
Fic TOLL de Myla Near
Capítulo 4
– Bill, ven acá, enseguida. – dijo Leah enojada. El de rastas le hizo caso y empujando a Tom llegó frente a su amiga. Ella le pegó en un hombro. – Eso no se hace dos horas antes de ir a juntarte con alguien más. – le susurró aún enojada.
– ¿Dos horas? Me tengo que ir. – quiso salir de la cocina, pero su amiga lo tomó por el pelo.
– ¿Ahora te preocupa? – el chico asintió e hizo reír a su amiga. El de trenzas se giró y miró el suelo. – Tengo que hablar contigo y contigo también, Bill. Te dejaré ir ahora, pero a ti no. – dijo la chica mirando a Tom, quien le quitó la naranja a Bill para seguir comiéndola, iba a decir algo, pero recordó que tenía que irse. Entonces se despidió de su amiga y salió de la cocina. Después se despidió de Gustav, de Georg, de Ashley que iba llegando y se fue.
Exacto, no se despidió de Tom.
Al llegar a su casa se cambió la ropa por una más «adecuada para la noche». Se cambió la polera blanca por una negra de mangas largas, el pantalón se lo cambió por un jean, de color negro y se dejó los zapatos. Retocó el maquillaje, se puso un anillo, se cambió la cadena y sacó de su closet una chaqueta negra, la que dejó encima del sofá.
Se comió otra naranja e hizo la hora hasta las 9, después de eso manejó hasta el bar donde se juntaría con Chris. Cuando llegó ya habían pasado 20 minutos desde la hora en la que habían quedado, por suerte decidió manejar rápidamente, sino hubiera tardado más. Cuando estacionó su camioneta y se bajó se dio cuenta de que había dejado su chaqueta encima del sofá, que no la había sacado para llevarla, en definitiva, se cagaría de frío cuando salieran de bar.
Al entrar, buscó inútilmente con la mirada a Chris y al no encontrarlo caminó a la barra y se sentó, moviendo su cabeza al ritmo de la música. – OMG, Usher. – Le pidió al barman un vodka con jugo de naranja y se dio la vuelta para seguir buscando. Pasados unos 5 minutos, sacó su celular y llamó al número del que lo había llamado en la tarde. Después de 6 tonos contestaron, se escuchaba la misma música, lo que le decía que por lo menos ya estaban en el mismo sitio.
– Te estoy esperando en la barra. – le dijo alzando el tono de voz, para poder escucharse él mismo también.
– Espérame ahí, ya voy. No cortes. ¿Llegaste hace mucho? –
– No, hace como 5 minutos solamente, lamento haberme tardado tanto, pero es que estuve de más en la reunión con mis amigos. – seguía buscándolo con la mirada, pero nada, no lo veía.
– Oh no importa, la música ha estado buena… ¿bailas? – miró rápidamente hacia atrás y ahí estaba Chris. Le había tocado el hombro para que se girara. Ambos cortaron la llamada. El de rastas sonrió al verlo y le hizo un escaneo completo, de pies a cabeza. El otro hizo lo mismo y le estiró la mano. – Vamos a bailar. – Bill se mordió el labio y asintió tomándole la mano. Si había algo que Bill Kaulitz no hacia aparte de cocinar, era bailar.
– Soy un asco. – le dijo cerca del oído cuando caminaban a la pista.
– ¿Y crees que ellos no lo son? – dijo apuntando a los que ya estaban «bailando» en la pista. Más que bailes, eran pequeños saltos con los brazos flácidos y la cabeza para todos lados.
– Aún así, son mejores que yo. Creo que tendrás que enseñarme. – le dijo más cerca cuando llegaron a la pista y se ubicaron en un lugar. Se mordió el labio al igual que el castaño de pelo corto.
– Yo encantado. – sonrió amablemente tomando las caderas de Bill, mientras que este acomodaba sus manos en los hombros del otro.
Chris le estuvo enseñando alrededor de 15 minutos, lo que son en total mas menos unas 5 o 6 canciones. Las suficientes como para dejarlos secos. Fueron a la barra por unos vasos de vodka, este trago es el mejor amigo de Bill y al parecer del otro chico también. La estuvieron pasando bien en la barra y bailando mucho tiempo más, y el de rastas tuvo la urgencia de ir al baño.
– Espérame aquí, ya vengo, ¿está bien? – el otro asintió y tomó otro sorbo de su trago. Entro al baño y había un par de tipos ahí, mojándose la cara y tomando agua directamente de la llave. Hizo sus necesidades y al salir del baño se mojó la cara y el cuello mirándose al espejo. Se lavó las manos y tomó un poco de agua, después salió del baño y el olor a cigarro y alcohol lo golpeó como una cachetada. Volvió a la barra y se sentó al lado de Chris, quien aún tomaba su vodka.
– ¿Cómo la has pasado? – le preguntó tendiéndole un vaso. El de rastas dudó en si tomárselo o no, por lo que lo dejó en la barra.
– Súper bien, hace tiempo que no salía y la pasaba tan bien. – lentamente alejó el vaso de su lado y pidió otro.
Estuvieron mucho tiempo en ese lugar, bailando, tomando y hablando. Bill estaba tan mareado que ya no le importaba cómo se movía en la pista de baile, porque a esas alturas ya nadie lo miraba. De un momento a otro se vio bailando solo en la pista, buscó a Chris con la mirada, pero definitivamente no estaba, le restó importancia y siguió bailando solo.
Aunque no tan solo ya que de un momento a otro un tipo se le acercó y lo tomó por las caderas. Lo hubiera alejado, pero el tipo era guapo.
Puso sus manos en los brazos del tipo y empezó a bailarle a él más que nada. El tipo cada vez apretaba más el agarre en sus caderas y lo pegaba más a su cuerpo. De pronto cerró los ojos, pues el cansancio empezaba a ganarle, y de un momento a otro el tipo se alejó de él.
Abrió los ojos y vio justo cuando Chris le pegaba en la cara al tipo y lo hacía caer al piso, le dio una patada y se giró hacia Bill.
– Tú estás conmigo. – le iba a responder cualquier cosa, pero el tipo en el suelo se había puesto de pie rápidamente y golpeó a Chris en la cara. Se llevó una mano a la boca aterrorizado por los golpes que se daban los salvajes en el suelo.
– ¡Ya paren! – gritó sin poder hacer nada. La gente que estaba a su lado hizo un círculo para que en él los tipos se pegaran, de pronto llegaron 3 guardias, que tomaron a los dos y se los llevaron afuera. Bill también fue afuera pues tenía que ir con Chris. Al estar afuera se sentaron en el capó del auto del castaño, Bill tiritaba de frío, eran las 4 de la mañana.
– Toma ponte esto. – el castaño se sacó su chaqueta y se la puso encima de los hombros a Bill, quien la agradeció con una sonrisa.
– Cuando me dejaste solo ¿dónde estabas? – preguntó luego de unos minutos.
– Había ido al baño, pero como estabas tan entretenido bailando no quise distraerte, aunque parece que debí hacerlo. – el pelinegro apretó los labios y lo miró como diciendo «lo siento».
– Creo que es mejor que me vaya a mi casa. – se bajó del capó y miró al otro, este imitó su acción y se bajó del capó para acompañarlo hasta su camioneta, que no estaba estacionada lejos de ahí. – Ésta es. – se quedó parado frente a la puerta del conductor y se giró para mirar al otro.
– ¿Te parece si mañana vamos a almorzar?
– Sí, claro me encantaría.
– Bien, entonces mañana te llamo y me das tu dirección para pasarte a buscar, así vamos en mi auto. ¿Te parece? –
– Claro, claro. – después de eso se quedaron en silencio. Uno incómodo. – Bien, me voy, cuídate. Hablamos mañana. – vio al castaño acercarse a su rostro y entonces antes de que pudiera besarlo en los labios, corrió la cara y le besó la mejilla. Se subió rápidamente a su auto y sin mirar atrás se fue.
Al otro día cuando despertó se tomó una aspirina y se duchó, se vistió casualmente, no se maquilló demasiado y se comió una fruta, esperando la llamada de su compañero de trabajo. Estaba recostado en el sofá comiendo su fruta y de pronto tocaron el timbre. Se puso de pie y fue a abrir. A penas abrió la chica del cabello naranjo irrumpió en su morada, traía una cara no muy agradable.
– Ayer dejamos la conversación porque tenías que salir con ese tipo, ahora no hay nada que la impida. – se sentó en el sofá y Bill aún en la puerta no dejaba de mirarla.
– En realidad sí hay qué la impida, hoy iré a almorzar con «ese tipo». – cerró la puerta y se fue a sentar junto a su amiga.
– ¿A qué hora te irás a comer con ese tipo? –
– Ese tipo se llama Chris, gracias y no sé, quedó en llamarme. – miró en la pantalla de su celular y marcaba las 14:10 de la tarde. Miró de nueva cuenta a Leah, esta no tenía buena cara. – No entiendo por qué estás tan enojada. ¿Algo salió mal ayer? Porque no creo que estés así por el hecho de no haber hablado conmigo sobre lo que viste en la cocina. – la chica suspiró y cerró los ojos, con una mano en la frente. – Leah, dime qué pasó. –
– Ayer… me enteré de que Georg tiene novia. –
– Oh, Leah… no sé qué decir. – se acercó a ella y la abrazó, pero ella deshizo el abrazo amablemente.
– Era de esperarse, ¿no? Han pasado 7 años desde que fuimos grandes amigos y bueno… no hablemos de eso, no me gusta. Hablemos de ti y de lo que pasó anoche. – sonrió con esfuerzo y él le devolvió el gesto.
– La estábamos pasando bien, estábamos en la pista bailando y de pronto él desapareció. No le tomé mucha importancia y seguí bailando, entonces de pronto llegó un tipo y me agarró y empecé a bailar con él, cerré los ojos y se alejó y entonces vi a Chris que le pegó un puñetazo en la cara y a mí me dice «Tú estás conmigo». Yo no supe qué decirle, además después el otro tipo se puso de pie y lo golpeó. – la chica no podía quitar la sonrisa de su boca, había pasado de estar enojada/triste a contenta.
– Se pelearon por ti.
– No, cómo crees… ¿enserio? – ella asintió y el de rastas se mordió el labio ocultando la sonrisa. – Raro.
– Yo creo que… – el sonido de la melodía del celular de Bill la interrumpió.
– Espera. – sacó su celular del bolsillo y se lo llevó a la oreja. – ¿Diga? – Leah se puso de pie y fue al baño, dejando a su amigo hablar tranquilamente. Cuando llegó al baño se retocó un poco el brillo labial y la sombra de ojos. También recordó su reacción el día anterior al enterarse de que Georg tenía novia, no fue muy «adulta», en realidad, fue patética.
– Oh, qué bien. – la chica se puso de pie y con la mirada perdida se fue a la cocina. Al estar a solas soltó unas pocas lágrimas, unas cuantas maldiciones y se apretó fuertemente el brazo para calmarse. Cuando volvió decidió que lo mejor sería irse a su cuarto.
– Quédate. – le dijo su hermano, pero ella negó con la cabeza.
– Tengo que hacer algo muy importante, nos vemos otro día. – se encerró en su cuarto hasta que todos se fueron y cuando sintió que Gustav se había ido a su habitación, lloró como una niña pequeña.
– Realmente patética. – se dijo saliendo del baño. Al llegar al encuentro de su amigo lo vio de pie con unas chaquetas en las manos. – ¿Y eso? – le preguntó apuntando las chaquetas.
– Es la chaqueta que Chris me prestó anoche y la mía, es que si no las tengo en la mano las voy a olvidar aquí. –
– Ya veo… ¿quieres que me valla? – dijo al darse cuenta de que ambos estaban parados, sin nada más qué hacer.
– No es que quiera, pero prefiero esperar a Chris abajo. – la chica asintió y caminó a la puerta, la abrió.
– Si quieres puedo quedarme contigo abajo hasta que él llegue, claro sólo si tú quieres. –
– Me encanta la idea, por supuesto que quiero. – bajaron y se sentaron en un banco que están a la salida del edificio.
– Ayer cuando hablé con Tom me dijo lo que te dijo. – se rió ante el enredo de oración y miró a su amigo.
– Me dijo varias cosas. – sí, le dijo varias cosas, pero sabía perfectamente a qué se refería.
– «Puedo terminar con ella si tú me lo pides». – trató de imitar la voz del de trenzas, pero en el intento le salió voz de cualquier cosa, menos de Tom. El de rastas se rió, pero dejó de hacerlo pensando en la situación que estaban cuando lo dijo.
– Me dijo eso, pero yo le dije que no lo haría porque lo nuestro ya no iba a funcionar. – la chica se sorprendió, ayer cuando habló con Tom no había mencionado eso.
– Tom me dijo que no habías respondido. –
– ¿A quién le crees? A él, que me dijo esa cosa o a mí, tu mejor amigo de hace mucho. – le guiñó un ojo y Leah sonrió, lo abrazó.
– Por supuesto que a ti. – no alcanzaron a hablar más ya que Chris estaba llegando.
– Él es Chris, dime rápido, ¿cómo lo encuentras? –
– Es bastante guapo. – respondió la chica rápidamente. El otro chico se bajó de su auto y caminó hacia ellos. Bill se puso de pie y lo saludó con un beso en la mejilla, ella lo imitó. – Leah, mucho gusto.
– Chris, encantado.
– Es mi mejor amiga. – dijo Bill empujándola levemente. El otro chico sólo asintió.
– Bueno nos vemos por ahí. Adiós, chicos. – después de eso se fue casi corriendo a su auto. Bill y Chris se miraron antes de avanzar al auto.
– ¿A qué lugar podemos ir? – preguntó el castaño poniendo el auto en marcha.
– ¿Conoces el Kalispera?
– Ah sí, digo, sé dónde queda pero nunca he comido ahí. ¿Es bueno?
– Es el mejor, me encanta.
– Entonces ahí iremos. Kalispera ahí vamos. – el de rastas se rió y miró por la ventanilla. 40 minutos más tarde estaban en los estacionamientos del distinguido restaurant. Al entrar pidieron una mesa para dos junto a uno de los grandes ventanales que tenían vista a un hermoso paisaje natural.
– Hermoso, ¿no? – preguntó el pelinegro mirando a través del ventanal.
– Demasiado. – respondió el otro, pero no mirando precisamente a través del cristal. Bill notó eso y lo miró a los ojos un tanto sonrojado. Le sonrió levemente.
– Te traje algo. – tomó del respaldar de su silla la chaqueta del castaño y se la entregó. –Gracias. –
– No fue nada. Después de esa pelea, yo ya no tenía calor. – dijo queriendo sonar gracioso. Bill sonrió y recordó lo que Leah le había comentado, de que se había peleado por él.
– Lamento eso, no fue mi intención, el tipo solo llegó y yo… ya sabes, estaba un poco mareado y… – el castaño levantó una mano para que se detuviera.
– No hace falta, eso ya pasó. Además, no es la primera vez que eso le ocurre a alguien, no es el fin del mundo. –
– Sí, es cierto. – el garzón llegó y les mostró el menú, ordenaron pasta con salsa boloñesa. El de rastas pidió un jugo natural de chirimoya y Chris uno de manzana y esperaron a que les llevaran la comida.
– ¿Habías venido antes aquí? – ¿Que si había ido? Conocía ese lugar desde que tenía 16, fue ahí donde tuvo su primera cita con Tom. Ahí lo había llevado y ahí lo conquistó. Era un lugar hermoso, además de fino y elegante.
– Sí, he venido un par de veces antes. Me encanta este lugar. – las razones de por qué le encanta deben quedar ocultas.
– Genial, entonces supongo que tienes más lugares que conozcas que quieras recomendarme ¿no? –
– ¡Claro! Conozco varios sitios… – esa oración se queda ahí, conoce varios lugares gracias solamente a una persona, sí, a Tom Trümper.
Pasados unos minutos llegó el garzón con sus platos de comida y jugos. – Gracias. – dijeron los dos al unísono. Luego el garzón se retiró dejándolos solos nuevamente. Le dieron un bocado a la comida y ambos coincidieron en que estaba deliciosa. Comieron tranquilamente y a veces hablaban un poco sobre cualquier tema, mayoritariamente de la empresa y lugares por conocer.
– Es que como soy nuevo en la ciudad no conozco mucho.
– ¿Hace cuánto llegaste aquí?
– Hace como… 2 semanas, pero no me había dado el tiempo de conocer, solo para ordenar y organizar mi casa.
– Te creo. Cuando me cambié a mi departamento estuve casi un mes organizando mis cosas, mi madre me ayudaba pero no me gustaba cómo quedaba y… era un desastre. Por suerte ya pasó hace como 2 años y no planeo cambiarme otra vez. – al terminar de comerse la pasta pidieron de postre una copa de helado cada uno. De chocolate para Bill y de piña para Chris. – ¿Quieres? – le preguntó con un leve color en sus mejillas y levantando su cuchara con un poco de helado, el otro asintió con media sonrisa en el rostro. Comió el helado sin dejar de mirarlo.
– Me encanta el chocolate. ¿Tú quieres? – el castaño lo imitó y levantó la cuchara con un poco de helado, Bill asintió y entonces comió del helado. Se sintió raro haciendo eso, la última vez que lo hizo fue cuando… ¿se imaginan cuándo? Exacto, cuando estaba de pareja junto a Tom.
Terminaron de comer el helado y Chris pidió la cuenta, impidiéndole al pelinegro siquiera aportar con un poco. Salieron del restaurant y Bill le dijo al otro que fueran al parque que estaba a unas pocas cuadras del lugar. Sacaron el auto de los estacionamientos del lugar y fueron al parque nombrado. Se sentaron en uno de los bancos bajo la sombra de un grande, hermoso y verde árbol.
– Este lugar es realmente bonito, me encantan los lugares verdes. – comentó Chris pasando su brazo por los hombros del pelinegro.
– Me gusta este lugar porque me da una sensación de paz indescriptible. – Bill miró a Chris y éste lo miraba fijamente, por lo que cuando comenzó a acercar sus rostros no se movió, se quedó inmóvil. Sintió la respiración del otro sobre sus labios y se tensó, pero el otro no lo notó.
Se acercó más y sus labios se rozaron, el pelinegro seguía sin moverse, petrificado casi.
Finalmente el castaño anuló la cercanía de sus labios y juntó los propios con los contrarios en un roce suave. La mano que tenía sobre los hombros de Bill la llevó a su nuca y pegó más sus rostros. El de rastas se inquietó.
El castaño abrió levemente su boca y el pelinegro lo imitó un tanto cohibido, como si no supiera dar besos. Se acomodó en el banco y quedó frente a frente con Chris, quien le delineaba los labios con la lengua. Subió una de sus manos hasta la cara del castaño y correspondió al beso como se debía, según él. Pero cuando el otro quiso meter la lengua en su boca se separó, más tenso que antes y apretando los labios.
– Creo que… será mejor que me lleves a mi casa, ¿está bien? – dijo separándose del otro y sin mirarlo a los ojos.
– Muy bien, vamos. – se pusieron de pie y caminaron al auto en silencio. También el trayecto al edificio en donde vivía el pelinegro fue en silencio. Y antes de que el castaño insinuara siquiera querer subir y entrar al departamento, Bill se despidió de él con un beso en la mejilla. Luego subió corriendo a su departamento y se tiró al sofá sintiéndose un completo idiota.
– ¿Desde cuándo te cohíbes así? – se preguntó resoplando y acomodándose en el sofá.
Después de pensar unos minutos, se durmió. Nuevamente todo doblado.
Continúa…
Espero les haya gustado (: espero sus comentarios (:
No puedi dormir necesito maaass jajaja me encantó 💖💖💖pero ya casi son las 4 de la madrugada 😓