Te quiero de vuelta 9

Te quiero de vuelta 9

Fic TOLL de Myla Near

Capítulo 9

– Aléjate de lo que es mío. – repitió sonriendo, haciéndole burla a la rubia.

– ¿Qué es lo gracioso? – ella se cruzó de brazos también y se irguió para tratar de quedar a la altura de Bill, error. El pelinegro se paró derecho y quedó más grande de lo que ya era.

– No me esperaba un discurso tan largo, yo con un «aléjate de Tom» ya estaba, pero ahora que dices que están peleando… sabes, eso no esculpa mía o tú crees que yo le digo «oye, discute con tu novia». No, estás equivocada, nunca haría eso. Además… no tengo que darte explicaciones y si eso era lo que querías decirme, vine aquí para hablar con mis amigos, no contigo. – se giró para volver a la casa, pero la rubia lo tomó de un brazo y lo devolvió su lugar bruscamente.

– Ya sabes, estás advertido: aléjate de él y todos felices. 

– No creo que todos estén tan felices, pero cuando Tom me diga que me aleje de él… lo haré. – se soltó del agarre de la rubia y entró de nuevo a la casa. El de trenzas ya estaba de nuevo en su lugar y él, con los demás, miraron a Bill, quien puso los ojos en blanco y negó con la cabeza. Sólo Leah se hizo a una idea de lo que podrían haber hablado.

La rubia se sentó de nuevo junto al de trenzas y lo besó mientras miraba al pelinegro, quien sonrió y le lanzó un beso. Eso le hizo hervir la sangre a la rubia. Ella se sintió incómoda todo lo que duró la reunión. En cambio el pelinegro aprovechó para «adueñarse» del ambiente, casi todos los temas eran terminados hablando de él. Hubo un tema que no le gustó mucho, y que fueron sus amigos los que lo pusieron sobre la mesa, fue cuando el de trenzas se quedaría en su casa porque su familia se iba de vacaciones y no querían separarse, pero eso no fue lo divertido. Lo que era divertido, fue que Bill lo echó de su casa por negarse a pintarse los labios con un rojo muy intenso.

– Yo no podía permitir tal barbaridad. – dijo el de trenzas poniendo una mano en su pecho y otra el sus labios. Todos se rieron, menos la rubia.

– Tengo un labial rojo arriba, si logran atraparlo podremos ponerlo en ridículo. – dijo Leah y a todos les encantó la idea. Entre Gustav y Georg sujetaron al de trenzas antes de que saliera corriendo. El de rastas recibió el labial y se acercó a Tom, miró a la rubia y le sonrió. Se acercó más al de trenzas y como pudo le pintó los labios, le quedó todo desparramado por toda la cara, se movía demasiado.

– ¿Y ese día para qué querías pintarlo, Bill? – preguntó Gustav cuando ya lo tuvieron pintado y riendo sin parar. El de rastas no quería contestar eso.

– Quería que lo besara. – dijo el de trenzas sin importarle la mirada asesina que le dedicó su novia.

– Las estupideces que hacían, dios. – se rieron solo un poco, para luego dejar que el de trenzas se fuera a limpiar la boca. Se contuvo de invitar a Bill para besarlo y dejarlo con la boca roja.

Pasadas las horas todos se retiraron de la casa de los hermanos, ya se había hecho tarde y al otro día también tenía que trabajar, al menos Bill, Georg, Gustav, Leah y Tom. La rubia era una vaga que vivía a cuestas de su novio. Mientras el de rastas manejaba hasta su departamento le llegó un mensaje, miró la pantalla y decía «Tom» 

«Cuando quieras me vuelvo a pintar los labios y te beso. Como no lo hice antes. En fin, te llamo. Tom.»

Se rio para si mismo y estacionó su auto afuera de su edificio. Subió a su departamento y se acostó. Y así se pasó su semana, hasta que llegó el sábado, en la mañana y en parte de la tarde solo miró televisión y a eso de las 7 empezó a arreglarse. Se bañó, se maquilló, se vistió y esperó la llamada de Chris, la que no se tardó en llegar.

– ¿Estás listo? – preguntó el castaño al otro lado de la línea.

– Sí, estaba esperando a que me llamaras para irme al bar. 

– Eso no es necesario, estoy afuera de tu edificio. – el de rastas abrió la boca, pero no dijo nada al respecto. Cortó la llamada, tomó su chaqueta y bajó. En efecto, ahí estaba Chris apoyado en la puerta de copiloto de su propio auto.

– Hola. – saludó el pelinegro besando en los labios al otro. En eso estaba y su celular vibró, se separó del castaño, sacó el aparato de su bolsillo y contestó. – ¿Diga? 

– Bill, soy yo Tom. 

– Oh, ¿cómo estás? – el nerviosismo se hizo un tanto presente en su voz.

– Yo muy bien y me tocó el trabajo de llamarte e invitarte. 

– ¿A dónde? – se apoyó en el cuerpo del castaño y puso atención a la llamada.

– Iremos a la casa de Geo. Empezaremos a juntarnos más seguido, creo. 

– Mmm, no sé. No me convence mucho. – Chris apretó el cuerpo de Bill al suyo y le besó el cuello, el pelinegro soltó una risita tonta.

– ¿Estás con alguien? 

– No. – el de trenzas a penas pudo terminar la pregunta, y Bill le gritó la respuesta. –Digamos que yo digo que sí. Aún así, yo no sé dónde vive Georg. 

– Yo puedo llevarte, yo si sé en dónde vive. 

– Mmm, lo reitero: no me convence. – si se iba con Tom, tendría que irse con la rubia que ya había mostrado sus garras.

– Si es por Ash, ella no irá. – una sonrisa se mostró en el rostro del rastas, se iría solo con Tom. Pero si iba, ¿cómo se deshacía de Chris?

– Pero es que no puedo. 

– Estás con alguien, ¿cierto? Lo sabía, ¿estás con ese del bar de la otra noche? Si quieres puede ir, pero no respondo por mis actos. 

– Jajaja, no seas idiota. Llámame en 15 y te aviso. 

– Más te vale ir, sino te iré a buscar y te traeré a la fuerza. – cortó la llamada y miró a Chris mordiéndose el labio inferior. Si salía con él solo se embriagaría, porque no quería tener otro episodio como el anterior. Y si se iba con sus amigos, se reiría, la pasaría bien y vería a Tom… ¿qué se suponía que tenía que hacer?

– Chirs… – hizo círculos imaginarios con sus dedos en la polera del otro y lo miró a los ojos.

– No podré ir contigo, mis amigos organizaron una mini reunión y no puedo faltar. 

– Oh, no te preocupes, te entiendo. Si quieres ir anda. Saldremos otro día. 

– ¿Enserio? Genial, gracias. – lo besó en los labios y cuando se separaron Bill se fue a su departamento y el castaño se fue, no precisamente a su casa…

15 minutos y el de trenzas llamó a Bill y este le dijo que sí iría y le dio la dirección del edificio. No le diría aún su número de departamento, no se lo había dicho a Chris y tampoco se lo diría a él, aunque podría hacerlo cuando lo viniera a dejar, ¿cierto?

– Hola. – el de rastas se acercó a Tom, quien estaba apoyado en su auto con los brazos cruzados, al igual que sus piernas, una pose chula que le encantó. Cuando llegó frente a él lo saludó con un eso en la mejilla. Pero eso no fue suficiente por lo que el de trenzas lo tomó por la cara y lo besó. Se afirmó de la polera de Tom y correspondió el beso con gusto.

A la mierda lo que le dijera la cabeza de agua oxigenada (Ashley), él disfrutaba de Tom, tanto como Tom disfrutaba de él. Eso demostraba besándolo tan apasionadamente.

– Hola. – respondió el de trenzas cuando se separaron por un poco de aire, después de eso lo volvió a besar y el de rastas se apegó más a su cuerpo y le abrazó el cuello con sus brazos.

Tom cambió de posiciones y acorraló a Bill contra el auto, fue ahí cuando terminó el beso.

– Tom, vámonos. No viniste aquí para que hiciéramos esto, además el conserje nos está mirando. – empujó al de trenzas y se subió al auto.

– Me dejaste con ganas de más. – dijo el mayor cuando se subió al auto, después de eso puso en marcha el auto y se fueron a la casa de Georg.

Cuando llegaron todos los presentes, que eran Gustav, Leah y el anfitrión Georg, se sorprendieron de verlos llegar juntos. En cambio ellos no se inmutaron con nada, ni con besarse frente a ellos y dejar a los demás atónitos.

– Eso es nuevo. – dijo la chica del pelo naranjo sin dejar de mirar como sus amigos se besaban.

– Ni tan nuevo, pero… igual. – dijo el hermano de la chica. La parejita se sentó junta en el sofá, apegados y abrazados.

– ¿A qué se debe tanto beso y abrazo? – preguntó el castaño de pelo largo sin dejar de mirar a la pareja.

– Estamos recordando un poco los viejos tiempos. – respondió el de trenzas abrazando más al otro, quien solo se reía un tanto nervioso.

– ¿Y tú no tienes novia? – le preguntó la chica un tanto enojada. El de rastas se ganó una enojada mirada por parte de su amiga y él solo apretó los labios. El pelinegro de trenzas también apretó los labios por la pregunta.

– Bueno, sí, pero… 

– Pero… – le apuraron los otros 3, quienes estaban muy ansiosos con la respuesta.

– Pero ella no importa. Ella es solo para pasar el rato, creo. Además… Bill no quiere que termine con ella. – las miradas se desviaron al de rastas quien se intimidó.

– ¿Enserio, Bill? – el pelinegro apretó los labios y por el nerviosismo sonrió.

– Ehh… síp. 

– ¡No te creo! ¿Y andas haciendo de «la otra»? Nunca lo pensé de ti. – las palabras de su amiga lo hicieron fruncir el ceño y mirar a Tom.

– Para mí la otra no eres tú. – le dijo y después lo besó en los labios, eso apaciguó un poco el enojo de Bill.

– Ahora no hablemos de nosotros, hablemos de otras cosas. – dijo el de rastas acomodándose más cerca del otro.

– ¿O sea que ya hay un «nosotros»? – la parejita se miró y mientras uno asentía el otro negaba con la cabeza.

– Aún no está decidido. – respondió el rubio por los dos.

– Eso te libera de toda culpa. – dijo el de rastas entre risas, solo el rubio entendió.

Hablaron durante horas y se tomaron un par de tragos, después se hicieron como grupos.

Leah hablaba animadamente con Georg y Bill y Tom, se miraban y besaban cada vez que podían, dejando al pobre Gustav solo. Los tragos los iban poniendo más mareados por lo que las caricias de los pelinegros subieron de tono, Leah y Georg quedaron en salir a cenar el día siguiente y Gustav seguía solo, tan solo que hasta hablaba consigo mismo.

Pasaron otras dos horas y el de rastas estaba a horcadas encima de Tom, Leah y el castaño cada vez se pegaban más para hablar y Gustav estaba todo doblado durmiendo en el piso. El de rastas coló sus manos por debajo de la polera de Tom y le arañaba levemente el pecho, mientras le soltaba pequeños jadeos en la boca.

– Ya estamos listos. – dijo mientras le besaba el cuello y seguía arañándole el pecho. El de trenzas asintió y llevó sus manos descaradamente al trasero del otro.

– ¿En la pieza o en el auto? – preguntó mientras se ponía de pie con el otro en brazos, entonces Leah y Georg se los quedaron mirando más que sorprendidos.

– En el auto. – se encaminaron a la puerta y Bill se bajó de los brazos del otro para poder caminar, pero sin separarse. Los otros dos no podían creer lo que estaban viendo y no tenían voz como para interrumpirlos.

A penas llegaron al auto se subieron al asiento trasero y siguieron besándose. Por suerte para ellos era de noche y el auto tenía los vidrios polarizados, podrían hacer lo que quisieran y nadie los vería. El de trenzas se puso encima del cuerpo del otro y le puso las manos por encima de la cabeza para poder besarle el cuello sin problemas.

– Ahh… – gimió el de rastas cuando el otro le tocó el pecho por debajo de la polera.

– Extrañaba tanto tu cuerpo. – el mayor olfateó el cuello de Bill y empezó a subirle la polera.

– Yo te había extrañado a ti, tu cuerpo y todo tú. – levantó los brazos para que el otro le quitara la polera y enseguida sintió los cálidos labios del otro sobre su desnudo pecho.

– No debimos separarnos nunca jamás, me encantas, amo tu cuerpo. – con sus manos delineó la figura del pelinegro abajo de él y sin dejar de mirarlo le sonrió.

– Pero no resultó, nos apuramos demasiado. Además, peleábamos mucho. – el de rastas levantó la polera del otro e hizo que se la quitara. Quedando los dos desnudos de torso. El contacto hizo que se les erizara la piel.

– Lo sé, pero aún así… te extrañé demasiado. – se besaron y se tocaron lentamente, no querían apurarse y querían disfrutar de la que probablemente sería la única vez que estuvieran juntos (según ellos).

– Sí, yo también… ah… – el mayor le desabrochó los pantalones y lentamente se los sacó. El auto ya no era tan espacioso como antes, pero ellos encontrarían la manera de hacerlo cómodo.

– ¿Qué hay contigo y ese compañero tuyo? – preguntó Tom desabrochándose sus propios pantalones.

– ¿Qué hay cómo? No te entiendo. – el mayor se quitó los pantalones y volvió a juntar sus cuerpos. Sus rostros a escasos centímetros recibían la respiración contraria.

– No nos escondamos las cosas… ¿te acostaste ya con él? – la pregunta dejó helado al de rastas, quien apretó el agarre de sus manos en los hombros del otro. Antes de contestar se acercó a sus labios y los besó lentamente, como lo hacía antes.

– Sí… – dijo casi inaudible y sin poder mirarlo a los ojos. Bajó la mirada y tuvo una sensación inmensa de llorar, pero no quiso hacerlo frente a él.

– Hey… – lo tomó por la barbilla y lo hizo mirarlo a los ojos. – No importa… – le dejó un pequeño beso en los labios y volvió a mirarlo. – No importa. – luego de esas palabras empezó lentamente a bajarle el bóxer, el menor sentía como si fuera la primera vez que alguien lo vería desnudo.

– ¿Y tú? ¿Te has acostado con esa barbie? – esta vez fue Bill quien le quitó el bóxer al otro mientras esperaba la respuesta. Que no fue más que un asentimiento de cabeza. Sintió que algo saltó dentro de su pecho, pero lo único que hizo ante eso fue besar a su contrario, que por cierto masajeaba su bajo vientre, casi llegando a sus partes nobles. «Claro, cómo no lo iba a hacer si viven juntos. Qué gran pregunta, Bill.» pensó sintiéndose estúpido, pero se le olvidó muy pronto.

Se tocaron varios minutos, se masturbaron mutuamente y se besaron como nunca. Pero eso ya no les bastaba para satisfacerse, por lo que cuando acabaron cambiaron de posiciones. El mayor se sentó en los asientos traseros y el otro encima de él a horcadas. Tom llevó una de sus manos al trasero de Bill y con un dedo tanteó en su entrada, haciendo que se removiera.

– ¿Estás listo? Sabes que no quiero hacerte daño. – dijo entre jadeos el mayor y sus palabras le hicieron recordar al de rastas cuando lo había hecho con Chris, aún así, Tom le dio más confianza. Por lo que asintió con la cabeza aferrándose al cuello del otro.

– Ah… – soltó una especie de suspiro/jadeo al sentir el primer dedo invadiendo su entrada. –Más… – el de trenzas entendió el mensaje y antes de hacer cualquier cosa con el primer dedo introdujo el segundo y empezó moverlos en círculos para preparar a su amante.

– Creo que nunca dejé de tenerte cariño. – dijo el de trenzas entre medio de jadeos y con la respiración entre cortada.

– Me pone muy feliz… ah… saberlo… – los dedos de Tom se movían en su interior y eso lo hacía apretar los ojos y los labios.

– ¿Y tú, me tienes cariño aún? 

– ¡Ah! – al preguntar eso, el de trenzas introdujo rápidamente el tercer y cuarto dedo haciendo, como ya se dieron cuenta, gritar al menor. – Sí… te tengo cariño y mucho. Oh… ahora rápido, ¿quieres? 

– Tan apurón como siempre. – jugó unos minutos más con sus dedos dentro de Bill y los retiró lentamente. Llevó su mano a su propio miembro y lo guió hasta la entrada del otro.

– ¡Ya, Tom! ¡Rápido! – el aludido solo se rió y después de eso sentó, literalmente, al de rastas sobre su miembro. – ¡¡Aah!! Sí… – se sonrió para si mismo, el hacer tan «feliz» a una persona, para él era lo máximo.

Al principio el de rastas se quedó quieto, acostumbrándose a la hombría de Tom, pero pasados un parcito de minutos subió un poco. Con la cara que puso, cualquiera que lo hubiera visto, con tan solo la cara, hubiera sabido que estaba teniendo sexo. Era una mezcla entre sexo y como si estuviera drogado: con la boca abierta, los ojos blancos, la lengua afuera y la cabeza inclinada hacia atrás. El que más disfrutaba con eso, era el que lo tenía encima, o sea: Tom.

Pasados unos minutos el menor se movía de arriba a abajo sobre Tom y le enterraba las uñas como nunca lo había hecho, pero eso no era lo que importaba, lo realmente importante era que los dos disfrutaban y hasta el momento sí que lo estaban haciendo. Bill besó al otro din dejar de moverse por lo que el beso fue un tanto complicado, pero no por eso menos placentero.

– Estás hecho… uff, todo un experto. – dijo el de trenzas ayudando al otro con las manos sobre sus caderas.

– Me he estado entrenando… sí… uno nunca sabe cuando, oh… puedan pasar estas cosas, ah… – eso no le hizo mucha gracia a Tom, pero para no arruinar el momento lo dejó pasar.

– Veamos qué más tienes… oh, voy a morir… muévete más rápido. – y Bill le hizo caso, con lo que le quedaba de energía aumento las rapidez con la que «montaba» al otro. El placer era tan incontenible que empezó a ser más bullicioso, tanto así que llegaba a gritar y eso en vez de importarle al otro, lo excitaba mucho más.

De un momento a otro, el mayor llevó una de sus manos al miembro sin atención de Bill, este respondió al contacto con un gemido casi desesperado. Pasó casi una hora para que ambos terminaran y se deshicieran en besos y gemidos. El menor acabó en la mano del otro manchándolos con su semilla, mientras que el mayor acabó dentro de él. Lentamente se recostaron en los asientos quedando esta vez el de rastas arriba. Tom aún no se salía del interior del otro, pero eso no fue impedimento para ellos, se siguieron besando, no tan apurados ya que el cansancio los tenía casi dormidos.

Finalmente el mayor se salió del interior del otro y sin dejar de acariciarle la cabeza los tapó, a los dos, con su polera. Que cubría muy bien sus partes bajas, lo demás no era necesario cubrirlo pues el calor de sus cuerpos los hacía capear muy bien el frío. Se acariciaron tiernamente y se besaron lentamente por varios minutos, sin decir una sola palabra, solo mirándose, apreciando la belleza contraria. Una belleza singular entre todas las demás, belleza que les hubiera pertenecido, pero un giro en el destino no lo quiso así… pero, se están recuperando poco a poco, aunque muchas cosas se interpongan.

– ¿Estás durmiendo, Tomi? – preguntó el de rastas acariciando el pecho desnudo del otro, lo llamó por el antiguo sobrenombre que tenía y por lo que recordaba al otro le encantaba. Al no obtener respuesta acomodó la cabeza en el pecho del otro y cerró sus mareados ojos.

Se llevarían una buena sorpresa en la mañana siguiente cuando despertaran tan acaramelados. También con una resaca que no se las quitaría nadie.

Continúa…

¿Y? ¿era lo que querían? ¿Les gustó? Díganme!!!!!! skjdakjsdkj. De antemano, a las que comentarán, GRACIAS!

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Un comentario en «Te quiero de vuelta 9»

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