Te quiero de vuelta 17

Te quiero de vuelta 17

Fic TOLL de Myla Near

Capítulo 17

Cuando el de rastas despertó a la mañana siguiente, había olvidado completamente que Tom estaba en su casa, por lo que pareciendo un zombie caminó hasta el baño y entró sin tocar (obvio, era su casa y supuestamente no había nadie). Entonces cuando entró al baño y escuchó el sonido del agua de la ducha chocar con el piso, al principio se asustó, pero luego recordó a Tom.

– Ya iba a empezar a gritar. – dijo apoyándose en los lavabos. Escuchó la voz del otro, pero no supo qué había dicho. – ¿Cómo? 

– Dije: ¿Por qué? – contestó desde la ducha el de trenzas elevando un poco la voz.

– Ah, porque me había olvidado de que estabas aquí. – se miró las uñas y luego al techo. –Apúrate, me quiero duchar. 

– Métete conmigo. – dijo el mayor asomando la cabeza por entre la cortina de baño.

– Ni que estuviera loco, ahora te apuras. – el de rastas se sentó en los lavabos para esperar y el otro resoplando volvió a ducharse.

40 minutos después ambos estaban bajando las escaleras para llegar a sus coches. – Hoy es la cita de Gus con Estella. – dijo el menor abrazando a Tom por el lado mientras caminaban.

– Espero que los dos se sientan bien con el otro. No me imagino a Gustav diciéndome a mí lo fome que es tú amiga. 

– Oye, no te rías. Estella no es aburrida. 

– Bueno, como quieras. Hasta aquí llegamos, cuídate. – se despidieron con un beso en los labios, nada vulgar, ya que el conserje no dejaba de mirarlos, y luego de eso cada uno se subió a su auto y se fue a su trabajo.

Para cuando Bill llegó a la editorial, Estella ya estaba cabeceándose en lo que sería la próxima portada y a pesar de que la había comenzado hacía bastante tiempo, aún no podía terminarla. Sólo le quedaba una semana para entregar el diseño y no estaba ni cerca de concluir con el trabajo.

– Me voy a matar si no puedo terminar esta cosa. – dijo cuando ya hubo saludado a Bill, le hubo entregado el café y un rico pan. El pelinegro se sintió mal por ella.

– ¿Lo de la cita con mi amigo te tiene nerviosa? Jajaja. 

– No es sólo eso, ¿sabes? He pasado por muchas cosas este mes, así que no es sólo tu amigo, pero ¡dah! qué más da. La terminaré igual. 

– Como quieras. – dijo Bill no muy convencido, pero sin querer insistir más. Se notaba en el tono de voz de la chica que andaba cabreada y que no sería una buena idea molestarla, aún así le seguía pareciendo simpática.

El día se les pasó volando, además que Estella pudo terminar el diseño de la portada. Tras la insistencia del pelinegro, ella aceptó la ayuda y pudieron terminar. Los rumores de piso corrían de un lado a otro: Tara se escapó porque debía mucho dinero, se fue con alguien que conoció el día anterior, la mataron porque después de la paliza que le dieron no perdonan a nadie, se suicidó… y así muchas cosas más. Pero el más cercano a la realidad era el que decía que había renunciado por haber encontrado un mejor trabajo. Renunció, sí, encontró un mejor trabajo, quién sabe.

En cambio de Chris no se hablaba nada, pero a la oficina no había ido a trabajar, ni siquiera se había ido a dar una vuelta. Mejor para todos, pensó el de rastas bajando en el ascensor con Estella. – Ya verás que te gusta mucho Gustav, es muy tiernito. – le dijo a la chica con una sonrisa, recordando como Tom se había puesto celoso cuando había dicho eso.

Se despidió de su amiga y se fue a su auto. Manejó lentamente y en el trayecto su celular sonó. Contestó sin mirar la pantalla. – ¿Podrías apurarte? Estoy afuera. – desconcertado miró la pantalla del aparato y al ver que decía Tom supo de qué le hablaban.

– ¡Oh, lo siento! En seguida voy. – Tom lo esperaba afuera o de su departamento o del edificio. Apretó el acelerador y a los pocos minutos llegó al edificio en donde vivía. Tom estaba sentado en el capó de su auto en posición india con los brazos cruzados. Según el de rastas parecía un niño cuando se enoja con su madre y no quiere nada, porque hasta la cara de cabreo tenía.

– ¡Hasta que llegas! – dijo bajándose del auto, el tono que usó, uno enojado, al de rastas no le pareció.

– No me grites. – dijo calmadamente.

– Pero no entiendo cómo es que te demoras tanto. 

– Bueno porque no manejo tan rápido y porque había olvidado que estarías aquí, ni siquiera sabía que estarías aquí. 

– O sea que así de rápido me olvidas, bonita. Me olvidas en la mañana y ahora, ¿algo más? 

– Sí, algo más ¡deja de hincharme las pelotas, ya llegué! ¿Está bien? – y después de decir eso entró al edificio, seguido por el otro obviamente.

– ¡No sabía que te molestaba tanto mi presencia! 

– ¡No es tu presencia, es tu actitud! Mira que venir a gritarme sólo porque llego unos diez minutos tarde, no me jodas. 

– Es que no me cabe en la cabeza, vives a 5 minutos de donde trabajas y te demoras una eternidad, además hay que agregarle que te olvidaste de mi… – para cuando llegaron al piso en que estaba el departamento del menor, seguían discutiendo, y gritándose cosas. –Respóndeme, ¿por qué te demoraste tanto? Creo que es la tercera vez que te lo pregunto. 

– ¡Y esta es la maldita tercera vez que te contesto: Yo no manejo rápido! 

– No te creo. 

– ¡Bueno no me creas y ándate a la mierda! – sacó las llaves del departamento de su bolsillo y la puso en la cerradura, pero cuando iba a abrir Tom lo tomó por uno de sus brazos e hizo que se girara. – ¡Suéltame! 

– No pienso. 

– Por favor suéltame o voy a gritar, en serio. – el de trenzas sólo formó una media sonrisa en sus labios, lo que calentó más el ánimo de Bill. – Serás maldito, te juro que… – pero antes de que pudiera siquiera terminar de hablar, Tom lo había tomado por sorpresa besándolo.

– Calladito te ves más bonito. – dijo cuando hubo dado término al beso. El de rastas negó con la cabeza, sonriendo, y luego abrió la puerta del departamento.

Al entrar se sentaron en el sofá y prendieron la tele. – Así que callado me veo más lindo. –dijo el menor apretando los labios, mirando la pantalla y asintiendo con la cabeza.

– Por favor Bill, sólo lo dije porque fue lo primero que se me vino a la cabeza. No te vayas a enojar por eso. 

– No, no me enojo. – miró al de trenzas y le sonrió. – Es sólo que… nunca me lo habían dicho. – le dejó un casto beso en los labios y apoyó su cabeza en el hombro del otro. –¿Cómo le estará yendo a Gustav y a Estella? 

– Yo creo que muy bien. – Tom cambió la televisión y por esas cosas del destino, que nadie sabe por qué pasan, mostraron a una mujer embarazada que hablaba con otra que ya había tenido a su hijo. Sintió como un tic en su ceja izquierda aparecía. Y para su más mala suerte, ambas dos mujeres eran madres solteras. Quiso cambiar la televisión, pero Bill le dijo que no lo hiciera porque esa serie era muy buena y él la veía. ¡Perfecto! pensó apretando los labios.

Cuando la serie que estaban viendo, que no duró mucho, Tom se sentía más mierda que nunca. Las mujeres que salían en la pantalla hablaban de lo mucho que habían amado al que las dejó embarazadas, de lo mal que lo habían pasado y muchas cosas, todas le llegaban a Tom y todas lo hacían sentir muy mal. Y entonces pensó en lo que sería su hora de honestidad, le contaría a Bill cómo había sido todo el asunto con Ashley, desde el poder notarial hasta el pensamiento que tuvo de pagarle para que se fuera.

– Bill, necesito hablar contigo. – el menor levantó la cabeza de su hombro y lo miró.

– Dime. – le regaló una pequeña sonrisa y le besó la nariz, ¿por qué tenía que hacer eso en un momento tan delicado? Pensó devolviéndole la sonrisa débilmente.

– Lo que pasa es que… no te dije toda la verdad sobre Ashley. – el menor arrugó un poco la nariz y se acomodó en su asiento.

– No entiendo eso, explícate. – el de trenzas se removió en su lugar y empezó a hablar.

Le empezó a contar sobre lo del poder notarial que ella le había querido dar hasta de la proposición de dinero que le había hecho. El menor escuchaba atento, sin ninguna expresión en su rostro, ni siquiera miraba a Tom, miraba hacia un punto fijo en la pared, no aturdido, sólo digiriendo la información que el otro le daba.

– Y bueno, al final pareció contenta por tener un bebé y se fue sin aceptar lo que yo le iba a dar. Después me llamó para decirme que se estaba yendo de la ciudad y… eso. – concluyó el de trenzas de explicar y el otro seguía mirando la pared.

– ¿Por qué no me habías dicho que te lo iba a dejar? – habló sin mirar a Tom a la cara.

– Porque tuve miedo, tuve miedo de que pudieras… no sé, de que te enojaras o te alejaras de mi y no me quisieras ver… qué se yo, lo que sí sé es que hice mal, ¿verdad? – fue ahí cuando Bill lo miró, asintiendo.

– Yo… mira Tom… no sé qué tenías en la cabeza cuando le dijiste que no te lo quedarías, es… no, no borra eso… no sé por qué pensaste que me enojaría, no es que ame a los niños o que me sentiría bien cuidando a un niño que no es mío, pero… ¡Ah! No sé cómo explicártelo, necesito un tiempo. – al decir eso se puso de pie y tomó las llaves de su auto.

– Espera, ¿a dónde vas? – Tom también se puso de pie y lo tomó suavemente de una mano.

– Voy a dar una vuelta, necesito pensar bien lo que me dijiste. Tú también deberías pensarlo y hasta reconsiderar lo que has hecho. – dicho eso le dio un beso en la mejilla y salió del departamento. No iría muy lejos, sólo iría a una plaza y se sentaría en una banca a mirar la nada mientras el viento frío de la tarde, ya casi noche, le llegaba a la cara.

Mientras tanto, Tom se quedó de pie en el medio de la sala por varios minutos, hasta que se dio cuenta de que estaba solo. – ¿Y ahora qué? – se dijo volviendo a sentarse en el sofá. –¿Que piense en lo que hice? A ver… reconsiderar lo que hice sería: pedirle a Ashley que hiciera un nuevo poder notarial, ¿o no? O tal vez es darle igualmente dinero a Ashley, o hasta incluso… no, ¿reconsiderar el terminar con ella? ¡No! Pero si fue ella quien terminó conmigo, legalmente. – hablaba solo y gesticulaba con las manos y la cara, pero era lo que más lo ayudaba a relajarse. Además si seguía así podía tomar una buena decisión y todos felices. Pero primero tenía que saber cuál era esa buena decisión. Y con Bill raro fuera del departamento, sin contacto ya con Ashley y solo, le costaría.

– ¡Ya lo tengo! Llamaré a Ashley y le diré que haga de nuevo el poder… no, no, borra eso Tom. Lo que debes hacer es lo siguiente… – al decir eso se quedó en silencio y pensó en lo que tenía que hacer, pero no llegó nada hasta su mente. – No puede ser, por qué no sé qué hacer. – se quejó tapándose la cara. – ¿Y si la llamo y le digo que se quede aquí? Así cuidaríamos los dos… o tres, del bebé. ¡Ah! No quiero verla a ella, pero eso implica ver al bebé. 

Estuvo debatiéndose mentalmente demasiado rato, se ponía de pie, caminaba por el departamento, se acostaba en el sofá, se sentaba en él. Ya no sabía ni qué pensar, además estaba preocupado porque Bill había salido solo y no había vuelto. – ¡Alguien ayúdeme! – gritó levantando los brazos.

Había pensado en varias opciones, pero no estaba muy seguro de ninguna. Sus opciones eran:

  • 1° Seguir como estaba, a pesar de que Bill le dijera que tenía que reconsiderar lo hecho.
  • 2° Llamar a Ashley y pedirle nuevamente el poder que ella le quería dejar.
  • 3° Llamar a Ashley y decirle que se devolviera a esa ciudad y que entre los dos podían cuidar al bebé, obviamente integrando a Bill.
  • 4° Ir al edificio más alto de la ciudad y tirarse sin importarle nada.

– No, la última es muy descabellada. – dijo rascándose la cabeza. Su propia balanza se inclinaba a la opción número tres, pero tenía que consultárselo a Bill. Porque sin su decisión, nada de lo que él hiciera tenía sentido. Ahora sólo quedaba esperar a que el de rastas llegara.

No pasó mucho tiempo para que llegara Bill. Que al mirar a Tom a los ojos enseguida supo que tenía algo qué decirle. No le quiso preguntar qué era porque esperaría a que él se lo dijera. Se sentó en uno de los sofás frente a Tom.

– ¿A dónde fuiste? – preguntó el mayor un tanto preocupado por el silencio que traía.

– A una plaza por ahí, necesitaba un poco de aire para digerir todo. 

– Oh, ya veo. 

– ¿Y qué pensaste? – tuvo que preguntar, se notaba a kilómetros de que el de trenzas estaba muy nervioso y no podría decirlo.

– Bueno… yo… – le contó de sus opciones, obviamente omitiendo la última que implicaba un suicidio, y le dijo que se inclinaba con la tercera. El menor analizó todas las opciones y luego de estar mucho tiempo en silencio, se decidió a hablar.

– Me parece sensata esa opción, creo que es la que mejor se acomoda a lo que debes hacer y es… sólo creo que es lo mejor. 

– Sí bueno… algo hay que hacer. 

Después de hablar cuándo Tom haría lo que tenía que hacer y otros temas variados, se fueron a la cama para descansar. Al otro día tenían que trabajar y también ir donde sus amigos a preguntarles qué tal la cita, aunque Bill lo hablaría con Estella al otro día.

Al otro día Bill le preguntó a la castaña sobre Gustav y ella le dijo que había sido genial, que habían conectado de inmediato, que se habían caído muy bien y que habían quedado de volver a salir. Tratando de ocultar las sensaciones que lo invadían, la felicitó con una sonrisa un tanto fingida que ella no notó por andar distraída. A pesar de que se moría por contarle lo que le pasaba, sabía que aún se conocían muy poco como para dejar en ella tanta información. Optó por callarse.

Cuando terminó la jornada laboral de ambos, se fueron a la casa del rubio a preguntarle a él qué tal la cita. Por un lado Bill ya tenía una versión y ahora tenía que ver que coincidiera con la de Gustav. Y coincidió, hablaba maravillas de la castaña, claro que no dijo las cursilerías que ella había dicho como lo de la conexión, pero dijo que le había gustado salir con ella y quedaron en repetirlo.

Después de pasar un largo rato con Gustav, porque Leah no estaba ella andaba en la casa de Georg, visitándolo para hacerle compañía porque según ella, él se desaparecía mucho.

Todos supieron que era porque no podía vivir sin él.

Como habían ido directamente desde sus trabajos a la casa de su amigo se fueron en autos separados, por lo que no hablaron nada. Hasta que se encontraron en el departamento del de rastas, porque cuando llegaron tampoco cruzaron palabra. – ¿Y bien? – preguntó Bill sentándose en el sofá. Tom se sentó frente a él.

– Bueno, pues… la llamé y me dijo que ella podría dejar que viéramos al bebé, que no se opondría, que no quería problemas y todo eso. Pero dijo que no volvería en un buen tiempo, porque quería estar con sus padres y quería pasar los primeros meses, dijo que eran críticos, con su madre para que ella pudiera cuidarla y cerciorarse de que esté bien. 

– O sea que… 

– Además me dijo que estaría viajando constantemente de allá para acá y de acá para allá. 

– ¿Y eso sería? ¿Aceptó? – preguntó Bill incrédulo.

– Sí, dijo que volvería como al cuarto o quinto mes para buscar un departamento. Deberíamos ayudarla en eso. Bueno, después me dijo que cuando el bebé naciera volvería a acá. 

– Se me hace increíble la manera tan fácil en que se solucionan los problemas en los que tú y ella están involucrados. 

– ¿Qué? ¿No te gusta? 

– No es que no me guste, me complace, pero es increíble. Tan fácil, y todo eso… bueno, creo que es mejor así que más complicado. – dijo pasando una mano por su frente.

– Supongo que así somos. Fáciles. – medio sonrió, y al ver a Bill sonreír también, hizo su sonrisa más grande.

– Supongo que tendremos que conversarlo mejor otro día. A pesar de que entendí todo lo que me dijiste, estoy muy cansado como para analizarlo. Tú me entiendes, ahora vamos a hacer algo antes de acostarnos. Ver una película o qué sé yo. – el de trenzas volvió a sonreír y aceptó. Buscaron una películas entre las muchas que tenía Bill en su cuarto y tras hacer un poco de palomitas de maíz se pusieron a ver películas.

Después de ver tres películas, el de rastas se había dormido, por lo que Tom lo tomó en brazos y lo llevó a la cama, en el trayecto el menor despertó y empezó a besarlo, después de eso se amaron un par de horas más y por fin se durmieron, esta vez abrazados.

Continúa…

No quiero ni preguntar, pero ¿les gustó? si no, no imporrrrta sólo quiero que esto termine

pronto porque aaah!!!! askjdkjasdkja bueno, eso y gracias por los comentarios (:

por admin

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