír, sintiéndose un poco mal por mentirle. Pero era por el bien de los dos.
– A mí también se me hizo increíble cuando me lo dijo, pero cuando la vi irse… fue… no sé, ¿relajante? – se rieron y el menor se acordó de un pequeño detalle, casi insignificante.
– ¡Mierda, Tom, tengo que ir a trabajar! – gritó saliéndose de arriba del otro y corriendo al baño. Tom se sentó más que rápido en el sofá y se puso sus bóxers. – ¡Cómo se me olvida! ¡Tom, me distraes! ¡Aah! – se metió en la ducha y se bañó con agua fría, eso no le importó. Estaba tan apurado que ni lo notó.
Al salir de la ducha fue corriendo a su habitación y se vistió, se peinó y se arregló. El de trenzas por mientras se duchaba, también con agua helada y a diferencia de Bill, se puso la misma ropa del día anterior. Cuando el de rastas estuvo listo se encontró con Tom, quien estaba sentado en el sofá, y salieron del departamento. Se despidieron en la parte de abajo y luego se subieron a sus autos, el de trenzas se fue a su casa para cambiarse de ropa y Bill se fue a su trabajo.
El de trenzas se cambió de ropa y partió casi corriendo a su trabajo. Cuando llegó tuvo la mala suerte de toparse con su jefe, que lo regañó por llegar tarde, más no le quitaría nada de su sueldo y se lo perdonaría.
– Gracias, gracias. – dijo y partió a su oficina, que era una que sólo ocupaba él, sin compañía. Recostó la cabeza en el escritorio dispuesto a dormir un poco, pero su celular empezó a vibrar en la parte delantera de su pierna. Lo sacó de su bolsillo y tras mirar la pantalla y sorprenderse un poco, contestó.
– Ashley. – dijo a penas se llevó el aparato al oído.
– Hola Tom. ¿Cómo estás? – pensó en un momento ser descortés y decirle qué quería y para qué lo llamaba, pero él casi nunca era así y no podía serlo ahora.
– Bien, gracias, ¿y tú? – parte de la cortesía.
– Oh, muy bien gracias. Estoy en el aeropuerto, comprando mi boleto de vuelta a casa.
– Oh… eso es…
– ¡Genial! Es genial, quiero salir cuanto antes de aquí. Sólo te llamaba para… no sé, confirmarte que me iré. –
– ¿En serio? – al preguntar se arrepintió, era un pregunta idiota incluso para él.
– Sí, el vuelo sale en mas o menos una hora. Tengo que esperar.
– Bueno… entonces… hasta aquí. – dijo sin entenderse, pero lo que quería expresar era algo así como la despedida.
– Hasta aquí. Si… algún día quieres y estás por ahí… no, mejor olvídalo.
– Sí, no creo que sea conveniente.
– Entonces eso… cuídate, Tom. Y… sé feliz con él. – eso no se lo esperaba, ¿ella diciéndole que fuera feliz con otro? Lo del embarazo sí que le afectó.
– Ok… cuídate tú también. Adiós. – y después de eso cortó. Fue la conversación más rara que había tenido en años. Años. Después de que cortó la llamada se puso a trabajar, el sueño que tenía se había esfumado, tal y como lo hicieron sus preocupaciones.
Mientras tanto Bill en su oficina estaba más que asombrado conversando con Estella. Ella le había contado que Tara había llegado con un feo golpe al lado de su ojo derecho y un pequeño corte en la esquina de la boca, por el lado derecho. Cuando los que se preocuparon le preguntaron qué había pasado, ella sólo dijo una pequeña frase, típica y adecuada para todo: «estoy bien, no es nada» y se fue más que rápido a su oficina. Sus compañeros de trabajo en realidad se preocuparon, pero como ella no quería hablar, no la molestaron más con el tema.
– Yo la vi de pasada solamente y… son golpes feos. – Bill apretó los labios intentando que no le importara, aunque se preocupaba un poquito. Si es que había sido Leah quien le había hecho eso, su amiga se pasó «un poquito» de la raya.
– Bueno, qué mal. Lo siento por ella, pero no iré a «hacerle cariño». – Estella asintió con la cabeza y pensó en algo.
– ¿Quién habrá sido? ¿Y por qué? – eso casi hace que el pelinegro se atragante con su propia saliva. Después quiso tomar café, pero también se atragantó. – Eso me dice que sabes algo, sé que no nos conocemos hace mucho como para que me lo cuentes todo, todo, pero… si pregunto no pierdo nada. ¿Quién fue?
– Bueno… – se mordió la lengua y suspiró sonoramente. – No puedo decirte, es algo muy privado. Pero todo a su debido tiempo. – la castaña asintió y siguió con su trabajo. Bill se puso de pie y salió de la oficina, tenía que ir al baño y ya no aguantaba. En el camino al baño se topó con Tara, más bien ella se le puso al frente.
– Yo… no me voy a cansar de pedirte disculpas, en serio.
– No tengo tiempo para tonterías, tengo cosas que hacer… como ir al baño, así que si no te importa… – empezó a caminar, pero la pelirroja lo tomó de un brazo y lo hizo girarse.
– Sólo quiero que me digas que me perdonas… tengo que… voy a renunciar y eso. – el pelinegro se mordió el labio inferior y no dejó de mirar a la pelirroja a los ojos.
– ¿Renunciar? ¡Wow! No voy a preguntar por qué, no me importa. – se zafó del agarre y se dio vuelta para caminar, pero se giró nuevamente y miró a la que fue su amiga. – Tú también púdrete. – al terminar de decir eso sonrió y se fue al baño, pensando en lo bien que lo había hecho Leah, primero la deja con marcas en la cara y hace que renuncie. – Cuando te vea Leah, te doy un premio a la mejor amiga. – dijo entrando al baño a hacer sus necesidades.
En todo el día no se topó con Chris y después del único encuentro con Tara ese día tampoco la volvió a ver. Se terminó la hora de trabajo y al despedirse de Estella se fue casi corriendo a su departamento. Tenía muchas cosas que hacer: tenía que esperar a Tom, tenía que ir donde su amiga y decirle ¿gracias? o lo que fuera, además tenía que decirle a Gustav que tenía una «cita» con Estella y que sería al día siguiente y no podía faltar… ¡Oh, tantas cosas!
Cuando llegó a su casa, se puso ropa más cómoda. Una polera un tanto holgada, unos pantalones también un poco holgados y se cambió a sus zapatillas «regalonas», se sacó un poco el maquillaje y se peinó un poco más. Esperó a Tom, que iría a su casa esa tarde y seguramente todas las demás, viendo una película que estaba por terminar. No pasaron tantos minutos hasta que llegó Tom.
A penas Bill abrió la puerta se le abrazó al cuello y lo saludó con un tierno beso, seguido de un bajito «hola».
– Hoy me llamó Ashley. – dijo el de trenzas entrando en el departamento y sentándose en el sofá. El de rastas se tensó un poco al escuchar ese nombre, cerró la puerta y se sentó al lado de Tom.
– ¿Y qué te dijo? – al sentarse al lado del de trenzas le empezó a acariciar el cuello con una mano.
– Me dijo que estaba en el aeropuerto y que su vuelo estaba a punto de salir. – el escuchar eso, hizo que Bill sonriera y le besara una mejilla a Tom.
– Al fin podremos estar juntos de nuevo, ¿o no?
– Pero qué pregunta es esa. Por supuesto que sí. No creerías que ahora que te tengo te dejaría, ¿no? – empezó a recostarse encima del de rastas, pero éste lo detuvo. – ¿Y eso? ¿Por qué me haces parar?
– Es que tenemos que ir a la casa de Leah o Gustav, como se diga. Es importantísimo. – el mayor se volvió a sentar en su puesto y se acomodó.
– ¿Por qué tan importante?
– Porque, ¿te acuerdas cuando dijimos que Gus estaba muy solo? Bueno, resulta que tengo una nueva amiga que también está sola y le dije que le programaría una cita con él, pero resulta que ayer me distraje contigo y… no le dije. – al decir eso, ambos apretaron los labios y soltaron una pequeña risita.
– Bien, vamos. ¿iremos en mi auto? – preguntó el mayor poniéndose de pie junto con el otro.
– Sí, ¿a qué iremos con tanto auto para allá? – Bill tomó las llaves de su casa y su celular y salieron del departamento.
– Me gusta cómo te ves. – dijo Tom cuando llegaron abajo, obviamente refiriéndose a la falta de maquillaje del otro. Quien se sonrojó un poco.
– ¿Te gusta? Me alegro por eso. – se subieron al auto y partieron a la casa de Leah… o Gustav, como lo prefieran.
Cuando llegaron, al bajarse del auto, se tomaron de la mano y se encaminaron a la puerta. Fue Bill quien tocó la puerta y Leah quien la abrió. Ella frunció un tanto el ceño al verlos juntos, pero no dijo nada y los dejó pasar.
– ¡Gustav! ¡Gustav! ¡Tengo algo importante que decirte! ¡Es de vida o muerte! – el rubio se paró de su asiento en el sofá y se acercó un tanto asustado a su pelinegro amigo.
– Dime, soy todo oídos. – respondió el rubio calmadamente aunque estuviera nervioso.
– Mañana tienes una cita con Estella, mi amiga. De nada. – al decir eso se fue a sentar a un sofá, a los segundos Tom se sentó a su lado. Leah sorprendida se quedó boquiabierta en la puerta y el rubio se quedó al medio del living sin procesar bien la información.
– ¿Disculpa? – dijeron los hermanos mirando a los pelinegros.
– A mí no me miren, yo no sabía me enteré hoy. – se excusó el mayor. «Yo tenía mejores planes» pensó recordando que el otro no quiso aceptar ni un beso suyo.
La chica cerró la puerta y fue al living, se situó al lado de su hermano. Quien aún no digería la noticia. – ¿Le programaste una cita? ¿Es eso? ¿Y no me preguntaste? – preguntó Leah haciendo que el rubio cerrara la boca, que aún tenía levemente abierta.
– Bueno sí… además tú qué te metes, la cita no es contigo. Es con Gus. – la chica de pelo naranjo se cruzó de brazos y frunció levemente el ceño.
– ¡Ay, por favor, Leah! Ni que fueras la novia de Gustav, no te pongas celosa, además él no te hizo una escena de celos cuando te acostaste con Georg. – dijo Tom pasando uno de sus brazos por encima de los hombros de Bill. Eso dejó callada a Leah y Gustav seguía sin reaccionar ¡vamos que no era para tanto!
– Tom, eso es completamente distinto, pero… buen punto. – dijo el de rastas y miró a los hermanos. – ¿Y? ¿Irás? Porque si no vas ten por seguro que no te hablo más, me dejarías demasiado mal con Estella.
– Gustav despierta. – dijo en un susurro casi, su hermana. Y por fin el rubio «volvió» a si mismo.
– Iré. Lo siento Lily, pero Tom tiene razón: no eres mi novia y los celos no están permitidos. Lo acordamos.
– Eso es raro. – susurraron los pelinegros para sí mismos.
– Bueno… supongo que… espero que lo pases bien. – dijo la chica sin querer sonar celosa, lo decía en serio, pero para los pelinegros sonó a celos y el rubio captó el mensaje.
– Lo haré no te preocupes. – se abrazaron y se sentaron en los sofás. Para poder conversar con los pelinegros, quienes estaban cada vez más pegados y abrazados.
– ¿Y en qué están ustedes? – preguntó Gustav cuando llegaron al tema de los «ex».
– Estamos… en lo que estamos. – dijo el mayor mirando al otro, quien asintió ante ese comentario. Los hermanos se miraron y negaron con la cabeza. -¡Hey! ¿Algo anda mal? No olviden que aún estamos aquí. –
– Bill, ven acompáñame a la cocina. Estoy que muero de sed. – la chica se puso de pie y el de rastas la siguió hasta la cocina. Ahí ella le preguntó qué pasaba con Tom y él le explicó todo, incluyendo a la rubia.
Mientras tanto en el living el rubio miraba en silencio a Tom. – No esperarás a que yo te pregunte, ¿o si? – el pelinegro captó el mensaje y suspiró. Se acomodó en su lugar y le empezó a contar todo, incluyendo también a la rubia.
– Y eso sería todo. – dijeron al mismo tiempo los pelinegros. Leah con Gustav estaban sorprendidos, todo se había dado tan increíblemente que era difícil de digerir, aún así se pusieron alegres por sus amigos.
– Entonces si todo esta «bien» ¿por qué aún no le pides que sea tu novio? Recuerdo que cuando tenías 17 era lo único que querías hacer. – dijo el rubio poniendo su tobillo derecho encima de su rodilla izquierda, acomodándose.
– Pues porque… estoy esperando el mejor momento, sí, eso.
– Yo creo que deberías formalizar pronto con él. No vaya a ser que te lo quiten. – el de trenzas frunció el ceño por eso. ¿Por qué alguien querría quitárselo? Pura basura, pensó inflando las mejillas.
– El Sábado. Lo llevaré a algún lugar bonito y… ¡bam! Le diré, ahora sólo necesito un lugar bonito.
– Supe que abrieron una heladería cerca de aquí… bueno ni tan cerca, está como a 45 minutos en auto. Pasé por afuera ayer y tiene mesas adentro y un patio con adornos bien monos, lugares como los que le gustan a Bill.
– Entonces es el lugar perfecto. Tienes que darme la dirección y todo estaría bien. – se acercaron al otro y chocaron los puños. En eso llegaron los otros dos con una bandeja con refrescos.
– Tanto saludo, ¿a qué se debe? – preguntó la chica sentándose y tomando uno de los refrescos.
– Cosas de hombres. – dijo Tom estirando sus brazos por el respaldar del sofá.
– Entonces díganme, yo también soy hombre. – dijo el de rastas tomando de su vaso.
– Cosas de hombres rubios y con trenzas, no pelinegros y con rastas.
– Oh, Tom, no seas así. Dime.
– Nop.
– Bueno, no quiero saber.
– Si quieres te digo.
– Dije que no quiero saber.
– Te voy a decir igual.
– Tom, por favor, te dije que no.
– Lo haré de todas maneras.
– Pues no te voy a escuchar. Me taparé los oídos.
– Entonces hazlo, porque te lo voy a decir.
– Dilo, sólo malgastarás saliva.
– Muy bien, aquí voy.
– Tom, dije que no y…
– ¡Ah, ya paren! – gritaron Gustav y Leah, ambos levantando sus brazos.
– No sean infantiles. – dijo la chica bebiendo del contenido de su vaso.
– Él empezó. – se apuntaron entre sí y después se echaron a reír.
– El Sábado vamos a salir tú y yo así que no hagas planes. – «informó» el de trenzas acercándose a los labios del otro y dejándole un pequeño beso.
– Ah, muy bien. – después de eso siguieron hablando y Bill decidió que era hora de hablar con su amiga, con respecto a Tara. Por lo que la hizo ir de nuevo a la cocina. – ¿Y bien? ¿Qué le hiciste? Porque supongo que fuiste tú quien la golpeó, ¿o me equivoco? – la chica sonrió y negó con la cabeza.
– No, no te equivocas, fui yo. Pero te confesaré algo. Cuando supuestamente fui a eso el Domingo, creo, no fui exactamente donde ella. Fui donde Georg, por eso el Lunes no tenía nada. Así que fui ayer y no le pegué tan fuerte, es sólo que su piel se rompe de la nada. –cuando dijo eso miró el suelo y ocultó la enorme sonrisa que quería dejar salir. Por supuesto que no había tenido compasión, habían dañado a su «naranjita» no tenía perdón de nadie. – Y Bueno, le dije que se fuera. Era lo mejor porque yo seguiría aquí y no la dejaría tranquila y eso. No puedes decir que fui mala, porque sólo ocupé mi uno por ciento de maldad.
– Bien… te creeré y… no sé, ¿gracias?
– No, no. Sin gracias, con un simple «brutal» me conformo, pero sé que esa palabra no está en tu vocabulario así que me lo diré yo. ¡Brutal!
– Te adoro ridícula. – se dieron un pequeño golpe en los brazos y volvieron con los otros dos, que se reían a viva voz. Seguramente de alguna estupidez.
No se quedaron mucho rato más ya que Bill quiso ir a ver a su madre, por lo que le dijo la hora y el lugar a Gustav (de su cita, obviamente) y se despidieron y fueron a la casa de Simone. Cuando llegaron tocaron el timbre y la mujer se sorprendió de una manera agradable al verlos tomados de la mano.
– ¿Algo que quieran contarme? – preguntó dejándolos pasar para que se sentaran en uno de los sofás.
– En realidad no. Nada que contar, sólo te vine a visitar y saber cómo estás.
– Pues yo muy bien, ¿ustedes? – hablaron sólo un poco, no se quedaron mucho rato. Se despidieron de la mujer y fueron a la casa de Tom.
– Me gustaría que… bueno, como me irás a dejar a mi casa que te quedes allá conmigo y… que lleves un poco de ropa para mañana, ¿no crees? – al decir eso se sonrojó un poco. Y el de trenzas lo miró varios segundos.
– Si, sería bueno. – respondió y subió las escaleras a su habitación. Mientras el de rastas se recostó en el sofá, pensando en lo que estaba atravesando y lo que había atravesado. Se encontró con Tom, supo que tenía novia, llegó alguien muy «lindo» a su oficina y casi tiene algo serio con él, el mismo chico lindo lo engaña con la que era su amiga, la novia de Tom estaba embarazada, ella decide irse, su mejor amiga le pega a la que lo engañó y… ahora estaba esperando a… Tom para que se fueran a su casa.
– Realmente loco. – dijo en voz baja mientras visualizaba la serie de salidas que tuvo con Tom cuando eran novios.
Minutos más tarde llegó el de trenzas con un bolso en la mano. Se puso de pie y fue a su encuentro al pie de las escaleras. – ¿Estamos listos? – preguntó el mayor tomándolo por las caderas.
– Yo sí, estoy listo y cansado. Quiero dormir, descansar para mañana. – el menor comenzó a caminar a la puerta, pero el otro se quedó parado mirándolo.
– ¿Dormir? – dijo el de trenzas levantando una de sus cejas.
– ¡Oh, no! ¡Por favor, Tom! Tuvimos sexo anoche, no puedes hablar en serio. – Tom se puso «serio» y no cambió su expresión. – Pues entonces quédate aquí, porque yo no voy a tener sexo contigo de nuevo. – y dicho eso abrió la puerta de salida.
– No, no, no. Sólo estaba bromeando. – el mayor corrió a donde estaba Bill y este se estaba riendo. – ¿De qué te ríes?
– No pensaba dejar que te quedaras aquí, sólo quería que desistieras de lo otro. ¿Me explico?
– Bueno, bueno. Lo lograste, ahora vámonos.
– Dormiremos en una cama. – dijo Tom esperando que Bill fuera a acostarse junto a él.
– ¿Por qué lo dices? – preguntó el otro, desde el baño, sacándose lo que le quedaba de maquillaje.
– Porque si mal no recuerdo, la primera vez fue en mi auto, después en el sofá y cuando lo hicimos aquí… no dormimos precisamente.
– Muy cierto. Pero ahora… hay que dormir, porque ¡uff! estoy muy cansado. – se fue a la cama y se puso bajo las mantas. Se acomodó junto al otro (lo más que pudo) y le dejó un beso en los labios de buenas noches. – Te amo. – le dijo sonriendo tímidamente.
– Yo te amo más. – dijo el otro sonriendo también. – Ahora a dormir. Buenas noches. –después de eso se separaron y durmieron cada uno por su lado. Se amarán todo lo que quisieran, pero el calor que les daba abrazados no se los quitaba nadie. Aunque en medio de la noche, inconscientemente, sus cuerpos se acercaban, aunque sólo unos pocos centímetros.
Continúa…
Bueno sé que era medio nada que ver, pero ¿qué les pareció? Esperaré sus comentarios
Actualiza prontito xfis 🥹❤️🩹