Te quiero de vuelta 2

Te quiero de vuelta 2

Fic TOLL de Myla Near

Capítulo 2

Cuando llegó a su departamento se sentía contento y a la vez un tanto triste. Le había alegrado ver a Tom en buenos términos, pero lo que no le gustó fue lo de la chica. Se retiró antes de cualquier cosa, una escena de celos no sería aceptable puesto que ya ningún vínculo los unía y parecer indiferente lo hubiera dejado como alguien a quien no le importaba en lo absoluto, pero si le importaba, pero no tanto como antes. Aún así, se sentía raro de haberlo visto con alguien más.

– Sólo un episodio más de lo rancio de mi día. – se dijo abriendo su refrigerador, para ver si había algo de comida. Y sí, había comida, un plato preparado con un trozo de papel encima.

– No comas tan rápido. – leyó el papel en voz alta y sonrió ante el cuidado que su madre le brindaba aunque fuera solo en un trozo de papel.

Sacó la comida del refrigerador y la puso en el microondas. Se distrajo pensando en la imagen de Tom con esa chica y su comida se recalentó. – Ni siquiera para usar el microondas sirves. – se dijo mientras dejaba el plato de comida en una encimera para no quemarse los dedos.

.

Comió y después de eso se fue a acostar, estaba cansado y el hecho de saber que iría a visitar a su madre casi todas las semanas para ver un poco a Tom lo cansaba aún más. Se durmió rápidamente pensando en lo que había sido su relación con Tom, obviamente omitió lo que eran peleas y disgustos y pensó en lo bonito que lo pasaban cuando salían o cuando hacían el amor.

Despertó con la alarma de su despertador y se levantó enseguida, ya no tenía una hora de sobra para prepararse desayuno, es más, ya nunca más pensaría en hacerse siquiera un pan con mantequilla. Cuando estuvo listo corrió hasta su camioneta y se fue al trabajo. Lo mismo del día anterior, tuvo que saludar a medio mundo antes de llegar a su oficina para tomar su café. Cortesía de Tara Evans.

– Tara, creo que voy a morir muy pronto. O sea, no morir, pero es complicado. Mucho. – la pelirroja lo miró con una ceja alzada y acomodándose en su asiento habló.

– Soy todo oídos. Y si lo explicas rápidamente saldré del abismo al que me lanzaste. –dramáticamente se recostó en su asiento estirando las manos hacia ambos lados. Bill sonrió.

– ¿Recuerdas que ayer te comenté que soñé con mi ex? – ella asintió. – Bueno, resulta que ayer me enteré de que se había ido de la ciudad como también me enteré de que volvió. Él era mi vecino, por lo que como supondrás… vive al lado de la que fue mi casa. Casa en la que aún vive mi madre. – apretó sus labios mirando a su amiga, pero ella no comentó nada. Eso lo obligaba a seguir hablando. – Ayer fui a ver a mi madre y qué crees, me lo encontré saliendo de su casa. Hablamos solo un poco, muy poco y después… –

– ¿Después? – el de rastas se había quedado mirando la nada de un momento a otro. Recordando cuando vio a la rubia salir de la casa.

– Después de su casa salió una mujer. – no dijo más y Tara solo asintió. – Ni siquiera sé por qué me puse así ahora. –

– Fue importante para ti, pueden pasar mil años y te sentirás raro igual al verlo con alguien más. – Bill iba a decir algo más, pero ella decidida a sacarlo de aguas peligrosas continuó. –Supe que llega otro empleado. Un nuevo administrador, uno que reemplazará a Lily. –

– ¿En serio? ¿Cuándo se va Lily? – la nombrada se retiraba de su actual trabajo debido al pre-natal y según los rumores no volvería a trabajar ya que lo tenía todo y su marido le podía dar más.

– Se va en 2 días, pero el nuevo llega hoy. No sé cuándo lo contrataron ni tampoco por qué no nos dijeron nada, pero en fin. Lily le explicará algunas cosas y luego se irá tranquila. –Tara sacó su laptop y la prendió, Bill la imitó.

– Espero llegue pronto, me emocionan estas cosas. –

– No te emocionan «estas» cosas, te emociona el hecho de si es o no guapo. – el chico abrió la boca para protestar, pero no tenía nada para decir. La pelirroja lo conocía muy bien como para mentir.

– Puede ser, además así puedo quitar de mi cabeza todo esto de que Tom está de vuelta. – la mujer puso los ojos en blanco y miró al chico con cara de reproche. – ¿Y ahora qué hice? –

– Deja de hablar de Tom, no creo que te haga bien y… empezará a molestarme. –

– Yo sólo lo decía por decir, no era para que te molestaras. – se quedaron en silencio y trabajando. Después de unos 40 minutos los llamaron a la sala de reuniones. El nuevo ya estaba en la empresa y sería presentado. Tara y Bill fueron los primeros en llegar a la sala y en ella estaba el nuevo, sentado en uno de los asientos que estaban en la mesa ovalada. Se puso de pie al verlos entrar.

– Hola. Soy Tara Evans, contadora. – le pelirroja pasó a Bill por el lado ya que este no se movió de su lugar cuando vio al nuevo. Se le notaba en la cara que estaba baboso.

– Yo soy Chris Williams, administrador. – se estrecharon las manos y después el nuevo fijó su mirada en Bill. – Hola. – sacó al pelinegro de sus pensamientos y le sonrió.

– Hola. Yo soy Bill Kaulitz, contador también. – le estiró la mano y se la estrechó. El contacto lo puso un tanto tenso, pero el otro no lo notó. Mierda, es tan guapo, pensó cuando le soltó la mano. Chris, un muchacho alto de 25 años, con pelo corto y castaño, de ojos claros y piel clara asintió sin quitarle la mirada de encima, mirada que demostraba interés y bastante.

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Al terminar la reunión Tara se fue sin Bill pues pensaba en lo que podría pasar y no se equivocó. A penas terminó la reunión Chris se acercó a su amigo. – Hola. – le volvió a saludar. El de rastas lo miró y le sonrió.

– Hola, ¿qué te pareció «la familia»? – le preguntó haciendo comillas con sus dedos y una cara graciosa.

– Me gusta, es muy original esto de «familiarizarse» con los compañeros de trabajo, creo que nunca lo había escuchado. 

– Pues para que veas, somos originales y… y… y familia. – se rieron de eso y después no dijeron más. – Bueno. – habló después de unos minutos. – Debemos trabajar, muy familia seremos, pero no dudarán en despedirnos si no rendimos. Espero los conozcas a todos y te agraden. 

– Ya me agradan unos cuantos, en especial una pelirroja y un moreno. – el de rastas abrió la boca y la cerró enseguida por la impresión, sus mejillas se colorearon levemente y evitó como pudo la mirada del otro.

– Oh, bueno Tara es muy simpática. – dijo rascándose levemente la cabeza, pero no supo por qué la había mencionado ya que solo la había conocido por el saludo más personal que tuvieron. Al igual que lo tuvo con él, quizás sería por mencionar a alguien más y no ser tan obvio. Aunque la obviedad estaba y el que no se daba cuenta o es muy tonto o es muy tonto.

– Muy bien, hablamos después. Ahora hay que trabajar. – se despidieron y se fueron a sus respectivos lugares de trabajo. El de rastas llegó agitado a su oficina. Tara solo sonrió.

– ¿Y qué tal el nuevo Chris? – el pelinegro le contó lo sucedido y ella no pudo aguantar las carcajadas.

– ¿De qué te ries tanto? – ya empezaba a preocuparse porque su amiga parecía solo reirse y no respirar.

– Si supiera que no sabes cocinar, no le agradarías tanto jajaja. – el de rastas se rió junto con su amiga y así, diciendo bromas, trabajaron hasta la hora de almuerzo. Estaban en el restaurant en la mesa que solían ocupar cuando se dieron cuenta de que el nuevo los saludaba. – Llámalo. – Bill negó con la cabeza y ante eso la pelirroja lo llamó con su mano, golpeando levemente la mesa por encima.

Chris se les acercó y se sentó junto a ella. Bill se sonrojó un poco, pero trató de actuar normal. Como actor el muchacho es buen cocinero y como cocinero es buen contador. ¿Queda claro?

Al terminar la hora de comida Tara se fue a hablar con Lily sobre el bebé, dejando a Bill con su nuevo amigo. Eso le molestó un poco, pero no tanto como para enojarse. No hablaron mucho, pero lo que hablaron los dejó citados el sábado a las 21:30 en el bar Buona Sera que quedaba cerca de la editorial. Era viernes y el día debía continuar.

– El sábado entonces. Te espero. – dijo Chris despidiéndose y yéndose a la oficina que compartía por el momento con Lily. El de rastas a penas llegó a su propia oficina le escupió lo ocurrido a la pelirroja.

– Eres un… rompecorazones. – se rieron de eso y volvieron al trabajo. Al ser viernes salían una hora antes, por lo que el muchacho fue donde su madre, sin poder parar de sonreir. Iba tan perdido en sus pensamientos que al llegar a la casa de su madre corrió a la puerta sin fijarse en nada, ni siquiera en Tom que salía de su casa y le hacía una seña.

– Mamá tengo algo urgente que decirte. – le dijo atropelladamente cuando se sentó en el sofá. – Ven, siéntate.

– No me asustes, hijo. ¿Qué pasó? 

– Hoy llegó a la editorial un nuevo administrador, se llama Chris y por alguna razón quedamos de juntarnos mañana en el Buona Sera. – la mujer se llevó una mano a la boca notoriamente asombrada. Abrió la boca para decir algo, pero nada salió de sus labios. – No tengo ni idea de cómo es que llegamos a eso. –

– Pues a mí se me ocurre algo: le gustaste y mucho. Y al parecer a ti también te gustó. –

– ¿En tan solo un día? Naah, no lo creo. –

– Cuando viste a Tom, solo te faltó una mirada para enamorarte de él, eso lo dijiste tú. – el muchacho frunció el ceño y miró seriamente a su madre.

– ¿Es necesario que hablemos de Tom siendo que mañana saldré con otro chico, mamá? –preguntó con un tono de enojo verdadero. Ella no supo qué responder. – Creo que es mejor que me valla. –

– ¿Y no te quedarás a cenar? – ella se puso de pie para seguir a su hijo.

– No. No estoy de humor y necesito descansar. – se despidió de su madre y salió de la casa, de verdad había echado a perder el buen humor que tenía con el estúpido comentario que su madre hizo. Cuando salió de la casa instintivamente miró la casa de al lado, el auto estaba ahí, pero no había gente a la vista. Se fue a su casa tratando de no pensar en que se había portado de esa manera con su madre. Cuando llegó a su casa se recostó en el sofá mirando el techo, se acordó de el calendario que Leah le había obsequiado el dia anterior y miró la mesa de centro. El pequeño cartoncito seguía en su lugar. Lo tomó en sus manos y lo observó detenidamente. Era una tierna imagen del tigre, sonrió, pero borró la sonrisa enseguida cuando recordó que Tom una vez le había regalado un peluche de ese tigre.

– Estúpido tigre. – dijo tirando el cartoncito lejos de sus manos. Suspiró sonoramente y se llevó las manos a las cienes, masajeándolas. Sacó su celular de su bolsillo y marcó el número de su amiga.

– ¿Qué pasa descerebrado? 

– Tú eres la descerebrada, mira que regalándome cosas con la imagen de un tigre gay, si me hubiera dado cuenta antes te asesinaba ahí mismo. – escuchó la risa exagerada de Leah del otro lado y él se contuvo de reír, se suponía que estaba enojado. – No es gracioso. –

– Por supuesto que es gracioso, además… te tardaste un día entero en darte cuenta, de verdad eres muy lento. –

– Yo no… sí, soy lento. 

– Hey, estoy muy aburrida, si voy a tu casa ¿te molesto? 

– Oh no, claro que no. Tú nunca me molestas, a menos que me traigas alguna otra cosa con la imagen de cierto tigre gay que tiene por amigo un oso gay y un bicho rosado que probablemente también es gay. – esta vez sí se rió y se lo contagió a su amiga.

– Bien, ¿entonces de qué te llevo? –

– ¡Leah! Sólo ven y ya. –

– Está bien, en 15 estoy ahí… aburrido descerebrado. – antes de que Bill pudiera contestar o decir algo, ella cortó la llamada. Se paró del sofá y llevó el bolso que lleva al trabajo a su habitación para que no se viera desordenado. Prendió la radio y puso música de fondo, puso el grupo favorito de su amiga: Paramore.

Cuando Leah llegó traía su pelo más naranjo que el día anterior, Bill se la quedó mirando cuando ella empezó a cabecear con la canción.

– Maldita idiota, te odio. – dijo riéndose mientras ella se tomaba enserio su papel de Hayley Williams, cantando y moviéndose arriba de la mesa de centro. Por suerte la mesa no era de vidrio y era de madera, en caso contrario, adiós mesa.

– Mucho por hoy. Ahora cuéntame qué pasó ayer con Tom en la casa de tu madre. – eso molestó a Bill un poco, pero suponía que si invitaba a su amiga a su casa, ella querría saberlo todo.

– No fui a la casa de mi madre a verlo a él, fui a ver a mi madre. –

– Pero fuiste porque yo te dije que él estaba en la ciudad. –

– Es cierto, pero bueno, como sea. Llegué a la casa y no estaba, estuve con mi madre unos 20 minutos y después me fui y cuando estaba llegando a mi camioneta él salió de la casa.

Se me acercó, me dijo que era contador en un banco y… tiene por novia una mini Barbie. –estiro los labios apretándolos cuando terminó de hablar.

– Mmm, eso apesta. –

– No, no apesta, está bien. Además hoy llegó un administrador nuevo y me invitó al Buona Sera mañana en la noche. – ella abrió la boca y los ojos y se empezó a reír.

– O sea que ya tienes bien olvidado a cierto personaje que ahora es el vecino de tu madre, ¿no es así? – Bill se mordió el labio ocultando su sonrisa.

– Tengo que seguir adelante, no porque volvió me veo en la obligación de no estar con nadie. Además que estoy «bien adelante», porque si hacemos memoria la he pasado bastante bien desde que nuestra relación terminó. –

– Eso es cierto. La has pasado bien como 15 veces, jajaja. –

– ¡Oh, vamos! No han sido tantas veces, ¿cierto?… ¿Leah? – ella se quedó en silencio mirando hacia otro lugar, eso hizo que el chico se sonrojara y se tapara la cara. – ¿Me convierte en una especie de puto o algo así? –

– Yo creo que sí, un poco. ¿Tu madre sabe que han sido tantos? –

– Ni si quiera sabe que he estado con alguien después de Tom, debe sospechar yo creo que al menos 2 máximo 3. –

– Es un gran problema entonces, ¿o no? –

– Oh, claro que no. Nunca se enterará a menos que tú o Tara le digan a ella o a alguien. – la chica frunció el seño al escuchar el nombre de la compañera de trabajo de su amigo.

– Como que ella no me cae muy bien y te lo he dicho antes. –

– ¿Pero por qué no te cae bien? Es una persona muy agradable. –

– No sé, algo en el fondo me dice que no es de fiar, puede ser agradable y todo lo que quieras, pero en el momento en que la necesitas no estará. O puede traicionarte, no sé, qué sé yo. Eso es lo que pienso de ella. –

– Bueno a mí no me ha dado razones aún para desconfiar, por lo que no desconfió. Cuando me haga algo, serás la primera en enterarte y si quieres masacrarla tendrás mi permiso. Pero recuerda, sólo si me hace algo y yo te lo informo. – Leah sonrió con gusto, imaginándose la imágen de ella golpeando a Tara.

– Jajaja, no debiste usar la palabra «masacrar», con eso no sabes lo que me imagino. –

– Ya no seas mala, por favor. No puedo creer que tengo por mejor amiga a una psicópata. –

– ¿Y ahora soy mala? Yo no soy mala, solo soy… un poco mala y loca. –

– Es una mezcla peligrosa, Cuidado que Leah Houston está loca y es un poco mala . –

– No tientes a esta monstrua loca, mira que golpea y… muerde. – y tal como dijo, golpeó en el brazo a Bill y luego le mordió una mano.

– ¡Auch! Leah no te pongas tonta. – se quejó un tanto cabreado. La chica se sintió incómoda por eso. – ¿Y cómo está tu hermano? – cambio radical de tema.

– Está bien, vuelto loco porque Tom lo invitó a salir para «recordar viejos tiempos». – bufó un poco cansada acariciando su frente. Por lo que no se dio cuenta de que Bill se había tensado al escuchar el nombre de Tom, pero no hizo falta verlo puesto que recordó que el otro no quería hablar de él. – Oh, lo siento. Es que Gustav sí hará eso y a mí se me olvidó que tú no y pues yo… eso. –

– Jajaja, no importa, cuéntame más… digo, de tu hermano, no de Tom. Claro, porque te pregunté de él y no del otro y… eso. –

– Somos igual de idiotas, por eso creo que tú debiste ser mi mellizo y no Gus, es muy correcto. Aunque no niego que a veces tiene sus ataques de idiotez y es muy simpático. –

– Lo que pasa es que Gus se toma muy enserio su papel de hermano mayor, aunque solo lo sea por una hora. –

– Sí y Tom lo obligaba a cuidarme. Aún recuerdo cuando ustedes estaban juntos… no me mires así, déjame contarte. Cuando ustedes andaban juntos Gustav llegaba a casa y me decía que Tom lo echaba para que fuera donde yo estaba, que era inaceptable que me dejara sola, siendo que yo estaba con mis padres, y que si lo volvía a ver sin mí no sé qué. ¿Entendiste? Era un tipo muy preocupado, no sé si siga igual. –

– Sí, era muy preocupado. Si supieras las cosas que hacía por mí, cosas que no te contaré. Hablaba de ti y de Gustav muy bien, cada vez que uno de ustedes se iba me decía » espero que lleguen bien». – trató deponer la voz de Tom, pero era un poco más ronca que la de él así que eso hizo que la chica se riera y casi llorara.

– ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que terminaron? –

– Bueno yo tenía 17 cuando terminamos y él tenía 18, ahora tengo 24 por lo que… uno, dos… –

– ¡Por favor! ¿Estás contando con los dedos? No te creo. – Bill cerró los dedos y ser rió junto con su amiga, la que negaba con la cabeza. Obviamente molestándolo y no burlándose de que no supiera contar mentalmente. – ¿Y bien, cuántos años son? 

– Como 7 años. 

– No te creo, es demasiado tiempo. ¡Yo creía que eran como 4 años! 

– Por eso eres tan retrasada. Aún piensas que tienes… si tenías 16, más 4… 19. Por favor Leah tienes… ¿cuántos? –

– ¿16 más 4, 19? ¿Y eres «contador»? Tengo 23, contador de no sé qué mundo. – el de rastas le iba a decir algo, en defensa propia, cuando su celular, que estaba encima de la mesa de centro empezó a sonar. Lo tomó entre sus manos y miró en la pantalla número desconocido.

– No quiero hablar con desconocidos ahora. – le tendió el teléfono a su amiga, quien lo tomó entre sus manos y arrugó la nariz. Lo que menos le gustaba hacer era pretender ser la secretaria de Bill.

– Me las pagarás todas juntas… Teléfono de Bill Kaulitz, ¿en qué puedo ayudarlo? – eso le causó tanta gracia al chico, que no pudo evitar soltar una carcajda, Leah lo fulminó con la mirada. – ¿Que habla quién? ¿Enserio? ¿Cómo conseguiste su número? Esas mujeres son lo peor, jajajaj. Bien, enseguida te lo paso. Es urgentísimo. – le tendió el teléfono con una mueca en la cara, el de rastas se asustó.

– ¿Diga? 

– Bill Kaulitz… soy yo Tom… – la mandíbula del pelinegro casi se le cae y sus ojos casi se le salen, abrió la boca pero nada salió de ella. Lo único que el chico quería hacer en ese momento era asesinar a su amiga, pero por el estado de shock no podía hacerlo. Se petrificó completito, desde la raíz del pelo hasta la punta de los pies al escuchar la voz de su ex.

Continúa…

¿Qué opinan? Por favor espero sus comentarios (: Gracias.

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3 comentario en “Te quiero de vuelta 2”

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