Te quiero de vuelta 3

Te quiero de vuelta 3

Fic TOLL de Myla Near

Capítulo 3

– ¿Tom? ¿Tom qué? – el de rastas se lamentó al segundo por haber preguntado esa idiotez, sólo conoce a un Tom y es el que está al otro lado de la línea.

– Tom Trümper, ¿me olvidaste o conoces muchos con el nombre Tom? 

– Es que se me hace increíble que me llames. 

– Bueno ahora sabes que no es tan increíble porque ya te llamé. –

– Sí ya me di cuenta jaja, y dime, ¿quién te dio mi número? – se llevó un dedo a la boca para morderse la uña, pero su amiga se lo impidió dándole un leve manotazo. Él la miró fingiendo enojo.

– No te puedo decir. Arriesgo la vida de mi fuente si te digo. – tan gracioso cómo siempre…

– Oh, ya veo. Pero ¿sabes? Creo que se lo dijiste a Leah y ella no está a salvo en estos momentos. – la nombrada abrió los ojos y la boca y llevándose las manos a la cabeza empezó a correr como desquiciada por el living del departamento.

– Demonios no pensé en eso… en fin, si una muere no es tan malo como que mueran dos. 

– ¡Tom! Cómo dices eso, es mi mejor amiga, no la mataría ni aunque me paguen… aunque si es una buena cantidad… ¡Oye! – se quejó cuando su amiga le tiró un cojín en la cara. – Y dime… ¿necesitas algo? 

– O sea, no es que lo necesite, pero me gustaría. 

– Dime qué es eso que te gustaría, han pasado 7 años, pero sigo igual de impaciente, Tom. –

– Jaja, ¿enserio? Bueno, en fin, me gustaría no sé…. que nos juntáramos. Así como antes, con Gustav y Leah y tengo entendido que Georg anda dando botes por aquí. – el pelinegro se quedó sin habla, se llevó una mano a la frente y suspiró apretando los labios. Miró a su amiga que se sentaba nuevamente a su lado. Ella lo miró sin entender.

– Yo… no sé. Digamos que yo, hipotéticamente, digo que sí, ¿cuándo sería todo esto? 

– Mmm… ¿mañana?… – eso no se lo preguntó a él, frunció el ceño antes de recordar que estaba con Gustav. – Sí, mañana. Claro que si tu puedes. ¿Puedes? –

– Puedo en la tarde, en la noche tengo una… un compromiso. – se mordió la lengua para no decirle que saldría con otro. No supo por qué lo hizo y no quería averiguarlo.

– ¿En la tarde como a las 3? –

– Sí a esa hora está bien para mi. –

– Bien. Nos vamos a juntar en la casa de Gustav o de Leah, como suene mejor. Llamaré a Geo para ver si puede ir. No faltes, cuídate. Nos vemos. –

– Nos… vemos. – cortó la llamada y luego de eso se tiró hacia atrás con las manos en la cara. Leah estaba expectante, lo único que quería era saber.

– ¡Habla! – Leah lo movió haciendo que se sobresaltara y cayera al piso.

– Mañana… iré a tu casa… y estará Tom ahí. – la chica abrió la boca, pero no dijo nada, en vez de eso sonrió exageradamente. – ¿Tú sabías de esto? –

– No tenía cómo saber. –

– Dijo que también llamaría a Georg. – eso lo dijo con un poco de doble sentido pues a su amiga siempre le gustó ese chico, solo que nunca se atrevió a decirle.

– Supongo que no hay manera de zafarme de esa reunión, ¿verdad? –

– Si yo llego y tú no estás, será tu fin y hablo en serio. No puedes dejarme solo con Tom ahí. – la chica sonrió y algo en esa sonrisa a Bill no le gustó nada, algo pensaba o tramaba, pero si lo averiguaba no le quedarían ganas de ir a la dichosa reunión.

Leah se quedó en la casa de su amigo hasta al rededor de las 10:30 de la noche, después de eso se despidió de él y se fue a su casa. Mientras tanto Bill se quedó recostado en el sofá pensando en que podría haber faltado a esa reunión mintiendo un poco, diciendo que iría a la casa de su madre, iría de compras, iría a… a cualquier parte. Pero no, dijo que sí iría y todo por no saber decir que no.

Se durmió en el sofá, todo doblado, pero después de dos horas despertó, con mucho dolor de cuello. Entonces se fue a su cuarto, pensando aún en Tom, pero en sus pensamientos a veces se colaba el nuevo que había llegado a su empresa y que en menos de un día había quedado con él para ir a un bar… y no hay que ser muy sabio como para saber qué podría pasar en una salida así.

Se puso su pijama y se acostó en su cama. «Quieras o no volver con él, tiene novia.» pensó acomodándose y tapándose hasta las orejas. – Ya lo sé. – se respondió en voz alta, una manía que adoptó después de terminar con Tom.

Al otro día cuando despertó ya eran las 1 de la tarde, se estiró y después de dar vueltas un rato en la cama se puso de pie. Se duchó y después se arregló. Se arregló bien, pues quería que Tom pensara algo así como… » Eso sería mío.» [/i]. Se carcajeó ante su pensamiento y siguió arreglándose. Se puso unos pantalones negros, pegados al cuerpo con unos botines hasta un poco más arriba de los tobillos, no le amarró los cordones. También se puso un polera blanca de mangas cortas con un estampado gigante y llamativo, no se puso anillos, pero sí una muñequera negra. Se puso una cadena con una B y K entrelazadas.

Se comió una naranja y se tomó un café, después hizo la hora hasta las 3, no estaba tan desesperado por ver a Tom y no quería ser el primero en llegar, aunque técnicamente él no sería el primero… en fin. estaba saliendo de su departamento cuando recordó que la cadena que estaba usando se la había regalado Tom. Corrió adentro y se puso una que decía «Bill» que le había regalado su madre cuando nació. Sí, 24 años después y aún la conservaba, por eso aún tenía la que Tom le regaló, pero ese es tema aparte.

Manejó lentamente y le dieron las 3:15, aún no era tan tarde así que no le podían decir nada. Cuando llegó a la casa de su amiga vio el auto de Tom estacionado afuera y también otro auto, supuso que ese era el de Georg, quiso que así fuera porque sabía que Leah con Gustav harían algo para dejarlos solos, si no los conociera no pensaría eso.

Cuando llegó, tocó el timbre y fue Gustav quien le abrió. Lo saludó con un abrazo y después entró, en el living estaban Leah, Georg y Tom. Sonrió internamente pues pensó que Tom iría con la barbie, pero al no verla se alegró. Aunque cantó victoria antes de tiempo, porque cuando se acercaba para saludar, la rubia salía de la cocina. Apretó los labios y la miró, la saludó amablemente y después de saludar a los demás se sentó al lado de su amiga.

– Yo no sabía que ella venía, ni siquiera se me pasó por la cabeza que ella iba a venir. – le dijo Leah a Bill en el oído, al parecer a ella tampoco le caía bien la tal…

– ¿Cómo es que se llama? – le preguntó Bill al oído y susurrando también. La chica lo miró con cara de pregunta y se echaron a reír, no era posible que no supiera su nombre.

– ¿Y ustedes de qué se ríen? – preguntó Gustav tendiéndoles unos vasos con refrescos. Ambos se mordieron el labio.

– De nada de importancia para ti, son cosas de Bill. – codeó al chico y este casi se ahoga con el líquido.

-Oh si, eso. – se volvieron a reír y tomaron otro poco de su refresco. – Yo creo que… – iba a opinar sobre lo que hablaban los demás, pero se quedó en silencio cuando su celular empezó a sonar. – Ya vengo. – se puso de pie y se alejó del grupo, casi llegando a la cocina.

Se fijó en que Tom no le quitó la vista de encima cuando se puso de pie ni tampoco cuando susurraba con Leah, lo que lo puso nervioso. – ¿Diga? –

– Hola Bill, soy Chris el nuevo de la empresa. – el pelinegro abrió la boca pero no dijo nada. Medio sonrió y se llevó una mano a la frente.

– ¿Cómo estás? –

– Bien gracias. Mira te llamo para confirmar la salida esta noche. Irás ¿verdad? –

– Oh, por supuesto que iré. Por algo te dije que si, soy de los que cumplen con su palabra. –

– Genial. Y dime, ¿qué haces? –

– Estoy en la casa de una amiga, hablamos cosas del pasado… Oye tengo una pregunta. –

– Dime, soy todo oídos. –

– ¿Quién te dio mi número? – estaba seguro de que él si le diría, aunque lo sospechaba.

– Se lo pedí a Tara ayer, antes de que se fuera a su casa. No te lo pedí a ti, porque no te encontré. –

– Jajaja, está bien, no te preocupes yo… –

– ¡Bill, te estamos esperando! – gritó Gustav, frunció el ceño pues no le había dicho a Chris que habían chicos en su junta, pero no podía importar ¿verdad?

– ¡Ya voy!… Chris tengo que cortar, nos vemos en la noche. Cuídate. – y antes de que el otro pudiera contestar cortó la llamada. Con una sonrisa que no pudo ocultar volvió donde los demás y se sentó al lado de Leah, quien le levantó las cejas repetidamente. Sonrió más ante el gesto.

– Tan contento que volviste. – dijo Georg bebiendo de su refresco. Gustav, Leah y la rubia, quien aún no tenía nombre para él, coincidieron con el castaño. Tom se puso serio, casi enojado. A Bill eso le gustó.

– Era quien yo creo que es, ¿cierto, administrador? – preguntó Leah codeándole las costillas, Gustav levantó una ceja y Georg soltó una carcajada. La rubia se mordió la lengua sonriendo y Tom seguía igual.

– Deberías callarte, ridícula. Además, yo soy contador y no administrador. 

– ¿Y por qué tan rojo, señor contador? 

– Gustav, cállate. 

– Mírenlo si está nervioso. 

– Georg, no te conviene. 

– ¿No vas a decir quién era? – todos voltearon a mirar a Tom, quien por su tono de voz se notaba enojado. Al parecer todos se dieron cuenta, menos la rubia, que seguía sin un nombre para él. La mirada del rastas se encontró con la de Tom.

– Nadie quiere saber. 

– ¡Todos queremos saber! – dijo Gustav abriendo sus brazos y luego apuntando a todos los presentes.

– Está bien les diré, pero no es tan importante, es solo… es un compañero de trabajo, punto.

– se mordió la lengua y los demás se carcajearon, obviamente que al de trenzas no le causó gracia.

– Y hoy tiene una cita con él. –

– ¡Leah! No, no es una cita, solo vamos a ir a un bar, el Buona Sera. Y ahora por favor, dejemos de hablar de mi. – los demás asintieron sin dejar de intimidarlo con la mirada. – ¿Ya sabes cómo se llama? – le preguntó en un susurro a su amiga, obviamente refiriéndose a la rubia.

– Se llama Ashley. – respondió la chica de igual forma. Bill asintió y tomó de su refresco, un tanto incómodo ya de tanto que lo miraba el de trenzas.

Estuvieron hablando como una hora cuando de pronto Gustav se puso de pie. – Con Georg iremos a comprar más… más… 

– Cigarros. Sí, es que ya ni quedan. – el castaño se puso de pie también y después se fueron a comprar.

– Ya vengo, voy al baño. – dijo Bill poniéndose de pie y caminando al baño. En eso Tom fue a la cocina por otro refresco.

– Ashley, me acompañas a comprar un vodka, los chicos no compraron y les daremos una sorpresa. – Leah se puso de pie y la rubia también.

– Claro vamos, yo te acompaño. Déjame avisarle a Tomi para… 

– Oh no, vamos rápido sino no me dejará comprarlo. – puso cara de perrito mojado y entonces la rubia entre medio de risas aceptó y salieron casi corriendo de la casa. En eso llegó el de rastas al lugar y al no ver a nadie se quedó de pie mirando para todos lados.

– ¿Hola? – dijo sin dejar de mirar para ningún lado, de pronto llegó Tom con dos vasos en las manos y se quedó igual que el otro, de pie mirando a todos lados. – ¿Sabes a dónde se fueron? 

– Ni idea, acabo de ir a la cocina por esto. – mostró los refrescos y luego le extendió uno a Bill, en realidad era para Ashley, pero como no estaba…

– Gracias. – tomó el vaso con las dos manos y se apoyó en el respaldar del sofá, mirando el suelo y apretando el vaso. Mataría a su amiga a penas estuvieran solos, a la mierda eso de que aunque le pagaran.

– Así que… saldrás con un compañero de trabajo. 

– Eh… síp. Yo… – cuando levantó la mirada tenía a Tom frente a él a una cercanía peligrosa, se tensó y se iba a alejar, pero el otro se lo impidió tomándolo por la cadera y lo devolvió al lugar en el que estaba, en el respaldar del sofá. – ¿Qué quieres? 

– Sólo mírate unos momentos. – y así lo hizo, lo miró. Tomó de su refresco y se lamió los labios, el de rastas también lo hizo casi como un acto reflejo.

– Ahora déjame, ¿si? – se removió un poco, pero el otro no le hizo caso.

– ¿Pero por qué? Quédate así, cerca de mí. –

– No, ya déjame. No hagas eso. – se quejó cuando el otro le acarició los labios con el pulgar.

– ¿Por qué? Eso te gustaba. –

– Sí, me gustaba cuando éramos novios, ya no. – bajó la mirada al suelo, si le gustaba, solo que no se sentía bien si lo hacía así: a escondidas.

– Podríamos… – antes de que terminara de decir la oración puso sus labios encima de los de Bill, quien los recibió sin chistar. Dejó caer su vaso y pasó sus brazos por el cuello de Tom, quien también dejó caer su vaso, pero con la diferencia de que puso sus manos en las caderas del otro. Y empezaron a intensificar el beso, el de trenzas acarició los labios de Bill con su lengua y este abrió más su boca.

El de rastas apretó más contra su cuerpo a Tom, mientras el beso subía más y más de temperatura. Tom quiso moverse del lugar en donde estaban, pero entonces Bill dio por terminado el beso. – No, esto no está bien. –

– ¿Y por qué no está bien? A tí te gusta y también a mí, solo con eso está bien. –

– Tom, tienes una novia que llegará en cualquier momento. –

– Puedo terminar con ella si tu me lo pides. – el de rastas abrió la boca impresionado. Quiso decirle que lo hiciera, pero en ese momento abrieron la puerta de entrada. Por ella aparecieron Gustav y Georg, quienes se quedaron inmóviles ante la imagen de los dos abrazados. Pero duró poco, ya que se soltaron enseguida.

– Creo que llegamos en un mal momento. – dijo el castaño sin moverse de su lugar, el rubio de lentes asintió. Bill se separó de Tom y caminó hasta los otros.

– Oh claro que no, llegaron en el momento preciso. – miró un tanto asustado a los otros dos y entonces ellos cerraron la puerta.

– ¿Qué pasó con esto? – preguntó Gustav mirando el suelo, refiriéndose a los vasos rotos.

– Un pequeño problema técnico. – respondió el de trenzas ayudándolo a recoger los vidrios.

Después el rubio pasó un trapeador para evitar que quedara pegajoso. Y se sentaron en los sofás.

– Ahora, precisamos de una buena explicación. – dijo el castaño prendiendo un cigarro.

– No buena, excelente y si es posible, creíble. – los pelinegros se miraron y apretaron los labios, conteniendo la risa. Bill imploraba no ponerse rojo o empezar a tartamudear cuando explicaran, pero eso estaba por verse.

– Nosotros solo estábamos hablando. ¿No es así, Tom? 

– Estábamos haciendo más que hablar. 

– ¡Tom! – con eso no pudo más y tuvo que sonrojarse, quería asesinarlo. Los otros dos se rieron, pero no dijeron nada.

Discutieron sin tomar en cuenta a los otros dos, como 10 minutos. 10 minutos en los que ninguno se dio cuenta de que no estaba Ashley ni Leah. Se dieron cuenta solo cuando llegaron con una bolsa que tenía una botella de vodka y jugo de naranja. Leah fue a la cocina mientras la rubia se acomodaba al lado de Tom, Gustav fue a la cocina con su hermana y le contó.

Al volver traía vasos, el vodka, el jugo y una sonrisa que no se la quitaba con nada. Se sentó al lado de su amigo y le pegó levemente en el brazo. – Enfermo. – le dijo sirviendo los tragos en los vasos. El de rastas supo a lo que se refería por la mirada que le dio Gustav.

– ¿Y tu madre? – preguntó Georg de repente a su amigo rubio. Este miró a Leah y ella respondió.

– Le dijimos que se fuera porque ocuparíamos la casa… no. Dijo que iría a ver a la abuela y suponemos que en eso anda. A menos que haya ido a ver a su nuevo novio jajaja. – todos se rieron de eso, menos Bill y Tom que no dejaban de mirarse. El de trenzas se lamió los labios y el otro se sonrojó, la hermana de Gustav notó esto y codeó a su amigo y le dio una mirada seria.

– Lo siento, es inevitable. – dijo en voz baja recibiendo su vodka.

– Por supuesto que es inevitable, deja de hacerlo o ella se dará cuenta. – todos recibieron sus vasos e hicieron un salud por los viejos tiempos. El salud lo hizo Tom, sin dejar de mirar a Bill, quien entendió que eso de «viejos tiempos» había sido por su noviazgo.

Siguieron hablando por mucho tiempo, hablaban de lo bien que la pasaban cuando se juntaban o cuando iban a fiestas juntos y al parecer la rubia no sabía que Bill y Tom habían sido novios, porque cuando se enteró quedó boquiabierta y no dijo nada al respecto. Ella se puso de pie para ir al baño y el de rastas lo hizo para ir a la cocina por algo para comer, el hecho de solo haber ingerido una naranja le pasaba la cuenta.

Cuando llegó a la cocina abrió el refrigerador, pero no encontró nada de su agrado. Arriba de una encimera había una canasta con frutas, sacó una naranja y la peló. Se giró para volver con los demás, pero Tom estaba ahí parado. Puso los ojos en blanco y quiso pasar por su lado, pero el otro se lo impidió poniendo un brazo frente a él.

– ¿Y ahora me vas a ignorar? – le dijo haciendo que caminara más adentro en la cocina.

– ¿Y si es así qué? – se comió un gajo de naranja sin dejar de mirar a Tom, quien lo estaba acorralando en una encimera, lo tomó por las caderas y lo sentó en ella. El de rastas solo se dejó.

– Yo quiero naranja. – entonces Bill se puso un gajo en la boca y esperó a que Tom lo sacara con la suya, y cuando lo hizo lo besó en los labios. Se rieron recordando cuando hacían eso antes, cuando eran novios.

– Yo no te voy a pedir que termines con tu novia. – dijo de pronto cuando terminaron el beso. El otro quedó sin habla.

– ¿Por qué no? – preguntó después de varios segundos.

– Porque lo nuestro ya no va a funcionar. – el otro iba a decir algo, pero la mirada asustada de Bill hacia la puerta de la cocina lo petrificó, no quiso girarse. – Esto… no es lo que parece. – Tom apretó los ojos y el agarre en las caderas del otro.

– Ah me alegro, ¿entonces qué hacen? ¿Juegan con muñecas? – la tensión del de trenzas disminuyó un poco, pero aún así no quería girarse, la posición en la que estaban los comprometía en demasía.

Continúa…

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